lunes, 11 de marzo de 2013



Preguntas y respuestas sobre Malvinas

Por Alicia Castro *
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Estuve contra la guerra en Malvinas el mismo 2 de abril de 1982, sabiendo que esa banda de genocidas a cargo de picanear la imposición de la miseria no era capaz de hacer nada bueno por la Patria y el ejército que mancillaron. Lo escribí entonces y logramos publicarlo en un diario.
Creo en la dialéctica y la construcción de políticas a través del arduo debate de opiniones diversas, del intercambio de ideas y del diálogo fecundo. Comparto la necesidad de pensar Malvinas como metáfora, en toda su complejidad y dentro de una historicidad larga, a la cual hemos hecho referencia. Por metodología, hasta cuando afirmo me permito dudar. Pero las preguntas que ha invitado a formularnos Federico Lorenz en su reciente artículo en Página/12 (el pasado lunes 3) me han sorprendido. Podría pensarse que son preguntas retóricas que serán respondidas a su regreso de Malvinas, pero conociendo los ritmos de la prensa no se podrá suponer inocentemente que la opinión publica estará esperando que resuelva los dilemas que plantea a la vuelta de un viaje, que pareciera sin retorno.
Hay algunas preguntas en esa nota que me impactan particularmente, a las que me referiré y daré respuesta.
- “¿Por qué, si hemos revisado tantas cosas en relación con nuestro pasado, no hemos incorporado la experiencia de la guerra y la posguerra para pensar la cuestión de Malvinas?” Creo que encuentra respuesta en la muy explícita y severa crítica que hace el gobierno nacional a la guerra, la denuncia y persecución de sus actores en la Justicia, la divulgación del Informe Rattenbach que impulsó la Presidenta. Nadie ignora la experiencia de la guerra en Argentina –¿cómo hacerlo?— y medios como la película Iluminados por el fuego han hecho una excelente tarea de concientización sobre las motivaciones y alcances del conflicto.
- “¿Debemos seguir pensando y sintiendo ‘la causa nacional’ según la matriz oligárquico-liberal en la que se construyó, retomada por el nacionalismo más variopinto sin apenas cuestionarla?” La “causa nacional” es pensada hoy en un contexto completamente distinto: el de la integración regional sudamericana. Esta forja una nueva matriz de pensamiento y opinión, implica que no sólo los argentinos sino toda la región rechazan la existencia de un enclave colonial, la expoliación de nuestros recursos naturales y la creciente militarización al sur de nuestro continente. Es claro para los sudamericanos que Gran Bretaña mantiene el interés estratégico en una base en el Atlántico Sur por razones geopolíticas, revelado en documentos desde 1740 y aún vigente. Hoy, en que además todo el planeta es consciente de las urgencias de recursos escasos, energía, agua y pesca, los intereses no sólo son evidentes sino contrapuestos.
- “¿Es correcto que usemos la palabra ‘negociar’ si no estamos dispuestos a considerar la posibilidad de ceder?” En mi experiencia de sindicalista, he aprendido que en las buenas negociaciones ambas partes pueden salir ganando. Pero lo que Lorenz debiera preguntarse, en cambio, es ¿quién, dónde, cuándo se puede hablar de esto, si no hay mesa de negociación, ni siquiera diálogo entre los Estados por negativa del Reino Unido? Esa pregunta –me la hacen frecuentemente los británicos– es fácil de responder: ver las negociaciones entre 1966 y 1982, donde ambas partes contemplaron varias alternativas para resolver la disputa territorial.
- “¿Nos atreveremos a pensar, al menos como un ejercicio intelectual, que tal vez no tengamos (toda la) razón?” Esta pregunta sobre la “razón” ya entra dentro del campo del absurdo. Me confunde. No sé si el autor de la nota está dudando del uti possidetis jure –el derecho de posesión de estados—, de las afirmaciones del duque de Wellington cuando como primer ministro inglés puso en duda los títulos británicos sobre Malvinas ante la invasión de 1833, o del propio Lorenz, quien, como profesor, tantas veces ha hecho referencia –en Argentina y en Londres– a los incuestionables derechos argentinos sobre las islas Malvinas.
- “¿Estamos seguros de que nuestra sociedad está de acuerdo con la idea de no incluir a los isleños en las negociaciones?” Cualquiera podría afirmar ingenuamente que los isleños debieran participar en las negociaciones. Se entiende. No toda la sociedad sabe que el Reino Unido quiere que los isleños sean parte de la negociación bajo dos condiciones: a) como “gobierno de las islas”, es decir, como tercera parte en la negociación, cuando las Naciones Unidas establecen que la disputa debe resolverse entre dos Estados: Argentina y el Reino Unido; b) los isleños no se avienen a negociar soberanía, sino solamente “cuestiones prácticas” de su interés y exclusiva conveniencia. No “toda la sociedad” está cabalmente informada de esto, pero sí lo está Lorenz. Generalmente más importante que tener todas las respuestas es hacer/se las preguntas adecuadas.
