martes, 29 de marzo de 2011

La derecha, el pluralismo y la valentía

Por Mariano Molina *
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El debate sobre la invitación del Premio Nobel Mario Vargas Llosa fue falseado desde el comienzo por la maquinaria mediática y sus siempre adeptos circunstanciales.
Quiero contar que tengo el agrado y también el pequeño orgullo de conocer –aunque poco– a Horacio González, director de la Biblioteca Nacional. Es una persona siempre abierta a escuchar y observar los diversos pensamientos, experiencias sociales o culturales. Nunca he leído o escuchado expresiones suyas que marquen un pensamiento rígido, cerrado o autoritario y más de una vez me han sorprendido sus apreciaciones positivas sobre expresiones culturales y literarias denostadas y humilladas por los pensamientos dominantes.
En estos días leí sus cartas dirigidas al presidente de la Fundación El Libro sobre la visita del escritor peruano Mario Vargas Llosa y no encuentro ninguna censura ni veto a la visita del Premio Nobel. Simplemente expresó que creía inconveniente que Vargas Llosa inaugurara la Feria del Libro y expuso sus argumentos. ¿Por ser funcionario tiene vetada la opinión? Resulta entonces que Horacio González no tiene derecho a opinar y en los hechos es censurado (no por el Estado) por las corporaciones económicas y mediáticas que –cómo sabemos– a veces son más poderosas que los Estados.
Se ocultan algunas cuestiones importantes. La llegada original de Vargas Llosa al país, hasta donde llega mi pequeña información, no es en su rol de escritor y ganador de Premio Nobel, ampliamente reconocido desde diversos espacios ideológicos. El hombre viene a participar de un foro de la derecha continental, con invitados de España y otras latitudes. Ese encuentro denominado “El Desafío Populista a la Libertad Latinoamericana” se realizará entre el 17 y el 20 de abril en la ciudad de Buenos Aires, organizado por la Fundación Libertad y apoyado por algunas fundaciones cuasi-fascistas. Allí asistirán, con total libertad, varios personajes que no sólo son de derecha, sino cercanos a las peores prácticas políticas de nuestro continente, racistas, xenófobos (algún amigo dirá que es lo mismo...) y operadores de las agresiones militares de EE.UU. por el planeta. La presencia previa de Vargas Llosa seguramente ayudará mucho a la difusión y amplificación de este encuentro, porque nadie es ingenuo en estos asuntos... Estos son los datos que se ocultan y acá es –en parte– donde comienza la censura.
Quizá muchos hablan y opinan por el prejuicio hacia Horacio González y, a través de su persona, la descalificación hacia integrantes del espacio de Carta Abierta. El director de la Biblioteca Nacional, en su carta al presidente de la Fundación El Libro, plantea: “Considero sumamente inoportuno el lugar que se le ha concedido para inaugurar una Feria que nunca dejó de ser un termómetro de la política y de las corrientes de ideas que abriga la sociedad argentina”. Se puede acordar o no con la opinión, pero tiene todo el derecho a expresarla. Luego, sobre el final de la carta, quizás el mayor motivo del supuesto veto: “Lo invito a que reconsidere esta desafortunada invitación que ofende a un gran sector de la cultura argentina y que junto a las respectivas comisiones directivas de la Fundación El Libro determine que la conferencia de Vargas Llosa –que podríamos escuchar con respeto en la disidencia– se realice en el marco de la Feria pero al margen de su inauguración”. Una vez más, Horacio González expresa su desacuerdo e invita a reconsiderar la inauguración y no la presentación de Vargas Llosa en la Feria del Libro. Tampoco solicita que se le quite la invitación.
