lunes, 9 de mayo de 2011

Una nueva marcha en gualeguaychú a horas de la reunión entre los cancilleres timerman y almagro

Vuelven a pedir el cierre de la ex Botnia


La Asamblea Ambiental advirtió que el conflicto por la papelera “no está terminado ni mucho menos resuelto”. Unas 3500 personas realizaron el séptimo abrazo al Puente General San Martín. Los ministros hablarán del monitoreo.
  La Asamblea Ambiental de Gualeguaychú volvió a marchar, a pocos días de una nueva reu-nión entre los cancilleres de la Argentina y Uruguay. “El conflicto no está terminado ni mucho menos resuelto”, se aseguró en una larga proclama leída ante unas 3500 personas en el Puente Internacional General San Martín. Los manifestantes volvieron a pedir el cierre de la planta UPM-Botnia y se quejaron por las supuestas demoras en el monitoreo conjunto acordado por los dos países.
El acto central, el séptimo abrazo al puente desde que se levantó el corte, empezó a las tres y media de la tarde, pero la marcha había arrancado dos horas antes. Unas treinta embarcaciones acompañaron la protesta desde el Río Uruguay. La cita se dio a pocas horas de un nuevo encuentro entre Luis Almagro y Héctor Timerman, quienes tienen previsto conversar sobre el monitoreo conjunto –y sobre las recientes modificaciones de política ambiental definidas por Uruguay– el miércoles próximo en el Palacio San Martín.
El extenso documento leído por los asambleístas repasó la histórica lucha que mantuvo un corte en el puente internacional por tres años y medio.
“El fallo de La Haya reconoció que existía contaminación. Decenas de científicos de nuestras universidades encontraron y probaron la contaminación que nuestro país presentó como prueba ante el Tribunal Internacional; pero a un año de dicho fallo, nada sabemos de lo que pasa en la actualidad, que aire respiramos, y en qué condiciones está nuestro río, ya que Botnia-UPM sigue funcionando, diluyendo sus efluentes en forma artera y grave y requiriendo autorización de la DINAMA para tirar al río los efluentes con mayor temperatura, como lo denunciara la delegación argentina de la CARU, sin que nada se haya hecho al respecto”, se aseguró, tal vez, en el párrafo más trascendente de la proclama.
“Las acciones encaradas hasta ahora sirven solamente para dilatar la solución y favorecer la permanencia de la pastera. Le recordaremos hasta el cansancio que el conflicto no terminó y sólo habrá paz cuando se desmantele Botnia UPM”, concluyeron.
Además, los entrerrianos anunciaron que intentarán movilizarse en conjunto con los uruguayos “que se dieron cuenta que el progreso nunca llegó y los puestos de trabajo tampoco”.
La marcha contó con la presencia de Fernando Solanas, Jorge Busti y dirigentes provinciales de casi todo el espectro político.

TIEMPO ARGENTINO



domingo, 8 de mayo de 2011

El juez de la Corte Suprema Raúl Zaffaroni analiza la muerte de Osama bin Laden

“Fue una ejecución sin proceso”

El jurista habla de la construcción mediática del enemigo que se hizo sobre la imagen del líder de Al Qaida y las consecuencias para Barack Obama en el plano interno. Y, sobre todo, advierte sobre las secuelas de este hecho en el plano del derecho.

