domingo, 15 de agosto de 2010

Rápido y simple

En todas partes se puede crear riquezas, pero en ninguna con la rapidez y con la simplicidad de recursos que en América. Y siendo tan fácil crear allí riqueza, todo es cuestión de hombres, de población, de emigrantes. Tras de ellos ha acudido hasta ahora sin demora lo que hace falta para aprovechar su voluntad de esfuerzo: los capitales, la técnica. Así se forma la tónica social de la Argentina –optimismo, actividad, seguridad en el porvenir, despreocupación para el gasto–. En la Argentina se gasta enormemente, se gasta mucho más que lo que gastan en igual proporción de riqueza las sociedades europeas. Generalmente, no se ahorra. Se tienen muchos hijos, se vive con todo el gasto posible, se alardea de poseer costosas alhajas, se visita Europa con frecuencia. Todo se hace con largueza, audazmente, en la certidumbre de que después todo se ha de arreglar, de que el país irá prosperando y cubrirá, tarde o temprano, las lagunas que abra el crédito en las economías privadas. Todo ese enorme gasto, ese nivel exagerado de vida material, característico de la Argentina, trae sus consecuencias. La primera es la dificultad para formar una cultura superior. El coste de la vida es tan elevado y la valoración del trabajo intelectual tan modesta, que no es posible vivir ejercitando el arte o el pensamiento en sus formas más nobles y selectas. El intelectual argentino necesita desempeñar múltiples oficios que le hacen casi imposible prepararse y ahondar. Eso es fatal. La cultura superior exige reposo, reflexión, intimidad, trabajo teórico y desinteresado. En las actuales condiciones sociales, es difícil que la Argentina elabore una cultura superior acorde con su potencia material. También requiere sus previsiones la independencia nacional. La Argentina, mientras sus hombres trabajaban sin tregua para hacer frente a una vida costosa, ha resuelto hasta ahora su problema cultural agenciándose elementos técnicos, instrumentos industriales y métodos extranjeros. Pero se ha agenciado todas esas cosas a costa de no hacer nación, a costa de su independencia. Se ha procurado ingenieros extranjeros, gerentes extranjeros, intelectuales extranjeros, se ha procurado, asimismo, capitales extranjeros, máquinas extranjeras, medios de transporte extranjeros. La Argentina es una presa de otros países industriales que la valoran, que la someten a dependencia y deciden en lo económico excesivamente de su suerte. Pero la Argentina, al vivir de los capitales y de la técnica y de los mercados de Europa, ha entregado las riendas de su economía a Europa, y además se ha aventurado a correr la suerte de Europa, que es una azarosa suerte para el día de mañana. La Argentina es un país en formación que ha sabido asimilar y desenvolver prodigiosamente ciertos aspectos de la civilización moderna. Su orientación ha respondido a sus circunstancias geográficas y sociales, y a las corrientes ideológicas que han dominado en la vida europea en el período utilitario en que ha tenido lugar la evolución argentina. El utilitarismo europeo no era, sin embargo, sino una fase del proceso de la cultura europea, y el secreto de su éxito estaba en otras fases precedentes, mucho menos prácticas, que descubrieron las leyes fundamentales de la actividad industrial y crearon la disciplina del pensar. No era posible adaptarse a una fase secundaria y subordinada de la cultura europea sin quedar dependiendo de los crisoles espirituales donde aquella cultura se fraguaba. Mas como los crisoles espirituales no eran transferibles y Europa se limitaba a ceder a préstamo, e imponiendo determinado vasallaje, fórmulas técnicas y elementos industriales, la Argentina se formó con aquella inevitable dependencia.
Hoy la Argentina –sus hombres inteligentes, al menos– tiene aspiraciones de dominar mejor su crecimiento corporal y de forjarse una economía y una cultura superior propias. Le preocupan las influencias del capital extranjero, le preocupa la creación de una industria nacional. En ese camino ha de hallar varios obstáculos, y el más temible de todos la confianza que el éxito crea en los métodos de vida ya experimentados, sobre todo cuando procuran una existencia grata. (Fragmentos de un artículo del economista Luis Olariaga, catedrático de legislación del trabajo, publicado en febrero de 1925 en la “Revista de Occidente” que dirigía José Ortega y Gasset)
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martes, 3 de agosto de 2010

