lunes, 25 de noviembre de 2013
Comenzaron las rondas de negocios en videojuegos, edición, música, audiovisual, artes escénicas y diseño
Para unir Europa con
América, el MICA
desembarca
en Galicia
Productores, emprendedores y
autoridades de España, Portugal
y nuestro país se reúnen hasta
mañana para intercambiar
proyectos y fortalecer el desarrollo
de la industria cultural.
Organizado por la Secretaría de Cultura de la Presidencia de la Nación y por la Xunta de Galicia, se largó el Mercado de Industrias Culturales Atlánticas (MICA Atlántica) en Cidade da Cultura, Santiago de Compostela, España. La inauguración oficial fue ayer por la mañana aunque las actividades comenzaron a desarrollarse el sábado pasado y continuarán hasta mañana.
El acto contó con la presencia del secretario de Cultura de la Nación Jorge Coscia, acompañado por el director nacional de Industrias Culturales de la Secretaría de Cultura, Rodolfo Hamawi; el consejero de Cultura, Educación y Ordenación Universitaria, Jesús Vázquez Abad; el secretario general de Cultura de la Xunta de Galicia, Anxo Lorenzo; el director de la Agencia Gallega de Industrias Creativas (Agadic), Jacobo Sutil; entre otros funcionarios argentinos y gallegos.
Jorge Coscia aludió a sus raíces gallegas para señalar que durante once años de trabajo en diferentes espacios del gobierno, sus ojos y su corazón siempre estuvieron puestos en Galicia, un lugar cuya integración con la Argentina lleva 100 años. "Es un gran orgullo estar aquí –señaló– porque esto que estamos inaugurando hoy no es efímero y demuestra que es una tarea que tiene que ser permanente e indestructible." Además, destacó que "las industrias culturales abarcan las formas más diversas, desde la música, el diseño, el modo de expresarnos pero también de mantener las raíces", y rescató que cuando se habla de integración entre Galicia y Argentina "simplemente estamos complementando un esfuerzo de más de 100 años".
Por su parte, el consejero de Cultura, Educación y Ordenamiento Universitario, Jesús Vázquez Abad, confirmó que en la primera jornada de MICA Atlántica se registraron "más de 300 rondas de trabajo y una veintena de encuentros informales". "Las industrias culturales constituyen un sector estratégico para Galicia, llevamos registrados más de 400 productores culturales de España, Argentina y Portugal", agregó.
La delegación de productores culturales argentinos es muy nutrida y los materiales que presentan son sumamente interesantes. Las actividades de MICA Atlántica se organizan en diferentes espacios. En el espacio LAB se realizan rondas de negocios y se llevan a cabo las presentaciones de diferentes proyectos. En el espacio Expo se presentan productos, servicios y proyectos culturales de Argentina y Galicia. En el espacio Forum se realizan de manera simultánea mesas redondas, conferencias y debates. La actuación de artistas se hace en el espacio Show y las presentaciones tienen lugar fuera de la Cidade da Cultura. En el espacio Cine se proyectan las propuestas más destacadas de la cinematografía argentina enmarcadas en la programación del Festival Cineuropa.
Las propuestas sorprenden por lo variado y algunas de ellas constituyen oportunidades únicas para asistir a escenas culturales que es difícil ver en otro lado. En el sector de exposiciones pudo apreciarse, por ejemplo, a las tejedoras de encaje de bolillo, una artesanía antigua que encuentra un nuevo estímulo en la demanda de este encaje por parte de los diseñadores que lo incluyen en creaciones contemporáneas. Más de 30 mujeres, que en su mayoría superaban los 70 años, realizaron sus encajes a la vista del público. Sobre una almohada con un relleno de hierbas secas, las tejedoras clavaron los alfileres que sujetan el tejido y movieron a toda velocidad los palillos en los que se ovillan los hilos. El golpeteo de los palillos es rítmico y genera una música de fondo. Tejen tan rápido que casi no se les ven las manos y, mientras trabajan, entonan viejas canciones gallegas que hablan del mar.
