viernes, 5 de agosto de 2011

Rafecas calificó de “verosímil” la prueba contra Magnetto y Mitre

RAFECAS opinó que el caso papel prensa debe tramitarse como delito de lesa humanidad, dentro del “circuito camps”



En un dictamen de 66 páginas, el juez declaró nuevamente “inescindible” el despojo a los Graiver en beneficio de Clarín y La Nación de las violaciones a los Derechos Humanos. Otra vez, cedió la competencia a la Justicia Federal de la Plata.
  En una resolución de 66 páginas, el juez federal Daniel Rafecas calificó de “importante” y “verosímil” la prueba reunida contra los accionistas de Clarín y La Nación, en el marco de la causa que investiga los delitos de lesa humanidad cometidos en el despojo accionario de Papel Prensa, en sociedad con Videla y Martínez de Hoz. Al mismo tiempo, volvió a declarar “inescindible” la operatoria empresaria con aval de la dictadura de las violaciones a los Derechos Humanos que se investigan en el juzgado federal platense de Arnaldo Corazza, en el expediente conocido como “Circuito Camps”, a quien nuevamente le cedió la competencia.
Héctor Magnetto y Bartolomé Mitre fueron imputados por la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación por los delitos de lesa humanidad cometidos contra los integrantes de la familia Graiver, quienes bajo presión y torturas fueron despojados de las acciones de Papel Prensa en beneficio de los diarios Clarín, La Nación y La Prensa, por orden de Videla y Martínez de Hoz.
Tal como publicó Tiempo Argentino hace un año, en la página 38 de su dictamen el juez recordó que el interrogador de los Graiver designado por la dictadura, Oscar Bartolomé Gallino, se reunió con Mitre, Patricio Peralta Ramos y Magnetto. Escribió Rafecas: “Llamativamente Gallino habría recibido ‘a los directores y asesores letrados de los diarios La Nación, La Razón y Clarín, quienes concurren con motivo de la adquisición del paquete accionario del Grupo Fundador de Papel Prensa  S.A.”
Gallino era un subordinado del comandante del 1º Cuerpo de Ejército, Carlos Guillermo Suárez Mason. El objetivo: los bienes de los Graiver y su relación con los fondos de la guerrilla de extracción peronista Montoneros.
En este sentido, a Rafecas le llamó la atención que pese a ese objetivo, “la única reunión que habría mantenido Gallino con personas que no fueran funcionarios del Estado –nótese que todos ellos eran de la provincia de Buenos Aires– fue con los integrantes de los adquirentes de las acciones clase A de Papel Prensa SA, a través de Fapel SA, y con el motivo explícito de la adquisición de tales acciones”.   
Y no sólo eso. Existe prueba documental publicada por este diario en septiembre de 2010, en la que Gallino dejó constancia de la primera reunión –el 7 de abril de 1977– con los directivos de los tres diarios, donde se prepararon los interrogatorios del 11 de abril, y precisamente ese mismo día se presentó ante Lidia Papaleo en el campo de tortura para preguntarle sobre Papel Prensa y el resto de las empresas de Graiver.
Gallino había sido preciso: “A las 8:40 concurren a producir sendos informes el señor secretario de Industria, doctor (Raymundo) Podestá, los presidentes de los directorios de los diarios La Nación, Clarín y La Razón (…) En la misma fecha, a las 20 horas se preparan los interrogatorios a tomar el 11 de abril.” La duda sobre quiénes eran los representantes de los diarios quedó despejada por una consulta al Boletín Oficial. Héctor Magnetto, Bartolomé Mitre y Patricio Peralta Ramos tenían ese cargo. Los documentos secretos que Tiempo reveló después de décadas de ocultamiento lo aclaran: el represor quería interrogar a Lidia sobre los bienes que se habían declarado en la sucesión por la muerte de su marido, estaba obsesionado con el emporio económico Graiver, los encuentros que había mantenido la mujer desde su llegada a la Argentina, y a nombre de quiénes estaban las acciones de Papel Prensa.
Gallino era impiadoso. Interrogó a Lidia por dos días. La viuda de David había sido brutalmente torturada con picana eléctrica. Entre los diplomas del general de brigada se destacaban la cacería de militantes del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), que habían intentado copar el cuartel de arsenales Domingo Viejobueno, en Monte Chingolo; y su cargo de subdirector del centro clandestino de detención El Tolueno, en la fábrica militar de Campo de Mayo.