Los mapuches, presos y en huelga de hambre

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Piñera no da señales para destrabar el conflicto.
Hace más de veinte días que 31 mapuches están en huelga de hambre en las cárceles chilenas. Están presos por la aplicación de la llamada ley antiterrorista. El gobierno de Sebastián Piñera no mostró intención de destrabar el conflicto. Mientras tanto, la salud de los indígenas se sigue deteriorando.
La huelga de hambre líquida arrancó el 12 de julio en los penales de Concepción (centro) y Temuco (sur). Progresivamente, se fueron sumando reclusos mapuches de otras cárceles. Los mapuches dijeron, a través de un comunicado, que extenderían la medida hasta las últimas consecuencias. Los presos reclaman que dejen de aplicarles la ley antiterrorista, un instrumento legal sancionado durante la dictadura de Augusto Pinochet. Además, exigen que sus causas no sean derivadas a tribunales militares y demandan acceder a un juicio justo. La desmilitarización de los territorios de la comunidad también es otro de los reclamos que les hacen a las autoridades chilenas. En el sur de Chile, las empresas agrícolas y forestales ocuparon las tierras ancestrales.
Organizaciones de defensa de las comunidades originarias denunciaron en el fin de semana que se está deteriorando a pasos agigantados la salud de los detenidos en la cárcel de Angol, al sur de Santiago. Según manifestó el Parlamento de Comunidades Autónomas de Malleco, los reclusos sufrieron maltrato psicológico de parte de los gendarmes y no recibieron asistencia médica por parte de los uniformados. Ayer se realizaron movilizaciones en varios puntos del país para reclamar al Ejecutivo que escuche las demandas de los indígenas, pero el silencio oficial sigue sin romperse.
Los mapuches en huelga de hambre están en prisión preventiva hace más de un año y medio, ya que la legislación antiterrorista habilita a que estén en esa condición hasta por dos años. De acuerdo con la normativa aprobada en mayo de 1984, también se les puede impedir el acceso a la causa a los abogados defensores de los procesados.
“La aplicación sistemática de la ley antiterrorista es discriminatoria porque levanta acusaciones contra personas que reclaman por sus derechos legítimos. Se aplica esencialmente a personas mapuches”, dijo a Página/12 Sergio Laurenti, director de Amnistía Internacional (AI) de Chile. AI le reclamó al presidente Sebastián Piñera que se revise esa legislación que podría cuestionarse como inconstitucional”, según indicó su titular.
AI no está visitando a los presos mapuches en huelga de hambre por pedido expreso de los indígenas. Pero Laurenti remarcó que la organización con base en Londres apoya el reclamo. En un informe presentado en mayo al presidente Piñera, AI manifestó su preocupación por la situación de los pueblos originarios. “El uso de la legislación inapropiada y de la jurisdicción militar, así como el presunto uso de la fuerza excesiva y la actividad policial desproporcionada en algunas comunidades, ha generado una aparente penalización de la protesta”, dijeron desde la organización.
Más de 105 mapuches están presos, condenados o procesados en el país trasandino por la demanda territorial y a 57 se les aplicó la ley antiterrorista. Según un informe de la Comisión de Etica contra la Tortura de Chile, el número de criminalizados se duplicó en sólo un año. Entre los delitos por los que se los imputa están los de incendio terrorista, homicidio frustrado, lesiones con carácter terrorista, amenazas y asociación ilícita terrorista.

Informe: Luciana Bertoia.
Cuando tenga la tierra

Por Sergio Wischñevsky *

La tierra permanece...



El presidente de la Sociedad Rural, Hugo Biolcati, en la inauguración de la tradicional exposición eligió hacer un discurso que, más allá de batir todos los records en la utilización de adjetivos denigratorios contra el gobierno nacional, aprovechó la que denominó “exposición rural del Bicentenario” para armar un relato de la historia argentina que se podría usar pedagógicamente en las escuelas como ejemplo de cómo se puede deformar la historia en pos de legitimar intereses sectoriales, aun a costa de omitir, forzar o lisa y llanamente mentir sin ponerse colorado ni perder la sonrisa.



Mirando a sus compañeros de la Mesa de Enlace dijo que, si ellos hubieran estado en la Revolución de Mayo de 1810, hubieran apoyado a Mariano Moreno y Manuel Belgrano. Citó el escrito de Moreno Representación de los hacendados y su defensa del libre comercio “contra los gravámenes” que imponía el imperio español. A continuación, no se privó de igualar aquellos gravámenes con las actuales retenciones que aspira a eliminar y comparó la lucha que llevan adelante contra el Gobierno con la que hicieron los revolucionarios de Mayo: “Los mismos ideales, la misma lucha”, dijo sin inmutarse.



En primer lugar, es necesario aclarar que un hacendado en 1810 era simplemente alguien que tenía hacienda y, como el mismo Moreno aclaró, su escrito representaba a 20 mil labradores y hacendados de ambos márgenes del Río de la Plata que distaban muchísimo de ser los personajes potentados que surgirían en los campos argentinos algunas décadas después y que recién alrededor de 1860 conformarían el poderoso sector agroexportador.



Moreno le solicitó al virrey Cisneros que, en un acto de pragmatismo, aceptara que el contrabando que llegaba desde Inglaterra era imparable y, por lo tanto, en lugar de seguir fingiendo que no existía, lo institucionalizara y le cobrara impuestos de aduana, con lo cual se beneficiarían los productores locales, se conseguiría mayor libertad para comerciar y el fisco podría contar con los recursos necesarios para sostener el Estado. En ninguna parte se quejó de la existencia de impuestos, sino que, por el contrario, solicitó que se los cobraran a los sectores más pudientes de la sociedad, que en ese momento eran los grandes comerciantes e intermediarios, y que se bajaran los gravámenes a los productos de consumo popular. Lo cierto es que, en ese texto, y con mayor vigor aún a partir de la Revolución, en la que será implacable con las elites mediante las llamadas exacciones revolucionarias, la política que impulsaba Mariano Moreno estaba en las antípodas de la concepción de un Estado prescindente en materia fiscal.



Es más, su tesis de doctorado “Disertación jurídica sobre el servicio personal de indios” es un largo, pormenorizado y erudito trabajo en el que denunció el maltrato y la expoliación a la que fueron sometidos los pueblos originarios. De hecho, en sus inicios como abogado, se dedicó a defender en Chuquisaca a muchos trabajadores indios de los abusos de sus patrones, lo que le valió pasar una muy mala situación económica.



