miércoles, 14 de marzo de 2012
Tirando al Medio: La escuela pública ha perdido sentido en la CABA y...
El tema de los cierres de cursos es complejo y va al fondo mismo de la problemática de la escuela pública. La verdad es que el macrismo avanza sobre una evidencia y es que hay muy poca demanda en muchas escuelas públicas. Para citar un caso emblemático, la escuela 12 del distrito décimo (la de Cramer y Manuela Pedraza) considerada una de las mejores, tiene en este momento grados con 6 chicos, con 9 y con 12. El séptimo que egresó el año pasado tenía 24 chicos entre las dos divisiones y los grados que vienen abajo tienen menos chicos aún.
Estamos en un problema estructural gravísimo y lo peor es que, salvo la gratuidad, no pareciera haber otro elemento que lleve a una familia a anotar a sus hijos en la escuela pública, e incluso lo monetario es hasta poco relevante si consideramos que hasta diciembre del año pasado se pagaban $ 14, 28 de comedor por día (alrededor de 200 pesos por mes y que en este año sube el costo diario a $ 16,90, totalizando 20 días hábiles la friolera de $ 338) y una privada parroquial anda en 400/500 pesos por mes. En mi caso, vi irse año tras año a compañeritos de mis hijos, familias que a medida que mejoraban su situación económica sacaban a los chicos de la pública. Es penoso, pero la realidad es que hasta en el concepto de escuelas galpón, las privadas son más eficientes porque te garantizan que te tienen al pibe todos los días del año...
El punto trasciende incluso los errores de los sindicatos docentes. Ojalá el problema se solucionara con que los gremios dejaran de hacer paros de manera compulsiva, el asunto es que hoy no hay motivos para llevar al pibe a la escuela pública, el asunto es que la línea que recibe hoy un chico en la pública no es diferente a la que recibe en la privada, el problema es que ese mismo docente que trabaja en la pública por ahí resulta que a sus propios hijos los envía a la privada, el problema es que ese concepto de "lo público" hoy se ha reducido a "gratis" y ahí estamos en un problemón de aquellos. El macrismo tiene muy claro que no quiere escuela pública, que la quiere reducir a su mínima expresión y va a avanzar a caballo de las evidencias que se le presentan de pechito. El problema es que recuperar la escuela pública es una tarea de estado y el estado porteño en manos de Macri va a poner todo el empeño en fortalecer la privada porque eso es lo que le garantiza el formateo de las nuevas generaciones dentro de una cosmovisión afín con su proyecto. La pregunta que tenemos que hacernos es desde dónde damos la batalla los que estamos convencidos de la necesidad de una escuela pública poderosa y, la verdad, es que lo que tenemos en perspectiva es muy poco. Si cada familia que mejora su situación saca a los chicos de la pública, estamos derrotados, y eso está pasando hoy en la ciudad de Buenos Aires.
La escuela pública ha perdido sentido en la CABA y hoy es sólo escuela gratuita
Tirando al Medio: La escuela pública ha perdido sentido en la CABA y...:
del "blog" de Gerardo Fernàndez.
Es bueno entrar y leer los comentarios que siguen a esta nota
lunes, 12 de marzo de 2012
¿Y dónde está el diablo?
Por Guillermo Levy *
Videla habla: lejos del demonio, fundamentalista, lleno de odio e irracionalidad, como se lo debe representar la enorme cantidad de jóvenes que aprendieron a poner en ese nombre y en esa cara el mal, el terror, la muerte y la opresión, se nos aparece como un hombre calmado que nos habla de la historia y sus personajes sin pasiones ni arrebatos.
Muchos deben de haber sentido un impacto al leerlo. Impacto que quizá no hayan podido entender o explicitar. Leyeron a un hombre gris, como siempre fue, que habla con tranquilidad y produciendo un relato histórico que muchos en la Argentina comparten.
Habla de un Perón que no puede controlar a la juventud, de un gobierno de Isabel ineficiente, corrupto, incapaz de gestionar el país, pero que al mismo tiempo les había dado carta blanca para reprimir la “subversión”.
Sugiere, quizás –en la única parte algo reveladora de su primera entrevista– lo que muchos ya sabemos y sostenemos desde hace rato. Que el Proceso de Reorganización Nacional no vino solo a combatir la guerrilla sino, como su nombre lo explicita, a reorganizar el país. Lo que significa “reorganizar” ya lo intuía Rodolfo Walsh en su extraordinaria carta y fue sistematizado durante todos estos años por muchos de los que creemos que lo que ocurrió en la Argentina fue un genocidio.
El moderado Videla, con su versión de la Historia reciente, remite a las palabras que le dedicó Ernesto Sabato tras la reunión que algunos escritores tuvieron con el presidente de entonces “preocupado por la cultura”, como fueron las expresiones del escritor a la salida de ese encuentro en 1977.
Esa moderación, que aparece cuando habla de política democrática, cuando le pide a la oposición unidad, o comenta el rol clave de los medios de comunicación, pero que muestra cierta radicalización cuando dice que éste es un gobierno socialista, no es una actuación para lograr mostrarse frente a lectores desprevenidos como lo que no es.
Las demonizaciones nunca son buenas y la imagen que se ha construido sobre muchos de estos personajes no ayuda a entender lo que ellos han representado ni a los que ellos han servido.
Videla no es un simulador, porque tampoco es un nazi, ni un racista, ni un salvaje sediento de sangre.
El problema es nuestro: para calificarlo de criminal, para mostrar su deshumanización, necesitamos esas figuras sacadas de lo más repudiado de la historia. Ahí está el problema.
Videla es un conservador-liberal en tiempos de la Guerra Fría.
