sábado, 18 de septiembre de 2010

 

Chile, mediático bicentenario


PABLO SAPAG M

Chile celebra estos días el bicentenario del comienzo de su independencia de España. No lo hace, sin embargo, como lo había previsto la élite que lo gobierna desde hace dos siglos. Ese homogéneo y compacto grupo avistaba una fiesta de consumo interno con la que apuntalar una unidad nacional siempre precaria y amenazada por desigualdades económicas y sociales que se alimentan de otras aún más complejas y permanentes: las raciales y culturales. Lejos mucho tiempo del interés de una prensa internacional que lo ha convertido en alumno aventajado de un neoliberalismo sin anestesia que se sostiene en la espiral del silencio, el bicentenario sorprende a Chile, sin embargo, convertido en estrella mediática de América Latina. Una región en la que este año se suceden conmemoraciones similares.
La efeméride chilena, no obstante, disputa ya a un México en horas muy bajas el escaso interés histórico de la prensa internacional. La misma que tardó dos semanas en informar suficientemente de la tragedia de los 33 mineros sepultados a 700 metros de profundidad en una mina chilena. Sólo la noticia de que estaban vivos, difundida al mundo por un presidente Sebastián Piñera, que asumió el riesgo político de implicarse personalmente en su búsqueda, hizo que Chile y sus mineros dieran la vuelta al mundo. Momento de gloria para un Piñera tan poco conocido en el mundo como su propio país. El problema es que el rescate llevará semanas, si no meses, lo que lejos de desinflar el interés mediático lo alimenta, de ahí un despliegue informativo internacional que no tenía a Chile como protagonista desde los tiempos del dictador Pinochet. Así, lo que prometía ser una muy periodística y rápida historia humana con final feliz para todos, obliga a buscar otros enfoques noticiosos de mayor profundidad, pero también más incómodos.
Emergen entonces otras realidades de una sociedad en la que el 15% de población blanca y culturalmente europea gobierna a una mayoría compuesta por un 70% de mestizos y un 10% de indígenas. La tragedia de la mina ha puesto negro sobre blanco esos perfiles y roles. La inmensa mayoría de los atrapados son mestizos, lo delatan su aspecto físico y su nombre. Los que desde de arriba organizan su rescate después de hacer la vista gorda ante las precarias medidas de seguridad de la mina son, casi sin excepción, todos blancos y de apellidos tan centroeuropeos como los de los dueños del yacimiento. A partir de esos datos tan básicos, en Chile, uno de los países más de-
siguales del mundo según su índice Gini, es casi imposible equivocarse a la hora de caracterizar social y económicamente a la población. Por algo menos de 700 euros, en un país en el que casi todo cuesta igual o más que en España, los 33 mineros se la jugaban cada día en una mina insegura de la que sus dueños obtenían millonarias ganancias. Esa pobreza y desigualdad explican que un ex futbolista profesional que fue compañero de Iván Zamorano en un equipo de la primera división chilena haya bajado a la mina. Franklin Lobos lo hacía para pagar los estudios universitarios de sus dos hijos en un país que, en relación a los sueldos, está considerado entre los más caros del mundo en ese y en otros rubros. Entre otras cosas, porque un Estado mínimo –que es el resultado de un sistema tributario escasamente progresivo– apenas subsidia nada.
La prolongación del encierro en la mina también ha permitido a la prensa internacional descubrir que desde un mes antes del
derrumbe un número casi igual de presos mapuche mantenían una huelga de hambre. El traslado al hospital de varios de ellos ha terminado por desinflar la euforia tras el hallazgo con vida de los 33 mineros a los que se ha querido convertir en símbolo del bicentenario y del Chile recién admitido en la OCDE por sus “envidiables índices macroeconómicos”.
El llamado conflicto mapuche es tan largo como el propio Chile, histórica y geográficamente hablando. La “gente de la tierra” reclama precisamente eso, la devolución de una mínima parte de las tierras que les fueron expropiadas por un Estado de Chile que no se conformó con lo heredado de la Corona española. También reclaman el reconocimiento étnico a un Estado que se ha esforzado como pocos en América Latina por homogeneizar a la población desconociendo la realidad demográfica y cultural de un país donde se llama “pueblos originarios” a los mapuche y otros indígenas, paradójico reconocimiento semántico de que otros no lo son, aunque mandan y mucho.
La élite no oculta su preocupación. Varios de sus miembros, sean de Gobierno o de oposición, racial y culturalmente homogéneos, aseguran que la muerte de uno de esos mapuche procesados en su día por la Ley Antiterrorista en vigor desde la época de Pinochet daría al traste con los fastos del bicentenario. Peor aún, “dañaría la imagen internacional de Chile”. Es lo que realmente espanta a una clase dirigente que hasta que aparecieron con vida unos mineros que apenas habrían sido un breve en cualquier periódico “de clase mundial” contaba con un silencio cómplice justificado por intereses empresariales o por un sistema mediático que discursiva y económicamente busca al menos una historia de éxito por continente –Suráfrica, por ejemplo–. Esta vez la gran mayoría de chilenos mestizos e indígenas –muchos de ellos inconscientes de su condición– son los auténticos protagonistas, dejando al descubierto un modelo contradictorio y poniendo en entredicho la imagen proyectada al exterior de un Chile sólo a la medida de su excluyente y todopoderosa élite.
Pablo Sapag M. es Profesor de Historia de la Comunicación Social e investigador en la UCM
"Publico" edición internacional . Madrid. 18.09.2010