La Sociedad Rural, por otro lado, fue la gran financista de la Campaña del Desierto, mejor llamada genocidio de Roca, por la que se vio beneficiada con extensiones de tierra gigantescas y concentradas en muy pocas manos.



Manuel Belgrano tenía una vasta experiencia en cuestiones económicas. Fue nombrado secretario “perpetuo” del Consulado de Comercio de Buenos Aires en 1794. Ejerció ese cargo hasta poco antes de la Revolución de Mayo, en 1810. En dicho cargo se ocupaba de la administración de justicia en pleitos mercantiles y de fomentar la agricultura, la industria y el comercio. En sus artículos, al referirse a los labradores, los describió en una situación de grandes y penosas falencias. Ubicó como tema central de los problemas de los productores agropecuarios la imposibilidad de acceder a la propiedad de la tierra. En efecto, el creador de la bandera creía que las propiedades estaban muy injustamente repartidas y proponía la intervención directa del gobierno para realizar un reparto más justo que pondría fin a muchas de las penurias de los trabajadores rurales. No parece muy probable que la Mesa de Enlace hubiera acompañado una reforma agraria.



“Siempre alzamos la voz, no hemos hecho silencio”, prosiguió Biolcati.



El 24 de marzo de 1977, a un año del golpe de Estado, la Sociedad Rural Argentina publicó en casi todos los medios una solicitada en la que elogió el “sacrificio patriótico” de la Junta Militar y convocó a la ciudadanía a apoyar al gobierno, porque “debemos desarmar el andamiaje creado por casi 35 años de una lenta pero sistemática estatización socializante”; llamó a reordenar el presupuesto y liquidar las empresas públicas, y desaconsejó “aperturas políticas prematuras”.



El debate por el reparto de la tierra en Argentina no figura en la agenda política desde que la dictadura lo silenció a sangre y fuego. El discurso de la Sociedad Rural es una gran invitación a retomarlo.



Historiador, profesor de la UBA.



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domingo, 1 de agosto de 2010