- “¿Cómo puede ser que nuestro Congreso haya votado a favor de dialogar con un Estado sospechado de participar en un atentado terrorista contra nuestros ciudadanos pero no podemos hacerlo con los habitantes de Malvinas?” Lorenz alude a un caso debatido y resuelto por los representantes del pueblo y las provincias en el Congreso, dentro de las normas de la democracia representativa. Aunque su pregunta apele a una comparación simplista –casi una provocación—, no se puede ignorar que los habitantes de las Malvinas no constituyen un Estado diferente del Reino Unido. Para “pensar la historia a largo plazo” se desaconseja olvidar la propia historia, en este caso la historia del imperialismo, el antiguo y permanente afán de perpetuar un orden colonial de violencia y saqueo para servir a objetivos estratégicos diferentes y contrarios a los nuestros; ni olvidar nuestra luchas por generar un orden multipolar que dé “equilibrio al universo”, diría Bolívar.
El derecho, en este caso el derecho internacional que rige la relación entre Estados, es también una construcción social. No hay duda de que el derecho de autodeterminación que sirve para liberar a los “pueblos” sometidos a un orden colonial no cabe a los actuales habitantes de Malvinas; ellos son ciudadanos británicos, pero la tierra que habitan pertenece a la Argentina. Gozan de incuestionables derechos civiles y políticos, pero no tienen la capacidad legal de resolver el destino del territorio ni la disputa de soberanía. Se trata de una disputa territorial, el contencioso no involucra a los habitantes; ponerlos en el centro de la escena incluyendo argumentos sentimentalistas y apelando a consensos blandos es una estrategia del “lobby” que defiende intereses económicos particulares de los isleños. No se entiende, por lo tanto, a qué ni a quién están dirigidas esas preguntas. Debiera Lorenz proponer —“al menos como un ejercicio intelectual”— algunas preguntas a los británicos. Preguntar, por ejemplo, qué “están dispuestos a ceder” los británicos. Preguntar por qué el gobierno del Reino Unido defiende el derecho de autodeterminación de los habitantes de las Malvinas y no lo hizo con los millones de habitantes de Hong Kong y, mucho menos, en Chagos. Al menos tratar de entender y explicar la férrea defensa que hace el Reino Unido de los “deseos” de los habitantes de Malvinas, tan diferente del trato que brindan a los habitantes del archipiélago de Chagos, expulsados de la isla Diego García. Seguramente Lorenz conocerá los cables (filtrados por Wikileaks) que revelan que el director de Territorios de Ultramar de la Cancillería británica, Colin Roberts, insistió ante el encargado de negocios de la Embajada de EE.UU. en el Reino Unido en la creación de un “parque o reserva marina” con el único objetivo de impedir que los chagosianos, pescadores, regresaran a su isla.
- “No habrá huellas humanas o Man Fridays (sic) en las islas deshabitadas”, sostuvo Colin Roberts. “Man Friday” es el despectivo nombre del sirviente aborigen de Robinson Crusoe. Respondiendo a la inquietud del diplomático estadounidense que advirtió que los que abogan por la reinstalación de los chagosianos en su isla continuarían vigorosamente dando prensa a su caso, Colin Roberts “opinó que el lobby ambiental es mucho más poderoso que los abogados de los chagosianos”. Estamos informados de que Colin Roberts ha sido designado por el gobierno del Reino Unido como el ilegítimo “gobernador” de Malvinas a partir del año próximo. ¿Se ha preguntado Lorenz si esto es lo que diplomáticamente llamamos “doble standard” o es el más despiadado y rampante cinismo imperialista?
- Concluye la serie de doce preguntas interrogándose si es “menos argentino quien plantee estas cosas”. Mejor que nuestros compatriotas que leen Página/12, se lo podrían responder en Londres quienes ya están reproduciendo en la prensa británica sus cuestionamientos, para cimentar la posición del gobierno del Reino Unido, del mismo modo en que antes se usara la controvertida opinión de los denominados “17 intelectuales” sobre Malvinas.
Lorenz formula su serie de preguntas desde la doble entidad de un historiador con la fuerza de un especialista que escribe y describe “al pie del avión”. Regresa a Malvinas –anuncia dramáticamente– “en un clima tenso debido a la gestualidad agresiva y obstinada de los dos gobiernos involucrados en la disputa diplomática”. Yo escribo desde Londres, en el día del referéndum. Hoy veo con pesar que Lorenz parece olvidado de todas las lecciones de la historia de nuestro país y nuestro continente cuando coloca al gobierno ocupante en el mismo plano que a nuestro gobierno, que reclama la solución de la disputa de soberanía por la vía pacífica y diplomática.
En los días en que velamos dolorosamente a Hugo Chávez, confundir al agresor y expoliador de nuestra Patria Grande con el agredido es una licencia que no podemos dejar pasar.
* Embajadora argentina en el Reino Unido.