Por Irina Hauser
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“Cuando el mal absoluto se pone en un enemigo (Satán significa enemigo en hebreo), hay resistencia a creer que murió”, señala Raúl Zaffaroni.
En la semana del asesinato de Bin Laden, más precisamente el día en que se conoció ampliamente la noticia, Raúl Za-ffaroni presentó su nuevo libro, La palabra de los muertos, y dijo que una de sus metas era poner en tela de juicio la expansión de “la criminología mediática”, que viene a ser la construcción a través de los medios de comunicación de una realidad amenazada por el delito y el terrorismo, enemigos –uno u otro– que no parecen ofrecer más opción que morirse de miedo, vivir paranoico pero, eso sí, estar siempre preparados para responder con una suculenta venganza. Ese molde, dijo, es obra del binomio Reagan-Bush, está diseminado por doquier y ha servido para justificar toda clase de masacres cometidas desde los Estados. Era inevitable, al escucharlo, asociar sus palabras con la muerte del líder de Al Qaida, y la frase de Barack Obama de que “se hizo justicia” y que “el mundo es un lugar más seguro” aunque no se descartan represalias. Pero ni el juez de la Corte ni quienes lo rodeaban hicieron alusión. Quizá estaba todo demasiado fresco y difícil de digerir. Página/12 se lo hizo notar unos días después.
El juez pensó y dijo: “Obama está recuperando terreno en la lucha contra Satán. Y como Satán no puede morir, se va a seguir diciendo que Bin Laden está vivo. Es algo muy similar a lo que nos ocurrió a nosotros con Yabrán: aún hoy hay quien dice que está vivo. Cuando el mal absoluto se pone en un enemigo (Satán significa enemigo en hebreo) hay resistencia a creer que murió, que desapareció el mal”. Más tarde agregará: “La lucha contra el terrorismo se ha convertido en la nueva doctrina planetaria de la seguridad nacional, que pretende legitimar procedimientos extraordinarios”. Matar a Bin Laden, en el contexto de esa doctrina, explicó, es una “ejecución sin proceso”.
–¿Por qué y para qué Obama necesita exhibir que mató a su enemigo si todo el mundo cree que es inmortal? –le preguntó este diario.
–El juego tiene en mira al electorado interno y en ese contexto es complicado. Pudo matar a Bin Laden, pero el problema es que el personaje creado sobre la figura real de Bin Laden es más difícil de matar, porque es el mal absoluto, algo casi maniqueo, una especie de Dios malo, lo que hace poco verosímil su mortalidad en el imaginario colectivo. Algo parecido pasó en su momento con la satanización total de Yabrán en la Argentina, pero la dimensión de esto es muchísimo mayor. No sé si calculó este efecto, generalmente no se piensa en eso, sino sólo en la reacción del que lo está sitiando, o sea, de los republicanos y de su extremo Tea Party. Es un flanco que éstos pueden explotar de muchas maneras, incluso la del rumor, que no es la más inofensiva. La poca transparencia de los hechos puede darle armas a la derecha extrema que lo jaquea. Es una apuesta difícil para Obama, quizá no le quedaba otra carta.
–¿Por qué ahora, entonces?
–Lo primero que se me ocurre es que debía hacer algo para levantar su imagen en la opinión pública. Pero esto puede estar acompañado por razones más coyunturales y prácticas, es decir, tal vez no pudo hacerlo antes o no pudo hacerlo de otra manera.
–¿Esa duda sobre si está vivo o muerto Bin Laden es la que le permitirá al gobierno de Obama justificar acciones futuras?
–No creo probable que Obama se valga de esa duda para nada, pues más bien pareciera ser una carta a jugar por sus opositores internos. Pienso en otra cosa y es la apuesta a la reacción de las células locas de la organización (o desorganización pseudo islámica). Prefiero decirlo así porque me merece el mayor respeto el islamismo y no me gusta que lo islámico se asocie mecánicamente a terrorismo. Si Bush necesitó a Bin Laden, porque sin Bin Laden, Bush no hubiese sido Bush, es decir, si Bush tuvo que definirse por su enemigo, por su Satán, una vez muerto ese Satán, Obama puede intentar definirse a través de su contraposición a un nuevo Satán, que serían las células locas. Para eso necesitaría ahora que las células locas cometan algunas brutalidades, cuanto más sangrientas mejor. De esa manera crecería su figura reconstruida como contracara de los asesinos enemigos. Si esto no sucede, no tiene espacio en la opinión pública interna ni tampoco en la internacional, le faltaría la llamada provocación suficiente para cualquier acción. Además, si no hay reacción sangrienta de las células locas terroristas, si nada pasa y hay calma, Obama puede encontrarse con otro problema, que es que Bin Laden se vuelva sagrado. Es lo que advierte René Girard, cuando la destrucción del enemigo para la violencia, éste tiende a volverse mítico.
–¿Cómo imagina que se parará ahora Estados Unidos en el mundo árabe y frente a las rebeliones recientes, que son políticas, no del fundamentalismo islámico?
–Las agencias norteamericanas parece que no saben muy bien cómo reaccionar ante las rebeliones árabes, que ponen en jaque a sus aliados. Sería ideal para sus intereses que asumiesen posiciones fundamentalistas, lo que legitimaría su represión. No descarto la idea de que alguien pueda estar pensando que sería bueno instigarlas a que las asuman o, por lo menos, a confundir a la opinión identificándolas con esas posiciones. Sería diabólico y de consecuencias imprevisibles, pero alguna mente enferma podría pensarlo.
–Ese Satán escondido durante los últimos diez años como amenaza latente ¿era un peligro real o forma parte de la construcción de la realidad propia de lo que usted llama criminología mediática?
–Todo indica que Bin Laden era un personaje bastante temible, sin duda que había alguna buena cuota de verdad en su temibilidad. Es claro que no era un pacifista inocente, sencillamente porque nunca se puede construir la realidad sin un mínimo de verdad, ni siquiera en el más loco de los delirios falta algún fondo de verdad, pero no podemos saber hasta qué punto lo era realmente, porque la hipertrofia de su peligrosidad era demasiado funcional a Bush. Sin duda que era un personaje casi ideal para que sobre su temibilidad real se construya un mito de Dios malo, dado que él mismo se ocupaba de alimentar su imagen satánica, quizá por su propio juego de poder entre quienes lideraba o frente a quienes confrontaba en el mundo árabe. En esto hubo realidad y construcción, no sólo por parte de Bush sino de él mismo, por lo que hoy no podemos saber en qué medida se combinaron. Seguro que esto se discutirá por muchos años y se escribirán toneladas de papel y billones de gigabites.
–Bin Laden parecía el enemigo ideal.
–La criminología mediática es la construcción social de la realidad acerca del fenómeno criminal, que hoy domina en el mundo y condiciona la política, mostrando que el único riesgo físico que corremos es la criminalidad reconstruida como Satán, el enemigo. Cuando se dispone de un enemigo funcional construye la realidad en torno de éste. Bin Laden era bastante funcional. Cuando no hay un enemigo tan ideal, se cae en la delincuencia común, que no es buena, es residual, porque le falta un elemento para ser el Satán ideal, que es el componente conspirativo. La satanización del pibe de barrio marginal no es buena, porque no se les puede atribuir conspiración. En este sentido, Bin Laden era ideal, hecho casi a medida.
–¿Qué pensó al escuchar a Obama decir que “se hizo justicia”, y agregar que ahora “el mundo es un lugar más seguro”?
–Con toda sinceridad, estoy un poco alarmado. Creo que da tranquilidad pensar que todo está fríamente calculado y que siempre hay una previsión en cada paso. Eso da cierta seguridad, por lo menos de que detrás de los hechos hay una racionalidad funcional, pero la vida te enseña que incluso en las decisiones más difíciles y delicadas hay azar y desconcierto. Sospecho que entre los asesores de Obama hay mucho desconcierto y que las contradicciones son producto de bastante improvisación. Sé que esto no suena admisible, pero insisto, me parece que nos resistimos a creerlo porque nos genera demasiada angustia.
–¿Se puede calificar este asesinato como un acto de justicia?
–En el mejor de los casos puede alegarse una legítima defensa o algo parecido, un estado de necesidad, pero nunca escuché que nadie que haya tenido necesidad de matar a otro para defenderse haya dicho que era un acto de justicia, porque eso suena más a venganza y, por lo general, es un sentimiento frecuente pero que se oculta pudorosamente. El que se defiende legítimamente dice “no me quedó otro remedio, no pude hacer otra cosa”. Nunca dice “hice justicia”. Por eso creo que hay desconcierto: si fuese asesor de Obama le hubiese aconsejado decir: “Me hubiese gustado juzgarlo, pero no nos quedó otro recurso”. Si Obama quiere asumir la imagen de un buen policía, no puede vestirse de vengador, creo que es un error. Por lo general, la gente quiere policías, no justicieros.
–¿Hubo en concreto una violación al derecho internacional?
–Ignoro cuáles son las prerrogativas e inmunidades que el país del territorio había acordado con los Estados Unidos. De eso depende que haya o no una violación a su soberanía y al derecho internacional.
–¿Estados Unidos debió juzgar a Bin Laden?
–Hay un principio de derecho internacional que se llama “real o de defensa”, en que el país que sufre el daño aplica su ley al que lo ofende. Según este principio y si Bin Laden era responsable de un delito consumado en territorio de los Estados Unidos, aunque nunca hubiese estado allí, podía ser juzgado por la Justicia federal norteamericana.
–Pero pareciera que en nombre de la lucha contra el terrorismo vale todo.
–La lucha contra el terrorismo se ha convertido en la nueva doctrina planetaria de la seguridad nacional, que pretende legitimar procedimientos extraordinarios: a su amparo se han cometido secuestros de personas (las famosas renditions), en ocasiones han sido entregadas a terceros países para obtener información por medios violentos (las extraordinary renditions), ha habido campos clandestinos de detención en Rumania y en Polonia, los presos de Guantánamo sufren una detención irregular. Esto es un sistema penal paralelo y subterráneo, propio de la “seguridad nacional”.
–¿Entonces usted inscribe el asesinato de Bin Laden en esa doctrina de seguridad nacional?
–Los detalles concretos de la muerte de Bin Laden no los conocemos bien, pero parece estar basado en un procedimiento que le es propio, la ejecución sin proceso. La doctrina de la seguridad nacional se caracteriza por una triplicación del poder represivo, uno el formal, con jueces; dos, el paralelo, con justicia militar, detenciones sin intervención judicial; tres, el subterráneo, con desapariciones, torturas sistemáticas, ejecuciones sin proceso sistemáticas, campos clandestinos de detención.
–Si recorremos el relato de Estados Unidos sobre lo ocurrido, todos los días cambió. Es como la confesión de una mentira, o de que algo se hizo mal.
–Todo esto me reconfirma en la peligrosa tesis del desconcierto.

