martes, 26 de julio de 2016

UN GRAN ESCRITOR OPINA SOBRE LA REALIDAD


Una para que la sepamos todos

Por Mempo Giardinelli
“Gobernante limitado políticamente, pero no estúpido”, definió al presidente Macri esta semana Beatriz Sarlo en La Nación. Puede que la distinguida colega acierte, pero más allá de esa visión de clase media porteña que analiza sujetos por arriba o mandándolos al analista se podía esperar una opinión menos generosa. Porque la palabra incumplida es marca ejemplar de este gobernante cuyos esbirros (en el sentido de la cuarta acepción del vocablo: “Secuaz a sueldo o movido por interés”) están causando daños políticos y sociales ilimitados. Como ilimitados son los objetivos finales de la máquina ideológica llamada “Cambiemos”, que se apoderó del Estado Argentino por obra y gracia de la mentira y la confusión mediática que llevó a millones de compatriotas a votar en contra de sus propios intereses.
Seguramente a esas mayorías hoy les importa un pito la etiología burguesa empresarial del Presidente, pero sí les interesa lo que ven y padecen a diario: decisiones antinacionales y antipopulares; mentiras y promesas incumplidas y el ocultamiento contumaz de negocios turbios y cuentas offshore cargadas de millones de dólares que ahora él mismo ha logrado que el Congreso le blanquee, con la complicidad de la gran mayoría del espectro político dizque opositor que los argentinos votamos en mala hora.
Dado el tremendo daño social que está causando el gobierno, cabe soslayar debates burgueses para centrarse, mejor, en el único plano en que estos tipos deben ser considerados: el moral, que es el único tribunal que desnuda propósitos y miserias. Y en el que Ceos y funcionarios, amigos íntimos y operadores, de éste y de todos los gobiernos, quedan con el culo al aire y no por operaciones interesadas de jueces, empresarios y periodistas a sueldo.
Del mismo modo que cuando el señor Aranguren decide tarifazos y favorece a Shell, la compañía de la que fue máxima autoridad y en la que conserva acciones, eso -la toma de decisiones utilizando posiciones de ventaja- en casi todos los barrios argentinos siempre se llamó lisa y llanamente corrupción.
Todo lo anterior enmarca el reciente anuncio del financiamiento por parte del Estado de móviles 4G a bajo costo y a 12 meses. Lo cual, más allá de que el 4G es una tecnología ya en camino de obsolescencia, no es más que el moño grosero de otro negocio que se estaría urdiendo a espaldas del pueblo argentino, una vez más engañado por los mentimedios y sus telebasuras.
El “cambio” en este caso se basa en la reprivatización del fútbol. Donde la tecnología 4G barata y masificada hace parte del negocio, en el que el Gobierno aportará el subsidio –supuestamente benéfico– nada más que para acortar los tiempos de ingreso de muchísima gente al 4G y al fútbol privatizado.
La fuertísima campaña de desprestigio del Fútbol para Todos (FPT) que se ha visto en las últimas semanas tiene que ver con una forma de corrupción, digamos, “moderna”. Con el argumento de que todo debe pagarse porque todo tiene un costo, ahora sepultan un servicio estatal gratuito y esencial para millones de seguidores del deporte más popular de los argentinos –enlodando de paso a tres ex jefes de gabinete– para aprovecharse del gran negocio tecnológico que se viene. Y que, si se impone, será letal para el cerebro de millones de personas y maniatará a las futuras generaciones.
Cuando el Presidente finge inocencia al decir que “el fútbol ya decidió separarse de nosotros y ahora tenemos que ver cómo desarmamos esto”, o cuando acusa al señor Marcelo Tinelli de estar “ofendido porque le sacaron la AFA”, en realidad está asegurando el negocio.
El señor Ted Turner (TNT) era el principal interesado en comprar la transmisión del fútbol y eso servía para contrabalancear el poder del Grupo Clarín, pero ahora parece cada vez más fuerte la posible alianza entre ambos megamentimedios. El “cambio” en este caso sería un inmenso negocio entre la naciente alianza Turner-Clarín y las telefónicas. La web está llena de portales (la mayoría de dudosa fiabilidad) pero todos dan por hecha esta alianza, ya sugerida por La Nación a finales de enero cuando informó que el Grupo Clarín compró el 100 por ciento de Nextel Argentina, cuarta operadora de telefonía móvil del país, y la llamó “adquisición estratégica ya que ahora podrá brindar los servicios de cuádruple play, es decir, televisión por cable, Internet por banda ancha y telefonía fija y móvil bajo una misma factura”.
El anuncio del financiamiento estatal de equipos 4G de bajo costo (2200 pesos) y en 12 cuotas sin interés, le asegura a esa alianza y a las telefónicas el rápido ingreso de millones de usuarios al uso de la banda ancha en beneficio del enorme negocio de la transmisión de contenidos a ser consumidos desde equipos móviles y/o portátiles de forma individual, que es la tendencia mundial.
Así, ya no se verán familias y amigos, en casas o en bares, reunidos viendo un partido o una película, sino que cada uno/a verá individualmente su contenido “preferizado”, como ya se llama.
Y lo peor, lo alucinante es que por medio de estas nuevas tecnologías se está individualizando, ahora mismo, a cada consumidor. Muy pronto se los podrá interpelar directamente en tanto tales, pero también para su control social. O sea: negocios e ideología para perfeccionar la manipulación.
Si éste es el futuro que prepara el macrismo-radicalismo imperante, el futuro, dicho sea sin disimulos, será una mierda.
Por eso estos tipos que ahora gobiernan, y sus padrinos mediáticos, se presentan como campeones contra la corrupción mientras abusan de la constante, maciza y desdichada pobre inocencia de la gente que los votó.
© 2000-2016 www.pagina12.