Miguel Rep, por su parte, comenzó a pintar un mural junto a su par gallego Pedro Tasende. El mural, que muestra dos manos que abarcan el Océano Atlántico, constituye una oportunidad inusual para asistir de manera directa al proceso de creación artística. La obra se llama, precisamente, Mural en vivo.
En el terreno de las artes visuales también se pueden apreciar dos exposiciones fotográficas: Cuerpos del Tango, del fotógrafo argentino Roberto Graziano, y Una historia en imágenes, una selección de los momentos más destacados de la historia del Teatro Cervantes.
El dramaturgo Mauricio Kartun dictó un seminario de dos clases que concitó el interés de la gente de teatro, no sólo de Galicia, sino también de otros lugares de España. El seminario estuvo referido al proceso creativo de una obra de teatro. Sin embargo, el enfoque de Kartun avalado por su experiencia, sus cualidades histriónicas y su talento, hizo que su exposición, absolutamente alejada de la almidonada pose académica, se convirtiera para quienes lo escucharon, más que en una clase, en una experiencia vital que trascendió las fronteras de lo específicamente teatral. Con el poder hipnótico de un encantador de serpientes, durante tres horas cada día mantuvo atento a su auditorio, que lo aplaudió calurosamente al terminar.
La propuesta cultural de MICA Atlántica es tan abundante y variada que resulta imposible abarcarla en su totalidad. «
Fotografía
Exposiciones
En Cidade de Cultura se exhiben Cuerpos del Tango, y una historia del Teatro Cervantes.
TIEMPO ARGENTINO
sábado, 23 de noviembre de 2013
Por Grupo de Curas en la Opción por los Pobres
La propiedad y el nuevo Código
1 En el mensaje final de nuestro encuentro anual celebrado en agosto de este año hicimos mención de la importancia del destino universal de los bienes por sobre el derecho a la propiedad privada en la enseñanza social de la Iglesia. Destacábamos entonces que “los bienes para la vida no son de unos pocos, Dios los creó para beneficio común de toda la humanidad, como lo recuerdan los grandes santos de la Iglesia y los últimos papas. Por eso la propiedad privada no es un derecho absoluto: tiene límites, sobre ella pesa una hipoteca social (San Ambrosio)”.
2 En nuestro mensaje con motivo de las elecciones legislativas del 27 de octubre expresábamos también que “la propiedad privada no es un dogma intocable, debe tener un sano límite impuesto por la necesidad de todos. Dice el Concilio Vaticano II que ‘Dios ha destinado la Tierra y cuanto ella contiene para el uso de todo el género humano. Por consiguiente, los bienes creados deben llegar a todos de una manera equitativa, dirigida por la Justicia y acompañada por la caridad’ (Gaudium et Spes 69). La propiedad privada es un derecho secundario, el único derecho natural primario es el destino universal de los bienes”.3 Vemos con cierta preocupación que en el dictamen de la Comisión Bicameral para la Reforma, Actualización y Unificación de los Códigos Civil y Comercial de la Nación no figura el principio de la función social de la propiedad. Algunas críticas difundidas por los medios apuntaron a la necesidad de “frenar un nuevo avance del Estado sobre el sector privado” que pondría en riesgo la “seguridad jurídica” y tal vez esos argumentos hayan sido decisivos para no incluir dicho principio.
4 Nos resulta difícil de entender que los obispos hayan reclamado cambios, como la modificación del artículo 19, que establece ahora que la persona humana comienza desde la concepción, y no hayan reclamado con el mismo énfasis la inclusión del principio de la función social de la propiedad, tema claramente abordado por la reflexión bíblica, patrística y el magisterio contemporáneo de los papas en la Iglesia Católica y de incidencia cotidiana en la vida de los pobres.
