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sábado, 26 de abril de 2014

Claire Mouradian, profesora de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales en París

“El genocidio es un problema actual”

Hoy se cumplen 99 años del exterminio del pueblo armenio a manos de las autoridades otomanas, que comenzó en 1915 y que terminó con la vida de un millón y medio de personas. La experta explica por qué algunos países no lo reconocen.


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“El no reconocimiento del genocidio armenio está relacionado con intereses económicos.”
Existen grupos de extrema derecha en Turquía que quisieran exterminar a los armenios que quedan. Así lo aseguró Claire Mouradian, profesora de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales en París y experta en el genocidio armenio. “Todavía quedan grupos que dicen abiertamente que el trabajo no fue terminado. El genocidio no es sólo un problema del pasado, es un problema actual. Hay países, como Estados Unidos, que no quieren confrontar con Turquía”, sostuvo. Como cada 24 de abril, hoy se conmemora en todo el mundo un nuevo aniversario del exterminio del pueblo armenio a manos de las autoridades otomanas, que comenzó en 1915 y que terminó con la vida de un millón y medio de personas. “El no reconocimiento del genocidio armenio está relacionado con intereses económicos y estratégicos. Turquía es miembro de la OTAN, es un actor clave en la región”, explicó Mouradian sobre el hecho de que pocos países reconozcan el plan sistemático de aniquilación física y cultural de los armenios entre 1915 y 1923.
Estados como Argentina, Chile, Rusia y Canadá reconocen el genocidio armenio. Sin embargo, otros como Alemania, Estados Unidos, España e Israel no han tenido hasta la fecha un pronunciamiento concreto. El caso más llamativo es el del Estado judío, creado tras el Holocausto. “Hay israelíes que están luchando por el reconocimiento del genocidio armenio. De hecho, los primeros en prestar atención al genocidio armenio fueron los judíos, dentro y fuera del imperio otomano. Pero el Estado de Israel no lo reconoce, porque su posición en Medio Oriente es complicada y existen intereses comunes con Turquía. Esto no significa que los israelíes, o algunos israelíes no lo reconozcan. No todo es blanco y negro. Lo mismo pasa en Turquía”, destacó Mouradian. “No condeno a las generaciones jóvenes, porque en los libros escolares está escrito lo que el Estado quiere que aprendan. Pero muchos saben lo que pasó. Quedan iglesias armenias. En épocas del imperio, había casi dos millones y medio de armenios. Estaban en las principales ciudades del imperio. Ahora hay más información, más debate”, agregó.
Mouradian, que participó este mes del Congreso Internacional sobre Genocidio Armenio organizado por la Universidad Nacional de Tres de Febrero, señaló que Turquía debe asumir su responsabilidad ante lo ocurrido. “Los turcos les quitaron todo a los armenios y deberían devolverles todo. Casas, bienes, iglesias, cuentas bancarias. En el tratado de Sèvres de 1920, cuando se hizo una repartición del imperio otomano y se crearon nuevos estados, se condenaron los crímenes de guerra y se elaboró una lista de reparación. Era una lista precisa. Los herederos del imperio otomano no quieren hacerse cargo de esas deudas”, aseveró, y dijo que Turquía no quiere aceptar este legado por una cuestión económica y de imagen. “Aceptarlo implica reconocer cómo fue construida Turquía. Les hicieron creer a los turcos que están allí desde siempre y que los armenios nunca existieron. Eso es negacionismo puro”, añadió.
El genocidio armenio, en plena guerra mundial, respondió a un intento por reconfigurar un imperio en decadencia, según Mouradian. “Hubieron distintos intentos de salvar al imperio otomano, que estaba el declive. El primer intento era darles iguales derechos a quienes vivían en el imperio. Hubo algunos cambios en la Constitución para reconocer los mismos derechos a musulmanes y no musulmanes. Finalmente no prosperó y el imperio seguía desintegrándose. Se decidió aplicar la islamización y a eso le siguió la creación de una nueva nación: Turquía. Había armenios, búlgaros, kurdos, albaneses y árabes. Se trataba de una creación artificial. Entonces decidieron turquizar a los no musulmanes”, contó. Los armenios eran considerados el componente más peligroso dentro del imperio porque –según la experta– eran cristianos y tenía contacto con los rusos a través de sus fronteras, principal enemigo de los turcos. Además, debido a masacres previas, se habían constituido movimientos armados y vivían en comunidades muy compactas.
“Los armenios ocupaban un buen lugar en la estructura económica del imperio, por lo que representaban un obstáculo para la turquización de la economía. Pero eran el primer eslabón. Los griegos, los caucásicos y los judíos también fueron un objetivo para los turcos. Hicieron una ingeniería territorial y demográfica”, prosiguió Mouradian. Talaat, el ministro del Interior del imperio, fue el que planificó el genocidio, el que vigiló pueblo por pueblo la actividad en la península de Anatolia y organizó el desplazamiento de los distintos grupos. “La idea era desplazarlos para que no constituyeran un grupo homogéneo y poder asimilarlos, convertirlos en turcos. Al final de la Primera Guerra Mundial, la mitad de la población de Anatolia había cambiado”, apuntó la experta francesa de origen armenio.
Una de las consecuencias del genocidio fue la gran diáspora armenia. “La mitad de la población armenia desapareció. Pero la consecuencia más notable fue la creación de una gran diáspora. Por eso hay armenios en Argentina, en Brasil, en Estados Unidos, en Francia. Es un problema para los turcos, porque adonde vayan siempre hay armenios. Un efecto bumerang”, bromeó Mouradian. Más allá de que los perpetradores del genocidio estén muertos, la investigadora consideró que el exterminio es aún un tema caro para los turcos. “Es difícil admitir que tus ancestros son asesinos, que tu casa fue usurpada, que tu pasado no fue tan glorioso”, reconoció.
Entrevista: Patricio Porta