Duhalde en la Rural

Por José Pablo Feinmann
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La vida (ha escrito Héctor Tizón) no se mide en años, sino en asombros. Dios nos conserve entonces a la Sociedad Rural y al señor Biolcati. Ayer nos han entregado asombros casi como para aspirar a la inmortalidad. El señor Biolcati le ha robado el discurso a la izquierda. Esa pregunta que tanto se ha formulado en relación con el kirchnerismo (¿hay algo a su izquierda?) ha perdido vigencia. Ha sido ampliamente respondida. Su formulación ha perdido sentido. A la izquierda del kirchnerismo está la Sociedad Rural. Ni el Proyecto Sur ni el PO. Sería difícil ver a sus representantes tan preocupados, casi en estado de lamento continuo, conteniendo lágrimas de dolor e indignación, como se lo vio al veterano trosco Hugo Biolcati en el atril de la Rural. Ahí pronunció un discurso bien escrito (vaya a saber qué pluma al servicio de la patria se encargó de esa tarea, pero si la patria, que es el campo, llama, hay que acudir) pero plagado de mentiras asombrosas. Son tan intensos los asombros que esas mentiras han despertado en nosotros que –como dijimos– si la vida se mide por ellos tenemos años por delante. Sé que todos vamos a andar escribiendo de esto. Pero hay que comprender: pocas veces se ofreció a la ciudadanía un dislate tan profundo. Primero) Mayo se hizo por y para el campo. No en vano Moreno escribió la Representación de los hacendados, esa apología del librecambio para posibilitar los negocios con Inglaterra. El “otro” Moreno –el que tanto entusiasma a los nacional populares– no existe para Biolcati. Además, cada día se prueba con más certidumbre que el Plan de Operaciones es apócrifo. ¿Qué queda, entonces, de la gesta de Mayo? El librecambio con Inglaterra. Segundo) El campo fue creciendo y muy pronto se vio que era la fuente principal de recursos que tenía el país. José Hernández (no citado por Biolcati) habrá de decirlo: “Vale tanto un vellón de oveja como una máquina fabricada en Liverpool” (cito de memoria). Se llega así al glorioso Primer Centenario. ¡Que se sigue honrando en la Sociedad Rural! Eramos el “granero del mundo”. El primer país exportador de América latina. Lugones escribía su Oda a los ganados y las mieses: “Allá la vaca fértil como el campo/ su sustancia elabora/ en el músculo, en la ubre y en la pella,/ con una grave plenitud geórgica/ Si anda, parece que en su marcha pende/ el talego del rico, si reposa/ su aspecto familiar de cofre tosco/ es la seguridad del pobre./ La honda paz de los campos en su ser vegeta” (Ver: Odas seculares). Así, Biolcati fija el momento esencial de la grandeza argentina en el primer centenario. Ese centenario que fue la fiesta de ellos. La fiesta ajena. La fiesta de la oligarquía y la celebración de la inextinguible riqueza del campo, del granero del mundo. Pero luego el país empieza a extraviarse. Uno cree que Biolcati va a empezar a ladrar contra el peronismo, según es habitual. ¡Pero no! ¿Cómo va a hacerlo si ahí, a pocos metros está sentado don Eduardo Duhalde? Don Eduardo y su Chiche: ahí están. En la fiesta de la Sociedad Rural, entidad que tan bien se llevó siempre con el peronismo. (Y todavía mejor con el gaucho Menem, que les dio todo lo que le pidieron y más.)
Que esté Duhalde es serio. Que esté Macri no importa. Que esté la trajinada Mesa de Enlace tampoco. Al señor Buzzi –uno conjetura– en cualquier momento sus bases se lo comen, cansadas de ir detrás de los proyectos de los poderosos, cansadas –como dice un amigo que suele utilizar un lenguaje algo directo, que desapruebo– de ser usadas “de forros” por los grandes terratenientes. Pero está Duhalde. Sigamos –por ahora– con Biolcati. Lo que dice a continuación es tan asombroso que tal vez nos conceda la eternidad de tanto que lo es. Porque si la vida se mide en asombros, el que Biolcati nos dio cuando dijo que la culpa de la desgracia argentina la tenían los golpes de Estado que habían derrocado a gobiernos constitucionales fue la joya de la jornada. ¿En serio, señor Biolcati? ¿Fueron los golpes militares los que arruinaron la prosperidad y el crecimiento argentinos? Pero si todos esos golpes contaron no sólo con el apoyo de la Sociedad Rural, sino que algunos se planearon bajo el calor de sus lujosas residencias. Caramba, ¿hasta dónde es posible mentir? Este es un tema teórico: ¿cómo es posible mentir hasta un límite ya lindante con el delirio? ¿Cómo alguien puede decir tan abiertamente algo totalmente contrario a la facticidad de la historia, fácilmente refutable con cualquier diario de cualquier época cercana a un golpe de Estado? ¿Con qué se cuenta para algo así? ¿Con la mala memoria de la gente? ¿Con su estupidez? ¿Con sus intereses? ¿Con su mezquindad? ¿Con la certeza de que la mentira no importa en la política si sirve para acumular poder? “Mil repeticiones hacen una verdad.” “Mientan, siempre algo queda.” Es posible. ¿Pero tanto? ¿A quién le habla Biolcati? ¿A qué idiotaje insalvable cree que se dirige? Ni Morales Solá le va a creer algo así. Pero eso no importa. No tiene que creerlo. Tiene que confirmarlo. Lo que crea es secundario. Lo que importa es que hoy diga que es verdad. Dentro de todo, en algún punto hasta es tranquilizante que Biolcati afirme eso. Reniega de los golpes de Estado. Los está descartando para el presente. No olvidemos que con Grondona –en televisión– planeaban un golpe a cara descubierta y entre risitas cómplices. Estos muchachos.
Pero la cumbre de la impostura, de la impúdica patraña, llegó con la preocupación –acaso conmovedora por lo que conlleva de autocrítica, ¿o no?– por los pobres. La Sociedad Rural ha incurrido en la “opción por los pobres” tal como algunos maltratados representantes del sacerdocio católico. Biolcati habló del hambre, de la pobreza, de la exclusión. Notable: ellos fueron los que crearon el hambre durante la fiesta de los noventa. Ellos y los altos financistas y ese imperdonable Partido Justicialista y ese sindicalismo de traidores a sus bases que se hincaron ante Menem, que se vendieron, que dijeron sí a todo. Biolcati, con la convicción de un sindicalista combativo, denunció el hambre que arrasa el país. Se puso a la izquierda de todo y de todos. Quienes quieren ocupar esa franja deberán denunciar esta impostura. Hay que decirlo claro: quienes crearon a los hambrientos por su sed infinita de ganancias no tienen derecho a hablar del hambre.
Pero ahí estaba Duhalde. También Macri, pero no importa. Es un perdedor. También De Narváez, pero no importa: es un ET. Pero Duhalde sí, él importa. Es en el peronismo donde las batallas se van a librar. Nadie puede gobernar (hoy, todavía al menos) este país sin el apoyo del aparato peronista. Duhalde controla una buena parte. ¿Quién es Duhalde? Es un político que fue al acto de la Sociedad Rural. Alguien que sorprendió a todos hablando amablemente de los militares desaparecedores y pidiendo se les conceda la libertad. O que cesen los juicios. Alguien que presentó el libro de Alberto “Tata” Yofre (el último: el que festeja la represión clandestina que Perón ejerció sobre la Tendencia durante su oscuro y, en efecto, clandestino tercer gobierno). Yofre es, también, ese autor que lee Alfredo Astiz, que se presenta con su libro en las audiencias y lo pone a la vista de todos: “Señores, yo leo esto”. Acaso Duhalde lo ponga de ministro del Interior o le restituya el puesto de jefe de la SIDE que tuvo con Menem. Esto es más posible. En suma, toda la llamada “oposición” tiene su verdadera fuerza, no en los medios, no en la Sociedad Rural, no en esos patéticos políticos que ponen la cara por ella, sino en el aparatismo duhaldista, parte importante del aparatismo peronista. La otra parte del aparato la tiene Néstor Kirchner, que es un tigre para dar esas batallas. En suma, las elecciones de 2011 (al margen de las caras visibles que se presenten como “candidatos”) deberán elegir entre Kirchner o Duhalde. Biolcati y la Sociedad Rural –ayer– eligieron a Duhalde. Un peronista. El ex vicepresidente de Carlos Saúl Menem. ¿Esperarán otra fructífera década neoliberal como la que disfrutaron con el riojano en los noventa?