Videla, con su mediocridad a cuestas, no fue más que un exponente de una fuerza social que tomó el poder en la Argentina con un importante consenso social. Empresarios, Iglesia y dirigentes políticos de primera línea, como afirma en su primera entrevista.
Martínez de Hoz, su ministro de economía, fue un modernizador, lo que implica adaptar lo viejo a las condiciones de una época nueva. La Argentina vieja era, para muchos, la Argentina de la industria “artificial e ineficiente”, la Argentina populista con un estado grande y controlador y una clase obrera organizada que había conseguido porciones de poder y riqueza inaceptables para muchos sectores de la sociedad.
El fin de esa Argentina industrial e integradora nacida con el peronismo era el objetivo central y a ese objetivo más abierta o más solapadamente adhería una parte importante del país, por conveniencia, por antiperonismo, por anticomunismo, por antitercermundismo, por haber creído en el relato de que la industria y el Estado interventor eran el centro de los males de la Argentina, o simplemente por estupidez.
La tarea de la deshumanización era remodelar esa Argentina, era tarea para liberales y conservadores, que no podían ganar elecciones. Una Argentina integrada al mercado mundial solo como productora de materias primas y una clase obrera y media disciplinadas, desarticuladas y menos politizadas no eran una tarea para nazis llenos de odio.
Videla, en la entrevista, nos dice mucho más con su forma que con su contenido. Su forma saca a la luz que su demonización tiene un punto oscuro. Ocultar que lo criminal en la Argentina fue justamente eso, algo que tenemos mucho más cerca y que está mucho más extendido. Algo que abarca mucho más que algunos militares anticomunistas adoctrinados en escuelas francesas y norteamericanas.
La criminalidad de una planificación del exterminio de miles de argentinos no fue la criminalidad solo de sus ejecutores, que no estaban locos ni manejados por un odio irrefrenable, por lo menos la mayoría de ellos. Es la criminalidad de nuestras clases dominantes, de nuestra cúpula eclesiástica, y de una gran cantidad de argentinos que asintieron, acompañaron, usufructuaron y lograron, vía demonización de sus ejecutores directos o vía la igualación de los represores con las víctimas, la amnistía más extendida que existió: una amnistía no jurídica sino histórica para los que sí supieron y avalaron.
Videla nos golpea con eso: el monstruo puede ser un columnista de un diario importante que con otro nombre y sacando algunos comentarios pasaría inadvertido.
El Adolf Eichmann, organizador del exterminio de millones de judíos, que describió Hannah Arendt en Jerusalén era un hombre sencillo, gris, buen padre de familia y no el salvaje que muchos esperaban. Sí, efectivamente era un criminal, pero lo terrible es que era un criminal demasiado parecido a nosotros. No busquemos simulación en las formas civilizadas de Videla, la monstruosidad puede estar latente en esa normalidad civilizada. El entrevistador lo ayuda a lucirse. Se nota su empatía con el entrevistado, caso contrario podría sacarlo del discurso general e indagar más a fondo con los desaparecidos, cuando improvisa cínicamente unas frases parecidas a las que se ven en tantos videos cuando era presidente, hurgar en el tema de los chicos robados, en la deuda externa, con datos de la colaboración empresaria y clerical, pero no. El periodista le deja pasar complacientemente los lugares donde el discurso del historiador deja entrever al criminal, pero no un criminal excepcional sino uno mucho peor: un criminal normal.
El criminal condujo o representó a una cantidad de criminales que habrán creído distintas cosas acerca de su accionar, pero solo a una contribuyeron: hacer que la Argentina deje de ser un país “excepcional” y pase a ser una país subdesarrollado “normal”: sin fuerzas políticas y sociales transformadoras, sin clase obrera con peso, sin distribución progresiva del ingreso, sin industria poderosa, con política internacional amoldada a los Estados Unidos y sin un Estado que pueda ponerles limites a los sectores de poder.
Ese fue el programa del Proceso. No fue un programa nazi, no fue un programa de psicópatas lunáticos, fue un programa racional que unió a nuestra clase empresaria, al sector financiero, a la Iglesia católica, a los organismos financieros internacionales, a Estados Unidos, a gran parte de nuestra dirigencia política, a muchos comunicadores sociales y una cantidad no menor de argentinos que vieron en Videla y cía. no solo el fin de la “violencia” sino el fin de esa Argentina ingobernable para nuestras clases dominantes.
* Docente de la carrera de Sociología (UBA), investigador de la Untref.La Luna les ladra a los perros
Es imposible, hasta ahora, asociar el intenso despliegue y estrépito mediático del affaire Ciccone con alguna figura judicial más o menos grave que lo justifique. La reacción morosa del gobierno, al darse cuenta que no van sólo por Boudou, sino por quien decidió que fuera su vice. El riesgo de cederle a Magnetto un trofeo para su living.
Héctor Magnetto quiere la cabeza de Amado Boudou en la pared del living de su casa. Está de temporada de caza. Su coto es limitado: en él habitan diez o 20 funcionarios kirchneristas que impulsaron la batalla antimonopólica con enjundia.
Pero eligió a Boudou, porque a su vez, es el vicepresidente elegido por Cristina Kirchner, su enemiga jurada, a quien quiere ver humillada. Golpear a Boudou es golpear a la presidenta, donde más le duele: sus decisiones.
Fue ella la que optó por Boudou, así lo dijo en público, porque el entonces ministro le llevó el plan para estatizar las AFJP. En adelante, lo que era un pequeño mercadito de capitales que garantizaba negocios a un puñado de empresas, se convirtió en el principal fondeo de la política económica anticíclica del gobierno, garante además de los dos aumentos anuales que reciben jubilados y pensionados.
