domingo, 11 de enero de 2015

ALDO FERRER * Ex embajador argentino en Francia.

Terrorismo y desigualdad

Por Aldo Ferrer 


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Más allá del repudio de la barbarie, el reciente ataque terrorista en París obliga a reflexionar sobre el contexto y las causas de estos hechos. Sumariamente, cabe recordar que la ola terrorista tiene su origen y principal escenario en el mundo islámico de Medio Oriente y Asia. La misma expresa el fundamentalismo religioso y el conflicto hacia el interior de la propia fe, agravados por las rivalidades nacionales, los reiterados fracasos de la intervención de las grandes potencias y las disputas por el dominio de los recursos naturales, principalmente el petróleo.
No es casual que, al mismo tiempo, prevalezcan, en esos países, condiciones extremas de subdesarrollo y pobreza, escenario de la desesperanza de una realidad agobiante. Sin alternativas ni futuro, surgen el caldo de cultivo de la violencia y las soluciones mesiánicas. Naturalmente, son jóvenes los que forman los principales cuadros operativos del terrorismo en los países de origen y quienes se solidarizan con su causa en el resto del mundo. Es previsible que mientras subsistan las condiciones actuales continuará la violencia que, en un orden mundial globalizado, es también global, como acaba de confirmarlo el ataque en París. En definitiva, la pobreza extrema y la ausencia de oportunidades de mejora social, educación y calidad de vida constituyen el factor fundamental que impulsa el terrorismo e impide resolver, por la vía de la negociación y la paz, los conflictos en el interior del mundo islámico y la proyección del drama al resto del mundo. El problema se proyecta a países democráticos, como Francia, en los cuales existen etnias y credos diversos, cuya convivencia creativa y en paz es amenazada por eventuales reacciones xenófobas.
En los países islámicos agobiados por los conflictos y el terrorismo no habrá respuestas eficaces y duraderas sin desarrollo, sin generación de empleo, educación y oportunidades. Estas son, asimismo, las condiciones necesarias para la estabilidad institucional y la solución pacífica de los conflictos.
La experiencia contemporánea de los países emergentes de Asia demuestra la posibilidad de la transformación de las condiciones económicas y la mejora de los niveles de vida de centenares de millones de seres humanos cuando se ponen en marcha los procesos de gestión del conocimiento, industrialización e inclusión social. Es decir, cuando se consolida la densidad nacional, despliegan políticas eficaces de desarrollo y se respeta la integridad territorial y la soberanía de los países. Imaginemos cómo sería hoy el mundo si China y Asia emergente estuvieran todavía agobiados por el atraso, la miseria y el sometimiento. Probablemente un infierno mucho peor que la realidad actual.
Desgraciadamente, el orden económico mundial va, precisamente, en sentido contrario a lo necesario para erradicar el terrorismo y consolidar la paz. Va hacia el aumento de la desigualdad dentro de los países y, entre ellos, a la concentración de la riqueza en pocas manos, a los desequilibrios macroeconómicos generados por la especulación financiera y las políticas neoliberales que prevalecen en la Unión Europea y en la mayor parte de las economías avanzadas del Atlántico Norte. La ausencia, prácticamente absoluta, de cooperación internacional efectiva para resolver el problema de la desigualdad a escala global anticipa un panorama sombrío para el futuro de este siglo. Solo el ejercicio de la fuerza es incapaz de afianzar la paz y el orden del mundo global.
El reciente libro de Thomas Piketty, sobre El capital en el siglo XXI **, proporciona valiosa información en la materia. Relacionando el capital privado y el ingreso nacional como indicador relevante de la desigualdad, encuentra que, a principios del siglo XX, aquél representaba siete veces el ingreso nacional del conjunto de las economías analizadas. Era el nivel de concentración de riqueza más alto hasta entonces, situación consistente con la agitación y los conflictos sociales prevalecientes en Europa y el resto del mundo de la época. No es probablemente casual que surgiera, en ese escenario de inequidad, la violencia anarquista, tan alarmante entonces como el terrorismo en la actualidad.
Piketty concluye que, entre las dos guerras mundiales del siglo XX, la relación entre el capital privado y el ingreso descendió a tres veces. Esta reducción sustantiva de la desigualdad culminó en los “treinta años dorados” posteriores a 1945, con un crecimiento acelerado, el pleno empleo y la equidad ampliada por el Estado de Bienestar. Desde entonces, volvió a instalarse el aumento de la concentración de la riqueza. Actualmente, la relación capital privado/ingreso es de seis veces y se aproxima a los niveles extremos de desigualdad de principios del siglo XX. La tendencia es confirmada por otros indicadores sobre la distribución del ingreso (como el Indice Gini) y la riqueza, entre grupos sociales y países.
Sin caer en simplificaciones, es imposible no preguntarse si, como en la época de la violencia anarquista, la creciente desigualdad en la actualidad no tendrá algo que ver con el terrorismo contemporáneo. Probablemente sí, porque genera el caldo de cultivo para las expresiones violentas de los sectarismos religiosos y los conflictos políticos en Medio Oriente y otras latitudes.
La situación actual es mucho más grave que hace un siglo. En aquel entonces, las evidencias de la desigualdad y sus consecuencias tenían lugar en el interior de cada país. Cada uno sabía cómo vivía el vecino pero no qué pasaba en el resto del mundo. En cierto sentido, la desigualdad y la violencia anarquistas eran, entonces, un asunto “nacional”. En un mundo globalizado, es una cuestión planetaria. La abismal diferencia en los niveles de vida, entre el despilfarro de una minoría y las miserias de la mayoría, se proyecta a nivel global, contagia el comportamiento social, radicaliza la protesta y fomenta el terrorismo, cuyas causas manifiestas pueden descansar en otros factores (como el fundamentalismo religioso) pero se amplifican por la desigualdad.