viernes, 3 de septiembre de 2010

Orquesta y coro de la Scala en el Colón

Universo Barenboim

Por Diego Fischerman
La presencia, física y sonora, fue un dato insoslayable. No se trataba sólo de una gran orquesta y un coro imponente haciendo Verdi, conducidos por uno de los grandes directores de su época, sino, en particular, de los de la Scala de Milán. Daniel Barenboim culminó su ocupación musical de Buenos Aires con tres conciertos en el Colón, conduciéndolos en dos programas memorables, Aida, en versión de concierto, y el Requiem. Y los italianos no sólo tocaron Verdi como si se tratara de una gran música sino, más bien, como una causa patriótica. Y es que ésa es su lengua materna. Esos pasajes de bronces que hasta podrían resultar cacofónicos tocados por otros, esos fortísimos de teatralidad sobreactuada y los contrastes con el lirismo más llano y directo, en sus manos tienen el aire del dialecto propio. En todo caso, pocas veces se escuchó algo tan estremecedor como el pianísimo del comienzo del Requiem y el coro casi susurrando las primeras palabras: “Requiem aeternam dona els, Domine”.
En Aida, los solistas fueron Salvatore Licitra en el papel de Radamés, Oksana Dyka en el de Aida, Ekaterina Gubanova como Amneris, Kwangchul Youn como Ramfis, Sae Kyung Rim en el rol de sacerdotisa, Carlo Zigni como Rey de Egipto, Antonello Ceron como Mensajero y Andrezej Dobber en el papel de Amonasro. En el Requiem, el cuarteto vocal principal estuvo conformado por la soprano Marina Poplavskaia, la mezzosoprano Sonia Ganassi (que lo grabó en la versión dirigida por Pappano), el tenor Giuseppe Filanoti y el bajo Kuangchul Youn. Poplavskaia, Gubanova y Dobber habían estado, por su parte, en el elenco de la Novena de Beethoven que Barenboim dirigió hace una semana. En todos los casos se trató de cantantes de gran nivel, con voces potentes y, en el caso de Dyka, de una intérprete notable para su papel. Licitra y Filanoti son, además, los dos tenores más importantes entre los que actúan corrientemente en Italia. Yuon fue excelente en el Requiem y Ganassi unió a un timbre bello y oscuro un fraseo de gran delicadeza. La orquesta, con cuerdas de extraordinaria homogeneidad y bronces superlativos –el Tuba mirum del Dies Irae, con grupos de metales adicionales colocados a lo alto y en los costados de la sala, fue conmocionante–, se sumó a un coro de gran empaste y equilibrio para lograr, junto a Barenboim, lecturas donde el campo expresivo y dinámico se amplía hasta el infinito. Podría decirse que en el Universo Barenboim los pianísimos lo son hasta el extremo de lo audible y los fortísimos hasta el límite de lo soportable y que los contrastes y tensiones se llevan hasta el propio umbral de lo posible.
Esta segunda parte de las actuaciones de Barenboim, con orquesta y coro de La Scala y organizadas por el Colón, tuvieron, no obstante, una diferencia esencial con el capítulo planificado por el Mozarteum: paradójicamente, fue la institución privada la que completó el programa con el ingrediente social –y pedagógico– de un concierto gratuito, donde se tocó música de Boulez, más allá de los abonos para la juventud, de muy bajos precios, que hacen los conciertos accesibles a un público más amplio. 
La actuación de los organismos de La Scala acarreó un gasto de seis millones de euros y su beneficio se redujo a tres conciertos –el último de ellos fue el lunes por la anoche, con la repetición de Aida–, a los que asistieron unos ocho mil quinientos afortunados que pudieron pagar entradas de entre 300 y 1200 pesos. No se trata, desde ya, de que la orquesta y coro de La Scala no valgan aquello que se ha pagado por ellos. Ni, mucho menos, de que no esté bien que un teatro contrate grandes artistas para sus temporadas. El problema, más bien, es de oportunidad. No puede dejar de pensarse que esos seis millones de euros se desembolsan en el mismo momento en que las autoridades culturales de la ciudad confiesan que no pueden arreglar las goteras del Teatro San Martín si no venden patrimonio inmueble. Y no debería dejar de tenerse en cuenta que estos tres conciertos pertenecen a una temporada en la que no ha habido un solo encargo a un músico argentino. Ni tampoco que con esa cifra podrían producirse unas treinta puestas de ópera que combinaran figuras extranjeras y nacionales.
pagina12 

Puse en cursiva el último párrafo del autor del artículo ya que me parece una información poco divulgada y muy pertinente en cuanto a la política cultural del actual gobierno de la ciudad.
La buena administracion de los recursos públicos exige decisiones que favorezcan el trabajo argentino y el acceso a  los bienes culturales  de  la mayor cantidad de "vecinos" de la ciudad.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

