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martes, 12 de marzo de 2013


Un viaje diferente por las Malvinas

Por Mario Rapoport y María Cecilia Míguez*
Hace no más de un mes formamos parte de un grupo de argentinos que visitó, en viaje de turismo, las islas Malvinas. Era un destino que nos generaba importantes y especiales expectativas. Según nos dijeron al llegar, nos acompañaba un buen clima, es decir, sólo violentas ráfagas de viento en un mar medio embravecido, que nos hacía pensar que la lancha que nos llevaba desde el crucero, anclado bastante lejos, no estaba convencida de acercarse o alejarse de ese pequeño pueblo que hoy se dice llamar Stanley. Lo de “buen clima” –en esas condiciones– nos hizo suponer rápidamente en cuál sería el “malo”, imaginando que incluiría sin duda vientos intensos e insoportables, lluvias heladas y un mar que hacía temer el momento en que si lamentablemente cayéramos en él nos convertiríamos de inmediato en bloques de hielo. De esa imagen a la de la guerra había un pequeño paso. Representarse de inmediato a los soldados en el otoño helado de aquel territorio inhóspito o a los marineros del Crucero General Belgrano hundirse en esos indómitos mares fue un impulso inevitable.
La desolación del paisaje y de la historia se unían. Nuestra primera impresión, cuando por fin descendimos, sorteando algún que otro viejo barco encallado con el horrible color del óxido, contrastaba con la forma en que imaginamos a los kelpers recibiendo a los soldados de Su Majestad con cientos de banderitas británicas. Por supuesto, nada de esto ocurrió con nosotros. Ese pueblito de una sola avenida asfaltada, con dos rojas casillas telefónicas bien londinenses para hablar a un vecino, unas pocas y modestas casas con techos de aluminio o algún metal parecido, incluía un cartel de bienvenida que decía Falkland Islands, en el mismo lugar donde nuestro inconsciente colectivo hubiera querido leer islas Malvinas.
Los habitantes de las islas son aproximadamente 3000 (de los cuales 2700 viven en Stanley), y desde 1983 son oficialmente ciudadanos británicos. Es una población que prácticamente no ha crecido desde 1911, censo en el que se contaban 2392 isleños. Desde la costa se ve rápidamente el cementerio a orillas del mar, que está totalmente repleto, de modo que los propios habitantes no tienen asegurado ni siquiera su entierro allí.
El suelo está cubierto apenas por una raída vegetación, es completamente árido y algunos aún usan la turba vegetal para calentarse. El carácter colonial se evidencia enseguida. Simplemente con ver la espléndida casa del gobernador uno se da cuenta. En medio de ese austero paraje se destaca un brillante jardín inglés y, lo más significativo: dispone de cuatro erguidos árboles. Seguramente será una costosa hazaña plantarlos y mantenerlos, porque en Stanley no vimos ningún otro. Según nos dijeron, el gobernador, además de gozar de esa mansión, lleva una vida fácil: obedecer las órdenes de la corona y estar protegido por los 1500 soldados británicos que aún pueblan las islas. Son la garantía para mantener el poder geoestratégico de su metrópoli y una explotación económica de toda la cuenca pesquera de las aguas que las rodean, a la espera de encontrar también petróleo y poder extraerlo. La autoridad ejecutiva es nombrada por la reina y los ministerios de Defensa y Relaciones Exteriores británicos manejan esas cuestiones en la islas, que siguen siendo, por lo tanto, una posesión colonial.
Su economía se basa en la pesca y en la cría de ovejas. Hay una compañía monopólica que da empleo a gran parte de los habitantes, que por el estado de las islas no parece estar reinvirtiendo sus ganancias allí, y en cuanto a la ganadería para la producción de lana y carne, tanto en la isla Soledad como en la Gran Malvina, las estancias pertenecen a algunos pocos propietarios, terratenientes al estilo Martínez de Hoz, como corresponde a una economía dependiente y colonial. Casi setecientas mil ovejas y menos de tres mil habitantes. La vida es dura: la intérprete que nos guiaba tenía por lo menos tres trabajos: en la compañía de pesca, como maestra y en sus ratos libres como guía turística. Y nos dijo que así le pasaba a la mayoría de los habitantes.
En el centro de la ciudad hay un gran galpón con mercadería importada que hace de supermercado, las cervezas inglesas se hacen notar enseguida (son buenas, por cierto, pero si se toman algo tibias, típicas para un clima frío) y los productos necesarios, si se consiguen, se pagan sólo en libras locales a precios espantosamente caros. También hay un museo dedicado a la historia falseada de las islas y del imperio británico. Todo sus relatos justifican su dominio sobre las Malvinas. Se alimenta en los habitantes la “amenaza argentina”, y está plagado de remeras, tazas y recuerdos que dicen “Keep calm and keep The Falklands british”, ante el inminente referéndum.
Pero lo cierto es que sólo algunos chilenos se atreven a radicarse allí y aun así la población no crece desde hace años. Sucede que tienen un sistema escolar que llega sólo a la secundaria. Cuando los estudiantes se reciben obtienen generosas becas para estudiar en Australia, Nueva Zelanda o la desteñida rubia Albión. La mayoría no regresa. Habría que ver si a la larga la “sangre kelper” no terminará por desaparecer en esos parajes sino fuera por nuevas inmigraciones o por más soldados (lo que tampoco serviría si no se trae personal femenino o a mujeres presas como hicieron en Australia).
A alguna distancia del centro del pueblo, se puede llegar a los campos de batalla, donde todavía hay terrenos minados y pertrechos de guerra diseminados por el suelo. Incluso se puede ver una trinchera argentina, que quedó tal como estaba, precaria y heroica a la vez. La acompañan solamente el viento y la desolada estepa patagónica, unos erosionados montes rocosos utilizados para el enfrentamiento, y un poco más allá el famoso Monte Longdon, triste escenario de la derrota argentina. A unas dos horas de auto, bastante más alejado, está el cementerio argentino en Darwin. Pura tristeza si se agrega la desolación típica de la isla.
El nombre de kelpers les viene a sus habitantes como una manera de querer diferenciarse de sus ancestros británicos, pero también probablemente para que no los confundan con sus únicos vecinos, los pingüinos, cuyas siluetas dibujadas suelen adornar alguna casa, símbolo de cierto afecto. Otra cosa que nos llamó la atención a nuestro retorno es que un medio argentino levante como una de las principales quejas británicas de la guerra del ’82 el cambio de mano de las calles que hicieron los militares. Nadie va a defender barbaridades, pero posiblemente ese medio no sabe que hay una sola avenida principal bastante solitaria y las calles laterales están casi siempre vacías, cuando no son terreno privado. No hubiera sido difícil acostumbrarse a manejar con la mano cambiada aun si una derrota inglesa hubiera dejado abandonado algún suntuoso Rolls-Royce (en verdad no vimos ninguno).
Las islas permanecen casi tan desoladas como hace un siglo. Sus habitantes son hoy ciudadanos ingleses y, por lógica, tienen intereses que defender. Pero el argumento de la autodeterminación no sólo es erróneo, sino que esconde el dominio imperialista de Gran Bretaña, que explota recursos y ha ocupado posiciones geoestratégicas en el mundo por medio de la imposición de su supremacía como potencia mundial.
El reclamo por la soberanía de las islas Malvinas no sólo es una cuestión nacional, sino que también constituye una causa latinoamericana que convoca a muchos países del mundo. Sin embargo, aparte de la cuestión de los derechos legítimos, que poseemos ampliamente, a las Malvinas les pasa lo que a muchas colonias británicas en el pasado, su destino colonial se contrapone con cualquier posibilidad de desarrollo económico, político y social propio.
* Idehesi-Conicet-UBA.
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lunes, 11 de marzo de 2013