Para colmo, los diarios Clarín, La Nación y La Razón reconocieron en una editorial que toda la operatoria se hizo por medio de la gestión de la Junta y que fue el propio Gallino el que señaló la forma de pago. Los abogados dirían “a confesión de parte relevo de prueba”.
El poder de facto logró cometer semejante barbarie con el argumento de que la empresa era estratégica para el Jorge Rafael Videla y José Alfredo Martínez de Hoz. Por eso debía quedar, según las palabras de los represores, en manos de empresarios “argentinos, no judíos”.
Para quebrar a los Graiver decidieron demoler el poder económico del grupo acosándolo con notas negativas publicadas en la tapa de los diarios Clarín, La Nación y La Razón, antes de lograr el traspaso de acciones con un primer pago irrisorio de 7200 dólares en efectivo.
En la página 35 de su dictamen, Rafecas completa lo que podría entenderse como una traducción judicial de lo publicado por este diario desde junio de 2010. “La detención de Lidia Papaleo con posterioridad a la suscripción de los convenios de transmisión del paquete accionario de Papel Prensa SA en poder del Grupo Graiver, adquiere significados concordantes con la plataforma acusatoria si se advierte que la nombrada –afirma Rafecas– no sólo fue una de las firmantes de aquellos contratos, sino que también era la administradora judicial de la sucesión de David Graiver (…). Recordemos que a su vez, Lidia Papaleo había iniciado el proceso sucesorio con el patrocinio letrado del Jorge Rubinstein que, como vimos, habría sido la mano derecha de Graiver, y luego también fue secuestrado y habría fallecido durante su cautiverio a causa de las torturas que le fueron infringidas.”
En los fundamentos, Rafecas insistió con que la causa debe seguir  tramitándose en el Fuero Federal de La Plata, ya que allí operaba el represor Camps bajo las órdenes de Suárez Mason. Para el magistrado hubo “aspectos de simultaneidad y estrecha vinculación entre los acontecimientos, que han sido, como se vio, invocados por los acusadores y no han sido desvirtuados, hasta el momento, a lo largo de la instrucción”.
“Nótese que en fecha 9 de marzo de 1977, Lidia Papaleo de Graiver, solicitó al juez de la sucesión de David Graiver autorización de las ventas de acciones clase ‘C’ y ‘E’ efectuada el 2 de noviembre de 1976 ad referéndum de la aprobación judicial”, afirmó Rafecas y advirtió que “en esa ocasión,  la operación pudo realizarse porque el paquete de las acciones se vendió simultáneamente con un importante paquete de acciones Clase A (cinco votos) que hicieron los mismos compradores al señor Rafael Ianover y Galería Da Vinci SA. Esta venta total representaba para los compradores (Clarín, La Nación y La Razón) prácticamente el control de la Sociedad.”
“Apenas cinco días después, Lidia Papaleo fue detenida –remarcó  Rafecas– y trasladada a Puesto Vasco, sitio en el que recordemos fue interrogada sobre la operatoria del Grupo Graiver.”
Diez días después de su detención a manos de la patota de Miguel Etchecolatz, el 24 de marzo de 1977, el asesor de menores César Hernán Cozzi Gainza pidió “recabar mayores elementos de juicio que permitan apreciar la equidad de dicha operación”. El punto es que la hija de Lidia y Graiver, María Sol, era una beba de dos meses y la viuda estaba a cargo del trámite sucesorio y los bienes de su marido muerto misteriosamente en un accidente en México.
La dictadura y sus socios civiles no pararon de acosar a sus víctimas. Había mucho dinero y poder mediático en juego. “Mientras tanto –señaló Rafecas en la página 37– conforme surge de su declaración en fecha 3 de julio de 1986 ante la Cámara de Apelaciones en lo Criminal y Correccional Federal, en fecha 4 de abril de 1977, Lidia Papaleo fue trasladada desde Puesto Vasco al Pozo de Banfield donde fue interrogada por el general Gallino”.
Gallino fue el nexo uniformado de Magnetto y Mitre en el caso Papel Prensa.
El Ceo de Clarín ya no lo puede negar. No lo dicen los periodistas. Lo dice la justicia que investiga un delito cuya pena es la cárcel.