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viernes, 8 de marzo de 2013


¿Dónde están? ¿Dónde estamos?

Por Eduardo de la Serna *


Debo comenzar con una serie de sensaciones personales, me parece que es justo:
- Nunca me consideré “chavista”, había cosas del Comandante que no me “cerraban del todo”: a lo mejor su estilo caribeño, exuberante; a lo mejor cosas que “sabía de oídas”; a lo mejor saber que algún teólogo de la liberación al que respeto enormemente era muy crítico;
- Sin duda alguna en las elecciones lo hubiera votado; no se me hubiera ni por asomo ocurrido votar a Capriles (no sé cómo puede durar un segundo más en el “Partido Socialista” Hermes Binner... o a lo mejor lo sé, porque también allí estuvo Américo Ghioldi);
- Había cosas que me caían muy bien (aun en su exuberancia), por ejemplo en la gravísima reunión en Dominicana, cuando la tensión entre Ecuador y Colombia amenazaba por todos lados con romper la paz, el discurso de Chávez me pareció brillante, y fundamental para descomprimir la tensión (hasta hizo chistes, y hasta cantó). A pesar de su clara postura en favor de Correa (la cual comparto en un 100%) fue fundamental en la construcción de la paz.
- Por encima de todo esto, creo que fue un factor decisivo (si no el principal) en la actual unidad latinoamericana. Unidad que es evidentemente molesta para los poderosos de fuera (y los cipayos de dentro), y que intentan e intentarán romper por todos los medios. Basta recordar Honduras y Paraguay para tener memoria y saber. Y debo reconocer que la “unidad latinoamericana” me parece (y pareció desde mis 18 años, cuando decidí empezar a conocerla) un paso fundamental y decisivo de independencia, de identidad, de paz.
Dicho esto, miro otros lugares. Miro a los gusanos de Miami celebrar la muerte de Chávez, miro las declaraciones de Macri o de Binner (teñidas de patético anticristinismo, por otra parte), miro nuestra historia (cuando “estalló” la Argentina, y nadie ¡nadie! prestaba un centavo, por aplicar las políticas de los que dicen que “ahora” estamos “fuera del mundo”) y quien se acercó y ayudó a la Argentina fue Chávez (como después lo hizo en otras partes, debemos reconocerlo) [y por si no se entiende, repito: ayudó a la Argentina, no a “los K”]; miro la prensa hegemónica (hoy el diario El Tiempo, de Bogotá, en primera plana pone “Marea roja” en las calles de Caracas... basta saber lo que es la “marea roja” y lo que es el “rojo” para entender lo que ellos quieren decir)...
Mirando –entonces– a unos y otros, voy sabiendo dónde pararme. Pero hay más:
Estando cerca de Caracas se escucha más, hay más repercusiones. Y escuchando ambientes eclesiales se me paran los pelos de la nuca. De espanto. “¿Se habrá ido al infierno?”, “Que Dios le perdone sus pecados”... y por el otro lado (y para mí, esto es lo principal), veo dónde están los pobres de Venezuela. ¡Los pobres están en la calle, llorando! ¡Listo! Para mí está claro, y sin ninguna duda, dónde tengo que estar. Podré no estar de acuerdo con esto o con aquello, pero los pobres están llorando. Y mientras crea que allí estaría Jesús, no tengo dudas. El que nació en un pesebre, se anunció a pastores, predicaba a los pobres, comía con despreciados, elegía desclasados, y lo mataron como a un esclavo, ese no estaría ni en el hotel 5 estrellas de Las Termas ni festejando en Miami. Estaría confundido con la gente, llorando. Puede ser que a Chávez le hubiera dicho “no peques más”, pero después de haberle dicho “no te condeno”. Y mientras tanto, estaría llorando con los que lloran.
¿Dónde están los pobres? ¿Dónde estamos nosotros? Basta con mirar las calles de Caracas y mirar a quiénes festejan (pública o silenciosamente, porque a algunos se les escapa el rictus de la alegría por los poros, y eso Duran Barba no lo puede controlar).
¿Dónde están los pobres? ¿Dónde estamos? Y esto vale para Caracas, La Paz, Quito, Bogotá, Buenos Aires, Asunción y Santiago de Chile (por nombrar sólo algunas capitales). ¿Dónde está nuestro corazón? ¿De dónde salen nuestras palabras? ¿Para dónde se dirigen nuestras opciones?
* Coordinador del Grupo de Sacerdotes en Opción por los Pobres.

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Un militante de la iglesia popular


Ha muerto Hugo Chávez, líder de la revolución bolivariana, de la recuperación de la Patria Grande Latinoamericana y de las raíces liberadoras del cristianismo que se expresan en la iglesia popular profética. Su proyecto de “socialismo del siglo XXI” es profundamente innovador, creativo, que recoge lo mejor de los aportes del pensamiento de Marx y otros teóricos revolucionarios, reinterpretándolos desde la realidad venezolana y latinoamericana.


Por: 
 
Rubén Dri
En esa realidad venezolana y latinoamericana descubre al cristianismo expresado en sus corrientes renovadoras y revolucionarias como una de las vertientes fundamentales de la cultura del pueblo venezolano y latinoamericano. “El primer socialista de nuestra era fue Cristo” es una de sus consignas que suena rara sólo porque se ha ocultado el proyecto revolucionario del movimiento que construyó Jesús de Nazaret, por lo cual fue asesinado por el imperio romano.
Al revés de la jerarquía eclesiástica de Venezuela y de todo el continente latinoamericano, Chávez redescubrió por el contacto con su pueblo, por el conocimiento de la historia de las luchas latinoamericanas por la liberación, por su lecturas de los textos del cristianismo de la primera hora y de la Teología de la Liberación, las raíces liberadoras del cristianismo que se expresan en una iglesia popular que se disuelve en el pueblo, que se expresa en reuniones y luchas populares.
El comandante Hugo Chávez Frías se definía a sí mismo como profundamente cristiano y proclamaba a Jesús de Nazaret, el Cristo como “comandante en jefe de la revolución”. Sólo quienes ignoran que el nazareno formó un movimiento que se enfrentó al sacerdocio y al imperio pueden escandalizarse o extrañarse de tal proclama.
La iglesia como la interpretaron los primeros cristianos no fue una institución sacerdotal, jerárquica. En realidad, hablando de los cristianos de la primera hora, no es correcto hablar de “la iglesia”, sino de “iglesias” que eran asambleas que inspiraban en el proyecto profético, popular, de Jesús de Nazaret. En cada lugar en que los cristianos redescubren al Jesús liberador, renace la iglesia popular.
Hugo Chávez fue un militante de esa iglesia popular que hoy llora su muerte pero que sabe que resucita en sus  sueños, en sus proyectos, en una palabra, en sus luchas. Militante de una iglesia que renace en Latinoamérica con fuerza, mientras la renuncia de Benedicto XVI desnuda el fracaso de la Iglesia sacerdotal, jerárquica que, traicionando el proyecto liberador de Jesús de Nazaret, ha unido su suerte a la de los poderosos. 