5 Desde nuestra sensibilidad y caminar junto a las necesidades urgentes de los pobres, y sin ánimo de reclamar privilegios que no pretendemos tener, pedimos a los legisladores que discutirán el proyecto en el recinto parlamentario a partir del 27 de noviembre, la inclusión del reconocimiento explícito del principio de la función social de la propiedad por considerarlo directamente ligado al principio del destino universal de los bienes y articular así una herramienta que en manos del Estado sirva para garantizar el acceso de los pobres al derecho a la tierra, la vivienda y la dignidad. Nos preocupa que un instrumento tan importante como el Código Civil no legisle sólo para los que tienen asegurado el derecho a la propiedad sino prioritariamente para aquellos que –de no mediar una regulación del Estado– sufren la precariedad, la indefensión y la imposibilidad de vivir conforme a derecho. Es una cuestión de derechos humanos.
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martes, 19 de noviembre de 2013
sábado, 16 de noviembre de 2013
lo dicho por Duran Barba
Espectacular
Por Sandra Russo
Dice Jaime Duran Barba que no fue su intención. Primero trató de echarle la culpa a otro –el periodista que le hizo la nota–; dijo que lo habían sacado de contexto. Cuando eso falló, porque la grabación era muy clara, y Duran Barba decía inequívocamente que “Hitler era un tipo espectacular”, el consultor del PRO emitió un comunicado que parece obedecer a alguna de sus máximas políticas, algo que podría formularse por ejemplo así: “Si tú te diriges con total seguridad ante millones de personas, aunque estés mintiendo, ellos te creerán. Diles cualquier cosa, por ejemplo, que en el lugar de donde tú vienes, la palabra espectacular significa otra cosa, algo ni bueno ni malo, sólo espectacular”. Una máxima como ésa se puede desprender perfectamente de otra declaración de Duran Barba –procesado él mismo por la campaña sucia en la que manchó el nombre del padre de Daniel Filmus–, sobre el procesamiento de Mauricio Macri por las escuchas ilegales a opositores y a algunos miembros de su propio partido: “Aunque sea mentira o verdad, a la gente las escuchas ilegales le importan un carajo”.
Tenía razón. Macri siguió ganando. Para que a un electorado le importen ese tipo de cosas, hay que entrar en el terreno de los principios y de la ética, dos rubros que la política en la versión Duran Barba se saltea, porque no se dirige a poblaciones sensibles a una idea, sino más bien a sectores susceptibles a un clima. Pega en el lado sensible, atávico, irracional. Esa línea ideológica, que lo es y cómo, descompone a los pueblos en espectadores. Por eso lo mejor que se puede ser es espectacular. Bajo la batuta de Duran Barba –y la hasta ahora imperforable cobertura de los medios concentrados–, el PRO logró una construcción política tejida con antipolítica, que es el momento de la política donde mueren las palabras. O mejor dicho: muere el valor de las palabras.La antipolítica es justamente eso. Es pregonar el diálogo aunque entren a balazos a un hospital psiquiátrico y vuelvo una y otra vez a la escena de abril en el Hospital Borda porque que ese hecho no trajera consecuencias ni ocasionara costos políticos al PRO –es más: los únicos procesados son al día de hoy los delegados de ATE– equivale, al decir de Duran Barba, que a la gente la represión a enfermeros, médicos y pacientes de un hospital neuropsiquiátrico le importa un carajo. Es eso la antipolítica y el clima que le corresponde. El mundo donde todo es lo mismo y todo importa un carajo. Hacia ese muelle rema, ahí es donde hace pie.
La declaración pronazi de Duran Barba, sin embargo, ahora un poco le está costando, pese al manto de piedad de algunos macristas como Federico Pinedo, que también ensayó la interpretación de que Hitler había sido “espectacularmente malo”. Teniendo en cuenta que a Duran Barba nadie lo sacó de contexto, lo curioso es que en las críticas que recibió el ecuatoriano muy pocos repasaron el contexto en el que lo dijo. Y no lo revisan porque no quieren quemar recursos, porque si se amplía el foco se podrá observar que las declaraciones de Duran Barba no salieron de un repollo ni de su oculta admiración por Hitler, sino de lo que el consultor de Macri sabe generar y a lo que no deja de apostar: un clima. Un clima que antecede la declaración de Duran Barba, y lo acompaña, aunque nunca yendo tan directamente al grano.