Página12

Qué sorpresa

 

Por Horacio Verbitsky
La misión de la Sociedad Interamericana de Prensa se encontró con un panorama muy distinto al que preveía. Fue recibida en la Casa de Gobierno, el secretario de Comunicación, Juan Manuel Abal Medina, trató en forma cordial a los emisarios y les agradeció la misión de la SIP que en 1978 constató las graves violaciones a los derechos humanos y la libertad de expresión que se cometían en el país. El documento que redactaron entonces Edward Seaton e Ignacio Lozano, propietarios de dos diarios estadounidenses, consignó con asombro que los editores de los principales diarios argentinos justificaban la represión porque decían priorizar la seguridad nacional sobre la libertad de expresión. Seaton y Lozano también cuestionaron la asociación de los diarios con el Estado en Papel Prensa, mediante un “generoso crédito ofrecido por el gobierno militar” que podía imponerles “no antagonizar” con la dictadura, tal como ocurrió. Abal también les entregó un documento sobre la política del actual gobierno, que incluyó la despenalización de los delitos de calumnias e injurias y la sanción de la ley de servicios de comunicación audiovisual, y otro referido al multifacético conflicto con el Grupo Clarín. La llegada de la misión fue saludada con una declaración firmada por un centenar de periodistas e intelectuales, entre ellos personas tan ajenas al gobierno como Juan Gelman y Adrián Paenza, puntualizando los obstáculos a la libertad de expresión por parte del Grupo Clarín. Además varios periodistas del diario Tiempo Argentino y el relator y conductor Víctor Hugo Morales se reunieron con los inspectores y les plantearon cuestiones como el monopolio de la producción de papel, el dictamen fiscal que considera crimen de lesa humanidad el desapoderamiento de las acciones en Papel Prensa de la familia Graiver y la resistencia de las autoridades del Grupo Clarín a permitir la identificación del origen de los hijos adoptivos de la presidente de su directorio. Los visitantes no supieron qué contestar e insistieron en sus declaraciones previas a la misión, lo cual puso aún más en evidencia que se atenían al libreto preparado por el Grupo Clarín y su socio La Nación y no a una investigación en el lugar. Las respuestas a las otras cuestiones oscilaron entre reconocer que no había otro caso en el mundo donde dos diarios concentraran la producción del papel que necesitan sus competidores y descartar el caso de la identidad como “un asunto de familia”, una enormidad que no realza a quienes la dijeron. Quedó claro que las políticas de comunicación vigentes responden a reclamos de sectores muy importantes de la sociedad y que el gobierno sabe escuchar, expone sus argumentos y hasta puede servirse de un escenario armado para debilitarlo. Hubiera sido interesante que los periodistas argentinos preguntaran a la SIP qué ocurrió con la placa de homenaje a sus colegas detenidos-desaparecidos, que fue colocada en 1978 en la sede de la SIP en Miami porque ningún editor argentino aceptó recibirla, y que desapareció a su vez durante la mudanza de la entidad a otro edificio en 2000.