TIEMPO ARGENTINO

EL ANALISIS DE LAS ELECCIONES PORTEÑAS


La política debilitada

Los datos recopilados por el Cedop de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA el último domingo permiten profundizar sobre la valorización que los electores tienen de los políticos y también la importancia que le asignan al voto.

Por Marcelo Urresti *

En ocasión de las últimas elecciones, el Cedop de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, dirigido por Carlos F. De Angelis, ha aprovechado la situación para producir una serie de datos de gran interés para analizar la conformación de la cultura política de la Ciudad de Buenos Aires. Algunos de esos datos han sido comentados por Washington Uranga y Sergio Caletti en entregas previas de este diario. En esta oportunidad, se presentan nuevos cruces de variables que permiten afinar la percepción sobre las representaciones de los porteños y postular a partir de ello algunas hipótesis para comprender sus recientes comportamientos electorales.
La política en su configuración actual está atravesada por al menos dos líneas de tensión que hacen complejo su panorama y opacan las posibilidades de su compresión: por un lado, la paradójica importancia que cobran las elecciones y, por el otro, la ambigua valoración que reciben tanto la práctica política como los actores que la protagonizan o aspiran a ingresar en su juego.
Uno de los rasgos centrales de la competencia política actual es la creciente importancia que reciben las campañas preelectorales. Esas campañas acaparan la atención de los espacios de comunicación y debate, encienden la atención del periodismo y, por el tiempo que duran, ocupan casi exclusivamente la agenda informativa. Las candidaturas y sus equipos se traban en verdaderas contiendas comunicativas en las que despliegan estrategias similares a las de los productos o las marcas en el mercado: en virtud de ellas, tratan de posicionarse y diferenciarse respecto de los otros, tratan de magnificar sus virtudes y minimizar sus defectos o debilidades, apuntan a descubrir el lado flaco de sus oponentes.
A pesar de ello, las campañas son momentos fundacionales de la política, en la medida en que reviven el interés relativamente dormido de la ciudadanía en períodos de administración. Sin embargo, el problema de las campañas es que mientras mayor es su importancia estratégica, mayor es también la indiferencia que generan en la población por la repetición y automatización que producen. Si bien es cierto que se trata del mecanismo más aceptado para que los dirigentes accedan a las instituciones rectoras de la sociedad, también lo es que a medida que la población acepta rutinariamente las reglas que la rigen, lo cual puede ser visto como un exitoso proceso de legitimación, el carisma y la mística se van perdiendo. Como suele decirse para otros ámbitos de la vida, el acostumbramiento genera la indiferencia y, en este sentido, no es casual que se multiplique la sensación de que se trata de una forma vacía, que tiene poca incidencia en los posteriores procesos de toma de decisiones a los que hará lugar, una vez que las autoridades estén consagradas.
Por otro lado, está la valorización que reciben los políticos y sus prácticas. Este constituye uno de los problemas más graves de legitimación del sistema. La política y los políticos son vistos con desconfianza por una población que toma distancia de ellos y los coloca en lugares muy negativos. Casi todos los sondeos de valoración de profesiones arrojan a políticos y sindicalistas a los grados más bajos de la escala. De igual manera, cuando se evalúa a instituciones, el Parlamento, los partidos políticos, el gobierno, despiertan niveles de confianza muy bajos.
¿Qué supone todo esto? Que las opciones “no políticas” por la política se vuelven electoralmente seductoras. Lo mismo sucede con los políticos que se presentan como parte de la “nueva política”, una fórmula mucho más retórica que real, que procura obtener los beneficios de la actividad evitando sus perjuicios. En suma, una estrategia de acumulación política que apunta a construir poder a partir de la distancia frente a la política.
Por estas dos razones es que los ciudadanos de Buenos Aires han votado mayoritariamente siguiendo a un candidato “no político” o que se presenta como miembro de la “nueva política”, aunque tenga un tiempo importante desarrollando su actividad en este ámbito. Cabe señalar que entre los votantes de Macri hay una apertura mayor a que la política reciba candidaturas de cualquiera que se quiera presentar. Es por esta misma razón que la opción política fuerte, la que fue elegida por Filmus, haya tenido que remar una situación adversa en principio, y haya obtenido su apoyo entre los sectores de jóvenes, de ciudadanos que consideran a la política algo serio y que exigen preparación de sus representantes y un alejamiento de la misma respecto del espectáculo.
Otra cuestión que está fuertemente relacionada con ésta es la que vincula el voto con la hipotética posibilidad de cambiar algo. El segundo gráfico, el de las tortas, muestra claramente cómo la visión política fuerte, la que corresponde a los votantes de Filmus, es más escéptica que la de los votantes de Macri, más ilusionados con las posibilidades de sus representantes. Esto se debe en parte a que aquellos que se ven ganadores tienden a esperar efectivamente que su voto cumpla con una acción de transformación. Esto puede postularse en sentido inverso para la opción contraria: tiende a ser más pesimista el que pierde. Pero de todas maneras, es interesante el ejercicio general de apuesta por la política: cuando las expectativas son muy altas, las posibilidades de satisfacción son más improbables y éste es otro rasgo de la política de nuestros días. El momento fundacional de la política suele identificarse con el clima de triunfalismo que despiertan las elecciones, momento de fervor que luego se mitiga con el paso lento de la gris administración, una situación que es más extendida que las elecciones y que siempre carga sobre el debe de la valoración de la política y los políticos una sombra de negatividad que deslegitima al conjunto.
Ambas cuestiones se han expresado el último domingo, en tiempos en que las apuestas políticas fuertes se enfrentan con sus propias condiciones de reproducción, donde el aura de la transformación de la realidad social se debilita y las figuras que optan por el juego no político de la política se fortalecen. El conjunto adquiere una opacidad que se vuelve más densa y que exige en toda la ciudadanía, la que hace de representante y la que hace de representada, el debate necesario para que más allá de la discusión de los gestos o las posturas, se vuelva a plantear el tipo de sociedad que se quiere construir.

* Sociólogo, investigador del Instituto Germani de la UBA.