TIEMPO ARGENTINO
 

martes, 5 de marzo de 2013

Durísima carta de los curas en Opción por los Pobres al obispo de Santiago del Estero



“No estimamos a los que son cobardes”


“No vamos a decirles a ustedes ‘estimados’ porque no estimamos a los cobardes”: en estos y otros durísimos términos se expresa la carta abierta que el secretariado de Curas en Opción por los Pobres (OPP) dirigió al obispo de Santiago del Estero y a su segundo, en uno de los conflictos más ásperos de que se tenga memoria en la Iglesia argentina. El texto responde al despido del sacerdote Roberto Murall por parte del obispo Francisco Polti: el cura desplazado había firmado, en noviembre pasado, un documento en el que la OPP cuestionaba al Episcopado por aceptar la vinculación de la Iglesia con la última dictadura militar. La carta emitida ahora por los curas de OPP cuestiona a los obispos por estar ligados “al pequeño grupo de los poderosos” y revela sus “cenas a la sombra del poder político, económico y mediático”, advirtiendo que “un pesebre se parece poco a un hotel 5 estrellas en las termas”. El documento también se pregunta por “el silencio del resto de los obispos argentinos: ¿es un silencio temeroso, cómplice o corporativo?”.
La carta abierta está suscripta por los presbíteros Marcelo Ciaramella, Eduardo de la Serna, Juan Carlos Baigorri y Roberto Murall y va dirigida a Francisco Polti, obispo de Santiago del Estero, y a su obispo auxiliar, Ariel Torrado: “Se terminó la hora de la diplomacia epistolar –dicen–. No vamos a dirigirnos a ustedes con el habitual ‘estimado’ o ‘de nuestra consideración’, porque sería una falsedad. No nos inspira ninguna estima ni consideración la gente que se esconde o es cobarde”.
“Cuando deban ustedes renunciar a la diócesis (por razones de edad), sólo el pequeño grupo de los poderosos de la provincia lamentará su ausencia. Los pobres, los campesinos e indígenas, legítimos dueños de esas tierras, celebrarán su renuncia”, continúa el documento. “Ustedes no supieron ni quisieron saber qué pensaban las comunidades acerca del ministerio de Roberto Murall en la diócesis; no supieron ni quisieron saber qué hacía o dejaba de hacer él como pastor, porque nunca hicieron una visita pastoral. Sólo supieron que Roberto manifestó públicamente su rechazo al accionar de la jerarquía en tiempos de la dictadura genocida; su repudio a que el ex general Videla reciba la comunión a pesar de haber revelado, sin arrepentimiento alguno, que fue responsable de crímenes de lesa humanidad. Lo de ustedes se llama defender a los amigos.”
“Un pesebre se parece bastante poco a un hotel 5 estrellas en las termas, y la cruz, con la que el Imperio ejecutaba a los que se tenía por no humanos, es muy diferente de las cenas a la sombra del poder político, económico y mediático”, advierten los curas de OPP.
La carta acusa a los obispos de “no haber dicho la verdad” sobre lo que sucedió cuando Murall fue citado por Polti el 28 de diciembre pasado: “En la entrevista, el obispo le recriminó haber firmado nuestra declaración pública sobre la complicidad episcopal durante la última dictadura, algo cada vez más probado por los juicios en curso. Y, para ofender más aún a las víctimas, mezclan esta razón tan grave con pretextos”, por ejemplo que Murall “haya recibido en la comunión a personas que no están casadas por Iglesia. Para ustedes escandaliza más que se dé la comunión sin libreta matrimonial que dar la comunión a un genocida confeso”.
Murall, procedente de la diócesis de San Isidro, venía desempeñándose en la de Santiago del Estero desde hacía 14 años, a través de “contratos de servicio” que se renovaban anualmente. El obispo Polti, al disponer la cesantía del cura, adujo que sólo no le había renovado el contrato.
La carta abierta finaliza con una referencia a la actitud del resto de los obispos argentinos. “¿Cómo debemos entender su silencio? ¿De modo cómplice, corporativo o temeroso? Sabemos que algunos están en desacuerdo con lo actuado por los obispos de Santiago: ¿por qué no lo dicen?”