Preguntas y respuestas sobre Malvinas

Por Alicia Castro *
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Estuve contra la guerra en Malvinas el mismo 2 de abril de 1982, sabiendo que esa banda de genocidas a cargo de picanear la imposición de la miseria no era capaz de hacer nada bueno por la Patria y el ejército que mancillaron. Lo escribí entonces y logramos publicarlo en un diario.
Creo en la dialéctica y la construcción de políticas a través del arduo debate de opiniones diversas, del intercambio de ideas y del diálogo fecundo. Comparto la necesidad de pensar Malvinas como metáfora, en toda su complejidad y dentro de una historicidad larga, a la cual hemos hecho referencia. Por metodología, hasta cuando afirmo me permito dudar. Pero las preguntas que ha invitado a formularnos Federico Lorenz en su reciente artículo en Página/12 (el pasado lunes 3) me han sorprendido. Podría pensarse que son preguntas retóricas que serán respondidas a su regreso de Malvinas, pero conociendo los ritmos de la prensa no se podrá suponer inocentemente que la opinión publica estará esperando que resuelva los dilemas que plantea a la vuelta de un viaje, que pareciera sin retorno.
Hay algunas preguntas en esa nota que me impactan particularmente, a las que me referiré y daré respuesta.
- “¿Por qué, si hemos revisado tantas cosas en relación con nuestro pasado, no hemos incorporado la experiencia de la guerra y la posguerra para pensar la cuestión de Malvinas?” Creo que encuentra respuesta en la muy explícita y severa crítica que hace el gobierno nacional a la guerra, la denuncia y persecución de sus actores en la Justicia, la divulgación del Informe Rattenbach que impulsó la Presidenta. Nadie ignora la experiencia de la guerra en Argentina –¿cómo hacerlo?— y medios como la película Iluminados por el fuego han hecho una excelente tarea de concientización sobre las motivaciones y alcances del conflicto.
- “¿Debemos seguir pensando y sintiendo ‘la causa nacional’ según la matriz oligárquico-liberal en la que se construyó, retomada por el nacionalismo más variopinto sin apenas cuestionarla?” La “causa nacional” es pensada hoy en un contexto completamente distinto: el de la integración regional sudamericana. Esta forja una nueva matriz de pensamiento y opinión, implica que no sólo los argentinos sino toda la región rechazan la existencia de un enclave colonial, la expoliación de nuestros recursos naturales y la creciente militarización al sur de nuestro continente. Es claro para los sudamericanos que Gran Bretaña mantiene el interés estratégico en una base en el Atlántico Sur por razones geopolíticas, revelado en documentos desde 1740 y aún vigente. Hoy, en que además todo el planeta es consciente de las urgencias de recursos escasos, energía, agua y pesca, los intereses no sólo son evidentes sino contrapuestos.
- “¿Es correcto que usemos la palabra ‘negociar’ si no estamos dispuestos a considerar la posibilidad de ceder?” En mi experiencia de sindicalista, he aprendido que en las buenas negociaciones ambas partes pueden salir ganando. Pero lo que Lorenz debiera preguntarse, en cambio, es ¿quién, dónde, cuándo se puede hablar de esto, si no hay mesa de negociación, ni siquiera diálogo entre los Estados por negativa del Reino Unido? Esa pregunta –me la hacen frecuentemente los británicos– es fácil de responder: ver las negociaciones entre 1966 y 1982, donde ambas partes contemplaron varias alternativas para resolver la disputa territorial.
- “¿Nos atreveremos a pensar, al menos como un ejercicio intelectual, que tal vez no tengamos (toda la) razón?” Esta pregunta sobre la “razón” ya entra dentro del campo del absurdo. Me confunde. No sé si el autor de la nota está dudando del uti possidetis jure –el derecho de posesión de estados—, de las afirmaciones del duque de Wellington cuando como primer ministro inglés puso en duda los títulos británicos sobre Malvinas ante la invasión de 1833, o del propio Lorenz, quien, como profesor, tantas veces ha hecho referencia –en Argentina y en Londres– a los incuestionables derechos argentinos sobre las islas Malvinas.
- “¿Estamos seguros de que nuestra sociedad está de acuerdo con la idea de no incluir a los isleños en las negociaciones?” Cualquiera podría afirmar ingenuamente que los isleños debieran participar en las negociaciones. Se entiende. No toda la sociedad sabe que el Reino Unido quiere que los isleños sean parte de la negociación bajo dos condiciones: a) como “gobierno de las islas”, es decir, como tercera parte en la negociación, cuando las Naciones Unidas establecen que la disputa debe resolverse entre dos Estados: Argentina y el Reino Unido; b) los isleños no se avienen a negociar soberanía, sino solamente “cuestiones prácticas” de su interés y exclusiva conveniencia. No “toda la sociedad” está cabalmente informada de esto, pero sí lo está Lorenz. Generalmente más importante que tener todas las respuestas es hacer/se las preguntas adecuadas.
- “¿Cómo puede ser que nuestro Congreso haya votado a favor de dialogar con un Estado sospechado de participar en un atentado terrorista contra nuestros ciudadanos pero no podemos hacerlo con los habitantes de Malvinas?” Lorenz alude a un caso debatido y resuelto por los representantes del pueblo y las provincias en el Congreso, dentro de las normas de la democracia representativa. Aunque su pregunta apele a una comparación simplista –casi una provocación—, no se puede ignorar que los habitantes de las Malvinas no constituyen un Estado diferente del Reino Unido. Para “pensar la historia a largo plazo” se desaconseja olvidar la propia historia, en este caso la historia del imperialismo, el antiguo y permanente afán de perpetuar un orden colonial de violencia y saqueo para servir a objetivos estratégicos diferentes y contrarios a los nuestros; ni olvidar nuestra luchas por generar un orden multipolar que dé “equilibrio al universo”, diría Bolívar.
El derecho, en este caso el derecho internacional que rige la relación entre Estados, es también una construcción social. No hay duda de que el derecho de autodeterminación que sirve para liberar a los “pueblos” sometidos a un orden colonial no cabe a los actuales habitantes de Malvinas; ellos son ciudadanos británicos, pero la tierra que habitan pertenece a la Argentina. Gozan de incuestionables derechos civiles y políticos, pero no tienen la capacidad legal de resolver el destino del territorio ni la disputa de soberanía. Se trata de una disputa territorial, el contencioso no involucra a los habitantes; ponerlos en el centro de la escena incluyendo argumentos sentimentalistas y apelando a consensos blandos es una estrategia del “lobby” que defiende intereses económicos particulares de los isleños. No se entiende, por lo tanto, a qué ni a quién están dirigidas esas preguntas. Debiera Lorenz proponer —“al menos como un ejercicio intelectual”— algunas preguntas a los británicos. Preguntar, por ejemplo, qué “están dispuestos a ceder” los británicos. Preguntar por qué el gobierno del Reino Unido defiende el derecho de autodeterminación de los habitantes de las Malvinas y no lo hizo con los millones de habitantes de Hong Kong y, mucho menos, en Chagos. Al menos tratar de entender y explicar la férrea defensa que hace el Reino Unido de los “deseos” de los habitantes de Malvinas, tan diferente del trato que brindan a los habitantes del archipiélago de Chagos, expulsados de la isla Diego García. Seguramente Lorenz conocerá los cables (filtrados por Wikileaks) que revelan que el director de Territorios de Ultramar de la Cancillería británica, Colin Roberts, insistió ante el encargado de negocios de la Embajada de EE.UU. en el Reino Unido en la creación de un “parque o reserva marina” con el único objetivo de impedir que los chagosianos, pescadores, regresaran a su isla.
- “No habrá huellas humanas o Man Fridays (sic) en las islas deshabitadas”, sostuvo Colin Roberts. “Man Friday” es el despectivo nombre del sirviente aborigen de Robinson Crusoe. Respondiendo a la inquietud del diplomático estadounidense que advirtió que los que abogan por la reinstalación de los chagosianos en su isla continuarían vigorosamente dando prensa a su caso, Colin Roberts “opinó que el lobby ambiental es mucho más poderoso que los abogados de los chagosianos”. Estamos informados de que Colin Roberts ha sido designado por el gobierno del Reino Unido como el ilegítimo “gobernador” de Malvinas a partir del año próximo. ¿Se ha preguntado Lorenz si esto es lo que diplomáticamente llamamos “doble standard” o es el más despiadado y rampante cinismo imperialista?
- Concluye la serie de doce preguntas interrogándose si es “menos argentino quien plantee estas cosas”. Mejor que nuestros compatriotas que leen Página/12, se lo podrían responder en Londres quienes ya están reproduciendo en la prensa británica sus cuestionamientos, para cimentar la posición del gobierno del Reino Unido, del mismo modo en que antes se usara la controvertida opinión de los denominados “17 intelectuales” sobre Malvinas.
Lorenz formula su serie de preguntas desde la doble entidad de un historiador con la fuerza de un especialista que escribe y describe “al pie del avión”. Regresa a Malvinas –anuncia dramáticamente– “en un clima tenso debido a la gestualidad agresiva y obstinada de los dos gobiernos involucrados en la disputa diplomática”. Yo escribo desde Londres, en el día del referéndum. Hoy veo con pesar que Lorenz parece olvidado de todas las lecciones de la historia de nuestro país y nuestro continente cuando coloca al gobierno ocupante en el mismo plano que a nuestro gobierno, que reclama la solución de la disputa de soberanía por la vía pacífica y diplomática.
En los días en que velamos dolorosamente a Hugo Chávez, confundir al agresor y expoliador de nuestra Patria Grande con el agredido es una licencia que no podemos dejar pasar.
* Embajadora argentina en el Reino Unido.

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miércoles, 6 de febrero de 2013

Timerman Malvinas, EL CANCILLER EN LONDRES


 


TIMERMAN RECORDÓ OTRO CASO 

DE COLONIALISMO BRITÁNICO


El canciller argentino les pidió a los periodistas que "tanto preguntaron sobre la autodeterminación, que recuerden el caso del pueblo changociano". El caso es el de la usurpación en 1965 de la isla Diego García, en el archipiélago de Chagos en el océano índico, que cuando Inglaterra y Estados Unidos expulsaron a sus 1.100 habitantes.
El canciller Héctor Timerman ofreció declaraciones en Londres tras reunirse con los lores y representantes de la Cámara de los comunes.