Las expectativas sobre el voto

Los candidatos “no políticos”


Página12.

jueves, 4 de agosto de 2011

La fiesta de todos

Por Fernando D´addario

No se sabe qué habrá sentido Fito Páez cuando los altoparlantes del bunker macrista escupieron, en medio de los festejos por el triunfo PRO, los acordes de “Dale alegría a mi corazón”. Es probable que le haya causado más gracia que asco (el que escribe estas líneas se aventura a proyectar en el vapuleado rosarino sus propios sentimientos al respecto), en una suerte de hidalgo reconocimiento a la ironía del ganador. Macri y los suyos no suelen incurrir en gestos irónicos: sus reacciones, aunque estudiadas, apuntan a lo lineal, a las emociones básicas y elementales. Un lapsus de ligera sutileza –aunque materializado en forma de gastada–siempre es bienvenido.
Gilda, en cambio, no puede opinar sobre la utilización de “No me arrepiento de este amor” porque está muerta. Es posible conjeturar, sin embargo, que no le hubiera desagradado escuchar uno de sus hits en boca de Macri. Su música, al menos, no es hostil al espíritu PRO. “No me arrepiento de este amor” es el prototipo de la cumbia “blanca”, simpática, pum para arriba, ajena a cualquier especulación conflictiva. Una cumbia, digamos, “no crispada”. Le permite a Macri, además, fingir (tras un esfuerzo encomiable) que lo popular no le da tanto asquito.
Pero a Manuel Quieto, líder de La Mancha de Rolando, no le gustó nada prender el televisor y escuchar en cadena nacional su canción “Arde la ciudad”. Un poco porque no se sentía “bienvenido” al jolgorio. Pero fundamentalmente, uno intuye, su irritación fue producto de una evaluación un poco más profunda: el espíritu del tema en cuestión está en los antípodas del clima festilindo post-menemista que Durán Barba eligió para las celebraciones macristas. Aunque las letras no se explican, ésta en particular alude a aquella “fiesta de todos” que la dictadura impuso durante el Mundial ’78 para tapar sus secuestros, sus desapariciones y sus torturas. Cuando Manu Quieto canta “la gente festeja y vuelve a reír, / pero este carnaval, que hoy no te deja dormir, / mires donde mires ella está ahí”, se está refiriendo a la estupidez colectiva que contagió a buena parte de la sociedad argentina hace más de treinta años. Esa clase de alegría boba que se parece al adormecimiento. Manu sabe de lo que habla porque es sobrino de Roberto Quieto, líder montonero secuestrado por la Triple A en 1975. Cuando un comando se lo llevó, Manuel, que tenía un año, estaba en sus brazos.
Sin caer en reduccionismos injustos –no es lo mismo, claro, la dictadura que el conservadurismo neoliberal de Macri–, “Arde la ciudad” podría servir para burlarse amargamente, también hoy, de ese cotillón de globos amarillos y papel picado que el actual oficialismo porteño despliega para instaurar una nueva y artificial “fiesta de todos”. Quieto se quejó apelando al capital simbólico que encierra su canción. La contestación del PRO fue inherente a su lógica: el tema se puede usar porque se le pagó a Sadaic.
Resulta hasta osado pedirle a Macri una lectura comprensiva de los textos que utiliza para arengar a sus adeptos. Durán Barba lo sabe bien y explota esa aparente limitación de su cliente hasta convertirla en una expresión de espontaneidad (¿o impunidad?) positiva. Macri no leyó la letra de “Arde la ciudad” porque su límite es muy preciso: sólo llega hasta el envoltorio de las cosas; su curiosidad musical no trasciende la frontera de un estribillo pegadizo.
Ya que de marketing se trata, podría haber celebrado con la gran marca cultural/turística de la ciudad, bailándose un tangazo de Pugliese con María Eugenia Vidal. ¿O no dijo alguna vez que el tango es “la soja de la ciudad”? Pero tanto artificio se le hubiese vuelto en contra: la presunta idiosincrasia tanguera de los porteños, cargada de nostalgia y cuestionamientos metafísicos, está a años luz de la tilinguería PRO que se pretende inocular en los –bastante permeables, debe reconocerse– vecinos de esta hermosa ciudad.

Página 12

Comentario editorial:

La analogía entre la música de Manu Quieto recordando la fiesta del mundial 78 y el uso de la misma en el festejo electoral de Macri en la Ciudad de Buenos Aires tiene tiene un enorme significado.
La idea del adormecimiento popular, "la fiesta de todos", la música pegadiza, en lugar de la profunda letra con que el autor nos recrea el  drama que vivió nuestro país nos  da pie para pensar en ésta comparación de épocas y políticas.
En cada nación hay momentos históricos que dejan una marca ( señalan un rumbo o indican el camino a evitar).
La dictadura civico-militar del 76 quiso imponer un proyecto de país y aún hoy con distintos disfraces muchos intentan sostenerlo.
Desenmascararlos, hacerle ver a la ciudadanía qué ideas, qué proyecto de país defienden éstos ciudadanos y las ventajas de la vida en democracia, es tarea de todos.
Saber limar diferencias parciales entre los que defendemos la voluntad popular, seguir recontruyendo nuestro país , su cultura, su economía,  su autoestima es el desafio que tenemos por delante.
Este aporte de Fernando  D´addario me parece valioso.