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miércoles, 21 de julio de 2010

En busca de la identidad perdida

Por Vicente Battista
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Ni Adán ni Eva, se supone, tuvieron conflictos de identidad. Es posible que hayan sufrido la carencia de padres naturales, pero en su reemplazo contaron con el Padre Eterno, algo colérico, por cierto: ante la primera desobediencia los echó de casa. El exilio no los amilanó, cubrieron su desnudez y comenzaron a tener hijos: había que poblar el mundo. Caín y Abel fueron los primeros, y aunque no les fue del todo bien, ni uno ni otro se enfrentaron a conflictos de identidad: tenían real conciencia de quiénes eran sus padres. Esta certeza en gran medida se iba a repetir con todos los seres humanos que poco a poco fueron ocupando el planeta, ya sea aquellos que continuaban con la tradición judeo-cristiana, aquellos que habían nacido bajo el paganismo o aquellos que profesaban otras confesiones. Tan importante como las dos preguntas iniciales –¿de dónde venimos?, ¿hacia dónde vamos?– es saber quiénes son nuestros padres, existimos gracias a ellos, sin ellos seríamos la nada, y la nada no se formula preguntas.
Nuestros abuelos prehistóricos fueron de la horda al clan y del clan a la familia consanguínea, para finalmente arribar a la monogámica; hay quienes aseguran que en ese estadio se podría establecer el comienzo de la civilización. La monogámica era una familia fundada en el predominio del hombre: se hacía necesario procrear hijos cuya paternidad no se discutiese. Con el propósito de evitar esas discusiones, los patriarcas judíos optaron por la línea materna. Esto, sin embargo, no les evitó padecer problemas de identidad: José, hijo de Jacob, fue vendido por sus hermanos a los ismaelitas y ellos, a su vez, lo vendieron a los egipcios.
José revirtió su condición de esclavo y llegó a ser gobernador de Egipto. Investidura que no le hizo olvidar su origen: cuando lo consideró preciso reconoció a sus padres y se proclamó hijo de Israel.
El conflicto de Moisés era más grave: ignoraba que había sido adoptado por la hija del faraón, se consideraba egipcio e incluso ante la presencia de Jahvé dudó de su verdadera identidad, pero no bien la confirmó, aceptó su origen, se puso al frente del pueblo de Israel e inició el éxodo hacia la tierra prometida.
El destino de Edipo fue más adverso. Con el fin de evitar la maldición del oráculo, el rey Layo ordenó la ejecución del recién nacido. El súbdito que debía cumplir la orden se apiadó del niño y desencadenó la tragedia: Edipo mataría al rey Layo, su padre, y se casaría con Yocasta, su madre. De esa unión incestuosa iban a nacer dos varones: Eteocles y Polinices, y dos mujeres: Antígona e Ismene. Los cuatro, a su vez, desatarían nuevas catástrofes.
Las epopeyas de José y de Moisés pertenecen a la tradición judía y están puntualizadas en el Antiguo Testamento: Génesis y Exodo. Los funestos destinos de Edipo y de sus cuatro hijos pertenecen a los mitos tebanos, fueron revelados por Homero en el undécimo canto de la Odisea (“Vi también a la madre de Edipo, la bella Epicasta, que cometió sin querer una gran falta, casándose con su hijo; pues éste, luego de matar a su propio padre, la tomó por esposa”) y más tarde desarrollados por Sófocles y por Esquilo en sus tragedias Edipo Rey, Antígona y Los siete contra Tebas. Identidad, parricidio, incesto, respeto por los muertos. Estos incidentes, recogidos en libros, sagrados o no, establecieron las normas morales, las pautas culturales que desde entonces regirían en la sociedad. La identidad, saber quiénes son nuestros padres, es una de esas normas.
En 1976 se instauró un régimen de terror en la Argentina. Las Fuerzas Armadas habían estudiado la metodología de crímenes y torturas instaurada por los nazis en Alemania, y con voluntad de alumnos aventajados la pusieron en práctica aquí. Treblinka, Auschwitz, Maidanek fueron campos de exterminio; la ESMA, El Olimpo, La Perla, también. Los jerarcas del gobierno nazi de Alemania debieron responder por más de seis millones de asesinatos. Los jerarcas del gobierno nazi de la Argentina, por treinta mil. Varía el número de muertos; no la forma en que se cometieron los crímenes. Las tropas aliadas juzgaron a los criminales alemanes; el gobierno de Raúl Alfonsín juzgó a algunos criminales argentinos, a otros les otorgó el beneficio de “la obediencia debida”, más tarde el gobierno de Carlos Menem indultó a todos; luego fiel a su estilo, el gobierno de Fernando de la Rúa optó por el silencio y finalmente los gobiernos de Néstor Kirchner y de Cristina Fernández de Kirchner pusieron las cosas otra vez en su lugar: los responsables de crímenes de lesa humanidad, tantos militares como civiles, volvieron a someterse a la Justicia.
Los soldados del Tercer Reich destruían a la familia completa: asesinaban a los abuelos, a los padres y a los hijos. Los soldados del Proceso se propusieron imitar esa metodología –en 1977 el general Ibérico Saint Jean proclamó eufórico: “Primero mataremos a todos los subversivos, luego mataremos a sus colaboradores, después a sus simpatizantes, enseguida a aquellos que permanecen indiferentes, y finalmente mataremos a los tímidos–, aunque más tarde optaron por otro modo de destrucción: asesinaban a los abuelos y a los padres; pero en lugar de matar a los hijos, los vendían o los canjeaban en pos de algún beneficio. Más de un verdugo se quedó con esos niños. Se dio así la paradoja de que represores y torturadores criaran con ternura “maternal” a los hijos de los padres que habían asesinado. Ahora algunos de esos hijos adoptados se niegan a la certeza de descubrir a sus verdaderos padres; otros van más lejos: aceptan a sus padres asesinos y repudian a sus padres asesinados.
A lo largo de la historia de la humanidad no se había dado una perversión de ese calibre. Durante siglos logramos respuestas culturales para el incesto, para el parricidio, para el genocidio. Hoy nos enfrentamos a nuevas categorías, desde la negación de la identidad hasta la alabanza a los asesinos de nuestros propios padres, que a simple vista parecen un diabólico disparate pero que, sin embargo, comienzan a producir preguntas inéditas. Se hace difícil, terriblemente duro y difícil, elaborar las respuestas.
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sábado, 17 de julio de 2010