jueves, 30 de junio de 2016

4 de julio . LA MASACRE DE LOS PALOTINOS

LA MASACRE DE LOS RELIGIOSOS
 PALOTINOS. 4 de julio 1976-2016

Se cumplen cuarenta años de este crimen impune.

La verdad comenzó a asomar lentamente pero la justicia aún no llegó. Pero es importante una reflexión actual sobre aquellos acontecimientos.
¿Cual es la razón por la cual una parte de la Iglesia apoyó este crimen horrendo y los que le siguieron? ( Los obispos Angelelli y Ponce de León, las monjas francesas, los curas en La Rioja y muchos religiosos y laicos en todo el país).
El Papa Francisco, cuando era arzobispo de Buenos Aires inicio el proceso de canonización tomando esta muertes como un martirio por La Fe Cristiana. Van a ser declarados “Mártires de la Iglesia Católica”.
Fue una señal muy clara hacia dentro y fuera de la Iglesia. La muerte de estos hombres consagrados a un ideal religioso había sido un ataque a toda la Iglesia, a fin de silenciar los reclamos y las voces disidentes.
Este crimen de lesa humanidad no puede ser reivindicado en este momento por nadie. Pero es necesario exigirle a todos los sectores de la comunidad argentina que digan claramente que piensan sobre esto. Que condenen explícitamente esta barbarie.
En aquel momento englobaban a toda la oposición diciendo que eran parte o cómplices ,de los que la dictadura cívico-militar llamaba”bandas de delincuentes subversivos”. Y eso justificaba muertes, desapariciones , pero encubría una gran cambio social y político. Una parte de la sociedad , de sectores importantes de la Iglesia ,sobre todo sus dirigentes, por miedo al “comunismo”, al “ateísmo” justificaba al gobierno de la dictadura cívico-militar reivindicando “los valores occidentales y cristianos”. En realidad estaban defendiendo sus privilegios frente a los cambios que la sociedad reclamaba.
La clave de este crimen fue amedrentar a todos los que buscaban justicia social y mantener los derechos de las personas.
Hoy de una manera mas sofisticada y por medio de un gobierno elegido democráticamente (y con el apoyo de los medios de difusión dominantes), se pretende repetir el mismo modelo de transferencia de recursos de los sectores populares a los mas ricos del país.
La Comunidad de los Palotinos en la Argentina acaba de publicar un documento reivindicando a éstos mártires y su trayectoria.
Hoy todos deberían hacerlo y siguiendo lo que dice el Papa Francisco desde Roma, unirse en la defensa de los mismos valores. La justicia social, la defensa del empleo, de la dignidad de las personas, la promoción real de los mas desposeídos.
El gobierno actual está, en este momento procurando desgastar la imagen de Francisco, porque sus señalamientos ponen en evidencia su proyecto antipopular.
Levantar la imagen cristalina de estos mártires con el apoyo del Papa desde el vaticano es muy importante para defender el proyecto de sociedad y bien común que estos mártires querían.
Frente a esta sociedad que parece anestesiada por la desinformación de los medios es invalorable el apoyo de cada creyente que desde su Fe interpela al poder como hacían estos curas hace cuarenta años.
Todos los miembros de la Iglesia, aún aquellos que se aferran a las tradiciones y tienen posturas conservadoras deben reaccionar frente a éste hecho histórico para que nunca más vuelva a repetirse. Es el hecho sangriento más grande de la Historia de la Iglesia Argentina, esperamos que nuestros obispos y curas, estén hoy sí, en el lugar que corresponde a su misión.