Ese fue el primer pecado de Boudou. Venía del Cema y actuó como si se hubiera formado en el Fide. Pero hay más: el viernes 9, Tiempo Argentino anticipó en exclusiva que la Cámara de Casación autorizó el levantamiento del secreto fiscal de dos accionistas del Grupo Clarín, José Aranda y Lucio Pagliaro, cuyos patrimonios se incrementaron en un 250% en sólo dos años, tras vender muy caras acciones de Cablevisión a las AFJP, que más tarde cayeron en su valor en más de un 300 por ciento. Es decir, la justicia los tiene en la mira por presunta “estafa” contra los jubilados que habían depositado sus fondos en las administradoras privadas.
La Unidad de Información Financiera (UIF), además, pretende que se los investigue por “lavado” y que devuelvan la plata, unos $ 500 millones. Como se ve, con las AFJP se podían amasar negocios, de los buenos, hasta que Boudou tuvo la maldita idea de estatizarlas. O, en palabras de Clarín: transformarlas “en una caja K”. Boudou no es amado, por eso mismo.
El alto perfil del vice, hay que decirlo, es su Talón de Aquiles en esta disputa. La lícita pasión por las motos, los autos y la guitarra; su sonrisa y las ganas de vivir un romance a la luz del día con una chica además bonita, sirven para generar artículos y fotos en la revista Gente. Eso, claro, cuando todo va bien. Pero el día que Clarín se encapricha con que Cristina tiene que entregar a su vice en el altar de los sacrificios (ver ilustración de Sábat, el viernes 9, en el diario de Magnetto, Aranda y Pagliaro), arriman verosimilitud a cualquier operación de demolición, por más falsa que fuere.
El “affaire Ciccone” no arroja novedades sobre las prácticas mafiosas de Clarín, en tanto grupo empresario que utiliza sus medios para perpetuar su posición privilegiada en el mapa del poder, el de verdad. Así como golpea a Boudou, perdona a Mauricio Macri y acaricia a Daniel Scioli. Es Aranda, boina en mano, el que aparece en la foto de Expoagro junto al gobernador bonaerense, a quien el grupo supone un atajo al post cristinismo. ¿Será una casualidad que la firma Boldt, señalada por Boudou como gestora de la denuncia, tenga el control del juego en la provincia? Es sólo una pregunta.
Habría que decir en favor de Scioli que esa historia viene de la época de Eduardo Duhalde. El ex motonauta la heredó así y por ahora cumple con la orden de Cristina de ser el canal público y privado con el establishment, es decir, no hay razones para pensar que haya decidido alejarse del dispositivo K, ni evidencias de que sea enemigo de Boudou, aunque algunos los ubiquen como adversarios en 2015.
En esa foto también aparecía Aranda junto a Antonio Bonfatti (socialismo en el FAP), el gobernador de Santa Fe, quien recibió de manos de Hermes Binner la relación con Clarín y Boldt, que imprimieron las boletas socialistas para las primarias y presidenciales de la provincia litoraleña. Linda foto esa: del otro lado, junto a Scioli y Bonfatti, estaba José Claudio Escribano, de La Nación, el hombre que pretendió imponer a Néstor Kirchner, apenas asumido, un pliego de condiciones en nombre de la aristocracia local y la Embajada de los Estados Unidos.
En la batalla de Clarín contra el gobierno democrático, el caso Boudou es el intento de crear una cabeza de playa. Lograr que se vaya, para Magnetto sería una victoria, que preanuncia otras. No es tan preocupante la situación del vicepresidente por sí misma en toda esta historia: el fiscal Carlos Rívolo aún busca elementos para iniciar una investigación preliminar que le permita acusar por algo al vice, y salvo los consejos de Julio Blanck desde su panorama político (“tráfico de influencias”, caratuló el editorialista, que así y todo escribe mejor que Eduardo van der Kooy, el premiado por el genocida Jorge Videla en 1977 como “joven sobresaliente”. Al menos los dos conservan la coherencia: Van der Kooy y Videla, aunque no son lo mismo, hoy aborrecen a los Kirchner), hasta ahora es imposible asociar el intenso despliegue y estrépito mediático del caso con alguna figura judicial más o menos grave que lo justifique.
Lo que preocupa, sin embargo, es que un sector del kirchnerismo se haya visto tentado por resolver disputas y celos internas desde las páginas de Clarín, debilitando a Boudou, que también es debilitar a Cristina. Mientras el vice denuncia a Boldt, otros funcionarios oficiales le habrían abierto a esa empresa las puertas del presupuesto nacional de modo generoso. ¿Una especie de “quinta columna” que cacarea en un lado y pone los huevos en la calle Tacuarí? Tal vez, quizá no tanto.
La Argentina sigue siendo ese país raro, donde el censor de Clemente durante la dictadura, Joaquín Morales Solá, puede impartir lecciones de moral desde La Nación, cuyos títulos de tapa últimamente fueron desmentidos, nada menos, que por el titular de la Corte Suprema de Justicia, a quien nadie puede acusar de talibán K –más bien lo contrario–; los accionistas de Clarín, como en esos cónclaves de clérigos iraníes, pueden dictar fatwas contra vicepresidentes que sonríen demasiado y arruinan sus negocios, y los perros observan asombrados cómo la Luna les ladra. Y, a veces, hasta les aúlla.
Pero eligió a Boudou, porque a su vez, es el vicepresidente elegido por Cristina Kirchner, su enemiga jurada, a quien quiere ver humillada. Golpear a Boudou es golpear a la presidenta, donde más le duele: sus decisiones.
Fue ella la que optó por Boudou, así lo dijo en público, porque el entonces ministro le llevó el plan para estatizar las AFJP. En adelante, lo que era un pequeño mercadito de capitales que garantizaba negocios a un puñado de empresas, se convirtió en el principal fondeo de la política económica anticíclica del gobierno, garante además de los dos aumentos anuales que reciben jubilados y pensionados.