La ostra cerrada

La ostra cerrada

Por Osvaldo Bayer
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Desde Bonn
Los diarios alemanes informaron a página entera sobre la ley que acaba de aprobar el Parlamento argentino sobre el matrimonio de personas del mismo sexo. Bueno, por lo menos ya no dedican ese tamaño importante, como antes, sólo cuando se producían dictaduras militares en nuestro país o cuando habla Maradona. Ahora fue en algo muy serio y de gran responsabilidad ética y política. El Frankfurter Zeitung titula: “Argentina permite –como primer país latinoamericano– el matrimonio entre personas del mismo sexo. Y el General Anzeiger, de Bonn, lo titula –con ironía– con un término de la Iglesia Católica argentina: “Un proyecto demoníaco”, y aclara: “Argentina permite, contra la dura protesta de la Iglesia Católica, el casamiento de personas del mismo sexo”. En la crónica detalla la furiosa oposición de la Iglesia Católica contra esa ley. Justo en este momento, cuando la Iglesia Católica ha quedado en una posición ética muy difícil, al difundirse los casos de pedofilia de sus sacerdotes y monjes en escuelas y establecimientos educacionales con menores de edad.
Aquí, en Alemania, los medios les han dado un lugar de privilegio a todos esos casos y a los que van quedando en descubierto en todos los países donde el credo católico es mayoría. Y lo hemos visto, hasta el Vaticano ha tenido que reaccionar ante tantas denuncias comprobadas, en las que han caído hasta obispos. Justamente, como segunda noticia en la misma página que trae ese triunfo de la racionalidad y la libertad en Argentina, el Vaticano anunció la elevación de penas en el Derecho Eclesiástico a todo aquel que cometa delitos de pedofilia y abuso de enfermos mentales. (Pero aprovecha la ocasión y también incluye “a todos aquellos clérigos que consagran como sacerdote a una mujer, a quienes también se los excomulgará”. Como se ve, no pueden con sus discriminaciones, en lo que a la mujer atañe.)
¿Y por qué esto? Porque ya se escuchan muchas voces dentro de la Iglesia Católica que piden, como primera medida para acabar con los delitos sexuales de pedofilia y otros de violaciones que se han producido, terminar con algo tan discriminante como exigir la castidad a todos los sacerdotes y monjes.
Esto se puede comprobar en la actualidad: la Iglesia Protestante alemana –que tiene un parecido número de sacerdotes (pastores) que la Iglesia Católica– no ha tenido ni la quinta parte de casos de pedofilia en sus líneas de las que han tenido hasta ahora, y según las últimas investigaciones, los católicos. Es porque los religiosos protestantes pueden casarse y la mujer puede ejercer también el papel del sacerdocio y ocupar las más altas jerarquías. Por ejemplo, hoy mismo acaba de renunciar la primera obispa protestante, María Jepsen, porque se la ha acusado de no haber actuado con severidad ante denuncias contra un pastor de su iglesia. Una actitud que muestra su sentido del honor y la responsabilidad.
Al contrario de lo que ocurre en la Iglesia Católica, ya que en vez de comenzar con el gran debate que cada vez más se está originando entre los católicos en cuanto a la llamada “castidad” y a la discriminación de la mujer, lo que ha hecho el Vaticano fue aumentar las penas de castigo a los curas pecadores. Como si en los países donde impera la pena de muerte hubiera menos crímenes que en aquellos en que se ha desterrado para siempre esa pena irracional.
Debemos reconocerle a la sociedad alemana que ya hace tiempo ha terminado con la discriminación de los homosexuales. Se nota en los cargos políticos. Actualmente, por ejemplo, el Dr. Westerwelle, viceprimer ministro del gobierno nacional, es un declarado homosexual; lo mismo que los gobernadores de Hamburgo y Berlín, que nunca lo ocultaron. Los que los votaron –en este caso, las mayorías de esas dos grandes ciudades– no vieron ningún impedimento en que ellos pertenecieran al llamado “tercer sexo”. Es que negarlo es caer en una discriminación ante lo natural, caer en la irracionalidad de verlos hijos del diablo o del pecado, o santiguarse cuando se sostiene que tal persona es o no es. Hay que reconocer que la naturaleza los hizo así, son plenos hijos de la naturaleza y hay que aceptarlos como miembros igualitarios de la sociedad. Pero está claro que pese a su actitud, la jerarquía del Vaticano se ve venir tiempos de mucho debate. Aquí ya se ha iniciado. Y sorprende que intelectuales siempre subordinados a la disciplina católica hayan salido en los últimos tiempos a tomar como tema de polémica ese lado oscuro del catolicismo. Por ejemplo, el intelectual del Partido Conservador Demócrata Cristiano, quien fue dos veces ministro para la Ciencia y el Arte, y presidente del Comité Central de los Católicos Alemanes, Hans Joachim Meyer, acaba de sostener públicamente: “Los casos de pedofilia de sacerdotes y monjes en escuelas católicas es algo muy terrible. Yo siento –como todo católico que cree en su religión– que es la consecuencia de la falta de transparencia en las decisiones de la Iglesia. El primer caso ya tendría que haber servido de alerta para debatir y tomar las medidas adecuadas. En el nombramiento de puestos clave existe falta de visión y arbitrariedad, tanto en los obispados como en Roma. Los sucesos nos demuestran con toda claridad que es necesario proceder a reformas. Y en especial a todas aquellas reformas que ya comenzaron a debatirse en al Segundo Concilio Vaticano. Por ejemplo, los laicos tienen que intervenir en la designación de los obispos. Porque la Iglesia vive en la comunidad y en el mundo, al mismo tiempo. El celibato para todo el clero debe terminar. La Iglesia puede caer para siempre porque ya no está cumpliendo con su misión pastoral. Sobre ese aspecto no se puede tomar una medida general para todos. Lo mismo que la posición de la Iglesia ante la mujer. Eliminarlas de todos los cargos espirituales no es nada tranquilizador. Se sigue un falso camino si no comienza a discutirse el tema. Ya esto no lo puede ignorar, porque siempre estará presente”.