JOSE COTO, ex Director en Ntra. Sra. de los Remedios y ex Rector de San Pio X (Institutos de educación católica en la Ciudad de Buenos Aires). 



viernes, 10 de junio de 2016

domingo, 24 de abril de 2016

¿Qué es hoy el kirchnerismo?


El futuro del kirchnerismo

Por José Natanson *

Es, en primer lugar, una cultura política. Durante años confinada a un rincón de la academia, que la consideraba una forma apenas disimulada de referirse a ese pescado resbaloso que los peronistas originarios llamaban “ser nacional”, la cultura política fue rescatada por los estudios pioneros de Gabriel Almond y hoy goza de un status científico equivalente al de variables en apariencia más cuantificables y explicativas. Medida a través de complejas investigaciones de opinión, estudios de comportamiento y grupos focales, la cultura política refiere básicamente al modo en que una sociedad organiza sus intereses y valores, tramita sus conflictos y se da a sí misma un orden que refleja su idiosincrasia y que es, por lo tanto, un saldo provisorio de su historia.
La encuesta de orientaciones ideológicas elaborada por Flacso-Ibarómetro es, en este sentido, contundente. De acuerdo a la investigación, un porcentaje mayoritario de los argentinos (61,8 por ciento) prefiere la intervención del Estado en la economía antes que la mano invisible del mercado, elige las alianzas con los países de la región antes que con las potencias del primer mundo (53,6 por ciento), apoya los juicios por violaciones a los derechos humanos (61,4) y cree que la búsqueda de la igualdad, más que la libertad, debe ser el principal objetivo de un gobierno democrático (50,5 contra 32,8).
Estos resultados, que hubieran sido muy diferentes en otros momentos de nuestra historia, por ejemplo en los 90, son también distintos si se los compara con los de otros países. Y confirman una evidencia: las principales orientaciones políticas de la década kirchnerista definen un núcleo básico de ideas compartido por un porcentaje mayoritario de la población. Ideas que, curiosamente, se encuentran todavía más afianzadas en los sectores medios: el mismo estudio revela que la clase media –definida por ingresos y nivel educativo– apoya estas políticas en porcentajes aún mayores que el promedio social. Como el gallego que habla en prosa sin saberlo, la clase media es kirchnerista sin darse cuenta.
Probablemente aquí radique la principal explicación del súbito “giro estatista” decidido por Mauricio Macri antes de su elección como presidente, que incluyó la promesa, honrada hasta el momento, de mantener bajo control público las jubilaciones, YPF y Aerolíneas. Y seguramente también se encuentren aquí los motivos que dan cuenta de las continuidades entre una gestión y otra, difíciles de apreciar a un lado y otro de la grieta pero no por eso menos reales.
Avancemos con cuidado para evitar los botellazos.
Es cierto que el diseño macroeconómico del macrismo es ostensiblemente neoliberal, que se mueve a dos velocidades –muy rápidamente para transferir recursos a los sectores privilegiados y muy lentamente para compensar los costos– y que su apuesta, en última instancia, consiste en la creación de empleo por vía del crédito para obra pública (es decir deuda) y la inversión privada (es decir derrame). Pero también es verdad que ha decidido sostener en lo esencial el amplio entramado de protección social construido durante el kirchnerismo, tal como demuestran los anuncios formulados por el presidente hace diez días: aunque tardíos e insuficientes para enfrentar una situación que a todas las luces se deteriora, incluyeron mejoras en derechos otorgados durante la década anterior (Asignación Universal y jubilaciones) y una innovación importante (la devolución del IVA a los sectores más vulnerables). Incluso se anunció un aumento para los cooperativistas del plan Argentina Trabaja, considerado clientelismo puro y duro durante la campaña.