Ese fue el primer pecado de Boudou. Venía del Cema y actuó como si se hubiera formado en el Fide. Pero hay más: el viernes 9, Tiempo Argentino anticipó en exclusiva que la Cámara de Casación autorizó el levantamiento del secreto fiscal de dos accionistas del Grupo Clarín, José Aranda y Lucio Pagliaro, cuyos patrimonios se incrementaron en un 250% en sólo dos años, tras vender muy caras acciones de Cablevisión a las AFJP, que más tarde cayeron en su valor en más de un 300 por ciento. Es decir, la justicia los tiene en la mira por presunta “estafa” contra los jubilados que habían depositado sus fondos en las administradoras privadas.
La Unidad de Información Financiera (UIF), además, pretende que se los investigue por “lavado” y que devuelvan la plata, unos $ 500 millones. Como se ve, con las AFJP se podían amasar negocios, de los buenos, hasta que Boudou tuvo la maldita idea de estatizarlas. O, en palabras de Clarín: transformarlas “en una caja K”. Boudou no es amado, por eso mismo.
El alto perfil del vice, hay que decirlo, es su Talón de Aquiles en esta disputa. La lícita pasión por las motos, los autos y la guitarra; su sonrisa y las ganas de vivir un romance a la luz del día con una chica además bonita, sirven para generar artículos y fotos en la revista Gente. Eso, claro, cuando todo va bien. Pero el día que Clarín se encapricha con que Cristina tiene que entregar a su vice en el altar de los sacrificios (ver ilustración de Sábat, el viernes 9, en el diario de Magnetto, Aranda y Pagliaro), arriman verosimilitud a cualquier operación de demolición, por más falsa que fuere.
El “affaire Ciccone” no arroja novedades sobre las prácticas mafiosas de Clarín, en tanto grupo empresario que utiliza sus medios para perpetuar su posición privilegiada en el mapa del poder, el de verdad. Así como golpea a Boudou, perdona a Mauricio Macri y acaricia a Daniel Scioli. Es Aranda, boina en mano, el que aparece en la foto de Expoagro junto al gobernador bonaerense, a quien el grupo supone un atajo al post cristinismo. ¿Será una casualidad que la firma Boldt, señalada por Boudou como gestora de la denuncia, tenga el control del juego en la provincia? Es sólo una pregunta.
Habría que decir en favor de Scioli que esa historia viene de la época de Eduardo Duhalde. El ex motonauta la heredó así y por ahora cumple con la orden de Cristina de ser el canal público y privado con el establishment, es decir, no hay razones para pensar que haya decidido alejarse del dispositivo K, ni evidencias de que sea enemigo de Boudou, aunque algunos los ubiquen como adversarios en 2015.
En esa foto también aparecía Aranda junto a Antonio Bonfatti (socialismo en el FAP), el gobernador de Santa Fe, quien recibió de manos de Hermes Binner la relación con Clarín y Boldt, que imprimieron las boletas socialistas para las primarias y presidenciales de la provincia litoraleña. Linda foto esa: del otro lado, junto a Scioli y Bonfatti, estaba José Claudio Escribano, de La Nación, el hombre que pretendió imponer a Néstor Kirchner, apenas asumido, un pliego de condiciones en nombre de la aristocracia local y la Embajada de los Estados Unidos.
En la batalla de Clarín contra el gobierno democrático, el caso Boudou es el intento de crear una cabeza de playa. Lograr que se vaya, para Magnetto sería una victoria, que preanuncia otras. No es tan preocupante la situación del vicepresidente por sí misma en toda esta historia: el fiscal Carlos Rívolo aún busca elementos para iniciar una investigación preliminar que le permita acusar por algo al vice, y salvo los consejos de Julio Blanck desde su panorama político (“tráfico de influencias”, caratuló el editorialista, que así y todo escribe mejor que Eduardo van der Kooy, el premiado por el genocida Jorge Videla en 1977 como “joven sobresaliente”. Al menos los dos conservan la coherencia: Van der Kooy y Videla, aunque no son lo mismo, hoy aborrecen a los Kirchner), hasta ahora es imposible asociar el intenso despliegue y estrépito mediático del caso con alguna figura judicial más o menos grave que lo justifique.
Lo que preocupa, sin embargo, es que un sector del kirchnerismo se haya visto tentado por resolver disputas y celos internas desde las páginas de Clarín, debilitando a Boudou, que también es debilitar a Cristina. Mientras el vice denuncia a Boldt, otros funcionarios oficiales le habrían abierto a esa empresa las puertas del presupuesto nacional de modo generoso. ¿Una especie de “quinta columna” que cacarea en un lado y pone los huevos en la calle Tacuarí? Tal vez, quizá no tanto.
La Argentina sigue siendo ese país raro, donde el censor de Clemente durante la dictadura, Joaquín Morales Solá, puede impartir lecciones de moral desde La Nación, cuyos títulos de tapa últimamente fueron desmentidos, nada menos, que por el titular de la Corte Suprema de Justicia, a quien nadie puede acusar de talibán K –más bien lo contrario–; los accionistas de Clarín, como en esos cónclaves de clérigos iraníes, pueden dictar fatwas contra vicepresidentes que sonríen demasiado y arruinan sus negocios, y los perros observan asombrados cómo la Luna les ladra. Y, a veces, hasta les aúlla.
TIEMPO ARGENTINO
lunes, 5 de marzo de 2012
“Hoy hay que ganar la guerra política”
El dictador Jorge Rafael Videla se explayó en sus apreciaciones contra el gobierno kirchnerista
La revista española Cambio 16 publicó la segunda parte de la entrevista al represor preso en Campo de Mayo, en la que se lo consulta como si fuera un dirigente opositor. “Si el país cambia hacia otro rumbo, seguramente no estaríamos presos”. dijo.