Sí, es que ya hasta la mujer católica está reaccionando contra esa política de negarla totalmente y seguir con la leyenda de la Virgen María, Madre de Dios. Virgen y Madre. ¿Por qué? ¿Acaso la unión de los cuerpos no es algo natural y bello más aún cuando a esos cuerpos los une el amor?
Pero se sigue con la discriminación y las medidas del Medioevo. Acaba de producirse un hecho que causó indignación pública: el médico director del Hospital Católico de Dusseldorf fue despedido porque se casó por segunda vez. El médico inició un juicio y la Justicia lo repuso en el cargo. En las directivas del hospital está también que será despedido todo aquel profesional que participe de un aborto. Los comentarios están de más.
El pronto reemplazo por el Papa del obispo de Augsburg, Mixa –acusado de golpear a niños de un internado de huérfanos y de otros casos de pedofilia– por un nuevo obispo, Konrad Zdarsa, dice a las claras que no pueden mantenerse situaciones que antes se podían esconder. Lo mismo que lo ocurrido en el internado del convento de Ettal y en otros colegios católicos. En todos sus discursos, los obispos dejaron en claro que reconocían los delitos cometidos pero hasta ahora la frase más pronunciada por ellos es: “Hay que volver a comenzar”. No, tal vez lo único que les sirva es pensar esto: “Tenemos que aprender de lo sucedido para que todo esto no vuelva a suceder”.
De cualquier manera, la sociedad ha sabido reaccionar. Y destaca la decisión de la asociación de periodistas alemanes, Netzwerk Recherche, que todos los años entrega un premio llamado la “Ostra cerrada” a los que han callado ante los hechos y mostrado su desprecio por la opinión pública, de otorgar ese premio negativo nada menos que a la Iglesia Católica. En la lectura de la “laudatio”, el periodista orador recordó la figura de San Francisco de Sales quien, para denunciar cómo el calvinismo había sometido a su región, salió a la calle y comenzó a publicar en papel los hechos sin tener miedo a la reacción. Siempre con la verdad y también con la autocrítica. Finalmente, San Francisco de Sales triunfó y el pueblo volvió a su antigua religión. Y añadió el periodista: “San Francisco de Sales hizo lo que la Iglesia Católica no hace más: él sostuvo la verdad, él empleó el idioma propio del pueblo para ser escuchado y creído, cosa que la Iglesia Católica actual no usa más. Una comunidad que vive de la palabra como pocas guarda silencio cuando se habla de sexualidad. La discusión acerca del celibato, junto a la sexualidad de los sacerdotes, es tabú para la Iglesia Católica. También todo lo que atañe a la anticoncepción y protección de la mujer. Cuando existen tantos tabúes quiere decir que ya no existe la verdad, no interesa la verdad”.
En ese discurso –que fue transmitido por los medios– agregó el representante de los periodistas alemanes: “La Iglesia no fue la autora de los abusos sexuales. Pero ella fue y es el refugio de los que cometieron el delito. Ella puso a disposición de ellos los santos lugares en los cuales pudieron actuar sintiéndose tan protegidos y donde las víctimas estuvieron totalmente desprotegidas. Son muchos los eclesiásticos que han sido descubiertos en la impudicia pero, ante todos los hechos, la Iglesia miró hacia otro lado. Y por eso quienes también pagan son los que no practicaron esa violencia, tanto sacerdotes como educadores, ya que siempre serán sospechados. La Iglesia debe tener la responsabilidad de que ningún delito se cometa en su interior y castigar a los autores. Pero no, la Iglesia sencillamente trasladó de lugar a los pedófilos y los ha encubierto durante años. Y recién ahora, cuando hemos comenzado a correr los velos, empiezan a aclarase esos delitos por el coraje de las víctimas y de los medios. Aunque se nos quiere presentar como perseguidores de la Iglesia, como representantes de una ‘energía criminal’, el problema de la Iglesia no son los medios sino la violencia sexual interna y su silencio sobre ello”. Y agregó: “Existe una Iglesia cuya autocompasión es mayor que su compasión por sus víctimas. Por eso le otorgamos el premio de la Ostra cerrada”.
Por último, el orador invitó a la Iglesia a hacer su propio “Glasnost y Perestroika”, cuyo primer paso debería ser el fin del celibato y permitir la ordenación de mujeres. La Iglesia necesita lo que sostienen los médicos: la “restitutio in integrum”, la cura integral. La Iglesia sólo será creída si investiga a fondo las causas de la violencia sexual y su encubrimiento durante siglos.
Los testimonios de quienes siendo niños fueron víctimas sexuales de los que usaron sus títulos de representantes de Dios para imponerse son verdaderamente indignantes. Ojalá que se aprenda y la Iglesia pase a ser aquello con que tanto soñaron esos verdaderos pastores del bien y la convivencia: los obispos Angelelli y De Nevares –para nombrar solamente a dos de tantos otros– que dieron todo para lograr una sociedad sin injusticias, una sociedad de mano abierta, como es la que en verdad tendrían que perseguir siempre las llamadas religiones.
pagina12.