Del mismo modo, tan cierto es que el desempleo, consecuencia de los despidos en el Estado y la recesión económica, seguramente aumentará durante el año, como que no se han impulsado iniciativas de flexibilización o precarización de la legislación laboral al estilo menemista, se siguen aplicando los Repro, aunque con menos entusiasmo, y hasta se ha llegado a un “pacto de gobernabilidad” con los movimientos sociales que garantiza la paz de los territorios. El hecho de que en cuatro meses de gestión Macri haya recibido a los líderes sindicales más veces que Cristina en todo su segundo mandato no convierte a su gobierno en un gobierno de los trabajadores sino en uno que se muestra dispuesto a hablar con sus referentes. Hasta cuándo puede durar esta estrategia es la pregunta del momento.
Como sea, estos trazos de continuidad, presentes en materia social y educativa y en menor medida laboral, confirman que el macrismo es algo nuevo, diferente a la vieja derecha conservadora pero también al menemismo de los 90, lo cual –sigamos caminando despacio– no debería leerse como un apoyo sino como un intento por reconocer la forma exacta del animal político en cuestión, así sea para no repetir errores: quizás uno de los principales motivos de la derrota del Frente para la Victoria en las elecciones de octubre haya sido el dogmatismo inconducente con el que concibió a su adversario.
Recuperando el razonamiento inicial, digamos que la prolongación de algunas políticas públicas de una gestión a otra es la reacción pragmática del gobierno ante el conjunto de orientaciones afianzado durante la década kirchnerista. Y como la política no es un arte de intenciones sino de hechos, y como los dirigentes no son juzgados por sus deseos sino por lo que finalmente hacen con ellos, importa menos si el macrismo cree de verdad en las políticas sociales que la evidencia de que las está aplicando.
Sucede que la cultura política opera entre otras cosas como una frontera que define lo que es posible hacer y lo que no, que dibuja, por así decirlo, el perímetro de la tolerancia social: así como la cultura política alfonsín-cafierista desterró el recurso a la violencia como forma de resolver los conflictos sociales, la cultura política pos-neoliberal excluye el ajuste sin compensación: cirugía pero con anestesia. Esto se refleja en la curiosa división de tareas del macrismo: en un gabinete dotado de una homogeneidad social, profesional y fonética inédita desde recuperación de la democracia, los ex gerentes de multinacionales se ocupan de las áreas duras de la gestión (finanzas, energía, empresas públicas), en tanto que aquellos que provienen de la sociedad civil se hacen cargo de las zonas blandas (desarrollo social, medio ambiente). En el particular juego de rol del macrismo, los CEO ajustan y los ONGistas compensan.
Pero hablábamos del kirchnerismo, de su sobrevida como cultura política y como su otra forma principal: el kirchnerismo como minoría intensa. Provisto de un conjunto de recursos institucionales, un liderazgo y un programa (oposición dura), la reaparición de Cristina le devuelve al kirchnerismo parte de la vibración épica y la conexión emocional que había logrado en el período más brillante de su largo ciclo en el poder, aquel que comenzó con una derrota (el voto no positivo) y concluyó con una tragedia (la muerte de Néstor), y que incluyó la estatización de las AFJP, la ley de medios, la ley de matrimonio igualitario y los festejos del Bicentenario.