El programa de gobierno presentado por el cardenal Bergoglio


El documento contó con la autoría, entre otros, de Roberto Dromi y Roque Fernández.
A poco más de un año de las elecciones de 2011, ya comienzan a aparecer los programas político-económicos de las distintas fuerzas políticas. A veces son los partidos políticos los que opinan de modo directo; otras, son instituciones como la Iglesia y los medios de comunicación las que plantean sus reivindicaciones con acompañamientos políticos.
Dentro de esa corriente, es reveladora la presentación que, más de dos meses atrás, realizó el Cardenal Jorge Bergoglio del documento Consenso para el Desarrollo, elaborado por la Universidad del Salvador (Usal) a través de su Escuela de Posgrado Ciudad Argentina. El director del estudio fue el Dr. Roberto Dromi, ex ministro de Carlos Menem, que trabajó con un equipo integrado por Armando Caro Figueroa (ex ministro de Trabajo y Seguridad Social, 1993-1997), Andrés Delich (ex ministro de Educación, 2001), Roque Fernández (ex ministro de Economía, 1996-1999), Horacio Jaunarena (ex ministro de Defensa 1986-1989 y 2001-2003), Jorge Vanossi (ex ministro de Justicia, 2002) y Fernando Lucero Schmidt (director de investigación y desarrollo de la Usal). A la presentación asistió un conjunto de personalidades que encarnan al arco opositor, que ya tenía una muestra de lujo en los autores del documento. ( Véanse los diarios del 20 de junio de 2010).
Constitucionalismo creativo. El documento propone políticas de Estado que se concretan en un Contrato Social de Garantía y Pertenencia, que “recepta la homologación del consenso como expresión de la voluntad general y del querer común de pueblo y gobierno, de sociedad y Estado ( apart. 8). Se establece que “el presente Contrato Social de Garantía y Permanencia será ratificado por ley del Congreso de la Nación y tendrá categoría de ley suprema de orden público conforme al Artículo 31 de la Constitución Nacional. El plazo de duración es ilimitado y sólo podrá ser modificado, denunciado o privado de su eficacia legal, una vez que transcurran 10 años computados desde la fecha de entrada en vigencia. Las provincias adhieren automáticamente y de pleno derecho al presente Contrato Social de Garantía y Pertenencia con la sola firma del mismo por el Gobernador de la Provincia en su calidad de agente natural del Gobierno Federal” ( apart. 24). “La presente ley-contrato sólo podrá ser sometida a revisión por la Corte Suprema de Justicia de la Nación” ( apart. 25).
Este texto es un ejemplo de constitucionalismo creativo. En primer lugar crea una categoría especial de leyes que son las “supremas de orden público conforme al Artículo 31 de la Constitución Nacional” (que no establece categorías de leyes). Pero ya la creatividad se convierte en delirio cuando se establece que sólo se la puede modificar después de 10 años de su vigencia, que las provincias adhieren por la sola firma del gobernador y que sólo podrá ser sometida a revisión por la Corte Suprema de Justicia de la Nación. La “frutilla de la torta”: las “partes celebrantes” asignan al Poder Ejecutivo la aplicación de este Contrato ( apart. 26). Pues bien: ¿Quiénes son las “partes celebrantes”? Respuesta: es la voluntad general; y el Contrato está abierto a todos los actores ( apart. 12). No se indica cómo se expresarán. Por eso sería útil un esfuerzo más, que los lleve a inventar un Congreso con atribuciones restringidas, puesto que el Contrato Social sería inamovible por 10 años y sólo podría ser revisado por la Corte Suprema.
¿Por qué una Universidad prestigiosa incurre en estos desatinos jurídicos? Una explicación es el propósito de aplicar un programa de gobierno cuya ejecución requiere una reforma constitucional. Como el arco opositor no tiene las mayorías exigidas por la Constitución, se pretende entonces sancionarlo por una super ley que no existe en nuestro ordenamiento jurídico.
Los puntos básicos. El Contrato Social de Garantía y Pertenencia establece dos categorías de temas básicos, cuyo cumplimiento permitiría instalar la “nueva República Consolidada del siglo XXI”. Algunas materias son lo suficientemente generales como para impedir rechazos; en cambio, en los temas controvertidos, el Consenso opta por favorecer a los intereses del establishment económico, los medios de comunicación y la Iglesia. Veamos.
Educación. El primer tema que trata es la educación: “El Estado garantiza el acceso universal y gratuito al saber en todos sus niveles para todos los habitantes de la Nación sin exclusión. Para el cumplimiento de este principio, las organizaciones estatales pertinentes deberán instituir sistemas de becas, subsidios, mecenazgos, compensaciones tributarias y toda otra instrumentación conducente a promover la formación física, moral e intelectual de todos los habitantes de la Nación” ( apart. 27). En otras palabras, deben aumentarse sustancialmente las subvenciones estatales al sector educativo privado.
Pero esa orientación va más lejos. No sólo se benefician las escuelas privadas, en especial las religiosas. Además se dispone que “los medios de comunicación son agentes activos de la educación” ( apart. 28). Agrega el Consenso: “La educación impartida por los medios de comunicación y las organizaciones sociales deberá ser de ejecución pública no estatal” ( apart. 31).
El esquema es claro: el eje de la acción educativa pasa a la Iglesia y a los medios de comunicación privados (adivinen cuáles). Se viola así la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, que establece que deben otorgarse licencias al Estado nacional, a las provincias, a las municipalidades y a las universidades nacionales; ¿se suprimirá al canal Encuentro? Pero no termina allí: el sector privado debe ser financiado por el Estado: “Los licenciatarios de los medios de comunicación audiovisual y las autoridades de las escuelas sociales serán compensados por el Estado nacional por los servicios educativos que presten”; para que no haya equívocos agrega: “El sistema de compensaciones por los nuevos servicios educativos deberá estar a cargo de la Nación” ( apart. 35).
Seguridad. El Consenso establece que “el eje vertebrador de todas las políticas de Estado es, a nuestro entender, la seguridad en su más amplia acepción”. Para afirmarla, la principal medida que propone es el dictado de un “curso teórico práctico anual y obligatorio sobre Educación para la Civilidad y la Convivencia Social para todos los adolescentes” ( apart. 45). Se llega a esta conclusión sin un diagnóstico adecuado; además, parece extraño que el acto de gobierno primordial, para instrumentar el “eje vertebrador”, sea un curso para adolescentes.
Política exterior. En materia de política exterior propone “formar alianzas estratégicas en el espacio económico regional en conjunto con Brasil y Chile, relanzando la alianza del ABC para construir un puente bioceánico Atlántico-Pacífico” ( apart. 52). No hay ninguna referencia a Unasur.
Economía. Se adoptan las pautas del establishment económico: “eliminar el llamado impuesto al cheque y las retenciones a las exportaciones” ( apart. 65); “establecer un sistema de equidad tributaria y tarifaria compatible con la ganancia empresaria” ( apart. 54); es decir, se privilegia a la ganancia empresaria. Las empresas públicas deben evitar “la producción de bienes y la prestación de servicios que puedan hacerse en forma óptima por el sector privado” ( apart. 66); así, la eficiencia del sector privado parece un artículo de fe. Además, debe afianzarse la autarquía del Banco Central, cuya “función primordial es asegurar un valor estable para la moneda nacional” ( apart. 67); se olvida que en muchos países (incluso en Estados Unidos) también es fundamental el sostenimiento de la actividad económica y del empleo.
En cuanto a la producción se propone una gama impresionante de incentivos y subvenciones al sector privado, que hasta incluye “garantía de la inversión de riesgo” (no se aclara cuál es el riesgo de esa inversión si se la garantiza) ( apart. 70 a 72).
Comunicación. En materia de comunicaciones, el Consenso determina que “las innovaciones tecnológicas sobrevinientes a las licencias son de propiedad pública del Estado nacional, que acordará su gestión privada o mixta” ( apart. 94). Es decir, que las nuevas tecnologías sólo podrán ser utilizadas por empresas privadas o mixtas. Nada mejor para consolidar el monopolio de los medios audiovisuales.
Síntesis. Este documento redactado por la Usal con la colaboración de destacados ex ministros es de gran utilidad porque devela la naturaleza y la ideología de una fuerza política integrada por la Iglesia y los medios de comunicación dominantes, con el acompañamiento de notables miembros del arco político opositor. Es un hecho político fundamental que revelen quiénes son y qué piensan hacer si fueran gobierno.