En esa entrevista, Duran Barba claramente habla de Hitler para demonizar a Nicolás Maduro y al fallecido presidente Hugo Chávez. Para oponerle a la legitimidad de los gobiernos venezolanos la ilegitimidad del mayor monstruo del siglo XX (aquí cabe justo una cita del escritor francés Michel Tournier, según la cual la misión social de un monstruo es mostrarse, ser visto, ofrecerse en espectáculo). Es la eterna y rastrera simplificación de la derecha, pero no de cualquier derecha, sino de la que confía en afirmarse allí donde todo sea lo mismo y nada importe un carajo. En ese clima.
Duran Barba no combate con argumentos políticos las políticas venezolanas: las impugna diciendo que, comparado con Chávez, Hitler fue espectacular. Se le reprocha el adjetivo, no la comparación. El propio periodista que le hizo la nota, en el fragmento que se pudo escuchar, es sin embargo enfático en eso. Chávez y Hitler no son comparables, le dice. Hacer comparable al Holocausto con un gobierno que toca los intereses que Duran Barba o cualquiera defienda, rebaja instantáneamente la estatura dramática del Holocausto, banaliza el martirio de más de seis millones de judíos, homosexuales, gitanos y discapacitados asesinados bajo la idea fuerza de una raza superior. Pero esta apelación, esta comparación, esta asociación no es nueva ni Duran Barba es el único que apela a esas figuras retóricas desfiguradas que rellenan con un horror que viene de la memoria histórica lo que son impotentes para defender con la discusión política.
Ese clima que tanto se busca y se intenta instalar incluye llamarle dictadura a un gobierno democrático que a la derecha no le gusta. Probaron divididos y no pudieron, probaron unidos y todavía no lo han derrotado, pero éste no deja de ser solamente un gobierno del signo que ellos no eligen. En la misma semana, numerosos comunicadores agitaron la jerga de la “gestafip” para caracterizar a “un régimen” que persigue a “los que piensan diferente”, como si en estos días alguien se quedara en la Argentina con ganas de decir algo. También se ha hablado en numerosas ocasiones de las “juventudes hitlerianas” para aludir a la militancia kirchnerista, más precisamente a La Cámpora, que “intoxica” mentes infantiles. Las comparaciones con el nazismo no han faltado, y menos las que homologan el presente a la dictadura militar. Ese clima incluye denuncias en la OEA y en los casos más borders el llamado a embajadas extranjeras para que se inmiscuyan y procedan.
Este relato, potenciado en las redes sociales y engolosinado con las nuevas corrientes randianas y libertarias que adquiere la antipolítica –que más bien hace política contra toda forma de organización estatal–, comenzó hace ya varios años, primero en cuentagotas y bajo la forma de que había que sublevarse contra “los presidentes que se quieren perpetuar en el poder”. Así se llamaba un jueguito que descubrí por casualidad en la página de inicio del Messenger, cuando los presidentes a los que había que sacar eran Chávez, Kirchner, Correa, Lula, Evo y Lugo. Los años recientes demuestran que, a pesar de que uno de ellos fue destituido y otros dos se murieron, no son sus propias voluntades, sino las de sus pueblos, las que siguen empujando hacia la misma dirección, que es la opuesta a la que quieren los mercados.
El relato que confluye en la atrófica, tremenda y absurda figura de Hitler para hablarnos de lo que hoy sucede en la región en general y en la Argentina en particular es un atajo que toman para sacarse de encima por las buenas o las malas un modelo de país en el que el Estado juega fuerte, porque como dijo en su momento Lula, “los ricos saben defenderse. Al Estado lo necesitan los pobres”.