Mi impresión es que el kirchnerismo se sintió demasiado cómodo en ese papel poco exigente, y que incluso después de haber obtenido el 54 por ciento de los votos siguió funcionando más como oposición de la oposición, como dice Martín Rodríguez, que como una fuerza hegemónica que incorpora e incluye, tal como confirma la trayectoria descendente de sus dos grandes dispositivos simbólicos: el programa 6,7,8, necesario en un contexto defensivo pero que se fue volviendo nocivo conforme iba pasando el tiempo; y el one-hit-wonder Carta Abierta, que tras su célebre hallazgo (el famoso “clima destituyente”) emprendió un camino sinuoso que lo llevó a respaldar al gobierno cuando era el momento de cuestionarlo (cuando era fuerte y estaba a tiempo de introducir correcciones) y a criticarlo (el “voto desgarro”) cuando había llegado el tiempo de apoyarlo más allá de toda crítica.
Con un despliegue hiperactivo aunque un poco redundante en las redes sociales y mucha presencia mediática (que no siempre suma), el kirchnerismo recuperó su centralidad tras la vuelta de su líder, obligó al resto del peronismo a definirse y confirmó que es el único actor político capaz de movilizar multitudes. Y sin embargo, el argumento “Cristina moviliza más que Macri” no es del todo pertinente, porque la estrategia del gobierno no consiste en oponer una movilización a otra sino, más sencillamente, no hacer movilizaciones (no se trata de contestar un cacerolazo con un acto masivo sino de evitar el cacerolazo). Las pruebas están al alcance de la mano (literalmente): Macri no quita a Evita del billete de cien pesos para hacer ingresar a Frondizi o Alsogaray sino para hacerle lugar a la ballena y al hornero. No quiere ganar la batalla cultural: quiere sobrevolarla, y trasladar sus tropas al nuevo teatro de operaciones de las finanzas, la economía y la obra pública.
El regreso de Cristina repuso el clivaje kirchnerismo-anti-kirchnerismo que había empezado desdibujarse. Y su reto a los manifestantes que insultaban a Bossio (“Así no van a convencer a nadie”), así como su propuesta de Frente Ciudadano (nebulosa pero que pareciera apelar a una cierta apertura), demuestra que es más inteligente que el kirchnerismo sunita que la rodea y aplaude. Pero ocurren dos cosas: por un lado, como escribió Verónica Gago, la orden de autogestionar un nuevo espacio resulta contradictoria (la autoorganización desde arriba es un oxímoron). Por otro, no está claro aún cuál será el mecanismo político, la astucia de la razón que traducirá la activación militante, el sustrato afectivo y el ascendente social que conforman el capital político del kirchnerismo en una opción de poder real, lo que en un sistema democrático significa en última instancia una opción capaz de disputar y ganar elecciones.
Concluyamos, también con cuidado.
Como ningún otro ciclo político desde la recuperación de la democracia, el kirchnerismo logró sobrevivir a su desalojo del poder. Y sin embargo, transformado hoy en una cultura política y una minoría intensa, no puede proponerse simplemente como un guardián de las conquistas del pasado, como un eco reivindicante de la década, por más ganada que haya sido. Para que no se reduzca a “un conjunto de personas con algunos recuerdos en común”, como decía Ricardo Sidicaro, el kirchnerismo necesita reinventarse apelando a nuevos sectores, recursos y discursos, una tarea pendiente desde el 2010 pero que debe encarar cuanto antes si quiere superar la derrota, que no es un accidente de la historia ni una conspiración de los poderosos sino el lugar en el que lo puso la sociedad tras las últimas elecciones.
* Director de Le Monde Diplomatique, Edición Cono Sur www.eldiplo.org
© 2000-2016 www.pagina12