Lo que Macri me dejó


Por María Pia Lando
03.08.2011
El triunfo del Macrismo en las elecciones del domingo pasado me deja un sabor amargo.  No puedo dejar de pensar por què logra convencer no solo  a quienes adhieren claramente a los intereses que representa  sino también a sectores antagónicos.

Me parece  interesante  analizar  lo que considero  la victoria del discurso hegemónico. Un discurso que se construye tomando conceptos universales, vaciándolos de contenido y reduciéndolos  a una simple expresión desde el sentido común.  Este mecanismo le resulta útil en dos sentidos: oculta sus verdaderas intenciones ideológicas, al mismo tiempo que consigue la legitimación de gran parte del colectivo porteño superando la heterogeneidad de los grupos que lo conforman.

“No se como agradecer tanta confianza, vamos a trabajar  estos cuatro años con los que nos votaron y con los que no….” Fueron las primeras frases de su discurso.  Me preguntaba si es posible   ser un dirigente  político y  trabajar solo con quienes le adjudicaron el triunfo….   por  inclusión  o exclusión  siempre  se trabaja  con todos.

A lo largo de toda su campaña  los valores discursivos con los que cautivó el  voto del electorado porteño fueron “libertad de expresión”, “tolerancia”,  “respeto  por el pensamiento diferente”, “pacifismo”, “humildad”. Estoy casi convencida que muchos de los porteños que  votaron  al Pro, lo hicieron desde el sentido común y desde allí cómo no entender  el triunfo, quien podría no adherir a semejantes postulados. El identificarse en estas expresiones es bienintencionado, el problema radica en la intención maquiavélica que  subyace detrás de ellas.

Mauricio Macri señalaba también "Esta es la victoria de una forma de hacer política, estos votos son de las personas que quieren una política de servicio". Si se quiere el guiño mas  claro y transparente de todo su discurso para con sus aliados del poder. La política entendida como “política de servicio” solo puede concebirse desde una lógica neoliberal, nadie que no se precie de tal puede  hablar en esos términos.

La educación pública, la libertad, la diversidad  y  la pobreza son valores universales construidos históricamente, que le otorgan sentido a la lucha  por un mundo más equitativo,  justo y solidario. En el discurso macrista, en el contexto de sus cuatro años de gestión y  “política de servicio “, estos valores   no pueden ser más que condenados a una mera enunciación discursiva  carente de todo contenido social.

DIARIO REGISTRADO

martes, 2 de agosto de 2011

Macrismo recargado


Por Andrés Osojnik

La lista es larga, muy larga. La conforman decenas de medidas que implementó Mauricio Macri en la ciudad y que fueron revisadas porque originaron algún grado de controversia, denuncias o porque quedaron al desnudo los negocios que implicaban, entre el aparato estatal y empresas amigas del macrismo.
La temprana destitución de Luis Rodríguez Felner antes de que asumiera como ministro de Cultura porque el nombre había provocado irritación en el Arzobispado porteño, la intervención por decreto de la obra social de la ciudad y la pretendida “democratización” del sindicato, las idas y vueltas con su amigo Nicolás Caputo, los parquímetros en los barrios, el registro de empleadores en la ciudad que debían incluir datos sobre las adicciones de sus empleados, la negativa a atender en los hospitales a quienes no tuvieran domicilio en la ciudad, las listas negras de estudiantes secundarios que tomaron escuelas, las sugerencias de un desayuno con queso cheddar a niños de sectores vulnerables, el apoyo inicial al matrimonio igualitario y el posterior repliegue tras la nueva y mucho mayor irritación del mismo Arzobispado son algunos pocos ejemplos.
En los pasados cuatro años de gestión, Mauricio Macri cuidó con ésas y otras marchas atrás diversos frentes para aplacar irritaciones que imaginaba perjudiciales para su finalmente frustrado objetivo central: convertirse en candidato presidencial. Marchas atrás que intentaron disimular el verdadero macrismo que sí se imponía soterradamente en la ciudad: políticas públicas que postergaron a los más desposeídos, que relegaron la presencia del Estado en esos sectores, que desfinanciaron los aparatos estatales, principalmente la educación, la salud y la cultura.
El 64 por ciento de los votos obtenidos ayer, tras cuatro años de ese modelo, pueden aventar en el Ejecutivo porteño los fantasmas de esas marchas atrás. Y propiciar que el verdadero macrismo asome en una envalentonada dialéctica para sostener un discurso xenófobo, restarles presupuesto a las escuelas de gestión pública, relegar la salud pública, ahogar en conflictos ámbitos culturales como el del Teatro Colón o el San Martín. La esencia PRO salió indemne ayer y, más aún, resultó fortalecida con el apoyo mayoritario de los votantes de la ciudad.
Ya no hará falta entonces el maquillaje de las marchas atrás. Ahora, el macrismo no tendrá obstáculos para mostrarse en su verdadera magnitud, tanto en el fondo como en la estética. Será una marcha adelante que profundizará los valores que sostienen el discurso y la praxis del PRO. Un macrismo recargado cuyo límite será, por cierto, la renovada aspiración presidencial, esta vez para el 2015. Pero con un límite que ahora podrá correrse con la laxitud que otorga el 64 por ciento. La música de Fito Páez que resonó anoche en el festejo macrista fue un anuncio de lo que se viene.