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martes, 6 de enero de 2015

Por Mónica Peralta Ramos *

Crisis del capitalismo e inclusión social


La temperatura política del momento que vivimos lleva, muchas veces, a perder de vista la esencia de los problemas que enfrentamos. Esta reside, en última instancia, en las formas de organización social y en los valores que engendran y reproducen diariamente. De dónde venimos, por qué somos lo que somos y hacia dónde vamos: éstos son los interrogantes que los seres humanos se formulan desde el origen del tiempo. En su búsqueda de respuesta, la humanidad se ha dado formas de organización social que cristalizan la identidad colectiva y plasman relaciones de poder específicas a cada época y lugar. En las sociedades modernas, la necesidad de maximizar ganancias individuales en el mercado es el principio que organiza la producción y la apropiación del excedente económico. Este principio ha configurado una estructura de poder cuyo núcleo central hoy reside en el dominio monopólico de distintos aspectos de la vida social. Los limites de esta estructura de poder salen a la luz del día a través de una crisis de índole económica, política y cultural. Esta crisis no nació de un día para el otro. Afecta al mundo entero, pero su esencia permanece fuera de discusión y muy poca información circula sobre ella.
El control monopólico de recursos estratégicos de la vida social pone en evidencia la prevalencia descontrolada de los intereses individuales por encima del interés general de la sociedad y la consiguiente erosión del contrato social que dio origen al Estado moderno. La búsqueda de ganancias ilimitadas ha dado lugar a una irracionalidad social que estalla en conflictos sin aparente salida. En lo que sigue intentaremos analizar algunas características del crecimiento económico de los países más desarrollados que, a nuestro entender, provocan una creciente irracionalidad social que afecta al mundo entero.
Acumulación intensiva en capital, restricción del mercado de trabajo, estancamiento y caída de los salarios, sobreproducción, deflación y caída de la inversión productiva son algunos de los rasgos que han caracterizado la economía de los países centrales en las ultimas décadas. La búsqueda de solución a estos problemas ha seguido distintas vías: desde las inversiones directas en regiones más atrasadas y la integración de la producción mundial a cadenas globales de valor, hasta el impulso dado al gasto militar, al enorme gasto superfluo y al consumo masivo a partir del endeudamiento creciente de la población.
Estos procesos desencadenaron un acelerado incremento de la especulación financiera y del endeudamiento de las economías centrales. La puesta en escena de una alocada ingeniería de transacciones con derivados financieros (instrumentos de distinto tipo cuyo valor deriva del valor de otro activo subyacente: acciones, bonos corporativos, bonos soberanos, swaps de tasas de interés, crédit default swaps etc.) produjo una acumulación de deuda “basura” imposible de respaldar con activos y llevó al sistema financiero norteamericano al borde del colapso en el 2008. (M. Peralta Ramos, Página/12, 15.7.2014)
Con el fin de superar la crisis, la Reserva Federal adoptó una política de facilitación monetaria (quantitative easing) cuyo resultado ha sido un aumento de la concentración del capital, del endeudamiento y del riesgo de default. En efecto, la deuda total norteamericana es hoy veintisiete veces superior a lo que era hace cuatro décadas y la deuda pública ha crecido exponencialmente pasando de cinco trillones y medio en el 2000 a los 18 trillones de dólares de hoy día (www.treasurydirect.gov). Desde el 2008 a la fecha han desaparecido mil cuatrocientos bancos y los activos de los seis bancos más grandes han crecido 37 por ciento. Hoy estos bancos concentran el 67 por ciento de los activos del