REP   nos ilustra en pagina12

martes, 24 de abril de 2012

Dia del Genocidio Armenio


Como adhesión a la causa del pueblo armenio presentamos el enlace y los objetivos de ésta entidad .


La Fundación

La Fundación Luisa Hairabedian es una organización sin fines de lucro que promueve el ejercicio efectivo de los derechos humanos, la lucha contra la impunidad y la prevención de genocidios a través de acciones judiciales, programas culturales, educativos y académicos.



Nuestra Historia:

  En el año 2005 se creó la Fundación Luisa Hairabedian con el objetivo de auspiciar y promover el Juicio por el Derecho a la Verdad del Genocidio Armenio iniciado por Gregorio Hairabedian con el patrocinio letrado de la Dra. Luisa Hairabedian en el año 2000.
Luisa  falleció en el año 2004 justo después de haber regresado de una gira por Europa para conseguir apoyo internacional para la búsqueda de archivos internacionales de distintos países europeos, con el fin de ser presentados como evidencia probatoria en el Juicio por el Derecho a la Verdad.El compromiso de Luisa Hairabedian con la defensa y promoción de los derechos humanos se expresó en vida a través de su compromiso con la vigencia del sistema democratico en la República Argentina y su solidaridad con las distintas formas de resistencia a la dictadura militar que azotó al país en el período 1976-1983.
Tras su fallecimiento, se decidió rendirle homenaje a su militancia por  la preservación activa de los valores Verdad, Memoria y Justicia con una institución que llevara su nombre y que se dedicara a promover su incansable lucha por los derechos humanos,

Nuestros Valores:

A través de la Fundacion Luisa Hairabedian se promueven valores y acciones del humanismo real para un mejoramiento de las relaciones de convivencia humana a partir de la defensa y promoción delderecho a la vida y a la dignidad, entendidos éstos como pilares fundamentales de los Derechos Humanos.
Los genocidios y las violaciones sistemáticas a los derechos humanos han negado históricamente estos principios. Concientizar y dar a conocer estos fenómenos es fundamental para prevenir futuras matanzas y genocidios.
                                                                                   