Página12

sábado, 7 de mayo de 2011


Bajadas

Por Luis Bruschtein
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Sin transición ni anestesia, la presidenta Cristina Fernández pasó de ser un misil en picada mortal a estrella excluyente del escenario electoral. Y con ese cambio drástico se delinearon consensos derrotistas en la oposición y estrategias muy a la defensiva. Hasta aquellos voceros, entre intelectuales y periodistas, que poco tiempo atrás sostenían con tanto desdén esa superioridad moral, ética y genética de la civilidad republicana sobre la barbarie kirchnerista y anunciaban el final inevitable del kirchnerismo en una espiral de vergüenza y descomposición, ahora se quejan porque se sienten discriminados por los intelectuales kirchneristas.
Como lluvia de estrellas Julio Cobos, Ernesto Sanz, Francisco de Narváez, Felipe Solá, Mario Das Neves, Pino Solanas y Julio Macri cayeron de sus candidaturas presidenciales en uno de los fenómenos más impresionantes de la política en los últimos años. Cada uno de ellos tiene sus argumentos para candidatearse, hay espacios que tienen que ver con sus pensamientos, hay electores que se referencian con ellos. Al bajarse, todos ellos dejan una campaña con muchos espacios vacíos.
Hace ya bastante tiempo que las encuestas son fundamentales en estas decisiones y tampoco sería la primera vez que algún candidato prefiere no jugar a perder. Lo llamativo es que se trata de un fenómeno masivo. En poco tiempo el escenario se dio vuelta como una media. No es que cambiaron algunos detalles. La mujer que estaba en declinación total, sobre todo en los escenarios que describían los grandes medios, pasó a estar a la cabeza de las predicciones electorales y los políticos que ya se daban por ganadores están al borde del final de sus ambiciones políticas.
Haberse bajado significará para Cobos y Sanz casi desaparecer durante los próximos cuatro años. Los dos fueron en su momento los elegidos por el establishment para encabezar la oposición. Algo parecido le sucedió a Mario Das Neves con el virtual empate que le sacó el kirchnerismo en su provincia, donde ganaba siempre por amplia ventaja. De Narváez prefirió no dar batalla en la Corte por su nacionalidad, lo que sí hubiera hecho en un escenario más favorable y de esa forma alejó la posibilidad de hacerlo alguna vez. Felipe Solá no encontró una vía de acción que encaminara sus aspiraciones.
Para Solanas y Macri, los problemas no son tan drásticos, pero sí complicados. Ninguno de los dos tiene una estructura nacional y la mejor forma de desarrollarla era a través de la tracción que podían lograr sus candidaturas presidenciales. Los dos debieron postergar esta tarea que es la única que les permitirá aspirar a la presidencia con una mínima expectativa de ganar alguna vez. Deberán esperar por lo menos cuatro años más en las mismas condiciones que hasta ahora, lo que ensombrece sus posibilidades no ya para las próximas elecciones, sino también para las del 2015. Por lo pronto, Macri y Solanas van a perder representación en el Congreso y están obligados a entrar en la segunda vuelta en la elección porteña porque apostaron todo a ese distrito. Macri está obligado a ganar –y hasta ahora las encuestas lo favorecen– y Solanas necesita, por lo menos, pasar a segunda vuelta, lo cual está más difícil porque el kirchnerismo ha crecido desde su última elección.
De los que quedan en carrera, Eduardo Duhalde, ya muy desinflado en comparación con el que retornó a la disputa en la Costanera, viene anunciando algún tipo de alianza con el macrismo, que ya no tiene candidato presidencial. Está Jorge Altamira, el candidato de los partidos trotzkistas que, por primera vez en muchos años, lograron frenar su tradicional tendencia a la fragmentación. Alberto Rodríguez Saá mantiene su candidatura por fuera del peronismo y también Elisa Carrió, que se negó a confluir en una alianza con el radicalismo y los socialistas.
Carrió ha sido muy crítica con los que bajaron sus candidaturas porque señala –y con razón– que de esa manera facilitan la reelección de Cristina en primera vuelta porque la oposición ganaría más votos si presentara más opciones y le dificultaría al kirchnerismo alcanzar las cotas para ganar sin ballottage.
Detrás de la candidatura oficial, el único que sobresale nítidamente en el pelotón de candidatos opositores es Ricardo Alfonsín, un dirigente cuyo mérito ha sido el de remar su candidatura bien desde abajo y sostenerla cuando todos los demás desistían porque no les daban los números. En política muchas veces hay que saber perder para poder ganar en algún momento.
Es una elección rara, porque aunque gane, como anuncian las encuestas, el oficialismo no crecerá mucho en el Congreso, porque es el que más renueva. Donde más puede ganar es en la recuperación de bancas de los disidentes que se fugaron por izquierda o por derecha después de la derrota de la 125 y que también renuevan.
Pero aparte de las proyecciones electorales también ha cambiado la ecuación en el debate de la cultura. Hay una hegemonía histórica que se expresó a través de los grandes medios que está claramente cuestionada. No ha sido superada ni mucho menos, pero lo que antes toda la sociedad, con muy contadas excepciones, asumía como natural, ahora está en discusión. Están en cuestión los mismos medios, porque surgió un punto de vista diferente que a su vez permite la expresión de otros más.
En los debates entre intelectuales o en columnas de medios opositores suele aparecer la queja de que ahora el kirchnerismo se colocó en situación de juez y decide quién es de izquierda o progresista y quién no. En realidad, lo que se acabaron son las franquicias. Hay espacios generados por un consenso en el que intervienen también las voces hegemónicas y hasta las academias, que otorgan esas franquicias de quién es de izquierda y progresista. No porque esas izquierdas o esos progresistas fueran parte de un esquema conservador, sino porque los conservadores son los que deciden verlos así y como ese pensamiento es hegemónico, hace aparecer lo que genera como algo natural, razonable y de sentido común. Lo que ese esquema no acepta se presenta como lo contrario a todo lo anterior: como aberrante, irracional y absurdo.
Gran parte de esa izquierda y ese progresismo recibió al kirchnerismo, atacándolo en defensa de una franquicia que le hubiera otorgado “la sociedad” como sistema hegemónico de ideas. Y lo discutieron desde ese sentido común hegemónico, con un gran desprecio y con odio: “Nosotros somos la izquierda y el progresismo, ustedes son todos corruptos o farsantes”. Los ocho años de kirchnerismo, donde se concretaron muchas de las aspiraciones históricas del progresismo y la izquierda, lo que hicieron fue poner en cuestión ese sistema de ideas hegemónico y por lo tanto la concesión de esas franquicias automáticas. No porque esa izquierda o ese progresismo no lo hayan sido o hayan dejado de serlo, sino porque no son los únicos, y además porque en determinadas situaciones demostraron que estuvieron más enfocados en mantener esa franquicia de la cultura hegemónica, o sea, más preocupados por ser “aceptados” como de izquierda y progresistas, que de actuar como tales.
Una parte de estas corrientes de pensamiento recuperó su propia voz en esos cambios de escenarios, sin coincidir con el kirchnerismo, pero tratando de alejarse de la condescendencia hegemónica, es decir, trata de no aprovecharse de ese lugar que le concedió su supuesto oponente conservador y derechista. En ese plano se establece un debate más enriquecedor de ida y vuelta.
Pero hay otros sectores del viejo izquierdismo y progresismo que han tomado al kirchnerismo como su principal enemigo. Desde ese lugar, algunos de ellos se sumaron a las concentraciones de las clases altas porteñas en Palermo durante el conflicto por la 125, o atacan cínicamente a los organismos de derechos humanos, o defienden a las corporaciones enfrentadas con el Gobierno, como Clarín y Techint. Muchos de ellos han hecho declaraciones públicas en este sentido. Ese es un espacio cuyo izquierdismo o progresismo está en discusión más allá de sus discursos o trayectorias. Son corrientes que han quedado junto a la derecha, y funcionan como izquierda de la derecha, al punto de que no tienen prurito en coordinar su accionar con la derecha en el Congreso priorizando su oposición a una fuerza que ha ocupado, pese al sentido común hegemónico que se lo negaba, un espacio en el centroizquierda.
Son escenarios todavía fluidos, donde lo que se ha logrado ha sido poner en cuestionamiento una cultura hegemónica, que sigue siéndolo. Pero ahora es posible la existencia de muchos puntos de vista. La diversificación que se genera ahora es democrática, no se trata de que haya periodistas a favor o en contra del Gobierno. Se trata de que los diversos puntos de vista que siempre existieron forjados por procesos culturales o por intereses concretos ahora están expuestos como tales. La uniformidad profesional que existía antes estaba regida por ese sentido común hegemónico. Es bueno que haya periodistas e intelectuales que piensen diferente y que cada quien lo haga con responsabilidad, honestidad e idoneidad. No es que el único profesional solamente sea el que está en contra del Gobierno. Eso es un engañapichanga de muy bajo nivel. Pensar diferente no quiere decir que uno sea periodista militante y el otro no, aunque también puede haber periodistas militantes de cualquier idea como siempre los hubo.