sistema financiero y el 42 por ciento de los préstamos. Un solo banco tiene un tercio de los préstamos y otro banco controla el 12 por ciento del dinero en circulación (S. Gandel, fortune.com 13/09/2013). La deuda con derivados de los veinticinco bancos más grandes asciende a 236 trillones de dólares. La proporción de esta deuda en relación con los activos financieros de estos bancos es de 25 a 1. (OCC’s Quarterly Report on Bank Trading and Derivatives Activities, 2Q 2014). Sin embargo, estos datos subestiman la situación pues la mayor parte de estas transacciones no son reguladas y permanecen en la oscuridad.
La fragilidad del sistema financiero norteamericano se replica a nivel de las finanzas internacionales. Mientras el PBI mundial es de 72 trillones de dólares, la deuda global con derivados supera ampliamente los 700 trillones de dólares (Bank of International Settlements, 8 de mayo de 2014). El endeudamiento con derivados del mayor banco europeo, el Deutsche Bank, asciende a 75 trillones de dólares, monto que es veinte veces superior al PBI de Alemania (T. Durden www.zerohed ge.com, 29.4. 2014). La insolvencia de los principales bancos europeos ha llevado recientemente al Banco Central Europeo a adoptar medidas de salvataje similares a las que adoptara en 2008 la Reserva Federal en los Estados Unidos.
La actividad económica de los países más desarrollados está pues estrechamente ligada al endeudamiento masivo y a la especulación financiera con derivados. Los principales bancos del sistema financiero internacional están seriamente endeudados, con enorme exposición de sus activos. La intervención económica de la banca central de estos países no sólo ha salvado a los grandes bancos del default sino que ha impulsado el aumento de su control sobre el sistema financiero. Esta intervención destruye el mito capitalista de la “mano invisible” del mercado y expone la irracionalidad social de un sistema financiero cuyo único norte es la ganancia especulativa a partir del endeudamiento masivo.
La contrapartida de este casino financiero es la persistencia del estancamiento de la producción. Las inversiones productivas a nivel mundial son hoy un 40 por ciento inferiores a las existentes al momento de la crisis. La recesión y la deflación amenazan a las economías de los países centrales y tienen un impacto devastador sobre el empleo y los salarios. Esto ocurre conjuntamente con la introducción de alta tecnología e inteligencia artificial a los procesos productivos. La robotización del proceso de trabajo explica el 60 por ciento de la pérdida del empleo industrial en los Estados Unidos entre el 2000 y el 2010. Sólo el 20 por ciento de la pérdida de empleo industrial se debe a la relocalización de empresas en países con mano de obra más barata. (A Regalado, tecnhologyreview.com 16.1. 2013). Esta robotización se expande hoy a otras áreas de actividad, desde el transporte, logística y comercio hasta la ciencia y la ingeniería. Se estima que, dentro de veinte años, el 47 por ciento del total del empleo norteamericano será automatizado (C. Frey y M. Osborne, Oxford University www. futuretech.ox.ac.uk, 17 de septiembre de 2013). La introducción de alta tecnología persigue la disminución de costos, especialmente del costo laboral. Sin embargo, al impactar negativamente sobre el empleo y los salarios termina afectando a la demanda y a la propia inversión productiva. La necesidad de reducir costos bloquea la inclusión social y acelera la desigualdad en la distribución de los ingresos.
Por otra parte, estudios recientes de la distribución de las ganancias y del patrimonio en los países desarrollados a lo largo de tres siglos muestran que el capital genera creciente desigualdad social. Muestran además que la base de la riqueza ha sido y sigue siendo la herencia y la propiedad y que el progreso no depende del trabajo y del mérito individual. (T. Picketty, El Capital en el siglo XXI, 2014; E Saez y G Zucman nber.org/pa pers/w20625).