Página12.
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COLOMBIA
El ex presidente y ex funcionarios investigados por corrupción

Uribe y leales en aprietos

En la última semana, dos hombres de confianza del ex mandatario colombiano fueron enviados a la cárcel. Supuesta compra de votos para la reelección y escuchas ilegales a políticos y jueces forman parte de las causas contra el uribismo.

Por Katalina Vásquez Guzmán
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Alvaro Uribe dijo que era “una injusticia” la detención de dos de sus ex funcionarios más próximos.
Desde Medellín
En la última semana, dos hombres de confianza de Alvaro Uribe, ex presidente colombiano, fueron enviados a la cárcel. Ambos, así como el mandatario mismo, están siendo investigados por su supuesta responsabilidad en grosos actos de corrupción. Se trata de su secretario presidencial, el abogado Bernardo Moreno; y de quien fuera su candidato para reemplazarlo en la presidencia, Andrés Felipe Arias, también conocido como Uribito. Los últimos días, a punto de encarar los procesos judiciales en su contra, éstos la pasaron entre clubes, tribunales, cárceles y pasillos, intentando convencer de su inocencia. “Obstruyendo la Justicia”, concluyeron un par de jueces que decidieron detener a los dos altos ejecutivos incluso antes de que se los juzgue, lo que ha sido motivo de controversia nacional los últimos días.
Se aclaró pues, según acusó la fiscalía y aceptaron los jueces, que, en libertad, los dos uribitos estarían acomodando, quizá comprando y manipulando testimonios que los desfavorecen, como el de Jorge Lagos –ex director del DAS (servicio secreto) e importante testigo en el caso de escuchas ilegales–, quien denunció que Moreno le pidió a su abogado considerar versiones que lo salpican. Quizás hoy, si otro juez está de buen humor y autoriza su traslado, Bernardo y Andrés compartan cuarto en la guarnición militar donde ya está el segundo, que se negó a ser huésped de La Picota. Sus abogados alegan que allí, como preso, no estaría seguro. Sin embargo, en los últimos dos meses, Arias visitó el penal en diez ocasiones, incluso días no autorizados, por lo que pudo “influir para inducir a los otros coimputados” a que se oculte la verdad, según argumentó el magistrado Orlando Fierro Perdomo. “Clientelismo judicial”, dicen cerca de Uribe para esquivar ese halo criminal que los envuelve ahora que la Fiscalía comenzó a acusar por cuanto escándalo se descubrió durante los ocho años de gobierno de Uribe: corrupción para conseguir la reelección, para entregar subsidios a campesinos, para perseguir a la oposición, la prensa y la Justicia misma.
Ahora, “una injusticia”, dice el mismo ex mandatario cuya popularidad, aunque sigue siendo alta (60 por ciento), va en picada desde que llegó al cargo de fiscal general de la nación la abogada liberal y protestante Viviane Morales Hoyos. Desde hace unas semanas, cuando la experimentada ex congresista comenzó a acusar a los muchachos de Uribe y a pedir su detención, el país está que arde. No, por favor no; se niega a aceptarlo el ex mandatario, acusando a Colombia de tierra desagradecida y lanzando otro quejido molestón. “Profundamente adolorido por la medida de aseguramiento contra Bernardo Moreno, expreso que es inaceptable que se prive de la libertad a un ciudadano al acusarlo de obstruir la Justicia por el hecho de defender su honra”, explicó en un comunicado Alvaro Uribe Vélez la tarde de este 30 de julio, cuando el encarcelamiento de su mano derecha le partió el corazón, ya herido desde el martes 27, al ser también apresado su ex ministro Andrés Felipe. “Algunos aplauden la cárcel de Arias y tapan, tapan y tapan el clientelismo judicial que politiza la Justicia”, afirmó en su cuenta de Twitter. Arias está acusado de celebración de contratos sin el lleno de requisitos legales y peculado por apropiación a favor de terceros por haber entregado subsidios del programa Agro Ingreso Seguro –creado para que campesinos pobres reactivaran la agricultura– a grandes terratenientes, políticos, modelos y empresarios que financiaron la campaña presidencial de Uribe.
Moreno está siendo judicializado por las escuchas ilegales a magistrados, opositores, periodistas, jueces y otros que andaban revelando o investigando los nexos de parlamentarios, también uribistas, con paras y mafiosos. A Moreno se lo acusa de concierto para delinquir, interceptación ilícita de comunicaciones, abuso de autoridad y falsedad en documento privado. Sabas Pretel, también ministro de Uribe y actual embajador en Italia, también es investigado por supuesta compra de votos de congresistas a favor de la reelección presidencial. “Frutos prodridos o huevitos podridos de ocho años de uribismo”, diría el columnista Antonio Caballero, quien asegura que la huella de Uribe en Colombia es la admiración y el orgullo por la inmoralidad.