El ex jefe del Ejército descolgando por orden de Néstor Kirchner el cuadro de Videla en el Colegio Militar.
El dictador Jorge Rafael Videla está seguro de que si los tiempos políticos cambian podría salir en libertad: “La suerte nuestra, la de los militares detenidos, está en que el país se encamine por otra dirección. Si el país cambia hacia otro rumbo, seguramente no estaríamos presos”. La revista española Cambio 16 publicó ayer la segunda parte de la amistosa entrevista al ex jefe del gobierno de facto. El sociólogo y periodista Ricardo Angoso, vinculado con organismos que defienden como presos políticos a los detenidos por crímenes de lesa humanidad, nuevamente lo muestra interpelado como a un dirigente político. Distinto de aquella primera vez, en la que el dictador explicó con toda claridad la “excelente” relación que los militares mantuvieron con la Iglesia católica o la “colaboración” que dieron los sectores empresarios, ahora abunda en las críticas sobre el presente. Habla del espacio de la oposición y convoca a la necesidad de generar “un cambio” en el que deja asomar cierta idea de un golpe de Estado: “Hablo de un cambio –dijo–, claro, por la vía democrática, ya no es el tiempo de los golpes de Estado, aunque tampoco habría Fuerzas Armadas para darlo ni vocación para hacerlo”.
La primera parte de la entrevista salió publicada a mediados de febrero en la revista española. Videla se mostró entonces como ahora: hace su reconstrucción histórica, va del gobierno de Héctor Cámpora al de Isabel Perón; se mete en las internas de la Junta Militar y reconoce que aquello que en la primera parte mencionó como “licencia para matar” se hizo a base de órdenes que “fueron precisas” y “existieron”.
“¿Por qué la Junta no dio instrucciones más precisas, incluso por escrito, de lo que estaba haciendo y de las órdenes que impartía?”, preguntó Angoso. “Creo que órdenes existieron y fueron precisas, no puedo entrar en detalle ahora en todas ellas. Las órdenes estaban y los que las impartieron, que fueron asumidas por cada uno de los miembros de la cadena de mando que las dieron.”
La nueva parte de la entrevista está dividida en dos. La primera histórica. La segunda, más abundante en la revisión sobre el presente. A lo largo del texto, el periodista le otorga el status de un dirigente político. “¿Cómo ve la Argentina de hoy, tiene esperanzas de que haya algún cambio?”, le pregunta. O: “¿En qué ha fallado este gobierno, qué les diría a los argentinos sobre el mismo?”.
Ya la primera vez, el tono del reportaje recibió críticas de los organismos de derechos humanos, entre otros sectores. Se dijo que era complaciente y muchos se sorprendieron por las preguntas que no estaban, como el robo de bebés. El contenido del reportaje, en cambio, siguió distintas derivas. Se pidió que algunos de sus dichos fueran introducidos como prueba en los juicios de lesa humanidad, entre otras cosas por el reconocimiento explícito que Videla hizo, por ejemplo, de la alianza con la Iglesia. Las agrupaciónes Hijos y Abuelas de Plaza de Mayo criticaron el lugar en el que aún se instala el dictador, como parte del espacio de los perseguidos políticos y de la venganza. Hijos respondió: “Venganza, por definición, sería robarles sus hijos, secuestrarlos, torturarlos, violarlos, tenerlos en cautiverio, tirarlos vivos al mar, robarles sus bienes, fusilarlos. Nunca hicimos nada de eso ni lo haremos”.
También la presidenta Cristina Kirchner se hizo eco de ese reportaje. Aquella vez, Videla reconoció que el “peor momento” de los represores les llegó con los Kirchner. La semana pasada, en el discurso de apertura de las sesiones ordinarias del Congreso, la Presidenta contó lo que le pasó cuando leyó esa frase sobre los Kirchner que Página/12 reprodujo en su tapa. En esa ocasión recordó a Néstor Kirchner y el acto de recuperación del edificio de la Escuela Mecánica de la Armada: “La gran pena es que él no haya podido leer eso porque yo fui con él, lo peleé mucho el 24 de marzo de 2004 cuando en la ESMA tuvo un discurso muy fuerte. Yo le había dicho que lo escribiera porque se iba a poner nervioso y después lo peleé por algunas cosas. Y la verdad que cuando leí el reportaje lo único que lamenté es no tenerlo cerca para pedirle perdón”. Entonces, dijo, “llevé el diario allá a Río Gallegos y se lo metí debajo de la bandera porque ese diario era de él”.
Angoso consiguió la entrevista después de entre “siete y ocho meses” de gestiones, según explicó semanas atrás a un diario argentino. Llegó a Videla, según dijo, a través de unos “contactos en el Ejército argentino. Una fuente militar, digamos, me facilitó el acceso a Campo de Mayo”. La entrevista duró tres horas, sobre una guía de veinticinco preguntas que el dictador respondió sentado en su habitación de la prisión de Campo de Mayo, acompañado de su mujer y sus hijos. El bruto de la entrevista tenía veinticinco páginas de desgrabación.
“La República está desaparecida”, dice Videla en el texto. Y cuando Angoso le pregunta si tiene esperanzas de que en el futuro haya algún cambio, advierte aquello de que con otro gobierno ellos no estarían presos. “Yo digo que estamos en una situación hoy muy negativa, totalmente negativa, hemos perdido una gran oportunidad en las últimas elecciones de sentar puntos de apoyo a una oposición sólida y que actuara responsablemente para cambiar este estado de cosas al que me refería antes. Hablo de un cambio, claro, por la vía democrática, ya no es el tiempo de los golpes de Estado, aunque tampoco habría Fuerzas Armadas para darlo ni vocación para hacerlo. Esta situación de inmediato no va a cambiar, lamentablemente, porque no veo el actor, el líder, y no creo en los iluminados.”