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martes, 12 de noviembre de 2013
"sobre los dichos de Duran Barba"
La máscara
Por Gabriela Cerruti *
El primer consejo de Jaime Duran Barba a sus asesorados siempre es el mismo. Hay que afeitarse el bigote, para relajar la imagen y no parecerse a Hitler.
Así consiguió que Mauricio Macri se afeitara, y también Federico Franco, el presidente paraguayo que asumió tras la destitución de Fernando Lugo.Experto en imagen, Duran Barba construyó su propia máscara, así como construye la de los políticos a los que asesora.
El problema de vivir con una máscara es que a veces, inoportunamente, la máscara se cae.
Y aparecen los hombres, y las ideologías.
El Duran Barba que habló loas de Hitler es el mismo Duran Barba que está procesado por haber montando una sanguinaria operación política en contra de Salomón Filmus, el padre de Daniel Filmus, utilizando recursos del Estado para realizar tareas de inteligencia.
Es el mismo Duran Barba que cuida la imagen de Mauricio Macri, procesado por ser partícipe de una asociación ilícita que espiaba al dirigente de la comunidad judía Sergio Burstein para llevarle información al Fino Palacios, ex comisario complicado en la causa AMIA.
Es el mismo Duran Barba que lo hizo aparecerse junto a una niña pobre de un barrio pobre para iniciar su campaña electoral, y que les escribe los libretos a todos y cada uno de los funcionarios cada vez que tienen que aparecer en escena.
El que les aconseja que no respondan, que no debatan, que repitan frases una tras otra aunque no tengan sentido.
La nueva derecha latinoamericana, que ha elegido a Duran Barba como uno de sus gurúes, ha hecho de la máscara democrática y sensible una de sus fortalezas.
El problema es que se les nota.
Cuando Mauricio Macri dice “nadie hizo nada en esta ciudad en los últimos treinta años”, hablando de su gestión, no repara en que se nota que su última referencia es Cacciatore, el intendente de la ciudad durante la última dictadura militar. Cacciatore, a quien conoció cuando lo visitó como empresario haciendo acuerdos para realizar obra pública en ese momento en la ciudad.
De qué habla, por ejemplo, el director de medios públicos del Gobierno de la Ciudad cuando se refiere a “sucias guerras”, mentando sin duda el famoso “guerra sucia” que usaron los dictadores para justificar la represión y la desaparición de 30 mil argentinos.
En una misma semana, Macri recordó a Cacciatore; Carlos Ares habló de sucias guerras y coronó Duran Barba elogiando a Hitler.
Nada es causalidad. Las palabras, sobre todo, no son casualidad. Las palabras son la expresión detrás de la máscara, lo que no se puede ocultar, lo que termina apareciendo más allá del maquillaje y las operaciones de marketing.
Lo que cada tanto viene a recordarnos que detrás de los políticos modernos y la derecha sensible está el viejo, eterno, autoritaritarismo, que sólo espera agazapado un lugar donde instalarse.
* Legisladora porteña por Nuevo Encuentro.
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domingo, 10 de noviembre de 2013
elecciones en Chile
Una historia de padres y fantasmas
Por Ariel Dorfman
El general Fernando Matthei, otrora comandante en jefe de la fuerza aérea chilena, habrá de despertarse el domingo 17 de noviembre anticipando un día excepcional, donde tendrá la oportunidad única de votar por su propia hija Evelyn como candidata a la presidencia, un día en que espera que no le ronden resquemores y fantasmas.
Falta que le hace a Evelyn Matthei, que representa la alianza derechista que actualmente gobierna Chile, el sufragio de su padre, ya que no sólo parece asegurada su contundente derrota a manos de la ex presidenta Michelle Bachelet, un resultado desdoroso que puede suscitar una crisis letal en la derecha chilena.