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lunes, 4 de marzo de 2013



Oposición automática

Por Eduardo Aliverti
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Por estos días, el firmante oyó acuñar la definición que da título a esta nota y que, quizá, no esté revestida de originalidad pero sí de potencia semántica: “la oposición automática”.
Como figura coyuntural, alude a la actitud observada por todas las franjas opositoras –o, al menos, a través de algunas de sus figuritas mediáticamente más expuestas– durante el debate parlamentario por el acuerdo con Irán. Y en efecto, entre los cuestionamientos interpuestos al canciller Timerman fue imposible encontrar uno solo que, centralmente, dejara de apuntar a la controversia por la controversia misma. Vale aclarar que no se trata, siquiera, de refutar la dureza de esas impugnaciones. Es bueno que una oposición, cualquiera, exija al máximo en ese terreno. Lo contrario sería renunciar a la necesidad de pensamiento crítico, y a su eventual correlato de denuncias fundadas. Pero sí es cuestión de la nobleza de las armas esgrimidas. Dejemos de lado la curiosa intervención del diputado macrista Federico Pinedo, en tanto respetable y respetado caballero de derechas, quien incurrió en el disparate inconcebible de mezclar la cosa con el holocausto del pueblo judío. No contemplemos tampoco la recurrente actuación autosacrificial de Elisa Carrió: ya se sabe que viene de quien dejó hace rato la actividad política propiamente dicha para dedicarse a destruir todo lo que supo edificar y aplicar sus brillantes dotes oratorias a un rango de actriz de telenovela. Sólo referimos que la demanda de explicaciones opositora, en general, se desinteresó por completo de plantear una alternativa, capaz de expulsar del freezer la impunidad segura del atentado a la AMIA. No es que esa tranquilidad de los culpables habrá de derretirse, por haber llegado a un “convenio” con la teocracia presuntamente culpable. Sin embargo, hay dos aspectos insoslayables: a) esa presunta culpabilidad es marcada por la línea de intereses e investigación de la sociedad entre Estados Unidos e Israel y b) son ya unos 20 años de seguir esa línea sin resultado alguno, incluyendo a la protagónica o secundaria conexión local, como para rechazar así porque sí una pequeña ventana de avance. En el más terrible del peor de los casos, lo que salga de la instancia que se abrió jamás será más dramático que dos décadas sin culpable alguno. Entonces, ¿es institucional e intelectualmente honesto consagrarse a la exclusividad de bastardear el intento? ¿Es creíble que en aras de una movida o realineamiento de política internacional, “denunciado” sin prueba alguna, el gobierno argentino se haya sentado a negociar muertos?
Estos avatares del acuerdo con Irán y de su polémica parlamentaria son nada menos, pero nada más, que una punta coyuntural aplicable al resto de los temas. Los de auténtico interés colectivo, o los de interés solamente mediático. “Lo de Irán” aparejó, por ejemplo, una previsible indignación a raíz de que el oficialismo manejó su quórum en la Cámara baja, pasando funcionarios a rol de diputados y luego viceversa. No fueron diputruchos y en consecuencia es impertinente hablar de ilegalidad, aunque sí de que la ética a secas no se sintió muy a gusto que digamos. Pero tampoco se debería pasar por alto que el lobby de algunos dirigentes de un par de organizaciones de la comunidad judía sobre diputados de la oposición vendría a ser igual de execrable. Uno imagina que de aquel resto de temas hay otros bastante más sensibles a la piel popular. Sin ir más lejos, el conflicto de la paritaria docente y el paro de los maestros en la provincia de Buenos Aires. ¿Es justo que le carguen al gobierno nacional las faltas de acuerdo distritales con los sindicatos de la Educación? ¿No era que éste es un país federal? Si el gobierno bonaerense no aplica impuestos para extraer más de quienes más tienen y en consecuencia no recauda de donde debe (o si lo hiciera y asimismo no hubiera acuerdo), ¿no hay clases en “la Provincia” por responsabilidad de Casa Rosada? ¿Hablan de esto los catones de la oposición? Si es por lo ético, ¿es justificable que lo ignoren en aras de que no renuncian a un Scioli erigido como gran esperanza blanca? Esta ruta de análisis continúa por casi la totalidad temática. Si es por la inflación, quiénes forman los precios: al kirchnerismo le corresponde sobrellevar el no saber, no poder o no querer ejercer el manejo supraestructural sobre ellos. Pero la oposición incurre directamente en vileza, al ignorar la responsabilidad inflacionaria del sector privado. La “inseguridad” carga su analogía con eso: en ese/este país federal, parecería que cada crimen, cada asesinato, cada delito, le es adjudicable a una suerte de ser supremo que habita enfrente de Plaza de Mayo, y no a las mafias policiales y judiciales que moran en provincias e intendencias, con la mayor o menor acción u omisión de quienes las gobiernan. Es una paradoja francamente interesante: los que se desgarran las vestiduras por la afectación de las instituciones de la república son los primeros en desconocer cómo funcionan.
Esa lógica del facilismo analítico, que obtura abordar la complejidad de los procesos sociales, económicos, siempre finalmente políticos, fue abordada en forma tan sencilla como contundente por el sociólogo Carlos de Angelis, en una columna que el miércoles pasado publicó Página/12. El autor se aplica a que, año electoral de por medio, vuelven a surgir nombres de famosos para ocupar espacios en las listas de candidatos. “Famosocracia” es el título ad hoc de la nota, pero al suscripto le parece que sus alcances exceden a las estrellas mediáticas de diferentes ámbitos. Dice De Angelis, respecto de los “opinators” con entrenamiento actoral generalizado, que “(...) el público-votante-espectador-ciudadano los comprende rápidamente, (...) lo cual genera empatía e identificación, como un tío divertido en una fiesta de fin de año. (...) Desde sus posturas ‘despolitizadas’ despiertan filosos comentarios que penetran en los hogares con más facilidad que cualquier alocución en un acto solemne”. Y remata: “(...) Los débiles compromisos partidarios o ideológicos de los famosos, en la arena política, también les permiten abordar o expresarse sobre determinadas cuestiones sin esperar avales, o depender de la ‘coherencia partidaria’. (...) Suelen tener tanta facilidad para manejarse ante las cámaras como para escaparse con gran habilidad de los temas controvertidos, o que les exigen consistencia o capacidad analítica. ‘No soy político’, responden. También (...) se debe decir que frente a la desaparición de las representaciones político-ideológicas con plataformas, programas y propuestas, los famosos conforman otras representaciones: las de un relato del triunfo individual sin historia y sin compromiso más que, claro está, con la gente”. El periodista se pregunta si los comprendidos en este tipo de relato hipócrita y egoísta, tan bien descripto por el sociólogo, son sólo los miembros del vedetismo mediático. Y de quienes los consumen, por cierto. ¿No hay también algo o muchísimo de eso, de ese relato descomprometido, entre una “clase” política que –con o sin training mediático– sólo se reconoce en la demagogia de prometer que el paraíso está a la vuelta de la esquina? (con el agravante de que la enorme mayoría de sus actores ya tuvo su oportunidad ejecutora o legislativa, para que así nos fuera).
La Presidenta dio el viernes un discurso que, objetivamente, es juzgable como descomunal. Aunque sería lícito, no es la intención de que el adjetivo incluya, principalmente, haber hablado casi cuatro horas sin recurrir a papeles más que en lo imprescindible de datos numéricos puntuales; mostrar una seguridad impertérrita en todas sus oraciones, gestos e inflexiones vocales; exhibirse, en síntesis, como una jefa de Estado con la que se puede coincidir mucho, poquito o nada. Pero jefa de Estado sin la más remota duda. Repasó no uno sino diez años de gestión. No agredió en ningún concepto. Abrumó con ejemplificaciones y propuestas de gestión, en todos los ámbitos del ejercicio gubernamental. Se reveló didáctica en materias que el falso sentido común secundariza, como al recordar que el pago de Impuesto a las Ganancias por parte de los jueces ya fue aprobado por el Congreso y rechazado por la Corte Suprema en 1996. Evidenció las maniobras de corporaciones de prensa con el negociado de las AFJP. Hizo otro tanto con la complicidad de sectores de la familia dirigencial judía en la impunidad del atentado a la AMIA, ahora que esos mismos fragmentos le cargan traficar muertos. Y de yapa avisó que no se reformará ninguna Constitución.
Frente a esa secuencia impresionante de conceptualización y señalamientos, aun incluyendo que a Cristina le faltó autocrítica, fue más ¿asombroso? todavía el vacío de opiniones opositoras que no fueran eso: no decir ni mu. O remitirse a “me voy de acá”, “quiere avanzar sobre la Justicia” (¿Por qué? ¿Quieren dejarla como está?) y muy poco más. O más bien, nada. Quien habla no recuerda semejante estado zombie, de toda una oposición junta, al cabo de un discurso presidencial de apertura de sesiones legislativas.
Se aceptan retruques, por supuesto. Pero que no sean insultar por insultar, porque después se preguntan por qué en las urnas gana esta administración desde hace varios años y por qué es la única que moviliza con sentido ideológico. Y la única respuesta que encuentran es seguir puteando.