Luego se queja de “la pretensión permanente de seguir escarbando en el pasado”, y como si no recordara su intervención en el asunto, sugiere que los desaparecidos son un invento. “Por ejemplo, hay que encontrar una solución para resolver el famoso problema de los desaparecidos y ofrecérsela a la sociedad argentina. ¿Son una realidad, son un invento, son una especulación política o económica? ¿Qué son realmente los desaparecidos?”
Más tarde, el periodista vuelve a intervenir como si actuara ante el líder de la oposición. En forma más supina, Videla aquí también advierte que la “única vía es sacarlos del gobierno”, aunque ¿aclara? que “no a través de un golpe”. “¿En qué ha fallado este gobierno, qué les diría a los argentinos sobre el mismo?”, le pregunta. “Este gobierno ha asociado el campo con la oligarquía y como enemigo de ese socialismo que ellos pregonan, no podemos esperar de esta gente una solución, la única vía es sacarlos del gobierno y no a través de un golpe de Estado, sino a través de los cauces democráticos. Yo, en las últimas elecciones habidas en el país, esperaba que apareciera un líder o un movimiento para hacer frente a lo que vivimos, que todos los dirigentes de la oposición se unieran para combatir esta lacra y salir hacia adelante, pero bueno, no apareció y no fue así. Quisiera ser optimista, pero no puedo, aunque siga peleando desde la cárcel, desde aquí. Quiero dar a conocer al mundo lo que pasa. La consigna del prisionero de guerra es la evasión, mientras que para el preso político la lucha es otra, que es el campo de la política y que es antipático quizá para los militares. Hoy hay que ganar la guerra política a través de los mensajes y los medios de comunicación, y ésa es nuestra función: no quedarnos de brazos cruzados.”
domingo, 4 de marzo de 2012
El 48% de los ingleses cree que Gran Bretaña debe devolver Malvinas
El diario "The Telegraph" publicó los resultados de una encuesta. Participaron unos 20.000 lectores.
LONDRES.- Casi el 48 % de los lectores del diario británico "The Telegraph" creen que el Reino Unido debería devolverle las Malvinas a la Argentina.
La versión on line del matutino lanzó una encuesta que acompaña cada publicación que el diario hace sobre el conflicto diplomático con nuestro país.
Casi 20.000 lectores participaron ya en la consulta abierta, con resultados que sorprenden a propios y ajenos. El 35 % cree que a las islas debería conservarlas Inglaterra, y el 17 % sostiene que habría que consultar a los isleños.
Aunque la votación no está limitada a los lectores ingleses del diario, se estima que la mayoría de los votantes residen allí.
Por Twitter, mientras tanto, muchos argentinos hicieron una cadena invitando a votar a favor del reclamo de nuestro país. LA GACETA ©
La versión on line del matutino lanzó una encuesta que acompaña cada publicación que el diario hace sobre el conflicto diplomático con nuestro país.
Casi 20.000 lectores participaron ya en la consulta abierta, con resultados que sorprenden a propios y ajenos. El 35 % cree que a las islas debería conservarlas Inglaterra, y el 17 % sostiene que habría que consultar a los isleños.
Aunque la votación no está limitada a los lectores ingleses del diario, se estima que la mayoría de los votantes residen allí.
Por Twitter, mientras tanto, muchos argentinos hicieron una cadena invitando a votar a favor del reclamo de nuestro país. LA GACETA ©
sábado, 3 de marzo de 2012
Bajo tierra
Por Luis Bruschtein
Cuando Macri rechazó el subte no fue la decisión de izquierda o de derecha de un gobierno. Fue una decisión antinatural, como un jockey que se niega a montar su caballo, o un médico que se niega a curar, o un vendedor que se niega a vender. Más que una carga ideológica, en esa actitud, puesta así como la planteó el jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, con un enojo desproporcionado frente a los argumentos minúsculos que mostraba, lo que se percibía era indolencia y fastidio.
Es posible que el mejor calificativo no sea antinatural, pero la función de gobierno, de los buenos gobiernos, es hacerse cargo de los problemas. Un gobierno que no lo hace sería un desgobierno por definición. Gobernar es un problema permanente.Puede haber gobiernos conservadores, de centro o de izquierda que sean activos o no. Sin ser el único, el enfoque ideológico marca un buen escenario para el debate político. Pero la dedicación, el compromiso, el tiempo o la energía que se le pone a la tarea de gobernar no son calidades inherentes a lo ideológico.
Por fuera de ese debate ideológico o partidista, Macri quedó en el peor lugar, en una zona peligrosa de “no querer hacer” ante los porteños. Incluso proyectó esa imagen deslucida ante aquella mayoría que ha mostrado tener la piel lo suficientemente gruesa como para votarlo sin preocuparse hasta ahora por otros síntomas de este tipo, como sus largos descansos, quizá los más largos entre políticos y funcionarios.
Si fue parte de una estrategia, el que la diseñó mostró que no conoce la problemática de la gestión porque expuso al jefe de Gobierno de la ciudad como alguien que no quiere gobernar o que piensa que gobernar no es resolver problemas. Los primeros que se dan cuenta cuando un médico no quiere curar son los otros médicos y los pacientes. En este caso, serían los otros gobernantes y los ciudadanos.
Cristina Kirchner no es un rival para descuidarse. Tiene muchos años de hacer política y de ocupar funciones en toda la línea, incluso una presidencia tormentosa de la que pudo sobrevivir con más del 54 por ciento de los votos. Ella se dio cuenta del lugar deslucido en que había quedado Macri y lo pulverizó en su discurso ante la Asamblea Legislativa.