Me pregunto qué va a sentir el general Matthei cuando vea en la papeleta electoral el apellido Bachelet junto al suyo. ¿Recordará que hay un chileno, un íntimo amigo suyo, camarada de toda la vida, un general de Aviación que no podrá emitir su voto en estas elecciones? ¿Pensará Fernando Matthei en Alberto Bachelet, padre de Michelle, que no tendrá jamás la posibilidad de votar por su hija, puesto que en marzo de 1974 el general Bachelet murió de un paro cardíaco inducido por las torturas a las que fue sometido durante seis meses por sus propios colegas militares?
Unicamente por haber sido colaborador del presidente Salvador Allende y mantenerse leal a su causa y su palabra.
Fernando Matthei era agregado aéreo en Londres para el golpe del 11 de septiembre de 1973 y nada pudo hacer para ayudar a su compadre del alma. Su inacción ya es injustificable cuando vuelve a Santiago en enero de 1974 y es nombrado director de la Academia de Guerra de la Aviación, el lugar donde precisamente estaba detenido y fallecería dos meses más tarde el hombre al que su hija Evelyn conocía como el Tío Beto. Aunque en varios procesos posteriores la Justicia chilena determinó que al entonces coronel Ma-tthei no le cabía culpa penal en la muerte del general Alberto Bachelet –debido a que los subterráneos donde apremiaban a su compañero de armas estaban fuera de límites para todo personal que no perteneciera a la fiscalía militar–, otra cosa es la responsabilidad moral. La que, según el mismo Fernando Matthei, todavía le pesa y avergüenza, según confiesa en un libro del 2003: “Primó la prudencia”, dice, “por sobre el coraje”.
Ni el más delirante novelista –y me cuento con orgullo como uno de ellos– podría haber imaginado una historia más inusitada, de dos amigos con destinos tan contrarios. Uno que muere por haber tenido el coraje, pero tal vez no la prudencia, de aceptar, con rango ministerial, un puesto en el gobierno de Salvador Allende. Y el otro que vive con excesiva prudencia y sin coraje para convertirse por dos años en el ministro de Salud de Pinochet y enseguida, durante trece años, integrante de la Junta. La hija de Alberto que llegaría a ser ministro de Salud y después de Defensa en el gobierno de centro-izquierda de Ricardo Lagos y la hija de Fernando que fue senadora y después ministro del Trabajo en el gobierno conservador de Sebastián Piñera. La socialista que fue presidenta de Chile y la derechista que aspira a serlo.
Aunque a estas alturas a lo que de veras aspira es obtener una votación que le permita ocupar por lo menos un honroso segundo lugar en las urnas.
Y es aquí donde la historia de Chile nos ofrece otra sorpresa. Puesto que el general Matthei reconocerá en la papeleta con los aspirantes a la presidencia el apellido de otro candidato cuyo padre tampoco podrá votar en estas elecciones porque fue ultimado por la dictadura.
Se trata de Marco Enríquez, hijo de Miguel Enríquez, líder del MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria), abatido por la policía secreta en una calle de Santiago el 5 de octubre de 1974. Dejando tras sí a un hijo de un año y medio de edad, que ahora, casi cuarenta años más tarde, le está pisando los talones a Evelyn Matthei. Si Marco puede, en efecto, repetir el 20 por ciento de los votos que consiguió con su candidatura a la presidencia en las elecciones del 2009, logrará desplazar a la hija del general Matthei, para enfrentar a Michelle Bachelet en una posible segunda vuelta, permitiendo que el pueblo de Chile eligiera entre dos candidatos progresistas.
De todos los protagonistas de esta historia, ha sido Miguel al que más conocí. Mi mujer Angélica y yo fuimos amigos suyos, hasta el punto de que, pese a que no estábamos de acuerdo con la vía armada que proponía el MIR, arriesgamos todo para darle amparo en nuestra pequeña casa a él y a otros dirigentes de su partido en 1970, cuando entraron a la clandestinidad durante el gobierno de Frei padre para provocar en Chile una rebelión al estilo de Cuba, una tesis que nunca dejaron de esgrimir, aun durante los tres años del gobierno Allendista.