Nuestra Misión:

  • Continuar con  acciones legales para el reconocimiento, la verdad y la justicia del genocidio armenio, como el Juicio por la Verdad  que contó con el apoyo de las instituciones tradicionales de la Comunidad Armenia que tramitó ante la Justicia Federal de la Capital Federal y que culminó con una sentencia favorable en abril del 2011.
  • Seguir produciendo la obra de teatro “Un Mismo Árbol Verde” a nivel nacional e internacional y apoyar proyectos artísticos-culturales independientes relacionados a la defensa de los derechos humanos y educación para prevención de genocidio.
  • Llevar adelante el “Programa Educativo de Derechos Humanos y Genocidio”  para educar y crear conciencia en alumnos secundarios de Capital Federal, Gran Buenos Aires y el resto del País sobre problemas como la discriminación, las violaciones a los derechos humanos y la impunidad.
  • Expandir y potenciar el “Centro de Estudios Latinoamericano sobre Genocidio y Derechos Humanos”, con académicos, cientificos y profesionales de distintas universidades del país, latinoamerica y el mundo.

Programas:

1. Area Jurídica: Juicio por el Derecho a la Verdad del Genocidio Armenio


En el año 2001 se presentó una demanda ante la justicia federal porteña reclamando una declaración formal de autoridad judicial competente sobre la verdad del genocidio armenio. El desarrollo progresivo de principios universales de derechos humanos en Argentina y Latinoamérica permitió a la justicia argentina desplegar una investigación de más de 10 años con el fin de verificar judicialmente la existencia o no de un genocidio contra el pueblo armenio en el periodo 1915-1923 que culminó con una sentencia favorable que declara con entidad de sentencia definitiva “que el Estado de Turquía cometió el delito de genocidio contra el pueblo armenio durante 1915-1923”.
Desde el año 2001 al presente se han recopilado y presentado ante el Juez Federal Norberto Oyarbidedocumentos oficiales desclasificados de distintos países de América, Europa y Asia, como así también testimonios de sobrevivientes del genocidio armenio residentes en Argentina, que formaron parte de la evidencia probatoria del juicio.
El Area Jurídica busca promover la prevención de genocidio a través  del estudio de  topicos específicamente jurídicos como la Jurisdicción UniversalDerecho a la Verdad, Justicia Transicional, el análisis de casos como Genocidio Armenio, Holocausto, Ruanda, Camboya, Darfur, Pueblos Originarios, Violaciones sistemáticas a los DD.HH en el Cono Sur con el objetivo de formar especialistas  y expertos en Derecho Internacional de los Derechos Humanos y Derecho Penal Internacional.
Asimismo tiene como objetivo poner en práctica acciones legales concretas contra la impunidadde las violaciones a los derechos humanos ante organismos públicos y privados, nacionales e internacionales con el objetivo de prevenir e impedir futuros genocidios.

2.  Area Educativa: Programa Educativo  Genocidios y Derechos Humanos.


La educación en todos sus niveles es un objetivo en sí mismo de la Fundación Luisa Hairabedian. Por eso, desde el año 2006 el “Programa Educativo: Genocidios y Derechos Humanos” trabaja con escuelas secundarias, en la elaboración de distintos proyectos educativos, artísticos y culturales.
Del mismo participan adolescentes de entre 15 y 18 años de escuelas secundarias de la Ciudad de Buenos Aires y Gran Buenos Aires. Los distintos proyectos, pensados y elaborados por los mismos estudiantes, docentes y directivos, abordan diversos ejes trabajados en el aula.
Entre ellos podemos enumerar el genocidio armenio, el holocausto, el caso Ruanda, las violaciones masivas a los derechos humanos en el Cono Sur durante los años ´70 y ´80 y diversas problemáticas vinculadas a la discriminación.  
De esta manera, en nuestro trabajo intervienen los distintos sectores de la comunidad educativa, en el cual intentamos a través de la educación media plasmar la lucha por el efectivo cumplimiento de los derechos humanos y fortalecer la conciencia en materia de prevención de genocidios.