Se puede discutir sobre quién tiene razón. Pero lo que no puede hacer un gobernante es evadir un problema, no importa el argumento con que lo haga. Tiene que hacerse cargo, tratar de resolverlo como pueda y así ganar autoridad para que su crítica sea demoledora. En cambio, si la crítica sirve para evadir una responsabilidad, se convierte ante los ciudadanos en una excusa quejosa. La forma en que Macri anunció su rechazo del subte lo mostró de esa manera. A eso se le sumó la frase a la Presidenta para que se haga cargo de la seguridad en la ciudad, que volvió a repetir en su discurso en la Legislatura, pero con un furcio, por lo que terminó pidiéndole “que se haga cargo de la ciudad”.
Los furcios y las repeticiones exponen un aspecto muchas veces oculto de las personas. Lo que muestran de Macri, en este caso, no es bueno, por lo menos para alguien que tiene la función de gobernar y que aspira al lugar de máxima responsabilidad.
No se entienden los criterios que llevaron a Macri a ese punto de actuación. Había dos hechos a los que usó como soportes para asentar su rechazo. Por un lado estaba la tragedia de Once y por el otro se hacía efectivo el anunciado retiro de los policías federales de las estaciones del subte. El tema de la seguridad, al que es tan afecto Macri, sobrevolaba ambas situaciones. La idea de montarse sobre esas dos circunstancias fantasmáticas para usarlas como ariete principal sin fijarse tanto en los argumentos específicos fue demasiado atractiva y contaba además con el respaldo de los grandes medios.
El rechazo del subte no estuvo bien argumentado, esperando que las alusiones a las víctimas del trenazo y al retiro de los policías operaran como propulsores de su actuación contra el gobierno nacional. Fue una forma de buscar un mecanismo de solidaridad por identificación. No funcionó, lo que se vio fue un gobernante que evadía una responsabilidad. En todo caso, evitar los accidentes y solucionar la falta de policías son tareas para las que también se elige al jefe de Gobierno, más allá de las críticas al Gobierno nacional. Ayer, después del discurso de la Presidenta en la Asamblea Legislativa, Macri se percató de su desliz y se preocupó por ofrecer más argumentos, pero ya le resultaba muy difícil retroceder.
Hasta aquí fue una evaluación fría. Pero habría que decir que el intento de montarse sobre los muertos de la tragedia ferroviaria fue miserable, un golpe bajo de los peores que puede usarse. El PRO y Macri se presentaron ante la ciudad como emblemas de la nueva política, pero en todo este embrollo con los subterráneos se han mostrado como expresiones de una cultura política con los peores vicios tanto en la gestión como en la estrategia.
Macri necesitó dos exposiciones públicas para explicar las razones por las que rechazaba hacerse cargo del subte. La primera vez se mostró enojado, enumeró algunos temas, pero hizo hincapié en el retiro de los policías y en el trenazo de Once. Le fue mal. Entonces, la segunda vez se explayó más en el tema de la financiación, como si ese tema tan gerencial le diera un ropaje más sólido a su posición.
Entonces ayer la excusa no fue la seguridad, sino una deuda de mil millones de dólares que tendría el gobierno nacional con el de la Ciudad. No se trata de una deuda concreta. Se trata de obras por esa cifra que se habría comprometido a realizar el ex presidente Néstor Kirchner, hace por lo menos cinco años. En ese tiempo, el gobierno nacional hizo muchas obras relacionadas con el subte. Es evidente que se trata de un tema a discutir, donde cada lado tiene su argumento.
Macri no puede decir que el gobierno nacional no hizo nada en cinco años, porque casi todas las obras que se realizaron en el subte no las hizo él. Seguramente podrá decir que no se hicieron todas las que se habrían prometido. Ese margen, en todo caso, es el que está en discusión y es mucho menos que mil millones.
“La trastienda de todo esto es la pelea por los fondos”, explican desde algunos foros macristas para mostrar a su líder como un negociador y no como un prófugo. El rechazo de Macri a responsabilizarse por los subtes habría sido en esta versión un rasgo de genialidad, una actuación para forzar una negociación. Se dice que no lo hizo antes, o sea la primera vez que habló, porque había una negociación en marcha. Si había una negociación en marcha la primera vez, no se entiende por qué anunció que se desligaba del sistema de subterráneos, dándola por terminada y sin explicar la cuestión de la deuda que aparece como tan importante en la segunda vuelta.
Entre la primera y la segunda aparición, Macri habló ante la Legislatura porteña. Dedicó las dos terceras partes de su corto informe de gobierno a criticar al gobierno nacional con argumentos genéricos sobre el federalismo y varias quejas sobre distintos tópicos, entre ellos que Buenos Aires tuviera fama de distrito rico, como si no lo fuera. No hubo datos sobre su de-sempeño económico cuando está teniendo records de recaudación, ni datos sobre gestión en casi ninguna de las áreas de su gobierno. Menos de una tercera parte de su informe estuvo dedicada a su obra de gobierno. Una presentación desprolija, mal leída y casi sin datos. Compraron 40 ambulancias, dos helicópteros y se hicieron tres kilómetros de subte, enumeró.
La comparación con el apabullante informe del gobierno nacional, con el cual disputa, lo hizo quedar desdibujado, desprolijo y hasta indolente, como si hubiera perdido su guía.
Hay un rol de cabeza de la oposición por el que en teoría estarían compitiendo el Frente Amplio Progresista de Hermes Binner, los radicales, y el macrismo. Macri usa su confrontación con el Gobierno para disputar ese lugar. En teoría, las críticas y el enojo de Cristina Kirchner lo convierten en interlocutor, en contendiente. Un gesto grandilocuente como el de los subterráneos despertaría esa furia que lo inviste. Pero esa furia también lo puede aplastar en un sentido metafórico si lo desnuda como inútil u holgazán. Es probable que no pierda sus votos de primera vuelta, pero así no gana nuevos votos. Y Macri necesita crecer. Los tres sectores de la oposición parten de un piso bajo para convertirse en opción nacional, pero la bolsa más grande de donde pueden sacar es de los votos kirchneristas. Macri no eligió el mejor camino en ese sentido.