Timerman habló del escenario político internacional desde la segunda guerra mundial, preguntó a los periodistas cómo era la relación entre Alemania e Inglaterra entonces. "Aquella vez el Reino Unido dialogó con la Alemania democrática ¿qué hubiera pasado si no lo hacía, cómo estaría Europa hoy?".

Concluyó: "Me llama la atención que de todos los periodistas que me preguntaron por la autodeterminación, no hayan hecho referencia al pueblo nativo expulsado de su territorio para que pueda ser alquilado por una base militar de los Estados Unidos."

Y finalizó: "Tal vez esto demuestre lo que piensa el Reino Unido sobre la autodeterminación de los pueblos".

"Espero que las próximas veces que tengan la posibilidad de entrevistarme, recuerden al pueblo changociano expulsado de su propio territorio sin ningún tipo de derecho y sin que nadie les haya preguntado si querían salir del lugar donde habían nacido".

El caso que citó Héctor Timerman es el de un pueblo que fue expulsado de la isla Diego García, en el archipiélago de Chagos, para ser vendido por Reino Unido a Estados Unidos, que lo utiliza como base militar. Más información del caso aquí, y con videos, aquí.

También participaron de la conferencia de prensa, la embajadora en el Reino Unido, Alicia Castro, y los titulares de la comisiones de Relaciones Exteriores del Senado y de Diputados, Daniel Filmus y Guillermo Carmona, respectivamente.

DIARIO REGISTRADO



miércoles, 20 de junio de 2012

El face to face que revolucionó la Cumbre


Cameron se acercó, habló sobre el referéndum y se alejó cuando Cristina le exigió respetar resoluciones de la ONU

Antes de la sesión plenaria, Cameron se acercó a Cristina para defender el referéndum en Malvinas y suscitó un duro cruce verbal en el que la Presidenta volvió a reclamar el respeto a la convocatoria al diálogo. “Muestra la debilidad británica”, según la delegación argentina.