Muchas de las voces que se expresaron en contra de esta carta, sumadas a la inmensa campaña mediática de las corporaciones hispanoamericanas, cambian el lugar del debate y establecen latiguillos vetustos como los del “veto”, “censores”, “autoritarios”, etc., etc., etc. Estos descalificativos atacan desde argumentos falaces, escondiendo los motivos reales, ocultando el debate, porque tampoco pueden defender las ideas de Vargas Llosa. De este modo confirman la sensación que sobrevuela en el ambiente, por sus mismos argumentos: la crítica es en realidad a la adhesión o cercanía con el gobierno nacional. No se animan a expresarlo, pero lo sugieren. ¿Por qué Horacio González, el espacio de Carta Abierta o cualquier ciudadano no pueden plantear su negativa a que inaugure la Feria del Libro este personaje? ¿Dónde están la verdadera censura y el veto? Vivimos en una sociedad pluralista y cada quien tiene derecho a decir lo que piensa, empezando por Vargas Llosa, que ha descalificado, discriminado y atacado a gobernantes argentinos, latinoamericanos y a quienes en cada país apoyan procesos populares.
La presidenta de la Nación, en su rol de jefa de Estado, le solicita más tarde a Horacio González que revea su carta para que no se interprete mal: “Me hizo conocer su opinión respecto de que esta discusión no puede dejar la más mínima duda de la vocación de libre expresión de ideas políticas en la Feria del Libro, en las circunstancias que sean y tal como sus autoridades lo hayan definido”, describe Horacio González. Mientras él apuesta al intercambio de ideas y lo hace público, hay otros intelectuales, algunos supuestamente de izquierda o progresistas, que siguen esquivando el bulto. Por ejemplo, Martín Caparrós plantea que el equívoco está en no llamar a las autoridades de la Feria en forma privada y solicitar que cambien la invitación: eso es apriete. Con intención o sin ella, Caparrós sigue apostando –junto a otros– al no-debate de ideas, descalificando y sosteniendo el “debate” que imponen las corporaciones mediáticas y su maquinaria de propaganda.
Los absurdos ejemplos de que, en está lógica, Borges o Cortázar serían censurados en la inauguración de la Feria son una chicana bastante berreta. Como muestra de diversidad, entre muchas otras cosas, la Biblioteca Nacional –por intermedio de su director– ha homenajeado a intelectuales como Lugones (también invirtiendo sumas importantes en sus manuscritos) hace algunos años, cuando todos sabemos que Lugones terminó muy cerca del fascismo. Sin embargo, todos tienen su espacio en la Biblioteca Nacional, un ámbito actualmente de pluralidad, participación y donde acceden sectores sociales que nunca habían tenido lugar en esos recintos reservados a la aristocracia cultural de izquierda y derecha.
Por último, creo que es importante destacar el rol de la Presidenta. Si esta amplificación del conflicto no implica la renuncia de Horacio González en la Biblioteca Nacional, se habrá dado un enorme avance hacia una nueva forma de llevar adelante los debates públicos en estos momentos de la vida política del país, porque se muestra un gesto de tolerancia, que en los hechos concretos existe desde hace muchos años, hacia aquellos que no acuerdan con sus políticas, pero también manda un fuerte mensaje a su espacio político, dando lugar a que todas los voces del kirchnerismo expresen sus ideas, aunque ella no acuerde. De esta forma censura a los obsecuentes incapaces de pensamiento propio y le muestra a la sociedad que la pluralidad y diversidad de ideas es aceptada y convive en su amplio abanico de apoyos, llevando a los hechos concretos lo que muchos levantan como bandera, pero pocos tienen el valor de practicar.