Macri dijo que solamente repensaría su decisión sobre los subtes después de una reunión con Cristina Kirchner. Esa idea del ungimiento ronda la condición que pone, pero la jugada no deja de ser tosca. Por más vuelta que se le quiera dar, la imagen que queda es la del jefe de Gobierno de la Ciudad que no se quiere hacer cargo de una función que le compete, porque afecta a los porteños, aunque diga que también viajan ciudadanos de la provincia. Lo real es que los subtes conviven con los porteños, que los usan y que son afectados cuando paran o tienen problemas. Desde la mirada del ciudadano, son problemas de los que el gobierno de su ciudad no se hace cargo.
pagina12
viernes, 2 de marzo de 2012
DECRETO FIRMADO POR MACRI
Esto se publicò en el Boletin Oficial de la Ciudad.
DECRETO N.° 27/11
Buenos Aires, 5 de enero de 2012
VISTO:
El Acta Acuerdo de Transferencia de los Servicios de Transporte Subterráneo y
Premetro celebrada con fecha 3 de enero de 2012, entre Ciudad Autónoma de Buenos Aires, las Leyes N° 210, 373 y 4.041, los Decretos Nacionales N° 2.608/93, 1.527/94 y 393/99 y los Expedientes N° 32.187/2012 y 46.026/2012, y
CONSIDERANDO:
Que a través del Acta Acuerdo de Transferencia de los Servicios de Transporte
Subterráneo y Premetro celebrada con fecha 3 de enero de 2012, entre el Estado
Nacional y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (en adelante “el Acta Acuerdo”) se
procedió a ratificar, por parte de la Ciudad, la decisión de aceptar la transferencia de la Concesión de la Red de Subterráneos de la Ciudad de Buenos Aires;
Que en el precitado instrumento se estableció que la Ciudad asume a partir de la fecha del Acta Acuerdo el control y fiscalización del contrato de concesión en su totalidad, asï como el íntegro ejercicio de la potestad de fijar las tarifas del servicio, incluyendo la facultad de establecerlas por decisión unilateral;
Que en la cláusula tercera del Acta Acuerdo se establece que la Nación ofrece y la
Ciudad acepta, el pago de una suma de pesos Trescientos sesenta millones ($
360.000.000), dentro de un plazo de doce (12) meses y como único aporte para el
pago de subsidios por parte de la Nación, la cual será abonada en doce (12) cuotas mensuales; efectivizado ese aporte, los subsidios al servicio que correspondieren correrán por exclusiva cuenta de la Ciudad;
Que en la cláusula quinta las partes acordaron un período de noventa (90) días
corridos a fin de considerar los actos jurídicos que sea necesario suscribir para la
formalización de las cuestiones legales, económicas y administrativas correspondientes a lo establecido en el Acta Acuerdo, así como las relativas al contrato de concesión, definiéndose cómo se atenderán los compromisos resultantes, todo ello en aras de precisar la totalidad de las cuestiones que hacen a la continuidad en la prestación del servicio público.....
http://boletinoficial.buenosaires.gov.ar/apps/BO/front/documentos/boletines/2012/01/20120106.pdf
DECRETO N.° 27/11
Buenos Aires, 5 de enero de 2012
VISTO:
El Acta Acuerdo de Transferencia de los Servicios de Transporte Subterráneo y
Premetro celebrada con fecha 3 de enero de 2012, entre Ciudad Autónoma de Buenos Aires, las Leyes N° 210, 373 y 4.041, los Decretos Nacionales N° 2.608/93, 1.527/94 y 393/99 y los Expedientes N° 32.187/2012 y 46.026/2012, y
CONSIDERANDO:
Que a través del Acta Acuerdo de Transferencia de los Servicios de Transporte
Subterráneo y Premetro celebrada con fecha 3 de enero de 2012, entre el Estado
Nacional y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (en adelante “el Acta Acuerdo”) se
procedió a ratificar, por parte de la Ciudad, la decisión de aceptar la transferencia de la Concesión de la Red de Subterráneos de la Ciudad de Buenos Aires;
Que en el precitado instrumento se estableció que la Ciudad asume a partir de la fecha del Acta Acuerdo el control y fiscalización del contrato de concesión en su totalidad, asï como el íntegro ejercicio de la potestad de fijar las tarifas del servicio, incluyendo la facultad de establecerlas por decisión unilateral;
Que en la cláusula tercera del Acta Acuerdo se establece que la Nación ofrece y la
Ciudad acepta, el pago de una suma de pesos Trescientos sesenta millones ($
360.000.000), dentro de un plazo de doce (12) meses y como único aporte para el
pago de subsidios por parte de la Nación, la cual será abonada en doce (12) cuotas mensuales; efectivizado ese aporte, los subsidios al servicio que correspondieren correrán por exclusiva cuenta de la Ciudad;
Que en la cláusula quinta las partes acordaron un período de noventa (90) días
corridos a fin de considerar los actos jurídicos que sea necesario suscribir para la
formalización de las cuestiones legales, económicas y administrativas correspondientes a lo establecido en el Acta Acuerdo, así como las relativas al contrato de concesión, definiéndose cómo se atenderán los compromisos resultantes, todo ello en aras de precisar la totalidad de las cuestiones que hacen a la continuidad en la prestación del servicio público.....
http://boletinoficial.buenosaires.gov.ar/apps/BO/front/documentos/boletines/2012/01/20120106.pdf
Suscribirse a:
Entradas (Atom)