domingo, 15 de agosto de 2010

Los nervios de la derecha


Leí una declaración de Chiche Duhalde que me impactó y es un buen resumen de la situación: ‘Si tenemos que dejar de hacer caminos para construir más cárceles, hagamos más cárceles’. Queda claro qué modelo de país propone la derecha, ¿no?
  Cuando alimenté a los pobres me llamaron santo; pero cuando pregunté por qué hay gente pobre me llamaron comunista.
Obispo Hélder Câmara

Las últimas dos semanas, tuve que dedicar una buena parte de este espacio a responder, aclarar y compartir algunas de las repercusiones que las mismas crónicas estaban generando. Concretamente, las presiones y amenazas de grupos ultrareaccionarios. En ese sentido, quiero agradecer a todas las personas y medios que me enviaron su apoyo, su solidaridad, o simplemente dieron cuenta de los picos de intolerancia que está sufriendo nuestra sociedad. Visibilizar estas cosas ayuda a ver con más claridad que expresarse libremente acerca de ciertos temas trae como consecuencia el odio desmedido de ciertos sectores. Sectores que, da la casualidad, son los que están a favor de aquella Argentina en la que desaparecía gente. Esa que con la Triple A limpió las calles de zurditos y subversivos, que se enfrentaban a los que consideraban que en la Argentina sólo podías quedarte callado. Muy alto fue el costo por permanecer ciegos y sordos ante tanta represión y muerte.
Como ya lo dije varias veces, no me gusta victimizarme, y no creo que estos ataques canallescos sean solamente contra mi persona: siento que me toca recibir ciertas agresiones por ponerle una cara y un nombre a las ideas que muchos compartimos. Y que estos ataques, también, son reacciones desesperadas de los intereses concentrados al sentir amenazada su hegemonía de décadas. Simplemente observemos lo que estuvo sucediendo en los últimos días y vamos a notar cómo muchas situaciones que antes se consideraban sólo rumores, ahora se vuelven visibles y transparentes.
En varios ámbitos de la vida pública vemos el nerviosismo de la derecha ante la pérdida de poder, y sus respuestas van de lo ridículo a lo inaceptable. Mucho se dijo ya del discurso de Biolcati y su “preocupación” por los pobres, que es lo mismo que Judas hablando de lealtad. Ya sabemos lo que representa la Sociedad Rural y estamos prevenidos contra su cinismo. Pero cuando en mitad de su deslumbrante discurso, este señor repudió a las dictaduras, que tanto vaciamiento han generado en el país, a mí me levantaron la programación del aire. ¿¿¿Perdooooón??? ¿Yo estoy confundida, o no era la Sociedad Rural la que sacaba comunicados en los diarios de esa época avalando la excelente labor militar? ¿No fueron ellos los que a lo largo de tantas y tantas décadas se fueron quedando con  tierras que no les pertenecían? ¿No fueron ellos, acaso, cuando volvió la democracia, los que abuchearon a Alfonsín en La Rural? ¿No fue este hombre el que, no hace mucho tiempo, avaló a Martínez de Hoz? Entonces, ¿cómo pueden articular un discurso patriótico, cuando siempre se ocuparon de sus bolsillos, enriqueciéndose a costa de tantos trabajadores del campo, que viven en condiciones precarias? Tal vez a alguien todavía pueda causarle asombro que la oposición se ponga a lamerle las botas a los patrones de estancia: aunque si vemos la trayectoria de varios dirigentes opositores, a muchos les caen simpáticas las “botas” y no sería la primera vez que se entierran en bosta. Sí es llamativo que lo hagan tan abiertamente. Porque, entonces, la pregunta que nos cabe es: si esta oposición nuestra de cada día apoya estas políticas campestres, ¿cuál es su verdadero proyecto para la Argentina que se viene? Yo tengo la respuesta... y creo que ustedes también.
Que Magnetto tenga contacto íntimo con altos referentes del peronismo decadente tampoco es novedoso. Recordemos que en 2002, cuando Duhalde ostentaba el cargo de presidente no electo, Solá se desempeñaba como gobernador de Buenos Aires, y la policía asesinó a los referentes piqueteros Darío Kosteki y Maximiliano Santillán, Clarín titulaba en su tapa: “La crisis causó dos nuevas muertes.” El pacto político entre el monopolio y el ex vice de Menem tiene larga data. Pero la novedad es que un hombre acostumbrado a moverse en las sombras y tirar de hilos invisibles se exponga tanto. Y también que los aspirantes a candidato presidencial vayan a definir fórmulas con el líder de un multimedios manchado de sangre. Parece que la derecha está alarmada porque no tiene ni un candidato presentable.