Por David Cufré
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Cameron y Cristina. La resolución de la ONU convocando al diálogo, que el inglés no quiso aceptar.
Desde Los Cabos
–La Argentina tiene que respetar el referéndum de los isleños.
–Yo le quiero entregar este sobre que contiene las cuarenta resoluciones de las Naciones Unidas que ordenan a Gran Bretaña y a la Argentina sentarse a negociar.
–Lo importante es el referéndum.
–No, lo importante es que Gran Bretaña y la Argentina cumplan con las resoluciones de las Naciones Unidas.
–Yo no quiero hablar de soberanía.
–Yo tampoco voy a hablarle a usted de soberanía. Lo que quiero es hablar de respetar las decisiones de las Naciones Unidas. Si participamos de las Naciones Unidas, respetemos las resoluciones.
El áspero diálogo entre Cristina Fernández de Kirchner y el primer ministro británico, David Cameron, ocurrió ayer a las 9.30 de la mañana. Fue antes del inicio de las deliberaciones de los presidentes del G-20. La jefa de Estado argentino estaba sentada en su banca revisando papeles cuando se le acercó el mandatario inglés. Primero utilizó un tono amable. Le dijo que quería agradecerle el apoyo argentino a la creación de un banco europeo que actúe como prestamista de última instancia, a fin de disipar los temores sobre el euro. Hizo referencia a lo que CFK había planteado la noche anterior en la primera sesión plenaria. Sorprendida, la Presidenta le respondió en el mismo tono que había visto las principales portadas de la prensa internacional y no reflejaban optimismo sobre el resultado de la cumbre. Entonces Cameron la interrumpió y le dijo que quería conocer su posición sobre el referéndum que convocan los isleños para decidir sobre su soberanía, y que él cree en la autodeterminación de los pueblos. Lo que siguió es lo que se cuenta al principio, según la versión que entregó el canciller Héctor Timerman, que tiene algunas diferencias con la que presentó el gobierno británico. El intercambio terminó de manera abrupta, con Cameron ofuscado, sin aceptar el sobre que le extendía Fernández de Kirchner y volviendo a su asiento.
El momento quedó retratado por un fotógrado de la presidencia argentina. Fue el primer y único diálogo entre ambos, que vienen cruzando declaraciones públicas desde hace meses, pero nunca cara a cara. El inglés se mostró desconcertado cuando CFK tomó el sobre con las cuarenta resoluciones de la ONU sobre la cuestión Malvinas. Su tono de voz cambió y pasó a estar tenso. Así lo dijeron a este diario fuentes oficiales. El gobierno inglés, por el contrario, sostuvo en una declaración que la que quedó dubitativa cuando Cameron le reclamó que respete el referéndum de los isleños fue la Presidenta argentina.
“El primer ministro habló con Cristina Kirchner al margen y antes de que comenzara la primera sesión de trabajo. Discutieron brevemente de cuestiones como los bancos centrales y la actividad monetaria. Y entonces el premier dijo: ‘No estoy proponiendo una discusión total ahora sobre las Falklands, pero espero que haya tomado nota de que los isleños van a realizar un referéndum y usted debería respetar sus puntos de vista. Nosotros deberíamos creer en la autodeterminación y actuar como demócratas acá en el G-20’. Kirchner respondió yéndose por las ramas sobre los títulos de España, la ONU y Malvinas. Su intérprete no pudo seguirla. Los argentinos parecían tener un funcionario con una cámara en la mano, pero no había periodistas en la sala”, resumió el comunicado de Downing Street, omitiendo lo sustancial: que Cristina Kirchner quiso entregarle un sobre con las disposiciones de la ONU y Cameron lo rechazó.
Después, por la tarde, el primer ministro ofreció una conferencia de prensa. Justificó su planteo a CFK y atacó al gobierno argentino por su política “proteccionista” en materia comercial. Pese a que había más de un centenar de periodistas de todo el mundo queriendo hacer preguntas, Cameron seleccionó sólo a medios británicos. “Creo que hice lo correcto al pedirle a la Presidenta argentina que respete el referéndum. Es importantísimo y queremos que todo el mundo sepa que hay un referéndum para conocer la opinión de los isleños. Hay que proclamarlo, así el mundo deja un poco de lado la propaganda argentina”, agregó. Finalmente, dijo que “en esta cumbre del G-20 ha quedado claro que las medidas proteccionistas que ejercen países como la Argentina no son aceptables”.
Por la mañana, no había pasado una hora del incidente cuando el canciller Timerman se presentó ante los periodistas con el famoso sobre en la mano e hizo un minucioso relato de lo ocurrido. De ahí en más se armó un revuelo. Periodistas ingleses, españoles y de otros países se interesaron por la cuestión y empezaron a buscar testimonios. Una hora más tarde, el canciller regresaba para dar una conferencia ante la prensa internacional. Fue en español, pese a los insistentes pedidos de periodistas británicos para que hablara en inglés.
–¿Este episodio tiene alguna sustancia o es un intento de Buenos Aires para captar votos, y también de Londres? –preguntó uno de ellos.
–No fue la Presidenta argentina la que se acercó a Cameron, porque ésta es una reunión para hablar sobre la crisis europea. El que se acercó para hablar de un tema que no es de la agenda del G-20 fue el primer ministro. El momento para hablar de Malvinas fue la semana pasada, cuando las Naciones Unidas convocaron al Reino Unido y a la Argentina a dialogar en el comité de descolonización, y una vez más Gran Bretaña se negó a un pedido de la ONU –respondió el canciller..