* Periodista y docente. Página12

sábado, 26 de marzo de 2011

Definiciones de Eduardo Galeano al recibir el Doctorado Honoris Causa en Mendoza

“El único mesiánico de confianza es Messi”

El escritor recibió el Doctorado Honoris Causa en la Universidad de Cuyo. En el discurso, repasó la situación de Libia, el papel de EE.UU. y los derechos humanos. Se entusiasmó con los actuales procesos de América latina. Y alertó sobre las industrias extractivas.

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Después de recibir el Doctorado en la Universidad, Galeano participó en la marcha por el 24 de marzo.
Al recibir el Doctorado Honoris Causa que le otorgó en Mendoza la Universidad Nacional de Cuyo, el escritor y periodista uruguayo Eduardo Galeano dijo que se sentía “orgulloso” de obtener tal distinción “en un país que está a la vanguardia de los derechos humanos en el mundo”. El autor de Espejos. Una historia casi universal participó en diversas actividades durante su estadía en la provincia cuyana y estuvo a la cabeza de la marcha que se realizó el jueves, en la ciudad de Mendoza, para repudiar el golpe militar del 24 de marzo de 1976. Galeano les dedicó el premio a “a los militantes del agua y de los recursos naturales” y repudió a las empresas que se dedican a la minería a cielo abierto y a la industria forestal. “Son vendedores de prosperidad y felicidad que un día desaparecen, dejando tras de sí sólo agujeros y fantasmas, espacios vacíos.”
El escritor se refirió a temas de la actualidad internacional, como el peligro nuclear en Japón y la invasión a Libia por la OTAN. Recordó que el presidente Harry Truman, luego del ataque nuclear a Hiroshima y Nagasaki en 1945, aseguró que “Dios había puesto en manos de Estados Unidos esas bombas para que fueran bien utilizadas”. Galeano condenó “la condición mesiánica de los países dominantes” que ahora “están ‘salvando’ a Libia, con Francia y Gran Bretaña, y se sienten guiados por una misión sagrada”.
Sobre el tema deslizó dos ironías. La primera fue decir que cada vez que llega a los Estados Unidos pide que no lo “salven”. La segunda fue luego de preguntarse “qué quedará de Libia después de ser ‘salvada’ por estos mesiánicos”, frase que remató con una humorada: “El único mesiánico digno de confianza es Lionel Messi”.
Desde que pisó Mendoza, el escritor uruguayo se identificó con los que luchan contra la deforestación y contra la minería a cielo abierto. Subrayó que esos vecinos, militantes ecologistas, “son capaces de enfrentar a las empresas mineras que envenenan el agua, o a la forestal que seca la tierra, a los que cometen una imperdonable traición de la naturaleza apoderándose del agua para convertirla en negocio de pocos”.
Galeano lamentó que en la historia de la humanidad se haya considerado que “la naturaleza era algo que estaba al servicio del hombre”. Sostuvo que “incluso desde la izquierda se tomó (el tema) casi como un obstáculo y por ese camino hemos llegado adonde estamos hoy. Habría que estudiar a qué planeta nos vamos a mudar si seguimos destruyendo el planeta a este ritmo”. Aclaró que hablaba “en plural”, pero “a sabiendas de que soy inocente. No creo en esas historias en las que somos todos responsables. Quien generaliza, absuelve, decía la brillante Concepción Arenal. Cuando se dice que todos somos culpables, nadie lo es”.
Sostuvo, en ese sentido, que “la reducción del mundo a una suerte de porquería que hay que tirar al tacho de basura ha sido obra de las grandes empresas químicas, automotrices, energéticas, militares, que son las que están haciendo este desastre”. El escritor opinó que el problema en América latina es que “el tema ecológico no es popular”, porque “una parte importante de la opinión pública cree el cuento de esas inversiones”. Agregó que “desde hace cinco siglos es así y eso tiene que enseñarnos. Defender nuestros recursos naturales es una parte sustancial de la defensa de nuestra identidad cultural”.
En sus reflexiones, Galeano dejó una cuota grande de optimismo respecto del futuro. “Se vienen tiempos de cambio, soplan vientos de esperanza, se ha desatado una energía creadora valiosa, digna de estímulo en América latina. Nos estamos despertando de una larga fiesta colonial.” Luego de asegurar que siempre “nos han entrenado para la impotencia, para convencernos de que no podemos”, hay en el presente “una recuperación de la dignidad colectiva” que “es difícil de ver desde afuera, porque los países dominantes tiene la mala costumbre de despreciar a los dominados y como los desprecian, los ignoran”.
Afirmó que eso sucede cuando los países dominados “quieren liberarse de esas ataduras que no son sólo económicas o políticas, sino también culturales, porque esa impotencia es herencia colonial”. Dijo que es necesario “recuperar una visión horizontal, la diferencia entre la solidaridad y la caridad. La caridad es vertical, por lo tanto es humillante. Un viejo proverbio africano dice que la mano que da está por encima de la que recibe”. En cambio, “la mirada horizontal es de igual a igual, nos enseña a respetar realidades diferentes y nos permite verlas en sus diversidades”.
Galeano habló también de Internet. Dijo que “nació al servicio de la muerte, fue articulada por el Pentágono para coordinar operaciones militares a escala global y después se fue convirtiendo en otra cosa. Contra la expectativa de sus papás, la criatura creció por su cuenta. Resulta que ahora ha abierto espacios de repercusión para voces que antes sonaban como campanas de palo. Eso ha sido muy interesante y lo reconozco, contra todos mis prejuicios”. El escritor dio varias charlas, firmó libros y asistió a la marcha contra el golpe del 24 de marzo de 1976.

Página12

viernes, 25 de marzo de 2011

EL PELIGRO DE UNA SOLA HISTORIA


Vale la pena escuchar a la escritora nigeriana hablar de estos temas que nos tocan tanto.
En especial para reflexionar sobre la discriminación cultural y social y sobre el sentido de nuestra identidad

http://www.ted.com/talks/lang/spa/chimamanda_adichie_the_danger_of_a_single_story.html