De Narváez ya abrió sus locales con grandes pósters, donde se lo ve bien vestido y sonriente. No nos olvidemos de que con una parodia de sí mismo logró volver a colarse en el Congreso, donde rara vez se lo ve. Pero todavía no se sabe para qué se postula: presidente no puede ser porque nació en Colombia, pero como buen empresario ya logrará cerrar algún buen negocio.
Reutemann parece preferir seguir jugando al estanciero antes que arriesgar el poquito de aceptación que pueda tener en la opinión pública. Con lo bien que cotiza la soja (¡y si pudiera lograr la baja en las retenciones!), ¿para qué va a salir a quemarse? Mejor sostener el mito del corredor de carreras, siempre segundo, que traer a la memoria su vergonzosa gobernación de Santa Fe. En Rosario, sus partidarios pintaron paredes pidiendo su vuelta. Pero el ingenio popular corrigió la frase: “Lole, de-volvé.”
Y el pobre Mauricio Macri, perseguido político. Sigue procesado. Se le cayó el autojuicio porque no le alcanzaron los votos. Y se puso en el lugar de acusador, doble trabajo para sus abogados. Y para él que está bastante ocupado con la justicia y los medios como para ponerse a gobernar. Me llena de pena, de vergüenza y bronca que haya que lamentar muertes para que se le preste atención a algo obvio: el boom inmobiliario de Buenos Aires es desmedido e inescrupuloso. El control del Estado, casi nulo. La cantidad de torres que se están levantando pinta un horizonte sombrío, pero el gobierno de la ciudad no lo ve con malos ojos. Mientras sean edificios lujosos y vayan alejando a los pobres hacia la provincia... Macri no se hace cargo de nada, salvo de su ambición, porque ya empezaron a aparecer sus pintadas.
¿Y Duhalde? Bastantes amenazas recibí últimamente como para hablar acerca de este señor. Lo pueden googlear y sacar sus conclusiones.
Lilita no es presentable. Si sigue así no le van a quedar amigos ni en Facebook. Ya no sabe con quién pelearse. Yo creo que esa es la tan mentada crispación.
Es el mismo nerviosismo que se vio en los tribunales de Córdoba donde se juzga a Videla, Menéndez y otros 30 represores. Nerviosismo porque se les termina la impunidad. Porque el Equipo Argentino de Antropología Forense identificó restos de más de 100 cuerpos enterrados como NN. Y Patti va a esperar el juicio en una cárcel común. Entonces aparece Pando encadenándose al Ministerio de Defensa, y el ataque de los defensores de la dictadura ante la presencia del juez Baltazar Garzón. Todos intentos patéticos de sembrar confusión en los medios.
Siento que es la misma confusión que buscan sembrar con el machaque de la inseguridad. Y ojo, la famosa inseguridad de la que tanto hablamos existe, y es preocupante. Pero tenemos que entender que es una consecuencia directa de la exclusión de tantos sectores de la sociedad que han quedado marginados por políticas como las de Menem, que hoy tantos defienden. Después de la década menemista de saqueo del Estado, del vaciamiento del sistema educativo, de un notorio incremento del narcotráfico en el país, de niveles increíbles de desempleo, hambre y represión, no podemos asombrarnos. Sin dudas, es necesario que haya políticas de prevención y que la justicia actúe con agilidad y criterio. Pero las políticas de inclusión social son de importancia vital para revertir esto que afecta a muchos otros países, con tantos problemas de desigualdad. Lo que no es saludable es que machaquen día, tarde y noche con la misma noticia, para arrastrar a todos en su histeria. Nos quieren compartir su pánico y paranoia, por eso nos bombardean con noticias de robos y muertes. Con programas “documentales” sobre chicos que fuman paco y cámaras subjetivas de allanamientos en villas. Con los policías en acción, entre chistes de borrachos y persecusiones a los gritos, mostrándole a la clase media cómo hay que tenerles miedo a los pobres. Para que la gente pida más policías, más cámaras de seguridad, penas más duras, más prisiones. En vez de pensar en más escuelas, más viviendas, más hospitales, más puestos de trabajo. Leí una declaración de Chiche Duhalde que me impactó y que es un buen resumen de la situación: “Si tenemos que dejar de hacer caminos para construir más cárceles, hagamos más cárceles.” Queda claro qué modelo de país propone la derecha, ¿no?
Yo soy una de los tantos que queremos el camino de la inclusión y la apertura, no el de la represión y el encierro. Una de los muchos que creemos que una sociedad más libre y más justa es posible. Y por eso creo que es importante que mantengamos la calma, que pensemos con tranquilidad y debatamos con tolerancia ideas importantes.
Tiempo argentino