3. Area Cultural: Obra de Teatro "Un Mismo Árbol Verde"

Contacto: info@genocidios.org 

Luisa Hairabedian, fallecida en plena juventud, co- patrocinante en el Juicio por la Verdad sobre el genocidio del pueblo        armenio, comentaba con su amiga Claudia Piñeiro los relatos de la abuela de una familia armenia sobre los acontecimientos trágicos por los que había pasado ella y su familia durante la deportación ordenada por los gobernantes turcos entre los años 1915 y 1923.

Claudia Piñeiro (Premio Clarín Literatura 2005, Premio ACE 2006 y Premio Sor Juana Inés de la Cruz 2010) encuentro tras encuentro, supo tomar nota detallada de las vivencias de la Metzmareproducidas por Luisa y con la humanidad que la caracteriza captó brillantemente los sentimientos y los temas involucrados en aquellas. Así imaginó y creó esta historia de esperanza dando vida a Dora y a Silvia, pero también, a la Metzma y a Anush mismas, quienes viven en cada uno de sus recuerdos. 
La obra ha sido galardonada y mencionada en numerosos festivales teatrales y está siendopresentada en diversas provincias, municipios y localidades de todo el país.

4. Area Académica: Centro Latinoamericano de Estudios sobre Genocidio y Derechos Humanos - CLEGDH- 


El “Centro Latinoamericano de Estudios sobre Genocidio y Derechos Humanos” (CLEGDH) surgió a partir de la necesidad de institucionalizar un espacio de pensamiento de corte académico que trabajara profesionalmente y de forma interdisciplinaria, comparativa y con una perspectiva latinoamericana con el centro documental que tiene la Fundacion Luisa Hairabedian que incluye testimonios orales de sobrevivientes del genocidio armenio, documentación original internacional, bibliografía específica en Historia, Filosofía, Derechos Humanos, Derecho Penal Internacional y otras ciencias sociales más archivos de prensa relacionados al Genocidio Armenio y otros procesos de la misma naturaleza. Ello,con la intención de crear conocimiento y pensar abiertamente en espacios de discusión para prevenir y advertir futuros procesos genocidas u otras graves violaciones de los derechos humanos.
El CLEGDH está integrado por investigadores universitarios y jóvenes profesionales con perfil académico dedicados al estudio de procesos genocidas, diaspóricos y traumáticos, como así también delitos de lesa humanidad, que participan en congresos, conferencias, seminarios y publicación de libros y artículos especializados, nacionales e internacionales relacionados a la temática 
En cuanto a las actividades de formación académica a nivel universitario la Fundación viene trabajando junto al Programa de Historia Oral de la Universidad de Buenos Aires junto al Profesor Alejandro Schneider (profesor de la Facultad de Historia de la UBA y Director del Programa de Historia Oral de la UBA) y su equipo docente para crear un centro documental de testimonios orales de sobrevivientes del genocidio armenio residentes en Argentina que sirviera como prueba para ser presentado ante el Juzgado donde tramitó la causa por el Derecho a la Verdad como prueba testimonial. En pos de ese objetivo concreto, entre la Fundación y el Programa de Historia Oral de la UBA se acordó formar un equipo ad hoc de jóvenes historiadores-entrevistadores de origen armenio que actuando bajo la coordinación del Profesor Schneider formó el Centro de Estudios Sobre Genocidio y Derechos Humanos (www.clegdh.org) ren el marco del cual se recopilaron alrededor de 20 entrevistas a sobrevivientes y testigos oculares del genocidio que fueron grabadas y filmadas. Actualmente dichas entrevistas forman parte de un Archivo de Historial Oral del Genocidio Armenio, de acceso público para todos los interesados, que se encuentra en la Fundación.