Página12

COMENTARIO EDITORIAL:

                                              Estos dos artículos se han copiado juntos para asociarlos en una reflexión a futuro. En Buenos aires se ve la impunidad de imagen protegida por los medios de información masiva, que ha tenido el Ing. Macri a pesar de su mala gestión . En Colombia la Justicia ha comenzado a actuar con eficacia y una condena judicial puede destruir la opinión favorable de un 60% que aún conserva el ex presidente Uribe. 
Hoy es indispensable que la justicia actúe eficazmente en Buenos Aires y el Parlamento de la Ciudad controle estrictamente la gestión del gobierno de la ciudad.
Uno se alegra del desarrollo democrático de las instituciones y trata de interpretar lo que el pueblo soberano nos ha querido señalar con el 64% de los votos a Macri. Pero también el sufrimiento y los retrocesos que nos han traído los votos a Menem , a De la Rua.... 
Dentro del juego democrático es muy importante el juego de las distintas instituciones (Justicia, Parlamento, partidos políticos).
Urge construir una gran coalicción tipo Frente Amplio que nos permita enfrentar los grandes desafios que tiene la vida política de la ciudad con una derecha unida y los sectores populares en una  gran fragmentación (que es la historia del Parlamento de la Ciudad desde 1996).

lunes, 1 de agosto de 2011

La pesadilla neoliberal está presente

 

 

Por Rubén Dri *

El resultado de las elecciones porteñas nos hizo despertar del sueño que muchos teníamos sobre la superación de los efectos más negativos que había producido la noche neoliberal de la nefasta década menemista. De golpe y porrazo nos encontramos con la realidad de un Buenos Aires que no sólo “no está bueno”, sino que nos mostró su peor rostro, que no es un simple fantasma, sino una realidad “fantasmal”.
A partir de 2003 hemos comenzado la tarea de superar la década neoliberal, pero mucho del trabajo realizado ha puesto en evidencia que, al menos en la Ciudad de Buenos Aires, la transformación tuvo que ver más con la superficie que con el fondo. Es ese fondo neoliberal el que se mostró tal cual es en estas elecciones, de modo que no se trata sólo de revertir los números de las elecciones sino de atacar ese fondo, sin lo cual no habrá cura posible.
El neoliberalismo que se impuso en la década del noventa del siglo pasado no sólo destruyó la economía del país, creó la pobreza y desocupación de millones de compatriotas, llevó la deuda a cifras siderales y malvendió las rentables empresas estatales, sino que dañó al sujeto hasta las entrañas, instalándose allí como un cáncer difícil de extirpar.
El sujeto conformado por el neoliberalismo se encuentra profundamente descentrado, desestructurado, esquizofrénico. Efectivamente el sujeto es “el movimiento de ponerse a sí mismo”, de crearse a sí mismo, un crearse que es al mismo tiempo crear, movimiento siempre en acto. Pero todo movimiento tiene una meta, apunta a un objetivo, va más allá. Por otra parte, la tarea de crearse es compartida con otros, es un co-crearse que sólo puede realizarse en el entramado intersubjetivo del mutuo reconocimiento.
Este co-crearse de los sujetos se de-sarrolla en el ámbito ético que constituye el hábitat del sujeto humano. Si ese ámbito ético se destruye, es el sujeto el que se destruye. El neoliberalismo ha proclamado que el sujeto debe velar por sí y sólo por sí. Es el egoísmo en su máxima expresión, tanto que, dice Hayek, uno de los máximos intelectuales de la doctrina, la expresión “justicia social” no tiene sentido “referida a una sociedad de hombres libres”. Los que nos preocupamos por la solidaridad estamos todavía bajo las influencias de la “solidaridad tribal”, propia de las hordas primitivas, que no conocen las maravillas de “una actividad competitiva sometida a reglas y en la que el resultado depende de la mayor habilidad, fuerza o suerte”.
Para quienes piensan de esa manera, si la economía es floreciente y uno puede darse todos los gustos, debe dejar de lado toda preocupación por cambiar o mejorar algo. No hay que pensar en el futuro. Todo está en el presente. Si todo anda bien, nada hay que tocar. El jefe de Gobierno está procesado como perteneciente a una asociación ilícita por haber montado el espionaje contra sus opositores y otros, y eso ¿a quién le importa? Que la escuela pública se viene abajo ¿a quién le importa si nuestros hijos van a la floreciente escuela privada? Que los hospitales carecen de insumos y los médicos de sueldos dignos, eso, ¿a quién le interesa, si tenemos medicina privada?
Shoppings abarrotados de mercaderías que llaman al consumo, canales de televisión que invitan a la diversión fácil, la frivolidad como modo de vida; un jefe de Gobierno que se presenta como el rico que no necesita trabajar para gobernar, que transforma la actividad política en una práctica apolítica de la diversión, que veta leyes aprobadas por el parlamento y no sabe por qué lo hizo. ¿No es todo esto la repetición de lo que sufrimos en el noventa?
Buenos Aires no es el país ni toda Buenos Aires es la muestra de la concepción neoliberal, egoísta y frívola. Desde el país profundo, desde los movimientos sociales, desde la juventud que ha vuelto a enamorarse de la política como instrumento de transformación, desde la confluencia de la generación de los 60-70 y las nuevas generaciones es posible ganar la batalla cultural que significa romper con el egoísmo que se manifestó en estas elecciones. Tarea ardua y no de corta duración, pero necesaria y posible.
* Profesor consulto de la Facultad de Ciencias Sociales (UBA).