 

Los megaimperios mediáticos

Por José Pablo Feinmann
Además todo es muy simple, de aquí que si no se quiere entender es o porque no se quiere o porque se obedece o porque se quiere imponer otra cosa que no puede sino mentir sobre cuestiones elementales para presentarse como válida. Adam Smith (al padre teórico del capitalismo) no creía en los monopolios. Creía en lo que se suele llamar competencia atomística, dentro de la cual muchos productores compiten entre ellos. Al hacerlo, los precios nunca son establecidos por un solo vendedor, sino que surgen de la libre competencia. En cambio, cuando aparece el monopolio, que es (según creo) la tendencia inevitable del libre mercado, ya no hay competencia atomística porque el precio lo fija un solo polo, precisamente: el monopolio. La ambición de todo grupo capitalista es entonces constituirse en monopolio. Regirá por completo el mercado. Establecerá una dictadura de mercado. Sofocará toda libre competencia. El oligopolio es una formación de monopolios. Un acuerdo de paz entre ellos, siempre pocos. El mercado lo manejan dos o tres. Oligopolio, según suele saberse o no, proviene del griego, como tantas otras cosas. Oligoi significa pocos. Y polein, vender. Resulta claro que un mercado dominado por oligopolios es uno en el que son pocos los que deciden: los que venden, los que compran, o los que fijan los precios.
El monopolio se forma por la acumulación de empresas regidas por una que las ha ido incorporando a todas. Se le aplica el eufemismo “Grupo” para limarle el sentido autoritario que tiene en el mercado. Hay una empresa madre del monopolio. La que ha iniciado el proceso de acumulación. El proyecto es asimilar –bajo la hegemonía de una– a la mayor cantidad posible de empresas del mercado. Constituido el monopolio, vemos por fin con claridad que su proyecto es eliminar la libertad de mercado. Donde manda uno. O mandan dos que se ponen de acuerdo entre ellos. O manda uno con el poder suficiente para sofocar a los demás, la libertad de mercado ha muerto. Este poder económico se expresa en el campo político. El monopolio es el enemigo central de la democracia. Condiciona a la política sometiéndola a la visión de la empresa monopólica. El monopolio financia campañas electorales. A menudo (a causa de su gran poder económico), el grupo político que triunfa es aquel que el monopolio ha financiado. El que llega al poder (aunque nadie lo advierta) no es un partido político, es el monopolio. O el partido político que representa al monopolio y acepta su hegemonía y responderá a sus intereses.
El monopolio es enemigo de la democracia tanto en el campo económico como en el político. El mercado es “libre” si se cumple la exigencia smithiana de la competencia atomística. Ahí todos compiten con todos. Pero hubo muchas cosas que Smith no vio. (Igual que Marx.) La competencia atomística –que sería el alma democrática del mercado– es devorada por la dictadura del monopolio. Un solo polo es la negación de la competencia de muchos. Un solo polo es la dictadura de ese polo y la desaparición (devorados por éste o llevados a la quiebra) de los restantes.
La cuestión es grave cuando se da en el campo de la información, en lo mediático, que es acaso donde más se ha desarrollado. “En EE.UU. la información fue suplantada lisa y llanamente por la propaganda corporativa. Dejó de existir el ‘derecho a la información’, garantizado por la Primera Enmienda de la Constitución. Los ciudadanos estadounidenses perdieron su derecho a la información veraz y oportuna sin darse cuenta (...). Las frecuencias para las señales de radio y televisión constituyen un bien público, de toda la sociedad, pero su control pasó a manos de unos pocos megaimperios mediáticos:
1) AOL/Time Warner Inc.
2) Gannett Company, Inc.
3) General Electric.
4) News Corporation.
5) The McClatchy Company.
6) The New York Times Company.
7) The Washington Post Company.
8) Viacom y las cadenas CBS y UPN.
9) Vivendi Universal, la dueña de Universal Studios.
10) Walt Disney Company (José Pablo Feinmann, La filosofía y el barro de la historia, Prólogo de Franco Volpi, Planeta, Buenos Aires, 2008).”
La existencia de estos megaimperios mediáticos les permite a los grupos políticos que los dominan imponer “su” verdad como la verdad de todos. Dan forma a la opinión pública. Crean la realidad. Tiene razón Jean Baudrillard –en su libro El crimen perfecto– cuando dice: el crimen perfecto se ha cometido: ha sido asesinada la realidad. Hoy, el capitalismo, se fundamenta en dos fuerzas esenciales, en dos palancas que le permiten seguir adelante y sin las cuales entraría en colapsos más graves que los recientemente exhibidos: 1) Devastación del planeta para alimentar su sistema bélico-industrial. Nada lo detendrá en esta tarea. Ni la guerra colonialista ni la tortura ni siquiera la utilización de armamento nuclear en caso de que sea necesario, y posiblemente lo sea en cualquier momento. 2) Posesión del poder mediático mundial para dar forma a la “opinión pública”, para colonizar las subjetividades, para sujetar a los sujetos y convencer a todos que así tienen que ser las cosas y así serán. Este poder megacomunicacional tiene sus representantes en cada país y todos saben que luchan –una vez más y como siempre– por la razón occidental, por el poder de unos pocos para dominar a todos los demás. Algunos dicen que la “revolución” que profetizó Marx no se cumplió. En efecto, no. Pero hemos asistido y continuamos asistiendo a una revolución tecnológica trascendente: la comunicacional. Esta revolución no es “represiva”. No quiere eliminar nuestros cuerpos. Sólo nos pide entrar en nuestras almas, aprisionarlas e instalarse ahí. Sólo nos pide que la verdad sea para nosotros –siempre– lo que ella dice. Sólo nos pide que pensemos como ellos piensan. Que odiemos a quienes ellos odian. Que nos divierta lo que ellos quieren y nos dan para que lo haga. (Esencialmente basura.) Que creamos en lo que sus escribas escriben. En lo que sus pensadores piensan. Que no se los toque. Que no se los inquiete. Que si apoyaron dictaduras fue porque (aunque sanguinarias) eran dictaduras pro-occidentales y anticomunistas. Que la verdad es una y es la que ellos dicen. Aún no lo han logrado, pero muy pronto –si avanzan los planes de contrainsurgencia contra el terrorismo– disentir con ellos será estar con los terroristas. Hay algo que los asombra. En un país del sur, un gobierno proveniente de un partido de raíz popular se ha tomado el extremo atrevimiento de desmontar (si lo prefieren: de deconstruir, ¿no suena interesante?) a un monopolio de alto poder y larga y fiel trayectoria a las causas de Occidente. La situación es novedosa. ¿Cómo se atreven? ¿Desconocen que un grupo monopólico es la esencia concentrada del capitalismo de mercado? ¿Qué son? ¿Populistas? El populismo –más allá de sus tendencias distributivas y estatistas, de raíces keynesianas– nunca cuestionó la esencia del capitalismo. Ejerció una verborragia antipatronal (para volverse creíble ante sus bases obreras) pero sólo eso. Aquí, algo huele mal. No en vano ha tenido que dar la cara uno de esos personajes que están para darla. De éste, por ejemplo, hay una foto en que el hombre enfrenta al fotógrafo e intenta tapar con su mano el foco del aparatejo chismoso, de esa maquinita develadora, peligrosa, enemiga de las intimidades y de las intrigas, que ese gremio maneja. El “señor Magnetto” no había nacido para las luces cenitales del centro de la escena. Ha tenido que dar la cara. ¿Tan grave es la cosa? Al dar, él, la cara, reveló que las caras que hasta ahora veíamos eran secundarias, eran voces como ecos, ecos de lo que se resolvía en el “piso de arriba”, donde siempre estaban los que nunca se exponían y hoy tienen que salir a poner el pecho. Tampoco la cara del “señor Magnetto” tiene mucho encanto. Semeja un presbítero huraño, enjuto, ajado. Si “el señor Magnetto” fracasa, ¿quién será el próximo/a en bajar del cielo para conducir “la guerra”? Porque los “jóvenes del Mayo Francés” eran muchos. Estos no. Aunque –en un texto ya célebre, algo ridículo, algo patético pero sin duda divertido– se los compare con aquellos. Pronto se los comparará con los jóvenes románticos del Salón Literario y la Asociación de Mayo, que también luchaban contra una feroz tiranía encarnada por una pareja, la del Restaurador de las Leyes y Encarnación Ezcurra, que si no usaba costosas carteras francesas era porque aún no existían, pero le armó al Gaucho de los Cerrillos una revolución, la de los Restauradores, que lo llevó al poder. No hay caso: en este país las mujeres fueron siempre peligrosas.
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Rápido y simple