lunes, 7 de marzo de 2016

Por Mempo Giardinelli

De buitres, silencios y Terminators


Los retrocesos políticos, económicos y sociales que vive nuestro país, y que en sólo tres meses se perfilan devastadores, son gravísimos, constantes y sobre todo peligrosísimos para la paz y la democracia. Que son los valores más importantes de esta República y que estuvieron bien garantizados desde la crisis de 2001-2003 hasta ahora.
Y es que ya empieza a haber víctimas de la represión policial abierta y sobre todo encubierta. No andan en Falcon o equivalentes, todavía, pero este fin de semana ya hubo un brutal y oscuro ataque de enmascarados en una villa porteña, y balaceras en locales kirchneristas de Mar del Plata y de Villa Crespo, éste con heridos graves; y en Santiago del Estero se reprimió bestialmente una movilización de miles de docentes. Todo eso, mientras el Sr. Urtubey dice que “a la Argentina le hará bien” el acuerdo con los fondos buitres, e inesperadamente el senador Abal Medina “aconseja” dar quorum en Diputados. Y como a la vez en Brasil se humilla al ex presidente Lula, que hizo un poco menos injusto a ese inmenso país, aquí ya es evidente que el Sr. Bonadio intentará lo mismo con Cristina Kirchner el próximo 14 de abril, para festín de buitres y violentos, “casualmente” el mismo día en que vence el arbitrario “plazo” impuesto por su colega el Sr. Griesa.
Es obvio que todo está coordinado y que estamos en peligro. Por lo que hace este gobierno y por lo que hacen algunos que hasta ayer nomás eran lameculos de CFK. Y también por el sórdido silencio macrista ante esto.
Se dirá que la política es así, pero estas cosas no son asuntos de política, sino de moral. Que es la condena que corresponde e incluso la más alta, como cabría a esos legisladores hoy oficialistas que durante años se juramentaron para no votarle absolutamente nada al anterior gobierno y practicaron todo tipo de trabas antidemocráticas, pero ahora no se les mueve un pelo y buscan corromper –porque el intercambio de dádivas a cambio de votos también es corrupción– a dirigentes opositores.
Infame modo de la política degradada, hay que decirlo, que consienten también en firme silencio los hasta hace poquito vociferantes intelectuales orgánicos del macrismo.
En una misma semana, la decisión de entregar a los fondos buitres miles de millones de dólares que no tenemos y que nos endeudarán por dos o tres generaciones, y a la vez nombrar a dos cortesanos macristas en la Corte Suprema de Justicia, sería algo así como un cáncer empezando a hacer metástasis en la todavía joven democracia argentina. No es exageración decir que se trata de un enorme retroceso de 33 años, contados desde aquel esperanzador 1983.
En estas tres décadas nuestro país vivió un paulatino, lento y contradictorio ascenso desde los cadalsos de la dictadura hasta la democratización de una sociedad que oscila siempre entre la maravilla y la estupidez, la credulidad y la rebeldía, la mansedumbre y el resentimiento, la soberbia y la furia, pero nunca logra centrarse en la armonía de la paz, el trabajo, la buena educación y los valores éticos como emblemas del orgullo de ser una nación.