Página12
Reportaje sobre la SIP a Juan Manuel Abal Medina, secretario de Comunicación Pública

“La visita de la SIP quedó fuera de tiempo”

Tras la visita de una delegación de la SIP, el secretario de Comunicación se mostró asombrado porque mantuvo una reunión con la SIP sin escuchar planteos duros y hasta fue invitado a un encuentro en Perú, y luego la SIP alertó sobre un “deterioro de la libertad de prensa”.

Por Martín Granovsky
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De un lado está ese balcón tentador en el segundo piso de la Casa Rosada, con vista a la Playa de Mayo. Del otro, las fotos. Néstor y Cristina Kirchner, juntos en un cuadro. Y en cuadros más chiquitos, una pequeña galería que muestra a Néstor Kirchner en situaciones distintas, muchas de ellas sudamericanas, por ejemplo en Santa Marta en su mediación entre Venezuela y Colombia o mirando en pantalla la última crisis en Ecuador. En las fotos se ve a otro señor, el mismo Juan Manuel Abal Medina que en la noche de ayer se sentó frente a una gran mesa redonda con pantallas detrás.
–Me extraña la disparidad entre lo que observaron en esta misma mesa y lo que plantearon al final de la visita a la Argentina –dijo el secretario de Comunicación Pública.
Abal Medina habló así de su reunión del miércoles con la delegación de la Sociedad Interamericana de Prensa presidida por el guatemalteco Gonzalo Marroquín. Al final de su visita de inspección a la Argentina, la segunda desde el 2005, la comitiva de la SIP denunció lo que considera “deterioro constante” de la libertad de prensa y una presunta “estrategia gubernamental para el control de la información”.
–La contradicción entre el tono de la reunión y la conclusión final es llamativa.
–¿Por qué llamativa? –Cuando recibimos a la delegación de la Sociedad Interamericana de Prensa sabíamos de qué se trataba. No esperábamos una reunión con los representantes de una organización que busca profundizar la democracia y la participación popular. Sabíamos que entre sus miembros están los medios hegemónicos de toda América. De todos modos, el intercambio de opiniones fue bastante maduro y sensato.
–¿Cómo fue la mecánica de la reunión? –Mencionamos varios temas y ellos hicieron preguntas que trasuntaban sus preocupaciones.
–¿Los invitaron ustedes o la reunión la pidió la SIP? –Fue un pedido oficial al Gobierno que yo canalicé como secretario de Comunicación Pública. Y terminó en un tono amable. Me pidieron que enviara saludos a la Presidenta y dijeron que verían con agrado que fuéramos a la reunión de la SIP en Perú, en octubre próximo.
–El Gobierno entregó una carta a la SIP y dos informes anexos. –Sí, en la reunión también expusimos todos los temas. Planteamos la posición, que luego se llevaron en los informes.
–¿Cuál fue el argumento en nombre del Gobierno? –En la Argentina, lejos de pensar que existe una situación complicada para la libertad de prensa, se puede constatar lo contrario con solo mirar los canales de televisión o leer los diarios. Cualquiera puede registrar que existe el más amplio clima de libertad de expresión, y ese clima abarca también las opiniones más críticas sobre el Gobierno. En un momento un miembro de la delegación aclaró que ellos no pensaban que la situación de la libertad de prensa fuese como en otros países. “¿Usted dice Honduras, por ejemplo?”, le pregunté yo. “No, no quiero hablar de ningún país en particular”, me contestó.
–Está el caso de México, con decenas de periodistas asesinados. –La delegación aclaró que obviamente cuando hablaba de la Argentina no enfocaba una situación de periodistas presos o muertos. Sí dijeron que transmitían denuncias de algunos medios periodísticos miembros de la SIP. Les dijimos que el Gobierno hizo una apuesta por una definición fuerte en el sentido de ampliar la libertad de expresión y que estábamos orgullosos de haberlo hecho. Mencionamos la promulgación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual y la despenalización, también por ley, de los delitos de calumnias e injurias que pudieran ser cometidos por periodistas.
–¿Hubo comentarios por parte de la SIP? –Claramente rescataron como positivo el último punto. Fue entonces cuando les dijimos que si ellos percibían una situación de ruido era porque uno de sus asociados en la Argentina es un monopolio que despliega varias actividades vinculadas entre sí. Les explicamos el mercado de los canales de cable y volvimos a contar la historia de Papel Prensa que ellos mismos, como les recordamos en la carta, habían marcado como un problema grave en la visita a la Argentina realizada por la SIP en 1978, en plena dictadura militar. Nosotros mismos rescatamos el espíritu de la visita de la SIP en 1978. Un documento de ese entonces dice que la SIP encontró en sus propios socios un absoluto silencio. El propio informe de 1978 sostiene que los principales medios estaban dedicados a tapar la represión masiva mientras se beneficiaban con Papel Prensa. Les subrayamos lo que ellos mismos sabían: ninguno de sus socios importantes reprodujo el informe de la SIP. Y sobre la actualidad, les dijimos que el Gobierno no tiene ningún conflicto con Clarín ni con otro medio. Que solo quiere que se cumpla la ley. Y que la cumpla incluso un socio poderoso de la SIP.
–¿Hubo un encontronazo por este tema? ¿Rispideces, momentos ásperos? –En absoluto. Ni alrededor de éste ni alrededor de ningún punto de la reunión. Cuando hablamos de monopolio la delegación aclaró dos cosas. Que no estaban defendiendo a un monopolio y que en ningún otro país hay un mercado tan monopólico del papel como en la Argentina.