En todas partes se puede crear riquezas, pero en ninguna con la rapidez y con la simplicidad de recursos que en América. Y siendo tan fácil crear allí riqueza, todo es cuestión de hombres, de población, de emigrantes. Tras de ellos ha acudido hasta ahora sin demora lo que hace falta para aprovechar su voluntad de esfuerzo: los capitales, la técnica. Así se forma la tónica social de la Argentina –optimismo, actividad, seguridad en el porvenir, despreocupación para el gasto–. En la Argentina se gasta enormemente, se gasta mucho más que lo que gastan en igual proporción de riqueza las sociedades europeas. Generalmente, no se ahorra. Se tienen muchos hijos, se vive con todo el gasto posible, se alardea de poseer costosas alhajas, se visita Europa con frecuencia. Todo se hace con largueza, audazmente, en la certidumbre de que después todo se ha de arreglar, de que el país irá prosperando y cubrirá, tarde o temprano, las lagunas que abra el crédito en las economías privadas. Todo ese enorme gasto, ese nivel exagerado de vida material, característico de la Argentina, trae sus consecuencias. La primera es la dificultad para formar una cultura superior. El coste de la vida es tan elevado y la valoración del trabajo intelectual tan modesta, que no es posible vivir ejercitando el arte o el pensamiento en sus formas más nobles y selectas. El intelectual argentino necesita desempeñar múltiples oficios que le hacen casi imposible prepararse y ahondar. Eso es fatal. La cultura superior exige reposo, reflexión, intimidad, trabajo teórico y desinteresado. En las actuales condiciones sociales, es difícil que la Argentina elabore una cultura superior acorde con su potencia material. También requiere sus previsiones la independencia nacional. La Argentina, mientras sus hombres trabajaban sin tregua para hacer frente a una vida costosa, ha resuelto hasta ahora su problema cultural agenciándose elementos técnicos, instrumentos industriales y métodos extranjeros. Pero se ha agenciado todas esas cosas a costa de no hacer nación, a costa de su independencia. Se ha procurado ingenieros extranjeros, gerentes extranjeros, intelectuales extranjeros, se ha procurado, asimismo, capitales extranjeros, máquinas extranjeras, medios de transporte extranjeros. La Argentina es una presa de otros países industriales que la valoran, que la someten a dependencia y deciden en lo económico excesivamente de su suerte. Pero la Argentina, al vivir de los capitales y de la técnica y de los mercados de Europa, ha entregado las riendas de su economía a Europa, y además se ha aventurado a correr la suerte de Europa, que es una azarosa suerte para el día de mañana. La Argentina es un país en formación que ha sabido asimilar y desenvolver prodigiosamente ciertos aspectos de la civilización moderna. Su orientación ha respondido a sus circunstancias geográficas y sociales, y a las corrientes ideológicas que han dominado en la vida europea en el período utilitario en que ha tenido lugar la evolución argentina. El utilitarismo europeo no era, sin embargo, sino una fase del proceso de la cultura europea, y el secreto de su éxito estaba en otras fases precedentes, mucho menos prácticas, que descubrieron las leyes fundamentales de la actividad industrial y crearon la disciplina del pensar. No era posible adaptarse a una fase secundaria y subordinada de la cultura europea sin quedar dependiendo de los crisoles espirituales donde aquella cultura se fraguaba. Mas como los crisoles espirituales no eran transferibles y Europa se limitaba a ceder a préstamo, e imponiendo determinado vasallaje, fórmulas técnicas y elementos industriales, la Argentina se formó con aquella inevitable dependencia.
Hoy la Argentina –sus hombres inteligentes, al menos– tiene aspiraciones de dominar mejor su crecimiento corporal y de forjarse una economía y una cultura superior propias. Le preocupan las influencias del capital extranjero, le preocupa la creación de una industria nacional. En ese camino ha de hallar varios obstáculos, y el más temible de todos la confianza que el éxito crea en los métodos de vida ya experimentados, sobre todo cuando procuran una existencia grata. (Fragmentos de un artículo del economista Luis Olariaga, catedrático de legislación del trabajo, publicado en febrero de 1925 en la “Revista de Occidente” que dirigía José Ortega y Gasset)
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martes, 3 de agosto de 2010