Relaciones Internacionales:

En el marco de las actividades internacionales del Centro Latinoamericano de Estudios sobre Genocidios y Derechos Humanos  se realizan convocatorias para asistir becado al curso intensivo de verano organizado por el Instituto Zoryan y el International Institute for Genocide and Human Rights Studies en Toronto, Canadá.
Los docentes mas calificados a nivel internacional dictan este curso intensivo que dura dos semanas y se lleva a cabo en la Universidad de Toronto. Los docentes que dictan las clases, representan una variedad de especialidades, incluyendo la historia, sociología, filosofía, ciencias políticas, y derecho internacional, que proporcionan a los estudiantes con un enfoque fuertemente interdisciplinario y comparativo.
Para mas info contactarse a info@clegdh.org

Convenios y Acuerdos: 

Contamos con convenios y acuerdos de trabajo con los siguientes organismos e instituciones:

-Secretaría de Derechos Humanos de la Nación
-Archivo Nacional de la Memoria
-INADI
-Universidad de Buenos Aires
-Centro Cultural Borges
-Instituto Nacional del Teatro
-Zoryan Institute 

Los proyectos de la Fundación Luisa Hairabedian han sido declarados de interés institucional por:
• El Honorable Senado de la Nación,
• La Secretaria de Derechos Humanos de la Nación
• El Archivo Nacional de la Memoria
• El INADI
• El Instituto Nacional del Teatro
• El Instituto Espacio para la Memoria
• El Centro de Estudios e Investigaciones del Holocausto
• La Red de Investigadores en Política y Genocidio Indígena
• El Programa de Historia Oral de la UBA
• La Cátedra Libre de Derechos Humanos de la UBA
• La Junta de Profesores de la Carrera de Historia de la UBA
• El International Institute for Genocide and Human Right Studies.