jueves, 24 de marzo de 2011

La muerte argentina

Por Osvaldo Bayer
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Se cumplen treinta y cinco años. Escribo esto para los jóvenes que no vivieron ese pasado. Es una síntesis para tener en cuenta. Sólo queda el recuerdo del dolor ante crímenes como nunca habían ocurrido antes en la Argentina. De militares que se creyeron dueños de la vida y de la muerte. Con una sociedad civil cómplice. Una dictadura de la quema de libros y de la “desaparición”. De campos de concentración, de torturas y robos de las pertenecias de las víctimas. De personajes uniformados que se creían omnipotentes. De sectores económicos, intelectuales y religiosos que apoyaron desembozadamente ese sistema para “pacificar el país”. Miles de exiliados. La Muerte con todo su rostro de cinismo.
Pero las Madres.
Increíble el heroísmo de esas mujeres que dieron un ejemplo al mundo. Pocas veces en la historia humana se ha visto nacer un movimiento así, del dolor, solas ante una sociedad enemiga con miedo. Salir a la calle y reclamar por el destino de sus hijos.
Esos dos son los ejemplos que nos quedan de un período tan aciago. Los crímenes más inimaginables y el coraje de esas mujeres. Como resumen final del extremo de la crueldad, nada mejor que expresarlo en la muerte de las tres madres fundadoras de ese movimiento: Azucena Villaflor, Teresa Careaga y María Ponce: después de torturas indecibles, arrojadas al mar vivas desde aviones. ¿La humanidad ha asistido alguna vez acaso a un acto que supere algo tan sádico? Esto ocurrió en la Argentina.
Todo para asegurar un sistema económico de base liberal-capitalista que tiene un apellido imborrable: Martínez de Hoz.
Pero no nos detengamos sólo en la realidad de esa dictadura militar perversa y voraz, sino preguntémonos cómo fue posible. Fue posible por el fracaso de la sociedad civil. El horror ya había comenzado antes. Las Tres A fueron el símbolo de lo que luego iba a llegar al extremo. Prólogo: matar al enemigo político. Prefacio que terminaría en la desaparición de personas. Los partidos políticos gobernantes fueron cavando la tumba a la democracia tan esperada luego de que el pueblo consagrara a Cámpora con su voto y su deseo de democracia y de más justicia social. Pero apenas unos días después, Ezeiza y el reemplazo de Cámpora por el pariente de López Rega: Raúl Lastiri. Aquí ya comenzó a delinearse el espíritu de la represión que vendría poco después con toda fuerza. Tengo una experiencia personal. Mi primer libro, Severino Di Giovanni, el idealista de la violencia, fue prohibido por un decreto de Lastiri. Así, sin explicaciones. Preví entonces que vendrían tiempos muy difíciles. Primero se prohibiría, luego se quemaría y luego se asesinaría a sus autores. López Rega como poder omnipotente en las sombras. Luego de nueve meses de Perón, que terminaría con su fallecimiento, comenzará ya la lucha abierta.
El 12 de octubre de 1974 no sólo se prohibió el libro La Patagonia Rebelde, cuyos tomos estaba publicando, sino también el film del mismo nombre. Hablo de mi experiencia, pero es que esto pasó a ser una regla general con algo peor todavía: el asesinato en la calle de todo aquel sospechado de izquierdista. Isabel Perón, ascendida no por su capacidad sino por su nombre.
Sí, hubo intentos de salir del pozo, como la caída de López Rega, pero igual ya se iba directamente a la caída final. Los militares. Tres nombres para recordar: Videla, Massera, Agosti.
Ensuciaron nuestra historia para siempre. No ya la Década Infame. La década perversa. La perversión desde la Casa Rosada. “No están ni vivos ni muertos, están desaparecidos”, dirá el general Videla a los periodistas extranjeros. Cuando le preguntaron sobre gente que había sido detenida. Desaparecidos. Los generales harán lo de Malvinas para salvarse ante la historia. Pero demostraron la incapacidad de su oficio. Quedaron más de 600 soldados muertos en plena juventud.
El sistema de Videla-Viola-Galtieri produjo también otro crimen pocas veces registrado en la historia del ser humano: el robo de niños. A las mujeres embarazadas detenidas les quitaban el hijo en el momento del parto. El destino: esos niños iban a parar a matrimonios de militares, policías o adeptos al sistema que no podían tener hijos, bueno, pues a ellos iba el recién nacido. La madre que acababa de dar a luz, en casi todos los casos, era asesinada. En un país católico, con cardenales, arzobispos y obispos.
Todo esto es ya sabido. Ha salido todo a la luz. Pero nos empecinamos en repetirlo para que no se olvide de ninguna manera. Tuvieron que pasar más de dos décadas de la dictadura para que en nuestro país se comenzara a hacer verdadera justicia. Ni obediencia debida ni punto final ni indultos. La verdadera justicia.
Toda una historia trágica. Las dictaduras militares típicas de la Argentina. Tres décadas y media hace que comenzó a gobernar el cinismo más cruel. La lección nos dice que sólo nos queda el camino de la verdadera democracia, que no sólo debe conformarse con dar la libertad de poner el papelito en la urna cada dos años, sino lograr una sociedad en libertad, con derechos igualitarios. Todavía mueren niños de hambre en la Argentina. Cuando ya no haya estadísticas con esa vergüenza nacional, cuando ya las villas miseria pertenezcan al pasado, podremos decir que cumplimos con los principios de nuestros héroes de Mayo.
El nunca más a la Muerte Argentina.
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El feriado