Los mapuches, presos y en huelga de hambre

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Piñera no da señales para destrabar el conflicto.
Hace más de veinte días que 31 mapuches están en huelga de hambre en las cárceles chilenas. Están presos por la aplicación de la llamada ley antiterrorista. El gobierno de Sebastián Piñera no mostró intención de destrabar el conflicto. Mientras tanto, la salud de los indígenas se sigue deteriorando.
La huelga de hambre líquida arrancó el 12 de julio en los penales de Concepción (centro) y Temuco (sur). Progresivamente, se fueron sumando reclusos mapuches de otras cárceles. Los mapuches dijeron, a través de un comunicado, que extenderían la medida hasta las últimas consecuencias. Los presos reclaman que dejen de aplicarles la ley antiterrorista, un instrumento legal sancionado durante la dictadura de Augusto Pinochet. Además, exigen que sus causas no sean derivadas a tribunales militares y demandan acceder a un juicio justo. La desmilitarización de los territorios de la comunidad también es otro de los reclamos que les hacen a las autoridades chilenas. En el sur de Chile, las empresas agrícolas y forestales ocuparon las tierras ancestrales.
Organizaciones de defensa de las comunidades originarias denunciaron en el fin de semana que se está deteriorando a pasos agigantados la salud de los detenidos en la cárcel de Angol, al sur de Santiago. Según manifestó el Parlamento de Comunidades Autónomas de Malleco, los reclusos sufrieron maltrato psicológico de parte de los gendarmes y no recibieron asistencia médica por parte de los uniformados. Ayer se realizaron movilizaciones en varios puntos del país para reclamar al Ejecutivo que escuche las demandas de los indígenas, pero el silencio oficial sigue sin romperse.
Los mapuches en huelga de hambre están en prisión preventiva hace más de un año y medio, ya que la legislación antiterrorista habilita a que estén en esa condición hasta por dos años. De acuerdo con la normativa aprobada en mayo de 1984, también se les puede impedir el acceso a la causa a los abogados defensores de los procesados.
“La aplicación sistemática de la ley antiterrorista es discriminatoria porque levanta acusaciones contra personas que reclaman por sus derechos legítimos. Se aplica esencialmente a personas mapuches”, dijo a Página/12 Sergio Laurenti, director de Amnistía Internacional (AI) de Chile. AI le reclamó al presidente Sebastián Piñera que se revise esa legislación que podría cuestionarse como inconstitucional”, según indicó su titular.
AI no está visitando a los presos mapuches en huelga de hambre por pedido expreso de los indígenas. Pero Laurenti remarcó que la organización con base en Londres apoya el reclamo. En un informe presentado en mayo al presidente Piñera, AI manifestó su preocupación por la situación de los pueblos originarios. “El uso de la legislación inapropiada y de la jurisdicción militar, así como el presunto uso de la fuerza excesiva y la actividad policial desproporcionada en algunas comunidades, ha generado una aparente penalización de la protesta”, dijeron desde la organización.
Más de 105 mapuches están presos, condenados o procesados en el país trasandino por la demanda territorial y a 57 se les aplicó la ley antiterrorista. Según un informe de la Comisión de Etica contra la Tortura de Chile, el número de criminalizados se duplicó en sólo un año. Entre los delitos por los que se los imputa están los de incendio terrorista, homicidio frustrado, lesiones con carácter terrorista, amenazas y asociación ilícita terrorista.

Informe: Luciana Bertoia.