Hoy el 20 por ciento de la población de los Estados Unidos posee el 89 por ciento de la riqueza de dicho país. El 11 por ciento restante se distribuye entre el 80 por ciento de la población norteamericana. (G. Domhoff, Wealth Income and power, www.whorulesameri ca.net 16.7.2014). La concentración de la riqueza sin embargo es aún mayor de lo que indican estos datos: el uno por ciento del sector más rico norteamericano posee el 35.4 por ciento de la riqueza y ha capturado el 95 por ciento del total del crecimiento económico del país posterior a la crisis del 2008. Las tendencias a la desigualdad social se replican en los países más desarrollados de Europa (OECD, Directorate For Employment Labour and Social Affairs, mayo de 2014). Hoy día casi la mitad de la riqueza mundial es propiedad del 1 por ciento de la población (Oxfam 20.1.2014).
Es evidente, entonces, que no hay una “mano invisible del mercado” ordenando a la sociedad. Tampoco existe un “derrame” (trickle down) del progreso económico a partir del mérito y del esfuerzo individual. En lugar de estos mitos del capitalismo encontramos una activa intervención del Estado en la economía de los países centrales impulsando la concentración del capital y el endeudamiento masivo. Estos son los mecanismos que reproducen una estructura de poder asentada en una creciente desi-gualdad en la distribución de la riqueza y de los ingresos. El nudo gordiano que bloquea nuestro desarrollo (M. Peralta Ramos, Página/12 13/11/2011, 20/1/2014; y 14/3/2014) hunde sus raíces en esa estructura de poder mundial. Esta ha dejado su rastro indeleble en el control monopólico de sectores claves de la economía y de la sociedad, en la dependencia tecnológica de nuestro desarrollo industrial y agropecuario, en el ataque de los fondos buitres a la deuda externa reestructurada.
La estructura de poder local ha adquirido mucha visibilidad a lo largo del año que termina. El ataque del poder concentrado a la política oficial ha contribuido a mostrar los mecanismos económicos que se utilizan para desestabilizar políticamente. Sin embargo, más allá de lo que se piense respecto de lo que este gobierno podría haber hecho y no hizo o hizo mal, el liderazgo de CFK ha contribuido en forma decisiva a iluminar la estructura de poder. Con definiciones políticas cada vez más claras y apoyándose en la movilización de la militancia supo mantener la iniciativa política ante el embate corporativo. A fin de contrarrestarlo, en los últimos meses el Gobierno ha empezado a ejercer mayor control sobre las actividades ilícitas de los más poderosos en el mercado de cambios, en las finanzas, en el comercio exterior y en la cuestión impositiva. La investigación de las “cuentas suizas,” destino de una sangría de impuestos evadidos de enorme magnitud, constituye un hito inédito en la historia contemporánea.
La víspera electoral y el aleteo de los buitres internos y externos auguran un futuro inmediato complicado. De ahí la necesidad de contrarrestar el embate corporativo y mediático informando sobre lo que ocurre en los países centrales, meca de la “sociedad de consumo” a la cual aspiran vastos sectores sociales. De ahí también la importancia de impulsar la participación de la población en un amplio debate sobre la crisis, sus causas y su impacto, tanto en nuestro país como en los países desarrollados. Esta discusión trasciende el episodio electoral. Insumirá su tiempo y seguramente dará lugar a interrogantes cuya respuesta hoy desconocemos. Sin embargo, esto no puede desanimarnos. Atreverse a pensar es comenzar a conocer. Sólo conociendo las causas de nuestros problemas podremos eventualmente superarlos.
* Socióloga. Autora de La Economía Política argentina. Poder y clases sociales.
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sábado, 3 de enero de 2015