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domingo, 3 de marzo de 2013


Emanuela

Por Santiago O’Donnell
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La renuncia del papa es un golpe a la fe y a la espiritualidad tan fuerte que la palabra “renuncia” no termina de dar la dimensión de lo que acaba de suceder en la mayor religión organizada de Occidente. Es como si el Iluminismo del siglo XVIII terminara de imponerse, recién ahora, al pensamiento religioso de la Edad Media: del oscurantismo a la luz, de la opacidad a la transparencia, de los excesos y la perversión al reconocimiento y el castigo. Mientras la vida espiritual crece por fuera de los cánones habituales como respuesta a una sociedad consumista y drogada que no encuentra respuestas para la crisis del capitalismo, la Iglesia Católica busca recomponerse desde sus cimientos. En un ámbito donde el voto de silencio, el misterio divino y el secreto de confesión son valores trascendentes, la Iglesia tendrá que cambiar sin cambiar, lo cual no es fácil, o desaparecerá o será otra cosa.
El papa renunció en latín y sólo él sabe, si es que sabe, por qué se bajó, borró, abdicó, en fin, habría que inventar una palabra. Pero según los vaticanistas, fue consecuencia de una megafiltración que aquejó a la Iglesia el año pasado, llamada Vatileaks. Involucra al ya famoso mayordomo del papa, pero también a varios encumbrados obispos y cardenales. La decisión del papa se habría precipitado a partir del informe de los Vatileaks que le presentaron a Benedicto XVI los tres purpurados encargados de investigar el tema, incluyendo el jefe de seguridad del Vaticano, en marzo del año pasado. De ese informe, que sólo conocen Benedicto XVI y los tres cardenales que lo escribieron, habría trascendido que aparecen evidencias de feroces luchas de poder centradas en el cardenal Tarciso Bertone, hoy jefe interino de la Iglesia, desfalcos económicos y conducta sexual incompatible con la institución. También, probablemente, cosas peores. Sin lo que todavía no se sabe, es difícil entender la decisión del ya ex papa Ratzinger.
Julian Assange, un experto en revelar secretos ajenos incómodos, me dijo en una entrevista el año pasado que quizá ninguna institución guarda secretos más valiosos para la humanidad que la Iglesia Católica en las herméticas bibliotecas del Vaticano. “Los archivos secretos del Vaticano son completamente secretos”, señaló el fundador de Wikileaks. “Qué tesoro histórico representan volviendo atrás más de mil años, escondiendo tremendas injusticias, algunas de las cuales conocemos, como el encarcelamiento de Galileo y los crímenes de la Inquisición, por sólo nombrar algunas de esas injusticias.”
Sin necesidad de retroceder tanto en el tiempo, uno de los grandes misterios de la Iglesia es el de la desaparición de Emanuela Orlandi, una niña de quince años, hija de un maestro de escuela que enseñaba en la Santa Sede. Emanuela vivía en el Vaticano y fue secuestrada en junio de 1983, durante el papado de Juan Pablo II, mientras iba a su casa después de tomar una clase de flauta en un conservatorio ubicado frente a la basílica San Apollinare, en el centro de Roma. Acaso se trate de una simple anécdota, un infortunio, en todos lados desaparecen personas. Pero hay algo sobre la historia de Emanuela que ha dado lugar a todo tipo de especulaciones en la prensa italiana: cientos de artículos, docenas de programas de televisión y varios libros a lo largo de los años. Por alguna razón la causa judicial de Emanuela, que fue cerrada y reabierta varias veces, cobró impulso a partir de los Vatileaks. Cuatro testigos declararon esta semana, la misma en que Benedicto XVI dejó de ser papa. Por alguna razón, Pedro, el hermano de Emanuela, está convencido de que la renuncia del papa finalmente iluminará la verdad.
Una de las primeras pistas sobre el secuestro de Emanuela le apunta al mafioso italiano Enrico De Pedis, uno de los más famosos y sangrientos gangsters italianos de los años ’80. De Pedis, muerto a balazos en 1990, fue enterrado en el interior de la basílica de San Apollinare, propiedad del Vaticano, entre restos de papas y cardenales. Una investigación de 1999 sobre por qué De Pedis fue enterrado ahí determinó que habría sido una devolución de favores por haber frenado los ataques de la mafia en contra del Vaticano, incluyendo el secuestro y asesinato de Emanuela. Además, según la investigación, De Pedis le habría donado 660 mil dólares a un influyente cardenal para asegurarse su nicho en la basílica.
Pero según la hermana de Emanuela, Nicolina, más que protector de la Iglesia, De Pedis habría sido el secuestrador de su hermana. Nicolina declaró que 24 horas después del secuestro, la policía elaboró un croquis a partir del testimonio de un vigilador del Senado italiano que habría presenciado el secuestro. Según la hermana de Emanuela, la imagen del croquis era prácticamente una réplica del rostro de De Pedis. Así, las primeras especulaciones señalaban que el secuestro había sido una venganza de la mafia en contra del Vaticano por haber perdido varios millones en la caída fraudulenta del Banco Ambrosiano, en 1982, del cual el Vaticano era un accionista clave.