–¿Cuál fue el cuestionamiento a la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual? –Preguntaron si la ley afectaba los contenidos. Por supuesto, les respondimos que no. En ningún tema de los que tocamos tuvimos la percepción de que consideraban alguna situación como terrible. Por supuesto que en este tipo de reuniones se guardan las formas, pero en un encuentro de una hora y media uno puede incluso ver cuándo los gestos son impasibles y cuándo hay sorpresa ante un dato concreto.
–¿Cuándo notaron sorpresa? –Cuando transmitieron el reclamo por la publicidad oficial y les contamos que en el total de publicidad difundida en los medios la del Gobierno nacional llega al 3 o 4 por ciento, no al 50 o 60 del volumen total. Allí aclararon que su planteo era general y que no estaban pidiendo pauta para nadie en particular.
–¿Qué planteó la SIP? –Que la pauta oficial no se distribuyera de manera arbitraria.
–¿Qué contestaron ustedes? –Que utilizamos el mismo criterio que anima a la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual: principio antimonopólico, pluralismo, federalismo... También les contamos que ahora estábamos trabajando más específicamente en aumentar la proporción de la pauta que reciben, por ejemplo, muchos medios del interior. Les explicamos que muchos de ellos tienen una opinión contraria al Gobierno, pero que eso no nos importa. Los que reciben publicidad oficial son entre dos mil y dos mil quinientos medios. O sea que el Gobierno refirma el principio de libertad de expresión y busca ampliar, inclusive, el espacio de libertad. Creo que también se sorprendieron cuando contamos que trabajábamos para evitar la concentración y relatamos que en el cable el Grupo Clarín tiene el 90 del mercado en Buenos Aires. Sentí que los miembros de la delegación de la SIP no estaban cómodos con su tarea, y menos ante los datos concretos que les suministramos. Tal vez hubieran preferido, esta vez, no mirar la realidad con la esperanza de que, al no mirarla, no existía. Tal vez sabían a qué venían, pero a la hora de discutir con nosotros se encontraron con que no tenían un argumento sólido.
–En público la delegación de la SIP cuestionó la oportunidad de tocar otra vez el problema de Papel Prensa. ¿Y aquí, en privado? –En la reunión la pregunta exacta de uno de ellos fue: “¿Para qué resucitar a un muerto?”.
–Se referirían a para qué menear un tema viejo. La SIP no usó la metáfora más refinada. ¿Haberlos recibido supone una táctica por parte del Gobierno? –No, es algo natural. Hace muy poco, junto con el ministro del Interior, nos reunimos con la Asociación de Editores de Diarios y Periódicos de la Argentina. Igual que en otros planos, en la política de medios no tenemos nada que ocultar. El objetivo de la diversidad es central y lo podemos discutir en cualquier foro. Estamos absolutamente convencidos de que la Presidenta avanzó con una decisión firme y valiente. Nos enorgullece. Podemos avalarlo con datos, con números. Y si no, si la situación es tan mala, ¿por qué la SIP invita su próximo encuentro a los miembros de un Gobierno que, según ellos, viola la libertad de prensa? La Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual está en vigencia plena. La pauta del Estado nacional es inferior a la de cuatro o cinco grandes empresas. Es comparativamente inferior a la del gobierno porteño. Estuvieron con Mauricio Macri. ¿Cómo les habrá explicado esto? Y, como dije, el porcentaje en el volumen publicitario total es ínfimo. O sea: ¿condiciona la libertad de expresión una pauta baja y no la condiciona el dominio del 90 por ciento del cable? Es contradictorio, ¿no? Se nos preguntó por el bloqueo en Clarín. Les respondimos que este gobierno sufrió los bloqueos. Un ejemplo fueron los cortes de ruta después de la resolución 125 y otro el corte del puente por el problema de las pasteras.
–¿Alguno acusó al Gobierno de haber participado en el bloqueo a la planta de Clarín? –Ninguno. Además, insistimos en que el Gobierno no cree que los bloqueos sean una buena solución. A la vez, la política es no reprimir la protesta social. Y, de paso, la conveniencia indica que es mejor no mantener un conflicto gremial abierto durante diez años cuando encima viola los derechos sindicales. Pero en todo caso el caso de Clarín era un bloqueo de origen sindical, no político, igual que otros episodios con otros medios que nunca fueron presentados como políticos cuando, como sucedió con Clarín, no eran conflictos de esa naturaleza. Me parece que la visita de la SIP quedó fuera de tiempo.
–¿Por qué? –Porque está claro que la Presidenta sufrió ataques feroces y sistemáticos y no por eso restringió la libertad de prensa. Y porque si el Grupo Clarín intentó que la SIP convirtiera a la Argentina en una vergüenza mundial no lo consiguió. Hay una sociedad más consciente, hay más voces, muchísimos periodistas de prestigio se expresaron en una solicitada, hay otra mirada de la sociedad. Algunos grandes medios creyeron ayer que si bloqueaban la carta y los anexos documentales que entregamos a la SIP no informando sobre ellos, bloqueaban la realidad. Y ya no pueden lograr eso. La Argentina es otra.

Página12

martes, 3 de mayo de 2011

De la Cuadra mostró las cartas que su padre intercambió con el jesuita en 1979 mientras buscaba a su hija

“¿Por qué no citan a Bergoglio?”

Estela de la Cuadra, hija de la primera presidenta de las Abuelas de Plaza de Mayo recordó que el cardenal declaró que hace diez años supo del robo de bebés cuando en realidad su padre le pidió ayuda en plena dictadura. La fiscalía pidió que se cite a Bergoglio.