PIKETTY ELOGIA A LA IZQUIERDA Y LLAMA A REFUNDAR LA POLITICA


No es un legionario cualquiera

El economista francés, autor del best-seller mundial El Capital en el siglo XXI, tras rechazar la Legión de Honor, fustigó las políticas de ajuste, alabó a Syriza y a Podemos, y propuso una “refundación democrática de Europa”.

Por Eduardo Febbro

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Piketty dijo que no le correspondía a un gobierno “decidir quién es honorable”.
Desde París
El economista francés Thomas Piketty, autor del best-seller mundial El Capital en el siglo XXI, no movió un centímetro su posición con respecto a lo que piensa de la política del gobierno socialista de François Hollande, ni tampoco de la que encarnan los dirigentes europeos de este nuevo siglo. Después de haber rechazado la distinción más alta de Francia, la Legión de Honor, Piketty no sólo vuelve a defender su postura sino que, además, ataca la política del Ejecutivo y las medidas que se adoptaron en Europa para superar la crisis. Piketty, hoy en medio de una gran polémica, propone pura y llanamente una “refundación democrática de Europa”. El economista rechazó primero la Legión de Honor mediante un comunicado transmitido a la agencia France Press, donde decía que no le correspondía a un gobierno “decidir quién es honorable” y que, en vez de ocuparse de la Legión de Honor, lo mejor que podía hacer era “consagrarse a la reactivación del crecimiento en Francia y en Europa”. El portavoz del Ejecutivo y ministro de Agricultura, Stéphane Le Foll, le respondió de inmediato. Según el titular de la cartera, es preciso separar las cosas entre “quien tiene ideas interesantes, pero es un investigador, que está en su oficina, que realiza cálculos, cuya responsabilidad es un enfoque intelectual; y luego la política, que se confronta con la realidad. Le corresponde entonces al gobierno de la república decidir quiénes son meritorios”.
Pero Piketty volvió a la trinchera del combate en dos tiempos. Primero mediante una entrevista realizada por el vespertino Le Monde en Boston, donde se encuentra actualmente antes de viajar a la Argentina en este mes de enero. Piketty lamenta que no le hayan avisado antes, porque así “se hubiese evitado todo este lío”, y explica que su decisión de rechazar la Legión de Honor “nada tiene que ver con mi opinión sobre este gobierno”. Para el autor de El Capital en el siglo XXI, esa manera de decidir “quién es el grupito de ciudadanos honrosos, cuyos méritos brillantes deben ser reconocidos, es una concepción del papel del Estado, del gobierno, que me parece antigua”. El economista deja también muy claro que habría “actuado de la misma manera con un gobierno con el que hubiese estado en mejores términos”. Este no es efectivamente el caso ya que, en la misma entrevista con Le Monde, Piketty juzga que “la acción que el gobierno viene llevando a cabo en estos últimos dos años ha sido catastrófica, y no tengo necesidad de ninguna Legión de Honor para decirlo o para escribirlo”.
Las relaciones entre Piketty y el Ejecutivo socialista son por demás polémicas. En una columna publicada por el matutino Libération, Piketty ataca fuertemente las políticas de ajuste y reducción de los déficit que imperan en Europa desde hace varios años. El intelectual escribe que “lo más triste en la crisis europea es el encaprichamiento de los dirigentes por presentar su política como la única posible, y el temor que les inspira cualquier sacudida política capaz de alterar este feliz equilibrio”. El economista califica de “amnésicos” a los países europeos, en especial Francia y Alemania. En este contexto, Piketty argumenta que “el nuevo tratado presupuestario europeo adoptado en 2012 bajo la presión de Alemania y Francia organiza la austeridad en Europa (con una reducción excesivamente rápida de los déficit y un sistema de sanciones automáticas totalmente inoperante), y condujo a una recesión generalizada de la Zona Euro”.
Además de “amnésicos”, Piketty juzga que en el dúo de Francia y Alemania “la palma de la hipocresía se la ganan los dirigentes franceses”, que pasan su tiempo en echarle toda la culpa a Alemania cuando, en realidad, se trata de una responsabilidad compartida”. Las cifras que adelanta el economista valen como argumento. Según Piketty, “habría que invertir masivamente en la capacitación, la innovación y las tecnologías verdes. Pero se hace todo lo contrario. Actualmente, Italia consagra cerca del 6 por ciento del PIB para pagar los intereses de su deuda e invierte apenas 1 por ciento en el conjunto de sus universidades”. Piketty se pregunta luego qué trastornos podrían hacer para que en 2015 se muevan las líneas. Su respuesta cabe en tres posibilidades: “O una nueva crisis financiera, o un shock político proveniente de la izquierda, o un shock político proveniente de la derecha”. Piketty sabe bien cuál de las tres prefiere. “Los dirigentes europeos actuales deberían tener la inteligencia de reconocer que la segunda posibilidad es, por lejos, la mejor. Los movimientos políticos que prosperan hoy a la izquierda de la izquierda, como Podemos en España o Syriza en Grecia, son fundamentalmente internacionalistas y preeuropeos. En vez de rechazarlos, por el contrario, habría que trabajar con ellos para reformular los contornos de una refundación democrática de la Unión Europea. Sin ello podemos enfrentarnos a un shock mucho más inquietante, oriundo de la derecha.” Por derecha hay que entender aquí la extrema derecha, como la del Frente Nacional en Francia.
Pese a todo, Piketty muestra su optimismo. Escribe que se puede “esperar lo imposible” y sueña con que el presidente francés, François Hollande, “reconozca sus errores de 2012 y tienda la mano a la Europa del sur, a fin de formular propuestas audaces para nuestro continente”.
efebbro@pagina12.com.ar
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sábado, 13 de diciembre de 2014