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La Recaída de Buenos Aires

Por Juan Sasturain
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En esta hermosa ciudad, rebautizada última y malamente CABA, prácticamente no hay cosa que no se haya hecho, reformulado o padecido dos veces. La doble circunstancia, de todo tipo –repetición, binaridad, inversión–- parece estar en su naturaleza. Desde el mismísimo nombre, como ha recordado dramáticamente el maestro Marechal en Megafón: este caserío fue bautizado en origen de dos maneras, como “ciudad de Santa María y puerto de los Buenos Aires” –o algo así–; es decir que nos quedamos, emblemática / programáticamente, con el nombre del puerto en lugar del de la ciudad... El atormentado Murena, desde otro lado ideológico incluso, tuvo mucho y original que decir al respecto. Y cabe recordar que además de ser ingenioso y original solía tener razón, como Oscar Wilde.
Sin irnos de ahí, de la fundación, esta ciudad necesitó ser puesta dos veces en el lugar para finalmente quedar donde está, como si hubiera costado pegarla al barro de la orilla pastosa del Plata sin plata alguna. Sabemos que don Pedro de Mendoza, el que se muere de frío en la barranquita del Parque Lezama donde supuestamente hizo pie –y resbaló–, hizo lo que pudo, pero no alcanzó; se necesitó que el vasco Garay llegara desde el banco para refundar lo deshilachado y soslayando los huesos mal sepultados y mal comidos de los originales pobladores la refundó con el énfasis y la convicción propia de los de su estirpe. Que los querandíes no se lo perdonaran y se lo hicieran pagar al tiempo con su vida, no invalida el gesto: lo rehecho, rehecho estaba. Y ahí quedó Garay, pegado a la Plaza y a la Casa, y señalando con el dedo.
Es obvio que los máximos y más vistosos avatares que experimentó el destino de Buenos Aires –ya cabeza de Virreinato– fueron las consabidas invasiones inglesas de la primera década del siglo XIX. Que fueron dos, claro, y como debe ser: si Beresford nos primereó y acá se enseñorearon por un tiempo los casacas rojas –ídolos de nuestra burguesía comercial– hubo una criolla y heroica Reconquista; y si el alocado Whitelocke calculó mal al año siguiente y se mandó al River Plate sin cálculos ni promedio adecuados, hubo una porteña Defensa aguerrida que lo rechazó largo y definitivamente.
Quiero decir: dos Nombres contiguos; dos Fundaciones sucesivas y superpuestas; una Reconquista y una Defensa, inolvidables y simétricas hazañas –Liniers mediante–, como históricos partido y revancha por la Copa Soberanía... Toda una historia de pares no empardables. Pero esta misma Buenos Aires, que ha sobrevivido gloriosamente a administraciones bárbaras y cajetillas, milicos demoledores y ladrones de guantes multicolores, en los últimos años –autonomía y democracia bienvenidas y ejercitantes– ha incorporado (para algunos diagnosticadores que seguro sangramos por la herida, qué duda cabe), un nuevo par de avatares retrógrados y preocupantes: la Caída de hace cuatro años en manos de la política marketinera que considera a la Ciudad como una Empresa; y la Recaída de ayer, resultado desalentador en tanto y en cuanto no hubo forma ni aptitud ni actitud ni concierto a la hora de encontrarle la vuelta a la enfermedad y –pese a los síntomas alarmantes– tras la consulta a los interesados, seguir con el tratamiento equivocado.
En fin... “Ahora sólo nos cabe esperar”, como suelen decir los médicos, en las convencionales películas melodramáticas, al salir de la habitación donde el paciente está cachuzo, maltrecho o poco menos. En esos casos el guión le suele hacer decir al facultativo que (el paciente, la chica, el héroe o la Ciudad) está en manos de Dios, el Destino o Responsable equivalente. No es éste el caso, ni mucho menos.
Y –esperemos que no– pero sabemos que son jodidas las Recaídas. 

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