Por Sandra Russo
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El feriado del 24 de marzo, en su momento, fue un tema debatido. No en los términos en los que estamos acostumbrados ahora a discutir las cosas, pero en 2006, cuando Kirchner envió ese proyecto al Congreso, se insinuaba todavía que los feriados eran contraproducentes porque este país necesitaba trabajar. Era absolutamente cierto, pero todavía no era visible, porque el ciclo recién empezaba, que este país iba hacia un modelo en el que los feriados iban a incluir también a trabajadores tomándose unos días y a la industria turística pimpante. En perspectiva, haber convertido este día en feriado fue un verosímil del modelo que se insinuaba pero embrionariamente, y un hito en la batalla cultural que hoy es explícita.
En este primer feriado del 24 sin Néstor Kirchner me vino a la cabeza una conversación que tuve en esos días con un compañero de este diario. Yo había estado de acuerdo con el feriado casi automáticamente, sin razonarlo ni medirlo ni sopesarlo. Aquel compañero, que había estado exiliado, me dijo “a partir de ahora, gobierne quien gobierne, ese día se cuenta la verdad”. Me lo dijo con asombro y casi como una deducción. Era la época en la que muchos militantes de derechos humanos sin vínculos con el peronismo empezaban a admitir que no había diferencia alguna entre las políticas de Estado que habían reclamado siempre y las que Kirchner hacía suyas.
Ese era el sentido del feriado, su inercia fuerte, su textura. Que a partir de entonces, gobernara quien gobernara este país, el feriado indicara un sentido. El sentido era el de las víctimas del genocidio. Para ese entonces, ya no había dos demonios ni guerra sucia ni defensa del ser nacional ni la salvación de la patria de individuos con ideas foráneas que venían a destruir el modo de vida argentino, y todos esos otros eufemismos que nos habían acompañado, como sonido ambiente, desde 1976. La Justicia había hablado de genocidio y eso se sellaba con un feriado y la institución del Día por la Memoria de la Verdad y la Justicia.
El sentido de este feriado fue y es, en consecuencia, anclar en nuestra idiosincrasia un grado de verdad que no fue declamativo ni cosmético, sino que fue acompañado de políticas que elevan los derechos humanos por sobre cualquier discusión ideológica. Sobre ideología se puede discutir todo. Sobre la masacre, sobre los secuestros, sobre las desapariciones, sobre el robo de bebés, sobre los cuerpos tirados al río, sobre los campos clandestinos, sobre esa monstruosa capa de sombra y muerte que implicó el golpe del 24 de marzo de 1976, ya no se puede decir nada. “Ya no tiene vuelta atrás”, dijo hace poco el presidente de la Corte Suprema de Justicia, Ricardo Lorenzetti. El feriado recogió evidencia jurídica e histórica, y la puso en contacto con las vidas reales de millones de ciudadanos argentinos: es la Nación la que admite el lamento por aquel día.
Siempre hubo y habrá actos organizados por los organismos de derechos humanos, siempre hubo y habrá plazas para recordar a las víctimas. Pero el feriado institucionalizó ese dolor. De alguna manera, cerró una discusión, marcó un fin de época y le dio carácter al ciclo nuevo. Desde escasos nichos recalcitrantes de la derecha siguen diciendo hasta hoy que este período es el de “la revancha” de los que “perdieron la guerra sucia”. Hemos leído esos argumentos hace muy poco, cuando tanto el gobierno porteño como el arzobispo de La Plata plantearon objeciones ante cuestiones curriculares que hablan del golpe del 24 de marzo.
Dicen que son “gramscianas”, sin aclarar qué de Gramsci está mal. Pero lo que hoy está muy claro es que esas objeciones son evidentemente ideológicas, y lo que dice el feriado va más allá de cualquier ideología. No se debe interrumpir el orden constitucional. No se debe matar. Si nos circunscribimos a esas dos oraciones, ¿quién y por qué motivo puede oponerse? ¿Qué tendencia política u orientación ideológica puede no estar dispuesta a atenerse y a congratularse de que todas las tendencias y orientaciones se atengan a su vez a esas dos reglas? No se debe interrumpir el orden constitucional. No se debe matar. ¿Quién no firma?
Aunque a veces parezca que lo que llamamos batalla cultural se circunscribe a una pulseada coyuntural, se trata de algo mucho más profundo y sedimentario. Se trata de la raíz de nuestras percepciones de la realidad y de nuestras explicaciones sobre el mundo. Así como no hubo nunca dos demonios, y el terrorismo de Estado se elevó solo y terrible a la categoría de las peores pestes que pueden asolar a una sociedad, tampoco hay ahora dos maneras de entender el sentido del feriado. No se debe interrumpir el orden constitucional. No se debe matar. Somos otro país si creemos eso.