Poco tiempo después surgió la “pista turca”: la familia de Emanuela recibió varias llamadas anónimas de personas ofreciendo canjear a la niña secuestrada por Ali Agca, preso por haber disparado contra Juan Pablo II en Plaza San Pedro dos años antes, en 1981. Un ex agente de la policía secreta de Alemania Oriental declaró años más tarde que esas llamadas provinieron de su oficina, “por orden de Moscú”, para desviar la atención de un grupo de agentes búlgaros que figuraban en la lista de sospechosos.
Entre las llamadas anónimas que recibió la familia de Emanuela después del secuestro había una voz con fuerte acento norteamericano, que la policía de entonces bautizó como El Americano. El entonces subdirector de los Servicios Secretos Civiles italianos, Vicenso Parisi, escribió en un documento que permaneció clasificado hasta 1995 que El Americano era el cardenal estadounidense hoy fallecido Paul Marcinkus, ex director del Banco Vaticano, conocido como “el banquero de Dios,” protagonista principal del escándalo del Banco Ambrosiano, quien sólo pudo evitar la cárcel por la protección judicial y diplomática que recibió del Vaticano.
En 2005, un llamado anónimo a un programa de televisión dijo que Emanuela había sido enterrada en la tumba de De Pedis, Tres años más tarde, una ex amante de De Pedis declaró que el mafioso había asesinado a Emanuela por orden de Marcinkus y su cadáver fue desechado en una hormigonera en las afueras de Roma. Ese testimonio reabrió la causa, que había sido archivada en 1997 por falta de pruebas.
Las revelaciones de los Vatileaks, a partir de marzo del año pasado, dieron un nuevo impulso a la investigación, ya que varios documentos filtrados mencionaban a Emanuela. Uno de ellos es una carta reservada de Giampiero Gloder, uno de los sacerdotes que ayudaban al papa a redactar sus textos. En su nota reservada, Gloder aconseja al pontífice no mencionar a Emanuela para no darles aliento a quienes acusan al Vaticano de ocultar información sobre el caso. Semanas más tarde estalló una bomba: el sacerdote Gabriel Amorth, jefe de exorcistas del Vaticano y uno de los investigadores del caso Orlandi, declaró que Emanuela había sido convertida en una esclava sexual, usada en varias orgías en el Vaticano y luego asesinada. “Fue un crimen de naturaleza sexual”, declaró. Esa la pista que ahora sigue la Justicia italiana.
Las declaraciones del exorcista llevaron a la exhumación del cadáver de De Pedis. Debajo de la tumba del mafioso se encontraron restos humanos que parecen ser de otros tiempos, pero los investigadores no descartan nada. Los exámenes de ADN estarían listos el mes que viene.
Mientras tanto, el año pasado se publicaron dos libros sobre Emanuela, que sugieren que la adolescente habría sido parte de las llamadas “familias negras”, de hijos de religiosos discretamente reubicados en familias de empleados del Vaticano, una leyenda popular nunca comprobada. Un libro novelado insinúa que Emanuela era hija de Juan Pablo II. El otro dice que Emanuela sería hija de Marcinkus y de una hermana de su madre reconocida. También salió un libro del hermano de Emanuela, Pedro, que acusa al Vaticano de encubrimiento. Pedro Orlandi está convencido de que el arzobispo Piero Vergari, rector de la Basílica de San Apollinare, participó en o encubrió el secuestro de su hermana. Vergari ha sido imputado de secuestro y asesinato por el fiscal Giancarlo Capaldo en la causa que lleva la jueza Cristina Cattaneo. Tras una infructuosa reunión con el vocero papal Federico Lombardi, el año pasado, el hermano de Emanuela escribió una solicitada pidiendo que el Vaticano diga lo que sabe sobre su hermana, a la que adhirieron ya más de cien mil firmas.
El sábado pasado, horas después de la declaración de los testigos en el juzgado de Cattaneo, Pedro Orlandi acudió a la Plaza San Pedro. Llevaba un cuadro enmarcado con la foto de Emanuela. Dos días antes le había escrito una carta al papa pidiéndole que mencionara a su hermana y pidiera una oración por ella en su último ángelus.
Pero Ratzinger no nombró ni se refirió a Emanuela en su homilía final. Fue un golpe duro para el hermano. Sin embargo, como millones de católicos sacudidos por lo que pasa en estos días, Pedro Orlandi no pierde la fe. “Es una lástima que no haya nombrado a mi hermana –dijo después del rito–. Pero el papa debe saber que la verdad será revelada.”
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viernes, 1 de marzo de 2013

UN SACERDOTE ECHADO POR FIRMAR UN DOCUMENTO CRITICO



Despedido por el obispo


El domingo, Roberto Murall, quien trabajó junto a los campesinos de Santiago del Estero, celebrará su última misa. El obispo Francisco Polti dio por terminado su “contrato de servicios”.