derechos humanos y democracia

Nabo frito

Por Luis Bruschtein

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El ajetreo electoral es intenso, por momentos caótico, con metas cambiantes, candidatos todavía en prospecto y otros fugaces, pero se sucede a la velocidad de la luz porque hay un clima de incertidumbre alimentado porque ninguna boleta llevará el apellido Kirchner. Los candidatos ensayan estrategias y outsiders inesperados intentan pescar en el revuelo. El Nabo Barreiro tiene tendencia a la verborragia y la figuración. Su intento patético de torturador travestido en prócer victimizado funcionó a la salida de la democracia, fue el disparador del levantamiento carapintada que le manoteó a la Justicia la ley de Obediencia Debida. Casi treinta años después la misma actuación debería causar indignación o vergüenza ajena. Pero aparece en medio del jaleo del kirchnerismo y el antikirchnerismo enfrascados en dilucidar futuros próximos y lejanos. Da señales contradictorias. Ofrece información sobre secuestros y torturas y después dice que nunca existieron. Se queja de que Cristino Nicolaides haya ordenado destruir toda la información que le hubiera servido para demostrar lo que dice, pero si la tortura y los secuestros no existieron, no se entiende la orden de Nicolaides.
No es que el Nabo sea inteligente, pero es un ex oficial de inteligencia, era el jefe de los torturadores-interrogadores de La Perla, sabe embarrar la cancha, aprovechar debilidades, engrosar dudas, crear falsas expectativas. Habla entre mentiras y verdades, construye un discurso que busca sondear a la sociedad. En psicología se lo define como “psicopatear”, que en criollo sería algo así como “patear la cabeza” a la sociedad. El torturador es un psicópata, que no es lo mismo que loco. La diferencia con otras patologías es que el torturador es irrecuperable, la tortura destruye también al torturador, no tiene retorno, sabe la diferencia entre el bien y el mal y la usa a su antojo, es esencialmente un amoral.
El torturador busca extraer información de su víctima, necesita quebrar su voluntad, romper su moral. La pregunta es cuál es la información que Barreiro trata de extraer de la sociedad en este contexto de agitación, de expectativas exacerbadas por un año electoral. La pregunta entonces también es cuál es la moral de la sociedad, cuál es la firmeza de su voluntad, si es que existe en forma unívoca, o mayoritaria o sólo minoritaria. La pregunta es si está incorporado ya como moral y voluntad de esta nueva democracia que el torturador debe ser castigado, separado del resto de las personas y que no cumplió con ningún deber.
Quizá se trate del acto solitario de un patán. Pero es un patán que representa un sentido común que fue muy extendido en el país durante muchos años, incluso después de la dictadura. Junto con Seineldín, Barreiro fundó la Logia Integralista de militares de ultraderecha, después fundó el Modin con Aldo Rico y más tarde participó en la campaña de Carlos Menem. Algunas de sus víctimas, sobrevivientes de La Perla, recuerdan que se autodefinía como antisemita y peronista de ultraderecha. Como buen nacionalista de derecha, eligió Estados Unidos como segunda patria para huir cuando el peronismo logró la anulación de las leyes de impunidad que lo habían favorecido.
Barreiro manipula la necesidad de verdad de los familiares de las víctimas y de la sociedad. Amaga con romper el pacto de silencio y aprovecha para ganar espacio en los medios. Entrega algunos nombres, especula: verdad a cambio de impunidad, como contracara de justicia pero con silencio. En verdad no entrega nada. Los 25 nombres corresponden en su mayoría a militantes populares que habían caído antes del 24 de marzo de 1976. Son víctimas del accionar represivo de su antecesor en La Perla, el ex capitán Héctor Vergez, otro “nacionalista” que fue guardaespaldas de María Julia Alsogaray durante el menemismo. Vergez es el típico psicópata: había creado una fundación para ayudar a los jubilados y en realidad la usaba para estafar y apropiarse de sus casas. Barreiro desprecia a Vergez con quien mantiene diferencias desde la época de la represión. Por eso, la información que entregó tiene muy poco valor real. Lo único que hace es generar una expectativa y abrirle espacios en los medios.