Por Alejandra Dandan
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El cardenal Jorge Bergoglio se entrevistó con el padre de Estela de la Cuadra en 1979.
Licha de la Cuadra era Alicia Zubasnabar de la Cuadra, la primera presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo. Ayer, durante casi cuatro horas, el Tribunal Oral Federal 6 escuchó el testimonio de una de sus hijas, que llegó a la audiencia con una enorme valija de viaje. Adentro de la valija, Estela de la Cuadra tenía papeles que uno a uno sacó durante todo el relato, papeles con los que las Abuelas documentaron la búsqueda desesperada de sus nietos con originales de las solicitadas, las cartas a la Corte Suprema de Justicia de la Nación, al entonces arzobispo Raúl Primatesta y al ahora cardenal Jorge Bergoglio. Estela, que aún sigue buscando a Ana, la hija de su hermana, volvió a preguntarle al Tribunal lo que pregunta en cada uno de los juicios: “¿Cómo es que Bergoglio dice que hace sólo diez años sabe del robo de bebés?”. Y preguntó varias veces: “¿Por qué no lo citan? ¿No amerita que diga qué pasó con Ana de la Cuadra?”. El fiscal Martín Niklison recogió el mensaje al final de la audiencia y acompañado por las querellas de Abuelas de Plaza de Mayo y de María Isabel Chorobick de Mariani pidió al Tribunal esa misma citación.
Estela declaró en nombre de sus padres, que empezaron con la búsqueda de su hija y de su nieta, pero ahora están muertos. Elena de la Cuadra cayó secuestrada el 23 de febrero de 1977, con un embarazo de cinco meses. Con ella se llevaron a otros compañeros y a su pareja, Carlos Baratti. “Los vecinos dicen que sale primero una mujer embarazada, un hombre alto y otras personas. Por supuesto que con el tiempo sabíamos que esa mujer embarazada es mi hermana Elena de la Cuadra.”
Elena estuvo en la Comisaría 5ª de La Plata, convertida en centro clandestino. Para entonces, eran una de las familias perseguidas de la zona. La patota se había llevado a uno de sus hermanos, Roberto José, militante del Partido Comunista Marxista Leninista, compañero de la pareja de Elena y obrero de YPF. La escena del secuestro es una de las imágenes que muestran el rol que Licha ocupó poco después, entre los familiares de los desaparecidos: “La patota llegó a buscarlo a la casa de mamá”, dijo Estela. Allanaron la casa y como él no estaba se llevaron a la madre. “Cuando Licha llega al hall de entrada, mi hermano estaba apoyado contra el portero eléctrico, apretado por la patota.
–¿Este es tu hijo? –preguntaron a la mujer.
–No –dijo ella–. Yo nunca vi a esta persona.
En ese momento, su hijo la miró. Desde algún otro lado alguien corría diciendo que era quien era, la patota le encontró los documentos y lo identificó.”

La búsqueda

Dos días después del secuestro de Elena, y ya entrenados en la búsqueda, los padres presentaron hábeas corpus. Contactaron al obispo Serra, que los mandó a ver al secretario del vicariato castrense, Emilio Graselli: “Graselli dice que Elenita estaba bien, que estaba en los alrededores de La Plata. Mis padres le pidieron precisiones, pero él les dijo que no: ‘Va a ser peor para ella, ustedes van empezar a dar vueltas, y eso es peor’”. También les dijo que volvieran, que si Elena pasaba a disposición del Poder Ejecutivo entonces, quizá, podía ayudarlos.
Desde ese momento hasta comienzos de julio de 1977 –cuando se produjo el nacimiento de Ana– e incluso después, la familia recibió mensajes por abajo de la puerta de la casa o al teléfono con noticias de Elena y del nacimiento de la niña. Uno de los mensajes –supieron años después– se los dejó Adriana Calvo, ex detenida-desaparecida. En julio les dejaron uno de los papelitos que Estela guardó y ayer sacó de su enorme valija: el “16/6 la señora tuvo una nena, que no saben donde está la nenita, los padres están bien, de la Cuadra”.
Licha empezó a reunirse con las Madres en la Plaza los jueves mientras su marido daba vueltas en la vereda, alrededor. Parte de la familia se había disgregado. Además de los dos hijos desaparecidos, otros dos emigraron a Italia. El 6 de diciembre, los visitó un servicio: “No sé si eran servicios o algo así –dijo Estela–. Le dicen a papá que Elena está mejor, que ahora se la trata bien, que está junto con la nena, liberada, pero oh casualidad –explicó enseguida–, ese mismo 6 de diciembre la patota levanta a mi marido y a mi hijo mayor, para llevarlo al circuito del Atlético, Banco, Olimpo”.

Bergoglio

La familia De la Cuadra mantenía una relación histórica con la Iglesia. Una parte de la familia, fundadores del pueblo de Balcarce, había donado campos a la Iglesia. Y por entonces ellos tenían relación con Pedro Arrupe, general de la Compañía de Jesús, que había estado en Argentina y se había ido a Japón becado por los De la Cuadra. En ese contexto, el padre de Estela les pidió a los hijos que estaban en Italia que lo busquen para pedirle por la niña. Los hermanos lo hicieron. Tuvieron una audiencia en Roma. Arrupe les dijo que no había problema: “Que iba a conectarse con el provincial de los jesuitas, Bergoglio, en una reunión próxima en Buenos Aires”.
La reunión se haría uno o dos meses más tarde. Arrupe le pediría a Bergoglio que se ocupe de la situación. “Mis hermanos le comentan el resultado del encuentro a mi padre, pasa el tiempo y mi padre intenta ver a Bergoglio, hasta que finalmente es recibido por Jorge Bergoglio. Acá –dijo Estela– tengo la notita. Bergoglio le dio una carta a mi padre en la que le dice, claramente, al obispo auxiliar de La Plata que interceda y se ocupe del caso.”
Con esa carta, Mario Piqui –el arzobispo de La Plata– recibió al padre de Estela. “Voy a ir a ver al vicegobernador”, le dijo y en ese encuentro supo que la niña había nacido y había sido regalada. “Espere un poco”, le dijo al padre de Estela. “En diciembre, con el cambio de jefatura, va a subir alguien que fue alumno mío y no me va a negar una gauchada.” Lo hizo, pero el resultado fue la misma contestación: que la tenía “un matrimonio bien, no hay vuelta atrás, eso es lo último que se tiene”.
El año pasado, Bergoglio declaró como testigo en la causa ESMA, en el marco de la investigación por el secuestro de los sacerdotes Orlando Yorio y Francisco Jalics. La abogada Myriam Bregman le preguntó si sabía del robo de niños. Bergoglio –recordó Estela en la audiencia– dijo que lo supo hace diez años.
“Yo creo haber demostrado con las cartas que mandamos a la Conferencia Episcopal en el año ’79 el conocimiento y la preocupación que había; también hay documentos respecto de cómo se divulgaron las noticias de la desaparición de personas y de los niños: nadie puede decir que no conoce”, indicó. La negación, dijo, “es inmoral, eso es burlarse de las cosas que estos hombres y mujeres hicieron. El no sabe dónde están, pero qué pasó y cuál es el mecanismo tiene mucho para decir y acá está la carta de mi padre”. En ese contexto, pidió que lo citen, preguntó de viva voz a la Fiscalía si lo haría y luego al Tribunal. La presidenta María del Carmen Roqueta esperó los tiempos del ritual judicial, y cuando la Fiscalía formalizó el pedido, explicó que iban a analizarlo.
Estela también se exilió pasado unos meses. Recuperó a su hijo un día después del secuestro; su marido, Gustavo Fraire, continúa desaparecido.
En diciembre de 2009, el Equipo Argentino de Antropología Forense identificó el cuerpo de Carlos Baratti: había sido enterrado como NN en el cementerio de General Lavalle. Estela está convencida de que sus restos ahora van a servir para seguir buscando a su hija. “Los ojos expertos en la lectura de los huesos dicen que fue muy torturado en momentos muy cercanos a ser tirado al mar, que fue tirado vivo, y que una cosa son las heridas de cuando te tiran del avión y que otra son las heridas vivas que estaban cicatrizando antes del avión.”