Exterminio armenio, el genocidio silenciado


Por Súlim Granovsky *
En 1915, el 24 de febrero, los turcos secuestraron a la elite intelectual armenia, el Iluminismo armenio, para privarla de su iniciativa de resistir y organizar la defensa de sus conciudadanos ante el gigantesco pogromo que estaba preparándose en las sombras. Centenares de escritores, poetas, abogados, médicos, arquitectos, sacerdotes, políticos fueron asesinados en el transcurso de horas. En el corto tiempo siguiente fueron arrancados de sus hogares los hombres y los jóvenes para incorporarlos a las fuerzas armadas, aunque su status militar les duró poco porque les arrebataron las armas y los esclavizaron para las tareas más duras hasta conseguir su exterminio por hambre y frío, o con el tiro final de gracia cuando sus fuerzas los habían abandonado definitivamente. Despobladas las viviendas de hombres, las mujeres y los niños salieron a las caravanas de la muerte por el desierto con el objetivo inalcanzable de llegar al destierro en Alepo. Quienes sobrevivieron, ya que pocas llegaron a Siria, fueron masacradas por los soldados turcos en los caminos, balanceándose en los postes colgadas del cuello, muriendo sin alimentos ni agua. Como hicieron los nazis con la burguesía rica húngara que pagó su pasaje en los trenes camino a los campos de concentración y las cámaras de gas, también algunos armenios subieron a los trenes y murieron ahogados sin destino en los vagones. No tuvieron suerte las jóvenes sobrevivientes porque fueron violadas por los turcos y sus cómplices kurdos o seleccionadas para poblar los harenes de los poderosos. Lo entendemos los argentinos: les arrebataron a las madres sus niños para darlos en adopción a hogares musulmanes donde perdieron los rastros de su pasado familiar, étnico y nacional.
El argumento de los genocidas siempre tiene coincidencias. Los nazis exterminaron a seis millones de judíos acusándolos de ser parte de la plutocracia dominante en el mundo de dinero. Al millón de gitanos por pertenecer a una raza inferior. A los políticos de izquierda por introducir ideologías extrañas al paganismo hitleriano. A los 500.000 homosexuales condenados al holocausto rosa por su incapacidad de procrear rubios de ojos celestes. Los Testigos de Jehová, que no portaban la estrella de David de los judíos sino un triángulo identificatorio violeta, castigados hasta la muerte por objetores de conciencia que se negaban a ser movilizados militarmente.
¿Y a los armenios? En nombre del nacionalismo turco otomano había que castigar su oculta rusofilia que preparaba su traición al imperio, para lo cual era necesario extrañarlos de su tierra, despojarlos de los comercios, los cultivos de sus campos, de los muebles de sus hogares, las artesanías, los adornos, las bibliotecas y, desde luego, el dinero y las joyas que tuviesen. Nada quedó de una clase armenia poderosa y rica, de una próspera burguesía mercantil, de las escuelas y las bibliotecas. De los más de dos millones de armenios que vivían en el imperio hasta el año 1915, en el transcurso de cortos ocho años el genocidio armenio se cobró 1.500.000 víctimas.
Habían transcurrido 600 años de convivencia pacífica en el seno del imperio, donde los armenios compartían el manejo de las finanzas, los negocios, las exportaciones. La mayor parte de los edificios de Constantinopla los habían construidos arquitectos armenios. Las principales mezquitas fueron también obra de arquitectos armenios. Funcionarios armenios asesoraban a los jerarcas oficiales turcos. Con todo, era una paz ficticia, porque una serie de avatares presagiaba el final de esa precaria concordia previa al genocidio de 1915. En sólo un par de años desde 1895 Abdul Hamid, el Sultán Rojo, así bautizado por sanguinario, desató el aniquilamiento de 300.000 armenios. Durante la era hamidyana “cualquier musulmán tenía permiso para probar el filo de su sable en el cuello de un cristiano armenio”. Algo selectivo en su instinto asesino, Hamid ordenó masacrar a los armenios de Anatolia particularmente si estaban vinculados con los partidos políticos y con las misiones religiosas, ámbitos peligrosos porque se trataba de organizaciones sociales con capacidad de convocatoria y esclarecimiento de la realidad. Es cierto que en 1908 el naciente movimiento de los Jóvenes Turcos había derrocado a Hamid, generando la solidaridad de los armenios. El encanto duró poco, porque en las reuniones secretas del Partido Unión y Progreso de los Jóvenes Turcos se resolvió que los armenios eran enemigos internos del proceso de turquificación y debían ser perseguidos hasta su aniquilamiento. El ministro del Interior, Talaat, consideró que como los armenios “habían perdido el derecho a la vida en el Imperio Otomano”, en una guerra santa no debían desperdiciarse municiones y había que matarlos a cuchilladas o ahogarlos en el Eufrates. Así se hizo.
No cicatrizó la herida abierta porque el negacionismo turco pervive en el artículo 301 de su Código Penal, que penaliza la sola mención del exterminio armenio, pese a que una categórica mayoría de Estados nacionales lo condena. En nuestro país se prohibió la negación de la existencia histórica del delito de genocidio y se incorporó a la Ley Nacional Nº 23.592 el siguiente texto: Será reprimida con prisión de un mes a dos años la difusión por cualquier medio de ideas o doctrinas que nieguen, justifiquen o trivialicen flagrantemente la existencia histórica de conductas enmarcables en el delito de genocidio –en particular la Shoá (Holocausto), el genocidio armenio y el terrorismo de Estado que tuvo lugar durante la última dictadura militar en Argentina– de modo que afecte la dignidad o el derecho a la no discriminación de alguna persona o grupos de personas por cualquier pretexto, ya sea en forma directa o indirecta. En aquellos casos en que la referida conducta se ejecute de modo tal que pueda implicar una incitación a la violencia, la persecución o el odio, será aplicable lo dispuesto en el último párrafo del Art.3. Durante la presidencia de Néstor Kirchner se sancionó la ley que designa al 24 de abril como Día de Acción por la Tolerancia y el Respeto entre los Pueblos.
* Autor del ebook Exterminio armenio, el genocidio silenciado, de acceso gratuito en Internet.