Diego Maradona, con su simpleza elemental, acaba de sintetizar el presente en esta frase: “Por todo lo que pasa hoy en la Argentina no hay que echarle la culpa a uno; tenemos que echarnos la culpa a nosotros”. Pensamiento binario y simple, desde ya, que argumentativamente puede responderse con sólo enumerar la extraordinaria complejidad de la vida colectiva, que en una democracia incumbe a millones de personas de todas las ideas, pensamientos, creencias, razas, ignorancias y también necedades fenomenales. Así son las sociedades: complejas y múltiples. Así es eso que siempre se llamó “el pueblo” y ahora quienes gobiernan llaman “la gente”.
El FpV, el PJ, el kirchnerismo o como se quiera llamar a lo que fue gobierno entre 2003 y 2015, tiene ahora una responsabilidad enorme. Quizás como nunca. Está en manos de sus diputados y senadores poner freno a los nuevos Terminators que –estos sí– vienen por todo. Economistas ultraconservadores y burguesías racistas, empresarios voraces y sindicalistas traidores de clase, muchos de ellos son corruptos doble faz: o sea que corrompen, los unos, mientras los más coimean, como hicieron toda la vida, padres e hijos desde las juntas militares hasta acá. Son asiduos asistentes a los más intratables programas de la telebasura, complacientes servidores de los mentimedios e incluso columnistas de libretos preformateados en los que todos dicen lo mismo.
En patota autoritaria pero de cinco tenedores, buitres, cortesanos y Terminators dejan sin trabajo a miles de argentinos, cierran fábricas y abren importaciones y reciben seguras coimas, mientras atacan como buitritos locales el patrimonio colectivo, o sea, como ya se anuncia, Aerolíneas Argentinas, YPF, Conectar Igualdad y tanto más. Y todos alentados por medios mentirosos que se ocupan de mantener anestesiados a millones de ciudadanos. Ya lo estableció Chomsky hace años, como acá lo sabemos por lo menos desde Scalabrini Ortiz, Jauretche, Puiggrós, Galasso y muchos otros pensadores.
Desdichadamente para la democracia, los radicales se suicidaron y hoy juegan un patético rol de comparsas que ofende las memorias de Yrigoyen, Illia, Alfonsín y Luis “El Bicho” León. Y lamentablemente los socialistas también, ahora erráticos y perdidos en retóricas y oportunismos que insultan la memoria de Juan B. Justo, Alfredo Palacios y tantos dignos legisladores e intelectuales que también han de revolverse en sus tumbas.
Son entonces los diputados y senadores que hasta hace poquito eran K hasta la médula los que deberían salvar a esta Nación, y de una sola manera: votando NO frente a las dos perspectivas horrorosas que serían el triunfo de los buitres y una nueva corte de los milagros como en los 90.
Otras resistencias por ahora son difusas, no se visualizan bien. Salvo algunos medios e intelectuales contestatarios, y unos pocos políticos/as con sentido patriótico y los debidos atributos en las entrepiernas, los demás son ovejas de rebaño: urtubeyes, massas, bossios y pichetos, opositores de plástico garantes de la destrucción ya iniciada.
En tanto, en algún lugar del Sur, nuestro Chauncey Gardiner quizá llegue a jugar al golf con el Sr. Obama.
© 2000-2016 www.pagina12