Eduardo de la Serna
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“Tu carta genera división en la Iglesia”, le habría dicho Polti al cura.

El domingo próximo oficiará su última misa en Santiago del Estero el sacerdote Roberto Murall, separado de esa diócesis por el obispo Francisco Polti. Según el grupo Curas en la Opción por los Pobres (OPP), al que pertenece Murall, la medida del obispo responde al hecho de que el sacerdote firmó un documento en el que, en noviembre pasado, OPP cuestionaba al Episcopado por “no haber pedido perdón” respecto de la vinculación de la Iglesia con la última dictadura militar. “El obispo miente”, sostuvo ayer el cura Eduardo de la Serna, coordinador de OPP, ya que Polti, formalmente, presentó la salida de Murall como la finalización de un “contrato de servicios” entre diócesis. El Movimiento Campesino de Santiago del Estero (Mocase) manifestó su apoyo al cura desplazado: Murall era uno de los sacerdotes que participan en las “mesas zonales”, herramienta de organización de las comunidades en la lucha por sus derechos, y un vocero de la organización campesina sostuvo que el desplazamiento del cura “es para nosotros un golpe bajo” y que expulsarlo de la zona “es como sacar un obrero del surco”.
“El obispo es un cobarde”, sostuvo ayer el cura Eduardo de la Serna, de OPP: “Yo le dije al obispo que fuera hombre, que se atreviera a decir que está de acuerdo con la dictadura, pero miente al decir que simplemente se terminó el contrato cuando, en privado, le dijo a Murall algo bien distinto”, explicó. En noviembre pasado, OPP había hecho pública una carta que cuestionaba el documento emitido por el Episcopado argentino el 9 de ese mes; los obispos habían prometido una vez más revisar la actuación de la Iglesia durante la dictadura, pero sin asumir ninguna iniciativa concreta en ese sentido. Luego de que apareciera su firma en la carta de OPP el obispo Polti lo citó.
“Tu carta genera división en la Iglesia. Y nosotros hemos recibido una verdad intocable que no debemos abrir”, habría dicho Polti. “¿No cree usted que lo que genera real división en la Iglesia es que algunos obispos hayan escondido delitos como la tortura y el robo de bebés e incluso le den la comunión actualmente a un genocida que no se arrepiente?”, habría contestado Murall. El diálogo fue transcripto en una carta que Murall dirigió a sus pares de Santiago del Estero.
Polti optó por no renovar el contrato anual de Murall. Este, procedente de la diócesis de San Isidro, venía desempeñándose en la de Santiago del Estero desde hacía 14 años, mediante “contratos de servicio” que se renovaban anualmente. “Ni siquiera en empresas del más rancio capitalismo se da por terminado el contrato de un trabajador sin un preaviso y con tres días de anticipación”, exclama la nota que enviaron a Polti más de mil firmantes, encabezados por los sacerdotes Marcelo Ciaramella, Juan Carlos Baigorri y Eduardo de la Serna, con adhesión de 39 instituciones de todo el país.
También unos cincuenta campesinos de Pozo Hondo, donde ha venido desempeñándose Murall, viajaron más de cien kilómetros hasta el obispado santiagueño para pedir que el cura continuara; Polti les contestó que ya estaba decidido y les regaló un rosario bendecido por el Papa.
El Movimiento Campesino de Santiago del Estero (Mocase) también se manifestó en repudio del desplazamiento de Murall. Roger Almaraz, vocero del Mocase, destacó a este diario que “Murall siempre estuvo en las comunidades campesinas. Trabajó no sólo en el orden espiritual, sino en la dimensión social. Acompañó a las familias que tienen conflictos con la tierra y, en este sentido, su partida nos hace sentir muy desprotegidos: para nosotros es como sacar un obrero del surco. En la última parroquia, estuvo organizando la mesa zonal de tierras, donde se congregan las familias para discutir sus problemas y armar estrategias de organización”.
“Las mesas zonales –continuó el vocero del Mocase– habían sido impulsadas por el anterior obispo, Juan Carlos Maccarone, y se han diseminado en todo el territorio campesino. Se reúnen en las iglesias y capillas, organizadas por curas y dirigentes comunitarios: abordan principalmente la problemática de la tierra, temas de salud y educación, formas de gestionar ante el Estado ambulancias o mejoramiento de caminos; juntan dinero para pagarle al abogado cuando una comunidad enfrenta un litigio; alertan al Estado cuando aparece una topadora a desmontar sin permiso de la Dirección de Bosques. En esas actividades vino participando el cura Murall y, por eso, para nosotros, que lo saquen es un golpe bajo.”
Según el relato de Murall sobre la entrevista con el obispo Polti, éste “destacó mi presencia en el acompañamiento de los campesinos, pero ‘tendrías que dejar un poco de las cosas civiles de ellos y preocuparte por que comulguen y se confiesen’”.
En la tarde de ayer, este diario intentó en vano comunicarse con el obispo Polti.

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