–Hace treinta años hubo una guerra, la Argentina invadió las Falklans y hubo un triunfador. ¿Cuál es la posición argentina al respecto? –lanzó otro.
–Usted dice que hace treinta años hubo una guerra. Hace 180 años hubo una invasión británica en suelo argentino. El Reino Unido invadió cuatro veces la República Argentina, porque los que son colonialistas y famosos en el mundo por ser colonialistas son el Reino Unido, no la Argentina. La Argentina siempre estuvo en contra del colonialismo y luchó contra el colonialismo, y vencimos.
Cameron anteayer había vuelto a asegurar que la Argentina es colonialista por no aceptar el referéndum de los kelpers, y había anticipado que se lo diría a Cristina Kirchner. “Cameron demuestra un total desconocimiento sobre lo que es el colonialismo. Tantos años de ejercer como potencia colonial se han olvidado que ellos son los responsables de que exista colonialismo”, devolvió ayer Timerman.
El hecho de que Cameron se haya acercado a CFK para hablar del tema Malvinas fue interpretado por el gobierno argentino como una señal de debilidad de su par inglés. Eso significa que Gran Bretaña ya no puede seguir con la estrategia de ignorar la cuestión, como hizo durante largo tiempo. “La presión internacional que estamos logrando es tan fuerte que tienen que salir a decir algo. Ya no pueden hacerse los desentendidos”, evaluaron ante Página/12 fuentes oficiales. “China, Rusia, todos los miembros del Comité de Descolonización respaldan la posición argentina. Estados Unidos se abstiene. Eso es un golpe fuerte para ellos, es como si nosotros tuviéramos que aceptar que Brasil se abstiene”, agregaron.
La Presidenta aprovechó ayer sus audiencias bilaterales con el presidente chino, Hu Jintao, y ruso, Vladimir Putin, para agradecerles su permanente apoyo por el tema Malvinas (ver aparte). “¿Qué clase de miembro de las Naciones Unidas es Gran Bretaña que exige a otros países que respeten las resoluciones de la ONU y ellos se niegan a hacerlo desde 1965?”, se preguntó Timerman cuando habló para la prensa internacional. Tal vez sin quererlo, Cameron terminó generando una plataforma que sirvió al gobierno argentino para amplificar su reclamo y sus argumentos en la pelea por la recuperación de las islas.

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martes, 19 de junio de 2012

Cristina y Cameron mantuvieron un cruce por Malvinas




Enviados especiales
Cristina Fernández de Kirchner y el primer ministro británico mantuvieron un cruce durante la segunda sesión plenaria de la cumbre del G-20.
El canciller Héctor Timerman y el secretario de Comunicación Pública Alfredo Scoccimarro señalaron a la prensa que cuando Cristina se encontraba trabajando en unos documentos Cameron se acercó a ella de manera sorpresiva.
El breve diálogo se produjo alrededor de las 9.30 hora local (12.30 en Argentina) cuando el primer ministro británico se acerco a Cristina para "agradecerle su posición en favor de la creación de un Banco Central europeo unificado que funcione como un prestamista de última instancia a los efectos de disipar los temores sobre el euro", señaló Scoccimarro al relatar el encuentro.
Cristina le respondió que había visto que "las portadas de los principales medios internacionales no reflejaban el optimismo por los resultados de la Cumbre de líderes del G-20", cuando de repente fue interrumpida por Cameron quien le "exigió respetar el referéndum de los isleños", detalló Scoccimarro.
"La Presidenta que tenía entre sus papeles un sobre con todas las resoluciones de Naciones Unidas sobre Malvinas, le dijo que se las quería entregar" en mano a Cameron y que "lo que realmente se debía respetar eran las cuarenta resoluciones de las Naciones Unidas y del Comité de Descolonización".
El primer ministro británico le contestó que "no iba a hablar sobre soberanía", a lo que la jefa del Estado le respondió que "sólo quería dialogar tal cual lo ordenan las Naciones Unidas" y que le quería entregar el sobre en mano.
Cameron se negó a recibir el sobre y se retiró del lugar en el que se encontraba Cristina.
"Nos damos cuenta que el aumento de apoyo que ha habido en el mundo a la posición argentina está haciendo mella en el gobierno británico. Por primera vez en muchas décadas se ven obligados a responder públicamente", dijo Timerman al analizar lo sucedido.
El canciller dijo que "es la primera vez que se produce este diálogo" y que "el análisis que hacemos es que el lugar para hablar sobre esta cuestión era el Comité de Descolonización de la ONU donde estuvo presente la Presidenta y no estuvo presente el primer ministro británico".
Timerman agregó que "en el multilateralismo, cuando uno lo respeta en serio, se habla de lo que se tiene que hablar y el encuentro del G-20 es para hablar sobre la crisis que azota a Europa".
Señaló que Cristina tenía el sobre con los documentos sobre Malvinas entre sus papeles de trabajo de la Cumbre y que aprovechó la situación para intentar entregárselos al premier británico.
"Los estados tenemos la obligación de dialogar, pero el primer ministro británico se negó a recibir los documentos", subrayó el canciller.