Página12

martes, 22 de marzo de 2011

Lo que Obama debió haber hecho en Chile...

 Por Ariel Dorfman

Cuando Barack Obama desembarque en Chile por una visita de 24 horas, algo crucial va a faltar en su agenda. Habrá mariscos suculentos y discursos que elogien la prosperidad de Chile, acuerdos bilaterales y encuentros con los poderosos y los pomposos, pero no hay planes, sin duda, de que el presidente de los Estados Unidos tome contacto con lo que fue la experiencia fundamental de la reciente historia chilena, el trauma que el pueblo de mi país padeció durante los casi diecisiete años del régimen del general Augusto Pinochet.
Y, sin embargo, no sería imposible que Obama se asomara a una pequeña muestra de lo que fue la aflicción de Chile. A escasas cuadras del Palacio Presidencial de La Moneda, donde ha de ser agasajado por Sebastián Piñera, 120 investigadores se dedican asiduamente a recoger una lista definitiva de las víctimas de Pinochet para que se les pueda entregar alguna forma de reparación. Este es el tercer intento desde que terminó la dictadura, en 1990, para enfrentar las pérdidas masivas que ocasionó. Dos comisiones establecidas oficialmente ya habían escrutado una inmensa cantidad de casos de tortura, ejecuciones y prisión política, pero se fue haciendo claro, en la medida en que pasaban los años, que innumerables abusos de derechos humanos seguían sin identificarse. Y, de hecho, la indagación corriente ha recibido 33.000 solicitudes adicionales, horrores que todavía no habían sido registrados.
Aunque Obama no tiene derecho a leer ninguno de los informes confidenciales acerca de aquellos casos, unos minutos robados de su estricto calendario para hablar con algunos de los hombres y mujeres que llevan a cabo las pesquisas le informaría más sobre la escondida agonía de Chile que mil libros y reportajes.
Podría, por ejemplo, conversar con una investigadora llamada Tamara. El 11 de septiembre de 1973, el día en que Salvador Allende fue derrocado, el padre de Tamara, uno de los guardaespaldas de Allende, fue detenido, sin que jamás se supiera su paradero ulterior. Yo trabajaba en La Moneda en la época de la asonada militar y salvé la vida debido a una cadena de coincidencias milagrosas, pero el padre de Tamara no fue no tan afortunado, como no lo fueron varias buenos amigos míos, cuyos cuerpos todavía están sin sepultura.
O podría Obama auscultar los ojos de un abogado que conozco, al que lo secuestraron una tarde y que fue torturado durante semanas antes de que lo dejaran una noche en una calle desconocida, tan lejos de su hogar que fue inmediatamente arrestado de nuevo por romper el toque de queda. O por ahí Obama podría conversar con una antropóloga que tuvo que marcharse al exilio durante 14 años, perdiendo su país, su profesión, su idioma, y cuyo retorno a Chile fue tan angustioso como el destierro original, puesto que sus hijos, a raíz de su prolongada ausencia del país donde nacieron, habían decidido permanecer en el extranjero, lo que significa que esa familia estará para siempre escindida.
O si el presidente Obama se siente más cómodo conociendo lugares en vez de seres humanos de carne y hueso, podría familiarizarse con Villa Grimaldi, una casa de tormentos donde ahora se yergue un centro para la paz, o ceder diez minutos para visitar el Museo de la Memoria, donde hay exhibiciones que denuncian el terrible pasado de Chile.
Una razón por la cual tiene sentido que Obama haga todo lo posible por vislumbrar, aunque fuera a través de un vidrio oscuro, nuestra vasta y devastadora pena, es que los norteamericanos fueron, en gran parte, responsables de aquella tragedia. Washington ayudó y alentó y financió la caída del gobierno democráticamente elegido de Allende y la trayectoria dictatorial de Pinochet. En un momento en que la revuelta en Egipto, como en tantos otros países que se sacuden el yugo autoritario, le recuerda al mundo las consecuencias de sostener regímenes brutales, sería aleccionador para un presidente tan inteligente y compasivo como lo es Obama ver, de cerca y en forma personal, algunos de los hombres y mujeres que han sido destruidos por esa política.
Y Chile también ofrece un ejemplo de lo difícil que es confrontar los crímenes contra la humanidad, cuán difícil y también cuán necesario. En mi país hemos aprendido que si nuestra comunidad, nuestro pueblo entero, no mira de frente el pasado aterrador y arrastra hasta la luz su pesadumbre, si los responsables no reciben castigo, corremos el riesgo de que se corrompa nuestra alma misma.
Es una lección que Obama y sus compatriotas deberían imponerse. Dos años después de su inauguración, Guantánamo sigue abierta y no hay señal de que se proponga un enjuiciamiento de las violaciones de los derechos humanos bajo la administración de Bush ni tampoco una insinuación de que se les pediría perdón a las víctimas. Una comisión norteamericana que tome como modelo una como se ha establecido en Santiago podría constituir un primer paso hacia un ajuste de cuentas que, como bien lo sabemos los chilenos, no debería postergarse en forma indefinida.
Por importante que fuera esa experiencia para Obama, hay otra que sería aún más significativa. Por la noche va a cenar en el mismo Palacio Presidencial donde murió hace muchos años atrás Salvador Allende, en defensa del derecho de su pueblo a elegir su propio destino. Allende está enterrado en un cementerio no muy lejos de donde la elite del país va a estar brindando por la amistad eterna entre Chile y los Estados Unidos. En 1965, durante un viaje notable a Chile, Bobby Kennedy se salió del escrupuloso protocolo que se le había armado y se encontró con mineros expoliados y estudiantes universitarios hostiles y se sumergió en los problemas del país para conocerlos, para preguntarse cómo llegar a su resolución. ¿Y si Obama decidiera seguir el ejemplo de Kennedy –su ídolo, Bobby Kennedy– y se saliera del guión para hacer algo sin precedentes como una visita a la tumba de Allende? ¿Si muy simplemente se parase en ese lugar, estuviese a pie ante los restos de quien fue, como él, un presidente elegido por su pueblo, si le dedicara un par de minutos solitarios?
No sería imprescindible que pidiera perdón o expresara remordimiento por la intervención de los Estados Unidos en los asuntos internos de Chile ni por haber sostenido a Pinochet durante tanto tiempo. Bastaría ese gesto sencillo. Ese homenaje a un presidente que entregó su vida luchando por la democracia y la justicia social mandaría un mensaje a América latina, y de hecho a todo el planeta, que sería más elocuente que cincuenta discursos retóricos. Sería una señal de que quizá de veras sea posible una nueva era en las relaciones entre los Estados Unidos y sus vecinos al sur del río Bravo, que el pasado tan amargo e injusto nunca más ha de volver, nunca, nunca más.