sábado, 5 de junio de 2010

Un momento que demanda lucidez

Un momento que demanda lucidez

Por Daniel Goldman *
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La gran mayoría de los judíos nos hemos educado en la idea de la centralidad de Israel como eje espiritual y como concreción de un sueño milenario. Desde la antigua época de los profetas, quienes predicaban sobre la justicia social y la redención, hasta el contemporáneo filósofo Martin Buber aseveraban que el vigoroso núcleo del pueblo judío debía estar dispuesto a retornar a su antigua tierra y construir allí una vida basada en el trabajo independiente, desarrollándose como el elemento orgánico de una nueva humanidad, sin desplazar ni dominar a ningún otro pueblo.
La forma colectiva de la vida socialista del kibutz fue un intento de ello, del mismo modo que el ejemplo de la Histadrut, organización sindical obrera israelí, que diera solución en su forma política cooperativa a caminos de utopía. Y es así que el sionismo como movimiento de liberación brindó el recurso para que cientos de miles de sobrevivientes de la Shoá pudieran encontrar refugio ante un mundo hostil.
Muchos de estos valores han encontrado la gran dificultad de su desarrollo en un conflicto, cuya incapacidad de solución se cuenta por décadas, y que como capas de tierra acumulan sedimentos de frustraciones diplomáticas, lógicas de acción política inconducentes, incomprensiones, desconfianza, cálculos erróneos, razonamientos equivocados, y que en estas horas eclosionaron coyunturalmente en el acontecimiento del “Mavi Marmara”.
Evidentemente son días difíciles para todos aquellos que creemos, apoyamos y estamos comprometidos con todo intento de proceso de paz en el Medio Oriente. En este sentido, los sectores intelectuales y progresistas de la sociedad israelí –con quienes me siento identificado y cuento con la amistad de muchos de sus protagonistas– se han movilizado para protestar ante esta lamentable decisión del gobierno israelí. Una vasta cantidad de académicos y artistas se resisten a la tentación de dejarse llevar por las respuestas impulsivas de una derecha que juega con la emotividad y los miedos para reforzar ciertos prejuicios. Escritores de la talla de Amos Oz y David Grossman interpretan que Netanyahu, secundado por figuras que no han puesto al diálogo como prioridad de sus agendas, se niega a pensar de otro modo. Mi amigo Raanan Rein, reconocido profesor de la Universidad de Tel Aviv, cargado de preocupación, acaba de escribirme en estas aciagas horas que lo que quiere el actual gobierno israelí es hundir una esperanza de un acuerdo de paz con los palestinos que implique el establecimiento de un Estado soberano al lado del Estado de Israel.
Analistas del prestigioso diario Haaretz sostienen en los últimos días que el contexto histórico y geopolítico actual, puesto de manifiesto en, por ejemplo, el viraje político de Turquía y en las posiciones de un presidente como Obama, le exigen al liderazgo político israelí en su totalidad que debe, ante todo, interpretar y comprender la realidad de un modo distinto, y no como hace una década. Este es un momento que demanda de mucha lucidez y objetividad. Actuar frente a los nuevos y múltiples desafíos que el mundo presenta requiere de creatividad diplomática, madurez política, grandeza moral y audacia espiritual (como predecía A. J. Heschel). No hay posibilidad de dar pasos reales y ciertos si no hay estrategias de largo plazo ni decisiones firmes. A la par de esto, en esta saga tumultuosa resulta evidente que todo acto terrorista realizado por Hamas y otros grupos debe ser enfáticamente condenado.
Ahora, es difícil saber la dimensión del impacto de este triste incidente en el proceso de paz recién renovado, así como la señal en las relaciones de Israel con la comunidad internacional y en el vínculo entre árabes y judíos dentro de Israel. “Lo que sí sabemos –sostiene Jeremy Ben Ami, presidente del prestigioso grupo J. Street– es que hoy hay un clavo más en el ataúd de las anhelos de concluir con el conflicto palestino-israelí de manera pacífica. Por ello instamos a los líderes internacionales y regionales a que tomen la terrible noticia de estas jornadas como una oportunidad para trabajar, aún con más energía, en los esfuerzos inmediatos para poner fin al vínculo hostil.”
* Rabino.
pagina12, 04 de junio 2010