lunes, 1 de febrero de 2016

Por Mempo Giardinelli


Para que nunca más llore 

por nosotros la Argentina


En cualquier conversación los arrepentidos se cuentan por miles. Son trabajadores de todas las ramas de la producción despedidos masivamente, junto con votantes del FpV también cesanteados, e innumerables otros trabajadores del sector público, considerados todos y al boleo “ñoquis”.
En menos de dos meses hay decenas de miles de desempleados, volvió la represión policial y se desmadraron los abusos jurídicos como la cárcel para Milagro Sala en Jujuy.
Sin embargo, casi todos los dirigentes sindicales hasta noviembre tan “combativos” –en particular Hugo y Facundo Moyano, Luis Barrionuevo y el “trabajador rural” Venegas– ahora hacen un silencio miserable. Y no son los únicos distraídos a la hora de defender a las bases.
Es evidente que el gobierno del Sr. Macri, con la típica ferocidad de los restauradores que siguen al pie de la letra el guión que le dictan sus patrones, retrocede 30 años no sólo en legislación laboral y social sino también en materia de Derechos Humanos, siguiendo el también miserable libreto de un pérfido sujeto de penosa actuación delarruista y un ministro con cara de piedra.
Desde un antiperonismo que atrasa medio siglo, al modo de algunos articulistas de La Nación y de casi todos sus fanáticos, horribles “comentaristas”, muchos votantes macristas celebran que el presidente arrase con la Constitución Nacional y se invente a medida una Corte Suprema de Justicia adicta y servil. Ni los dictadores se atrevieron a tanto.
Es enorme también el odio y resentimiento revanchista, que ya se conocían, es cierto, pero no se esperaba que fuesen tan groseros, urgentes y violentos. Eso conlleva el peligro de que semejante conducta gubernamental no genere otra cosa que odio y resentimiento inversos. Así, la “grieta” tan cacareada por los mentimedios y casi todos sus periodistas a sueldo podría degenerar en imposibilidad de mantenimiento de la paz social. El riesgo, cabe repetirlo, es que todo termine mal, o sea violentamente.
Y es que no se puede gobernar con tan necio criterio empresarial, ni con ceguera de patrón de estancia que reparte los porotos tan estúpidamente desabalanceados. La historia argentina está llena de ejemplos que estos no miran, como no los miró CFK el último año y así nos fue. En la política y sobre todo cuando se está en la cima del poder, hay que abrirse, hay que escuchar, hay que ceder un poco y moderarse, y a la vez hay que erradicar dogmatismo y fundamentalismo. De lo contrario se los va a llevar el tren, como dicen en México cuando una crisis se descarrila.
Es patético que este gobierno, que no lleva en la Rosada ni dos meses, se mueva con cero tacto y tanta soberbia. Como si tuvieran el apoyo incondicional de enormes mayorías y consensos, y fueran a gobernar para siempre.
Hay que ser muy pavos para no darse cuenta de que están jugando con fuego. Y el fuego popular argentino, nada menos, que ya se sabe no es de fosforitos. Debieran preguntarle a los memoriosos del alfonsinismo, el menemismo y el delarruismo, por lo menos. Y sobre todo debieran no confundirse si ahora el kirchnerismo está grogui y el pejotismo en oferta. Eso pasa, es circunstancial. Los elefantes, cuando se ponen de pie, siempre hacen temblar el piso.
Ha de ser cuestión de tiempo, nomás. Porque el pueblo argentino siempre acaba del lado de la soberanía y la autodeterminación. Por más basura periodística y televisiva que le tiren, al final siempre reacciona, llena las plazas y expulsa a los que lo explotan o medran con el sudor de los laburantes. La historia se repite desde 1945. Es pura necedad si el macrismo lo olvidó.
Obvio que es por eso que están tan apurados con esa reforma política de morondanga que les validan urtubeyes, massas, pichetos y algunos distraídos. A la primera reunión asistió una mayoría de cadáveres políticos, partiditos casi inexistentes como “Renovador Federal”, “Tercera Posición”, “Nacionalista Constitucional” y “FE”, junto a otros que son apenas sellos con historia, como el Demócrata Cristiano, el MID y el Socialista Auténtico. Parece broma que todos “coincidan” con la boleta única, el voto electrónico y la mar en coche, olvidando que con el vigente sistema electoral jamás una elección presidencial nacional fue fraudulenta, ni siquiera la que ganaron ellos.
La verdadera reforma política que este país necesita ya fue propuesta por diversos colectivos, y entre ellos El Manifiesto Argentino en 2002. Pero a ésa no la va a hacer jamás este gobierno, ni sus aliados y lameculos, porque no se lo permitirían sus patrones y publicistas.
Es sospechable, además, que si llegan a imponer estas patrañas tecnológicas –que rechazaron Alemania y otras naciones del llamado primer mundo– los costos serán enormes y los negociados de los amigos del Sr. Macri y demás endeudadores serán fabulosos y obviamente tapados por Clarín y La Nación.
No hay que olvidar, ni por un segundo, que la campaña para las elecciones legislativas de 2017 y las nacionales de 2019 ya empezó. Por eso urge renovar el kirchnerismo, el FpV, el peronismo y -ojalá los dioses escuchen- también el radicalismo, el socialismo y los diversos movimientos populares de provincias.
El macrismo ya está contagiado de la misma, vieja y lamentable tara infantil de la política de este país: creer que el poder es perpetuo y que los demás no se van a dar cuenta. Sería graciosísimo si no fuese insensato. Claro que el kirchnerismo tampoco se vacunó frente a esa tara (y bien haría en meditar el asunto). Pero por ahora, en pleno festival de decretos, autoritarismo, despidos y quebrantos a la Constitución Nacional, incapaz de aprender esa lección, quizá el macrismo esté caminando alegre, irresponsablemente, hacia su propio funeral político. Será en uno, dos o cuatro años, y dejando detrás un nuevo desastre político, económico y social.
Eso sí: ojalá que sea en paz y sin más compatriotas inmolados. Para que nunca más llore por nosotros la Argentina.
pagina12.