Pero algo pasó por su cabeza. Su jefe, el dictador Jorge Rafael Videla, dijo poco antes de morir que “lo peor que le había pasado eran los Kirchner”. El apellido no estará en las boletas del año que viene. Mauricio Macri ha dicho que si gana “se acabará con el curro de los derechos humanos”. Otros candidatos hablan, sugieren, entredicen y no terminan de ser claros, pero suena una definición capciosa: “Justicia completa” o “memoria completa”, incluso entre la madre de un desaparecido que militó a favor de la guerrilla. El concepto se emparienta con los Juicios de la Verdad, como los de Sudáfrica y Brasil, donde a cambio de la verdad, asesinos y torturadores quedaron en libertad. Y ese concepto se roza con la sonda que envía el torturador Barreiro. Es una sonda que entrelaza complicidades en los dichos de Macri, en la necesidad de verdad de los familiares de las víctimas, o en el discurso justificador del terrorismo de Estado de la “justicia completa” o la “memoria completa”. La oposición no ha sido clara y en algunas alianzas, como FA-Unen, ni siquiera hay una definición en común entre lo que pueda pensar Pino Solanas y Ernesto Sanz u Oscar Aguad. La misma opacidad estaba en los discursos de campaña de Carlos Menem en 1989 cuando se le preguntaba por la amnistía. Era obvio que la iba a decretar, pero en la campaña no lo decía con claridad. Cuando habló Cristina Kirchner en el Día Internacional de los Derechos Humanos pidió que los candidatos presidenciales expresaran cuáles serán sus políticas de derechos humanos.
Como la mayoría de los políticos han sido interpelados alguna vez por el movimiento, lo miran con recelo y no aciertan a darse cuenta de la trascendencia que tiene esta temática en la construcción institucional de estos años. En una sociedad sin tradición democrática, la legitimidad democrática no surge de la clase política, ni gremial, ni de la Iglesia, ni mucho menos de las Fuerzas Armadas, sino de la resistencia pacífica y democrática de los organismos de derechos humanos contra la dictadura. En esa epopeya está la reserva más importante de valores éticos y democráticos que hay en esta sociedad. Desde el 10 de diciembre de 1983 hasta ahora los gobiernos han tomado esta problemática o han tropezado con ella, y la democracia se fue delineando en gran medida en esa serie de encuentros y desencuentros. Está más allá de la decisión de los gobiernos: si no se le quiere dar importancia, se convierten en importantes por eso. Y si se le da importancia, también. Es el contrapeso a la gran noche de la dictadura: lo que más se violentó y negó en ese momento es lo que más pesa ahora.
Ni siquiera Mauricio Macri se puede dar el lujo de ningunear esta problemática porque se le podría convertir en el peor clavo de su cruz. A pesar del peso que tienen los derechos humanos en la conciencia de la sociedad, la mayoría de los gobiernos –con excepción de la primera etapa del alfonsinismo y de los actuales gobiernos kirchneristas– buscaron formas de impunidad para los represores. La anulación de las leyes de impunidad y la realización de los juicios a los represores constituyen un logro estratégico en la construcción de sustentabilidad y ciudadanía de esta democracia. Los medios concentrados de comunicación en general fueron contrarios a este proceso al igual que la mayoría de los políticos que se declaman republicanos o democráticos.
Solamente está claro lo que haría el kirchnerismo –peronistas o no– porque ni siquiera es posible saber lo que harán algunos de sus aliados. Cuando la oposición pasó por el gobierno –desde la derecha peronista y radical hasta algunos progresistas moderados–, buscaron la impunidad de los genocidas. Es difícil saber lo que piensan ahora, ya que consideran que el kirchnerismo ha monopolizado los derechos humanos. La frase de Macri daría la impresión de que la búsqueda de impunidad pasaría por un discurso para desacreditar a los organismos de derechos humanos. Esa ha sido la estrategia de estos años: desacreditar a los protagonistas de políticas activas y progresivas como principal curso de acción, sin plantear opciones concretas, y muchas veces escondiéndolas por su carácter impopular.
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viernes, 12 de diciembre de 2014