Página12

sábado, 14 de mayo de 2011

Entre la barbarie y las búsquedas

 

Por Osvaldo Bayer
Desde Bonn
Pese a la gran vergüenza de la moral humana ante el episodio Obama-Osama, la ética no se rinde y sigue su lucha silenciosa pero firme. Y pese al bombo de los medios del poder financiero mundial, el neoliberalismo económico –ayudado con el optimismo de Vargas Llosa– nos sigue mostrando a diario que necesita el gran debate. Veamos si no el caso Grecia, en el mercado común europeo, con su deuda de 65 mil millones de euros, para no hablar de la desocupación en España. ¿Y el modelo Estados Unidos? Más de seis millones de sus habitantes ya pasaron más de seis meses sin trabajo y más de cuatro millones no trabajan desde hace un año. Y el otro aspecto: las guerras en el mundo árabe, de una crueldad ya desatada en sus extremos. Aquí, como ejemplo, en Alemania, el Partido Liberal ha caído al cuatro por ciento en los pronósticos para las próximas elecciones.
Y basta leer el último informe de Unicef para mostrar a dónde nos lleva el sistema que domina el mundo: las catástrofes naturales que suceden de acuerdo con el cambio climático han producido el pasado año 296.800 muertos. La mitad, niños. Y señala textualmente: “Los niños son víctimas de doble violencia porque ellos, por falta de alimentación y enfermedades, ya presentan síntomas de debilidad. En los últimos años han aumentado sensiblemente las catástrofes de la naturaleza por el cambio climático: de 250 en la década del noventa a 392 entre el 2000 y el 2008, y ya en el 2010 alcanzaron a 373 de esas catástrofes, marcando un triste record.
Eso ya tuvo consecuencias en Alemania. El Partido Verde, cuyo programa es casi exclusivamente la defensa de la naturaleza y la lucha contra el sistema de consumo y de las centrales atómicas, ha ascendido en el voto como ningún otro partido. Ya ha ganado en uno de los estados del sur alemán y en las encuestas saltó del quinto lugar al segundo en el plano nacional. Un llamado de atención a la sociedad de consumo. Pienso en Buenos Aires a las seis de la tarde: un automóvil detrás de otro en inmensas masas de acero y gases, como gusanos unos detrás de otro, en el reino de la irracionalidad. Cambiar el cielo azul por las nubes de gases. Primero los niños. No, el auto.
Pero vayamos a lo positivo. Los pequeños pasos que dan los seres humanos ante la irracionalidad y los crímenes de otros. Por ejemplo, en Potsdam, cercano a Berlín, se ha inaugurado un museo dedicado a Johannes Lepsius, llamado “el ángel protector de los armenios”. Durante décadas olvidado y denostado, ahora surge su personalidad. Lepsius fue el hombre que –siendo Alemania aliado de Turquía en la Primera Guerra Mundial– atacó con toda energía al ministro de Guerra turco Enver Pascha y lo acusó junto a su gobierno de ser los autores de “el exterminio planificado de otra nación”, ya en 1915. Desde ese momento Lepsius no descansó. Se calcula que envió su denuncia, titulada “Informe sobre la situación del pueblo armenio en Turquía”, a más de veinte mil direcciones de todas partes del mundo. En 1916, en Alemania se prohibió el informe de Lepsius. Este, como reacción, creó la Obra de Ayuda al Pueblo Armenio con la que auxilió a los fugitivos y buscó para ellos albergue.
Ahora, en Potsdam, se ha inaugurado el Museo Lepsius, con todos sus documentos de denuncia, una galería de fotos con hombres armenios colgados de horcas en plazas públicas de ciudades turcas y la muerte en los caminos, de hambre, de miles de madres y niños armenios. En su inauguración, el ministro de Cultura alemán, este 2 de mayo, dijo que “este museo quiere recordar para siempre la conducta ejemplar de Johannes Lepsius”. Por supuesto, los miembros de la comunidad turca en Alemania protestaron por la inauguración del museo y lo mismo hizo el embajador turco señalando que este hecho “promueve la desestabilización de las relaciones germano-turcas”. Como si a la verdad hubiera que callarla de acuerdo con las circunstancias políticas. Es que como dijeron los diarios alemanes: “El recuerdo del genocidio armenio en manos de los turcos es todavía un tabú para la sociedad turca”. Es así, todavía ningún gobierno turco ha tenido el coraje civil de reconocer, en una actitud autocrítica, ese inmenso crimen contra la humanidad.