TELAM

lunes, 18 de junio de 2012

EN INGLATERRA PIDEN POR EL DIÁLOGO



La activista Joan Smith criticó en unacolumnaa su gobierno 
por “la ausencia de debate” sobre la soberanía de Malvinas 
y pidió abrir las negociaciones.





Sus opiniones aparecieron en una columna  titulada “¿Por qué no hay un debate en el Reino Unido por las Malvinas?”, publicada este fin de semana en el diario The Independent, un matutino de tirada nacional.

Allí, Smith remarcó que Argentina ya no es una dictadura y que “Cristina Kirchner es una presidenta popular que ganó dos elecciones”.

El artículo se hizo eco de las declaraciones de la mandataria en la Organización de Naciones Unidas (ONU) cuando se preguntó “¿Alguien en el mundo moderno puede negar la posibilidad de dialogar  y decir que son líderes del mundo civilizado y defensores de los derechos humanos?”.

“Las palabras de Kirchner son razonables comparadas con las de (el primer ministro británico, David) Cameron unas horas antes, cuando de plano descartó cualquier negociación”, agregó.

Smith, escritora de novelas policiales y de artículos sobre el feminismo, sostuvo que la guerra de 1982 tuvo tan poco sentido “como la idea que las islas son británicas”.

En ese marco dijo que “tendría más sentido abrir las negociaciones con Argentina y garantizarle a los isleños los medios de establecerle en el Reino Unido si no son felices con el resultado”.

También criticó “el doble estándar” del gobierno británico al aferrase al derecho de auto-determinación.

Recordó el caso de los chagosianos, un pueblo originario de la isla de Diego García que fue expulsado por el Reino Unido hace 50 años para alquilarle el lugar a Estados Unidos.

Hasta el día de hoy funciona allí una base militar, clave por su lugar en el Océano Indico, y también hasta el presente los chagosianos luchan para que se cumplan las resoluciones de la Justicia que les dio la razón sobre su derecho de vivir en sus tierras.

La activista concluyó que “en un momento de dificultades económicas, cuando muchos están luchando, ¿no deberíamos estar hablando sobre el costo de la defensa de estas islas lejanas - y las alternativas?”.