* El último libro de Ariel Dorfman es Americanos: Los pasos de Murieta.
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lunes, 21 de marzo de 2011

Cómo hace el capital extranjero para comprar tierras fiscales en “zonas de seguridad” de Río Negro

Luego de la ley, llegó la trampa

En Bariloche, el 50 por ciento de las tierras están en manos foráneas. Primero son transferidas por las autoridades provinciales a intermediarios locales, que a los pocos meses ceden los terrenos a sus dueños finales.

Por Sebastián Premici
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Joe Lewis es dueño de 11.612 hectáreas en Lago Escondido y aprovechó una argucia legal para expandirse.
La gestión y manejo de los recursos naturales en Argentina, como la tierra, están bajo la jurisdicción de las provincias, derecho consagrado en la Constitución de 1994. En este sentido, uno de los casos paradigmáticos que dan cuenta de cómo se comercializa este recurso vital ocurre en Río Negro. Según la información catastral oficial, los distritos de Bariloche y el Bolsón suman en total 510.000 hectáreas, de las cuales el 35 por ciento está en manos de extranjeros. En Bariloche, ese porcentaje llega al 50 por ciento (118.000 hectáreas). En muchos casos, las tierras fiscales que terminan en manos extranjeras primero son transferidas por las autoridades provinciales a intermediarios locales, que a los pocos meses ceden los terrenos a sus dueños finales. Esta operatoria es aplicada para sortear una ley que restringe que las tierras ubicadas en las zonas de seguridad sean vendidas a extranjeros. Además, existe una normativa provincial que establece que no pueden revenderse las tierras fiscales antes de cumplidos los cinco años de cancelado el bien. Página/12 analizó las operatorias relacionadas con Joe Lewis, dueño de 11.612 hectáreas, y el Grupo Burco Argentina SA, compañía de origen belga que tiene 7080 hectáreas.
Las llamadas “zonas de seguridad” son las regiones limítrofes definidas por una extensión de 150 kilómetros en área continental y 50 kilómetros en el área marítima. Si bien la ley prohíbe que cualquier persona de otro país pueda adquirir porciones de tierra en estas zonas, existe la posibilidad de solicitar un pedido de conformidad ante el Ministerio del Interior (decreto ley 15.385/44), donde deben cumplirse ciertos requisitos para la adjudicación. Según denunciaron los legisladores provinciales Luis Bonardo y Luis Bardeggia (Bloque Foro Rionegrino) ante la fiscalía penal de Viedma, a cargo de Daniela Zágali, en “Río Negro se venden tierras a extranjeros a partir de un ardid que involucra a intermediarios”.
“Cuando se privatiza el recurso más valioso que es la tierra para realizar un emprendimiento inmobiliario, se les quita a cientos de familias la posibilidad de su sustento. No estamos en contra de la actividad privada, pero creemos que hay que poner reparos”, afirmó a Página/12 Bardeggia, legislador que ingresó junto al FpV y luego armó un bloque junto a Bonardo.