Una muestra más de que finalmente la ética triunfa, se impone en la historia pese a todos los prejuicios.
Por eso es positivo registrar todos los hechos en esa dirección, aunque parezcan de significado menor. Por ejemplo, antes de partir de Buenos Aires, recibí la noticia de que en la comuna de Ituzaingó, el concejal Sebastián Sanguinetti había presentado un proyecto de poner el nombre de Juan Esteban a la calle donde actualmente se halla el edificio del supermercado La Anónima. Me sorprendió como si se tratara de una de las tantas fantasías que nos presenta la realidad en nuestras vidas. Me pareció muy valiente y racional el pedido. Juan Esteban fue el peoncito rural que en la estancia La Anita, en la lejana Patagonia, fue fusilado en 1921 por las tropas del 10 de Caballería mandadas en ese momento por el capitán Viñas Ibarra, durante la huelga de peones rurales. Su único delito era ése, haberse adherido a esa huelga luego de que se votara en una asamblea. Ese fusilamiento fue de una crueldad sin límites porque ya entonces no había pena de muerte en la Argentina y, además, la antigua pena de muerte limitaba esa forma de represión a mayores de 18 años. Tal había ocurrido en 1909 cuando el joven Simón Radowitzky fue condenado a muerte por haber dado muerte al coronel Falcón, pero no pudo ser cumplido el fallo porque el acusado no había cumplido todavía los 18 años. Por eso, el fusilamiento del adolescente Esteban fue el punto más feroz de esa campaña militar. Justamente fue fusilado en la estancia La Anita, de la familia Braun Menéndez, cuyos descendientes directos son hoy los propietarios de la empresa La Anónima. En esa estancia está la tumba masiva de peones fusilados más grande de toda esa campaña militar, llevada a cabo solamente para custodiar los bienes de los latifundistas patagónicos. Nos parece un acierto el dar ese nombre a esa calle, así nos hace recordar aquel episodio tan injusto que ha manchado para siempre nuestra historia.
Y, para terminar, pero siempre buscando una respuesta ante la falta de conciencia del ser humano con respecto a sus propios crímenes y culpas, leemos el informe acerca de los fieles que han renunciado a pertenecer a la Iglesia Católica en Alemania. Señala que, debido a los casos de pedofilia que se comprobaron y que fueron cometidos por los sacerdotes de esa Iglesia, la renuncia de fieles fue en 2010 un 40 por ciento mayor que el año anterior. En 2010 se alejaron 180.000 fieles, es decir 50.000 más que en 2009. En el arzobispado de Colonia, la región alemana más católica, el número de renuncias de fieles creció un 42 por ciento. Una tendencia que cada año es más elevada. Por eso ha comenzado la discusión interna en esa Iglesia para acabar con el voto de castidad de los curas y permitirles el casamiento, tal como exigió Lutero hace más de 400 años. Pero estudiosos del caso señalan que no es sólo por los casos de pedofilia que los fieles se alejan, sino por la falta de respuesta de ese dogma a los adelantos de la ciencia y de las relaciones conflictivas del ser humano, además de la falta de definición con respecto al tema de la riqueza y la pobreza.
Es que la lucha por la dignidad es algo que debe tomar en sus manos el ser humano y no esperarlo de algún dios, rezándole. Actuar, para lograr la realidad en el mundo de las dos palabras definitivas: paz y justicia.

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