DIARIO REGISTRADO


domingo, 17 de junio de 2012

Colonialismo ayer y hoy


A PROPOSITO DE MALVINAS


Por José Pablo Feinmann
Pocos ignoran ya que el capitalismo nace de manos del asalto colonial. Habría así una globalización (término usado en los últimos años pero vigente desde la expedición colombina) que tiene su expresión fáctica en 1492. La filosofía cartesiana le añade el componente subjetivo a esta empresa de la modernidad capitalista y occidental. Desde un principio es Inglaterra la nación que domina la conquista de los territorios periféricos, marginales o subalternos. Incluso los piratas tienen una relevante importancia. La llamada Rubia Albión sabe utilizarlos con sagacidad. La leyenda de piratas ahorcados por las autoridades inglesas es sólo eso: una leyenda. Sir Francis Drake, Henry Morgan –centralmente– despojaban a los galeones españoles y llevaban el oro a Inglaterra. Ese oro se convertía en la materia prima del capital comercial y luego industrial británico. Así, en el siglo XIX, Inglaterra se proclama “el taller del mundo” y decide extraer materias primas baratas de los territorios periféricos. En muchos de ellos elige no instalarse: los dominará por medio de la economía. Esto sucede con la Argentina. Por jacobinos que fueran Moreno y Castelli habían desentrañado exquisitamente el rumbo de la historia (que, en ese momento, era transparente) en que les convenía incluirse: el de la modernidad occidental capitalista. Al que el llamado “descubrimiento de América”, la subjetividad cartesiana y luego la voluntad de poder nietzscheana le entregan su orden fáctico y filosófico.
Podríamos decir que el Imperio Británico es el creador de la mayoría de los países que se forman en el siglo XIX. En América latina: salir del monopolio español. Mariátegui, nada menos, tenía todo esto muy claro: “Enfocada sobre el plano de la historia mundial, la independencia sudamericana se presenta decidida por las necesidades del desarrollo de la civilización occidental o, mejor dicho, capitalista”. Esto lo ven –desde distintas concepciones del mundo– tanto Heidegger como Marx. Los dos realizan una crítica a la modernidad capitalista. Heidegger se centra en la técnica que arrasará el planeta. Y Marx en la potencia revolucionaria de la burguesía que acabará con el feudalismo y engendrará al proletariado redentor. El amor al campesinado que tramaba la filosofía de Heidegger lo abría más a la búsqueda de un sentido lateral al del imperialismo. Marx veía en el imperialismo un proceso necesario para modernizar los territorios atrasados y prepararlos para la revolución. Desde este punto de vista –por increíble que parezca– Heidegger habría podido dialogar más abiertamente con Felipe Varela que Marx. Claro que cuando le dijera que la salida era la abominación de la técnica y el estado de abierto, el pathos de la escucha a la llamada del ser, Varela habría ordenado su fusilación inmediata. Los dos grandes críticos de la modernidad capitalista no tenían respuestas para los habitantes de las colonias: debían desaparecer. Marx, para que surgieran las modernas relaciones capitalistas de producción y se superaran las Formen que había analizado en los Gründrise (formaciones económicas precapitalistas).
Para Europa que, en 1833, Inglaterra (¡nada menos que Inglaterra, la gran potencia colonialista!) se apoderara de las islas Malvinas era un símbolo del progreso. Además, en esa fecha, Rosas no estaba en el gobierno, sino Balcarce, tibio lomo negro que poco podría hacer y nada hizo. Rosas recién asumiría su segundo gobierno en 1835, luego de la Revolución de los Restauradores que condujo su mujer Encarnación Ezcurra, que habría de morir joven. De todos modos, nada hizo. Su gesta anticolonialista deberá esperar hasta la batalla de la Vuelta de Obligado que Marx habría condenado (de haberse enterado de ella) porque era un freno a la expansión de la modernidad capitalista, en cuyo vientre se gestaba, para destruirla, el proletariado industrial, algo que jamás ocurrió. La burguesía de la modernidad capitalista siguió en el poder, triunfó sobre los intentos socialistas del siglo XX y se apresta a su máxima expresión histórica: destrozar el planeta o por un conflicto nuclear o por una descomposición de las leyes de la naturaleza, provocada por la voracidad de eso que Adorno y Horkheimer –siguiendo a Heidegger– llamarán “razón instrumental”.
Pero la perfecta lucidez sobre la importancia y el funcionamiento de la empresa colonial estuvo en manos de Inglaterra. Adam Smith califica al descubrimiento de América como uno de los acontecimientos más importantes de la historia de la humanidad. Esta cita es de 1776 (La riqueza de las naciones) y ha reaparecido en un cercano libro de Noam Chomsky que acaso la actualice para muchos. O logre que algunos norteamericanos la conozcan. Nosotros la usamos desde 1969 y está en nuestro libro Filosofía y nación. El título del libro de Chomsky es cristalino; demasiado debiera decirse: La conquista continúa: 500 años de genocidio imperialista. Junto a la de Smith olvida colocar las frases del Manifiesto: “Del mismo modo que ha subordinado el campo a la ciudad (la burguesía) ha subordinado los países bárbaros o semibárbaros a los países civilizados, los pueblos campesinos a los pueblos burgueses, el Oriente al Occidente”. Sin embargo, para Smith, todo terminaba felizmente ahí. No para Marx: de ahí surgiría el proletariado revolucionario que acabaría con el orden mundial burgués, tan brutal como necesario. Los dos –del modo que fuere– apoyaban el colonialismo occidental. Smith aconsejaba no permanecer en las colonias. Deberían ser gobernadas por medio del mercantilismo. Con los negocios les iría mejor que con las armas, que ya habían hecho lo suyo. Si las colonias querían ser “libres”, que lo fueran. Si querían tener bandera, que la tuvieran. Un pequeño ejército, también. Soberanía, orgullo nacional, por qué no. Pero que comerciarán solamente con ellos. Nacen así las semicolonias o los pactos neocoloniales. No el poscolonialismo. Las condiciones coloniales permanecen pero de otro modo. Digámoslo así: el pacto neocolonial es la etapa superior del colonialismo.
Richard Cobden (en febrero de 1850, en el Journal of Economists) dirá: “El sistema colonial siempre ha sido funesto para el pueblo inglés (...) ¡Lo que yo condeno es el sistema! (...) Debemos reconocer el derecho de nuestras colonias a gobernarse por sí mismas (...) Nosotros hemos adoptado el principio de la libertad de comercio; y, al actuar así, hemos declarado que tendremos a todo el mundo por consumidor (...) Finalizo suplicándoles que pidan para nuestras colonias los beneficios de la emancipación política y que, desde ahora, nos neguemos a subvencionar sus gastos de gobierno. ¡Que nombren a sus gobernadores, sus inspectores, sus aduaneros, sus obispos y sus diáconos, y que paguen hasta las rentas de sus cementerios”. Pero que comercien con nosotros. Nuestro imperialismo económico se desarrollará mejor, más libremente y con menos gastos e incertidumbres. Lo mismo William Gladstone en 1870: separarse amistosamente de las colonias pero conservando el lazo esencial de dominación: “Esta separación nos ofrece la posibilidad de una prolongación indefinida de las relaciones basadas en el libreconsentimiento” (26 de abril de 1870).
Hay algo formidable en todo esto: la certeza del colonialismo británico sobre las clases dominantes en las colonias. Jamás serían una competencia para sus productos industriales. Jamás serían realmente burgueses. Se dedicarían a civilizar sus países por medio del exterminio de la barbarie subalterna y a gozar del fácil y próspero comercio con el Imperio. De la “abundancia fácil” de su suelo (frase de Milcíades Peña) vivirían bajo el imperativo del goce. Eternos importadores de manufacturas del “Taller del Mundo” y exportadores de sus productos primarios. Así fue. Así fueron las burguesías neocoloniales, creadas por el Imperio.
En cuanto al exterminio de la “barbarie” fueron aún más crueles que el general Thomas Bugeaud en Argelia. O, al menos, tanto como él. Que decía a sus pares franceses (la nación de las luces, de la razón) en la Chambre de Députés en enero de 1840: “Según yo pienso, sólo queda la dominación absoluta, la sumisión del país; creo que cada día serán más empujados a ello por los acontecimientos”. Aquí se exterminó a la “barbarie” por medio de un feroz proceso de colonialismo interno. (El primero en aplicar este concepto a la realidad de nuestro país fue el genial Alberdi de los Póstumos V.) La “organización nacional” fue continuada (con plena conciencia) por el Proceso de Reorganización Nacional de 1976. David Viñas llama al genocidio de los pueblos originarios en el sur del país “etapa superior de la conquista española”. ¿Quién estuvo al frente de esa campaña? Lo sabemos: el general Roca. Pero, ¿quién dio las armas? ¿Quién posibilitó la frase de Estanislao S. Zeballos que a continuación citamos? Esta: “El Remington les ha enseñado (a los ‘salvajes’) que un batallón de la República puede pasear la pampa entera, dejando el campo sembrado de cadáveres” (Viñas, Indios, ejército y frontera, p. 49). La posibilitó el Imperio. ¿O en el Buenos Aires de la “generación del ’80” alguien fabricaba fusiles Remington? ¿Por qué entonces esa persistencia de Inglaterra por permanecer en Malvinas? Porque hoy colonialismo e imperialismo se complementan. Los norteamericanos invaden los territorios árabes y se quedan ahí. Los ingleses no quieren dominar Malvinas por medio del librecambio. No, algo hay en esas islas que les interesa retener en sus manos. Petróleo o un privilegiado panóptico para vigilar el Atlántico Sur o, por qué no, algún ajado orgullo de viejo gran imperio que ya no lo es. La batalla diplomática, por consiguiente, será larga y dura. Pero es la única, ya que por el modo en que se desarrollan los acontecimientos, los peligrosos “bárbaros” son ellos. Y ellos lo han enseñado desde hace más de dos siglos: la “barbarie” es irracional, salvaje y, en suma, sanguinaria. Aunque la preceda un pequeño príncipe de una monarquía de opereta, como todas las que aún restan en pleno siglo XXI.