¿Qué diría Miguel si viera hoy a su hijo defendiendo la necesidad de transformar a Chile por medios pacíficos, si contemplara a su hijo desechando la violencia en que creía con fervor?
Tantos otros revolucionarios latinoamericanos sobrevivieron la represión de las dictaduras y llegaron a entender que la democracia, lejos de ser la camisa de fuerza de los pueblos, es condición esencial de todo cambio profundo, toda justicia duradera. Espero que así hubiera también evolucionado Miguel, que fue tan imprudente en sus ideas y acciones y a la vez tan pleno de coraje en su vida, tan animado por una sed de liberación humana que todavía me emociona.
Me hubiera gustado abrir esa discusión con Miguel. Me hubiera gustado preguntarle si se arrepiente de los errores que cometió durante los años en que Allende fue presidente, cuando el MIR (junto a elementos extremos y díscolos dentro de la Unidad Popular) desestabilizaron al gobierno popular con sus tomas irresponsables de fábricas y terrenos y predios agrícolas, y aceleraron el golpe con su retórica de una revolución armada inminente que nunca se materializó.
Pero, claro, es una conversación que nunca tendremos.
Si hay una insinuación de justicia divina en la derrota que Evelyn va a sufrir incontestablemente a manos de Michelle, un hecho maravillosamente simbólico que la hija de Alberto triunfe sobre la hija del hombre que abandonó a su padre, ¿no sería más que divino y justo que el hijo del guerrillero e insurrecto Miguel Enríquez dejara fuera de juego a la candidata del Pinochetismo? Que el hijo de una de las víctimas le ganara a la hija de uno de los cómplices de esa política de exterminio sería una muestra definitiva de que Chile le ha dado para siempre la espalda al legado de Pinochet.
Pero queda en este cuento inverosímil de fantasmas y padres y linajes, todavía una vuelta más de la tuerca histórica.
Puesto que fue el mismo aborrecible general Matthei el que facilitó que hubieran hoy en Chile elecciones libres, que su propia hija y la hija de su compañero Alberto y el hijo de su enemigo Miguel, pudieran disputar la presidencia, y que fuera el pueblo de Chile, y no sus fuerzas armadas, el que decidiera el porvenir.
Fue para el plebiscito de 1988. Cuando Pinochet quiso desconocer su derrota y fomentar un auto-golpe que lo mantuviera indefinidamente en el poder, fue el general Matthei quien impidió tal maniobra, concediendo públicamente la victoria del “No”, abriendo paso al retorno de la democracia.
Yo quisiera creer que Fernando Ma-tthei, esa noche de octubre de 1988, estaba pagando una deuda con su viejo amigo Alberto, mostrando ante Pinochet la valentía que no mostró catorce años antes cuando ni siquiera fue a visitar ni menos a consolar a un camarada al que estaban torturando a escasos metros de su propia oficina en la Academia de Guerra.
Es una deuda, sin embargo, que no está enteramente saldada. Le queda al general Matthei, a los 88 años de edad, todavía otro gesto de redención con que pudiera señalar silenciosamente su verdadero arrepentimiento, conseguir que los fantasmas finalmente lo dejen en paz.
Sería un gesto simple, aunque arriesgado.
Sólo bastaría que el general, cuando entre al recinto electoral este próximo 17 de noviembre y recorra la lista de los candidatos, sólo bastaría que el general Fernando Matthei decida en forma clara y tajante y deliberada hacer una pequeña marca al lado del nombre de Michelle Bachelet, bastaría solamente entonces que él, su Tío Fernando, vote por ella, puesto que es desafortunadamente imposible que lo haga ahora y siempre su papá.
Ariel Dorfman es el autor de La muerte y la doncella y Konfidenz, dos de las seis obras que publica Página/12 como parte de la Biblioteca Dorfman.
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