Página12

lunes, 2 de mayo de 2011

Razones y sinrazones

Por Washington Uranga

Como cualquier hecho político-cultural (lo religioso no escapa a esta consideración), la beatificación de Juan Pablo II ocurrida ayer en el Vaticano es un acontecimiento que abre a la posibilidad del análisis y pone en evidencia no sólo las virtudes y los errores de quien ahora fue subido a los altares sino, muy particularmente, el debate interno de la propia Iglesia Católica Romana como institución. Así, mientras el Vaticano enarbola la figura de Wojtyla y logra congregar en Roma a un millón de fieles en tono triunfalista, teólogos y científicos sociales disidentes reunidos en el Observatorio Eclesial mexicano califican el hecho de “show mediático” y en Roma un grupo de trece teólogos de universidades católicas critican severamente la “aceleración” del proceso de canonización, endilgando esta situación a necesidades de la curia romana y de Benedicto XVI.
Al papa polaco es necesario ponderarle su compromiso a favor de la paz del mundo. Argentina fue testigo de sus intervenciones; primero en el conflicto por el Beagle (1978), que impidió la guerra con Chile, y luego con ocasión de la guerra de Malvinas (1982). En el primer caso se le reconoce haber evitado la guerra. Así lo hicieron en su momento las presidentas Cristina Fernández y Michele Bachelet. Respecto de Malvinas, las posturas están divididas. El Papa, que ya tenía programado un viaje a Gran Bretaña antes de que se iniciara la guerra, decidió continuar con ese plan y venir fugazmente a la Argentina llevando a ambos lados un mensaje de paz.
Pero si está clara la actitud de Juan Pablo II a favor de la paz en el mundo, el papa polaco nunca fue demasiado contundente a la hora de señalar con nombre y apellido a los poderosos –personas y naciones– responsables de las guerras y de las injusticias en el escenario internacional. Tampoco en América latina hubo claras condenas a los regímenes dictatoriales y violadores de los derechos humanos.
Desde otra mirada, hay que mencionar la prédica permanente de Karol Wojtyla en favor de los pobres y los excluidos.
Fiel a su propia historia, los trabajadores estuvieron presentes de manera constante en sus intervenciones. También se destaca su disposición a asumir culpas, admitir errores y responsabilidades históricas de la Iglesia Católica Romana. Son motivos para el reconocimiento. Pero más allá de estos hechos significativos, una de las razones que han llevado ahora al Vaticano a promover la beatificación de Juan Pablo II es su carisma personal, la capacidad de Wojtyla de comunicarse con las masas y de “sacar” al pontificado del Vaticano para llevarlo por el mundo visitando infinidad de países. Juan Pablo II entendió su tiempo, el de la comunicación, e hizo uso del sistema de medios para conectarse con las masas. El mundo del espectáculo y del show lo adoptó como uno de los suyos y lo convirtió también en una estrella del espectáculo.
Estas razones –muchas de las cuales son motivo de la beatificación actual– contrastan con el perfil que Juan Pablo II le dio a la proyección institucional de su pontificado. Jaime Laines, analista del Centro Antonio Montesinos, de México, señala que “este papado fue la figura del poder político, de la Iglesia poderosa, la que dicta, mandata, sentencia y presiona a los gobernantes y a los pueblos con lo que está bien o está mal, lo que es justo e injusto, con criterios a veces dudosamente evangélicos” y agrega, entre otros conceptos, que “fue la figura de la religión refulgente y triunfante pero del abandono a la opción evangélica por los pobres excluidos y excluidas, que se funda en la justicia, el derecho y la paz y la Vida para todos y todas”.
Por la aceleración de los procesos –teniendo en cuenta los tiempos habituales–, la beatificación de Juan Pablo II se puede considerar fast track. Se hizo lo mismo con Teresa de Calcuta y con el fundador del Opus Dei, José María Escrivá de Balaguer. No han corrido la misma suerte las causas de mártires contemporáneos como el arzobispo salvadoreño Oscar Romero, asesinado por su defensa de los derechos humanos. En el caso Wojtyla, para el Vaticano seguramente pesó la necesidad de no dejar agotar la memoria reciente de Juan Pablo II. Se decidió convertirlo rápidamente en vida ejemplar para utilizar su figura carismática a fin de mejorar la imagen de una institucionalidad eclesiástica desprestigiada y en crisis. Para Benedicto XVI –quien fuera durante el papado de Wojtyla el “guardián de la ortodoxia”– reconocer a Wojtyla es legitimar su propia perspectiva eclesial y teológica y la línea conservadora que profundiza ahora desde el pontificado.
Poco importan entonces las objeciones que recuerdan que en 27 años de pontificado Juan Pablo cerró los caminos de democratización de la Iglesia que se habían abierto en el Concilio Vaticano II; su rechazo a discutir con profundidad el papel de la mujer en la Iglesia; su decisión de cancelar el debate sobre el sacerdocio de la mujer y acerca del celibato obligatorio para los curas y la moral sexual; la protección al cura pederasta mexicano Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, y la persecución a los teólogos de la liberación a través de la mano ejecutora de Joseph Ratzinger, entonces Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y hoy Benedicto XVI.

Página12