Un lago escondido

El inglés Joseph Lewis adquirió hace quince años la estancia Lago Escondido, una propiedad que había comprado originalmente la familia Montero durante la primera presidencia de Juan Domingo Perón, y fundó la empresa Hidden Lake SA. Fueron aproximadamente 10.000 hectáreas que contienen dentro del predio el lago y distintos cauces de ríos a partir de los cuales Lewis construirá una empresa hidroeléctrica junto a Pampa Energía. El año pasado, la Legislatura provincial sancionó una ley donde aprobó el proyecto de Lewis, y se fijó la obligación de pagar un canon por el uso del agua, que todavía no fue definido.
Después de la adquisición original de las 10.000 hectáreas, el empresario inglés comenzó a comprar tierras aledañas hasta llegar a las 11.612 hectáreas. De ahí se desprenden las distintas denuncias ante la fiscalía de Viedma, que involucraron al menos 603 hectáreas vendidas a partir de distintos intermediarios.
¿Cómo fue la operatoria? El 2 de febrero de 2006, el gobierno provincial de Miguel Saiz adjudicó un predio rural de 329 hectáreas al presidente de la Empresa Forestal Rionegrina (Emfor), José Luis Martínez Pérez, por un precio de 251.113 pesos (763 pesos la hectárea). El 27 de diciembre del mismo año, a través de un boleto de compraventa, la propiedad fue transferida a Nicolás Bernardo Van Ditmar. En dicho contrato se especificó que Van Ditmar realizaba la operación “por gestión de negocios y con dinero de y para Hidden Lake”.
Como remarcó Bardeggia en diálogo con este diario, transcurrieron sólo diez meses desde la primera operación, cuando la ley estipula que deben transcurrir cinco años. La misma operación, con los mismos intermediarios, se había realizado en 1997, con un predio aledaño de 247 hectáreas.
Según indicó la gobernación de la provincia el año pasado, la ley que regula el plazo de “inenajenabilidad” de un terreno “cayó en desuso”. “Impedir que un titular venda a un tercero sería menoscabar el derecho de propiedad”, indicó la gobernación a través de un documento difundido por la Secretaría de Comunicación de la provincia.
Por otro lado, el estado provincial adjudicó el año pasado 19.000 hectáreas a la empresa Pampa Energía, terrenos que son aledaños al Lago Escondido. La empresa de Marcelo Midlin tiene el 98 por ciento de la Hidroeléctrica Lago Escondido, según figura en su página web, que es construida dentro del predio de Lewis. “Para que quede claro, el problema no es que se invierta en energía, sino que se regale la tierra o que no se discuta cómo gestionar los recursos naturales”, señaló el legislador, quien agregó que “el intermediario para la venta de las tierras de Pampa Energía fue Van Ditmar”.

Quién es quién

Van Ditmar es presidente del directorio de Hidden Lake, y titular de un predio de 8000 hectáreas (Bahía Dorada SA), en el cual Lewis construyó un aeródromo “para comodidad personal”, según explicaron a este diario fuentes de la compañía Hidden Lake. El aeródromo también está ubicado en una zona de seguridad, según la definición de la Ley 15.385/44. Por su parte, Martínez Pérez, además de ser presidente de Emfor –empresa privada con participación mayoritaria del Estado– recibió un “poder especial” por parte de Lewis para representar legalmente a Hidden Lake, con fecha de diciembre de 1998.
Más cerca en el tiempo, en 2008, la provincia le vendió a la empresa Forestal y Ganadera San Tadeo SRL –a través del intermediario Fernando Valenzuela, que integra el mismo estudio de abogados que Martínez Pérez–dos predios, uno por 4526 hectáreas (donde se pagó 36 pesos la hectárea) y otro por 5598 hectáreas (27 pesos la hectárea). Después de algunos meses de realizada la primera operación, las más de diez hectáreas fueron transferidas a Ana María Trianes, cónyuge de Martínez Pérez e integrante del mismo estudio de abogados. Toda esta información está documentada en el Registro de la Propiedad de la provincia, al que Página/12 tuvo acceso. Por su parte, desde el área de comunicación de Hidden Lake indicaron a este diario que las compras que se realizaron a Martínez Pérez “no fueron irregulares”, aunque reconocieron que “hubo algunas desprolijidades” en cómo se gestionaron las operaciones.

Página12