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jueves, 14 de junio de 2012

Reclamo ante la ONU por soberanía de Malvinas . Cristina Férnandez de Kirchner ..







16.06.2012 | 

El discurso de Cristina fue noticia central en los medios británicos

BBC destacó la frase “¿cómo pueden las malvinas ser británicas?”.


El discurso que la presidenta Cristina Fernández brindó ayer en la ONU, donde reclamó que el Reino Unido se siente a negociar la soberanía de Malvinas, tuvo gran repercusión en medios televisivos y gráficos británicos. Las principales canales de noticias, BBC News y Sky News, transmitieron en directo extractos del discurso donde la mandataria pidió “dejar atrás esta historia de colonialismo anacrónico y construir una nueva historia en base al diálogo”.
Incluso la noticia, bajo el título “¿Cómo pueden las Malvinas ser británicas?”, fue la más vista en el sitio de Internet de la BBC.
El video que acompaña el artículo reproduce el momento en que la presidenta se pregunta “¿Cómo puede pretenderse a 14 mil kilómetros de distancia, que ese territorio integra el territorio británico y es parte del territorio británico?”.

miércoles, 13 de junio de 2012

Malvinas calientes



Por Martín Granovsky
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Mañana, a 30 años exactos de la rendición de Mario Benjamín Menéndez ante Jeremy Moore en Malvinas, la Presidenta hará un gesto inusual: hablará ella misma ante el Comité de Descolonización de la Organización de las Naciones Unidas. El ritual es común. La novedad es que el discurso siempre corrió por cuenta del embajador ante la ONU o del canciller y no de quien ocupara la Presidencia de la Nación.
El gobierno británico también prepara un gesto fuera de lo común. Ayer el primer ministro conservador David Cameron anunció que apoyará el llamado de los habitantes de Malvinas a un referéndum sobre la soberanía en 2013. Pero lo más importante, al menos según la información del diario The Guardian, es que el llamado a consulta popular fue acordado entre los isleños y el Foreign Office, la cancillería británica.
Cameron buscó reforzar la doctrina británica según la cual los residentes en las islas tienen derecho a la autodeterminación. Expresarse en un referéndum sería, así, un modo de reforzar el criterio de Londres: no hay ninguna razón para suponer que el año que viene una mayoría de isleños voten en favor de la pertenencia a la Argentina.
La visita de Cristina Fernández de Kirchner a la ONU, donde volverá en septiembre cuando se celebre la Asamblea General, y el impulso de Cameron al referéndum marcan el diseño de los dos gobiernos para el 2013. La Argentina se propone conmemorar los 180 años del momento en que el Reino Unido ocupó las Malvinas. Los británicos se dedicarán, entre tanto, a un referéndum de final cantado.
Según Cameron, la Argentina quiere “cercenar la capacidad de los isleños de hablar por sí mismos y castigarlos por ejercitar su derecho a elegir”.
“Eso explica por qué los isleños tienen el derecho de procurar que su voz se escuche otra vez más, y Gran Bretaña apoyará resueltamente su elección”, dijo.
En una referencia a la victoria en la guerra, recordó que hace 30 años “los isleños dejaron claro que querían seguir siendo británicos, y ésa es la razón por la que las fuerzas británicas liberaron valientemente las islas de los invasores argentinos”.
Cuando la Presidenta habla de la guerra se ocupa de evitar la reivindicación militarista. Suele rendir homenaje a los muertos y recordar que fue una dictadura la que decidió el desembarco. También acostumbra subrayar que la Argentina no piensa recuperar las islas por otro medio que la negociación diplomática. Sobre el papel de los isleños, la posición tradicional del Estado argentino, sólo interrumpida entre 1991 y 1999 por iniciativa del presidente Carlos Menem y su canciller Guido Di Tella, es que sus intereses deben ser atendidos. Sus intereses y no sus deseos. En otras palabras, que la Argentina desempeñaría un rol tutelar sobre los residentes en las islas.
Como la pelea diplomática será larga –el Reino Unido está aposentado en Gibraltar desde 1713 y no entregó el peñón a España a pesar de que ambos países son socios de la Unión Europea–, cada parte trabaja para calentar el clima, acumular consenso interno y apoyo exterior. Lo primero está garantizado. En el segundo aspecto la Argentina buscó hacerse fuerte en América latina y sus anillos de pertenencia más cercanos, Sudamérica a través de Unasur y el Mercosur, que integra junto con Brasil, Paraguay y Uruguay. El recurso argumental consiste en sostener que el conflicto de Malvinas está teñido hoy por la preservación de recursos como el petróleo. La apuesta es que Brasil refuerce medidas de apoyo si observa que la preservación en Malvinas va en paralelo al cuidado sobre la exploración y la explotación de petróleo en el Atlántico Sur en general. La estrella de Petrobras es el presal, el conjunto de reservas ubicado en el mar a una profundidad que llega a los siete mil metros, por debajo de una capa de sal que alcanza a veces los dos mil metros de espesor.


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