ENTREVISTA A JORGE CASTRO RUBEL, EL ULTIMO NIETO EN RECUPERAR SU IDENTIDAD


“Hay una necesidad vital de saber los orígenes”

Es sociólogo, hace una semana supo que era hijo de los desaparecidos Hugo Castro y Ana Rubel y que había nacido en la ESMA. “Es una bomba, una conmoción que te digan que la historia que conocés está incompleta o está equivocada, pero te lo tienen que decir.”

Por Victoria Ginzberg

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El 24 de marzo de 2004, Jorge Castro Rubel estuvo en la ESMA. Fue al acto en el que se anunció que el lugar se iba a convertir en un Espacio para la Memoria y que terminó con una multitud entrando al lugar que los marinos habían intentado preservar como un santuario. El estaba volviendo, pero no lo sabía. Había nacido ahí, en junio o julio de 1977, en una piecita del Casino de Oficiales. Fue un bebé prematuro y de poco peso que los represores llevaron a la Casa Cuna. Jorge se enteró de esta historia, la suya, hace una semana. Hasta que una tía se acercó para decirle que quienes creía que eran sus padres no lo eran, nunca había tenido dudas sobre su identidad. Pero en ese instante supo que podía ser hijo de desaparecidos. Lo siguiente fue llamar a Abuelas de Plaza de Mayo. “En un primer momento me moviliza pensar que no podía ser egoísta si había una familia que me estaba buscando. Sentí una responsabilidad con ellos. Pero después fui entendiendo que también era por mí, que era muy importante conocer mis orígenes”, le cuenta a Página/12.
Jorge Castro Rubel es sociólogo. Estudió en la UBA y ahora es investigador asistente del Conicet. Hizo su tesis sobre el proceso de lucha sindical en el subte y ahora está indagando en la relación entre conflicto social y cultura. Es rubión y disimula que le faltan tres años para los cuarenta. Vive en un sencillo departamento en Villa del Parque con su mujer y sus dos hijos. En las paredes hay unos pocos cuadros y varias calcomanías que dejaron a su paso los pequeños. Los libros son los otros objetos que se destacan en el ambiente.
Jorge es hijo de Ana Rubel y Hugo Castro, militantes de las FAL, que fueron secuestrados en enero de 1977 por el Ejército y estuvieron en algún centro clandestino de detención dependiente de esa fuerza hasta que Ana fue llevada a la ESMA para dar a luz. “El hijo nació sietemesino: tenía dos kilos, era varón y dos días después ella gritaba, preguntaba, quería saber y trajeron una incubadora para la criatura, pusieron al chiquito y ella me pedía por favor que mirara si tenía todos los dedos, los piecitos, si tenía alguna característica particular, y dos días después fueron trasladados”, contó al declarar en el juicio por el plan sistemático de apropiación de bebés Sara Solarz de Osatinsky, una sobreviviente de la ESMA que junto con Alicia Milia estuvo en el nacimiento de Jorge.
“Había en mi mamá una gran voluntad de que yo naciera y se ve que en mí, una gran voluntad de vivir”, dice ahora Jorge.
–¿Cómo te enteraste de que eras hijo de desaparecidos?
–Nunca tuve dudas sobre mis orígenes. Tampoco era un tema que se hablara demasiado. En cualquier familia se da por hecho, si no se habla algo en contrario, de que los hijos son los hijos. Hasta que en agosto una tía se acercó y me dijo que entendía que un chico... o más bien un joven de 37 años no podía no saber sus orígenes y que me quería contar que era adoptado.
–¿Ella sospechaba que podías ser hijo de desaparecidos?
–No. Ella no sabía más que eso. Por la edad que tengo, era una posibilidad. Pero los chicos que atravesaron mi situación son estadísticamente pocos. Inmediatamente le dije: “Yo nací en el ’77, ¿soy hijo de personas desaparecidas?”. “No lo sé”, me dijo.
–Fue bastante automática tu suposición.
–Fue bastante automática porque sé bien lo que fue la dictadura cívico-militar, el plan sistemático de robo de bebés. Era una posibilidad que evaluaba desde el conocimiento de lo que había pasado en la Argentina. Fui a hablar con mis padres. Hubo algunos chisporroteos y una dificultad muy grande de ellos de abrirse y contarme que no eran mis padres biológicos. Después de unos días de tensión, me confirmaron que no era hijo biológico de ellos, que para ellos no significaba quererme menos y que no conocían mi origen. Me contaron lo que ellos sabían: que un día, cuando mi papá estaba de guardia en la Casa Cuna –es médico–, llegaron dos personas y dejaron un bebé en muy malas condiciones.
–¿Eran dos hombres de civil?
–Eran dos hombres entre veinte y treinta años vestidos de civil. El me atiende –es pediatra endocrinólogo– y se da cuenta de que yo era muy chiquitito, muy prematuro. Ellos no tenían hijos, y ahí decide llevarme con él y con mamá. Y es todo lo que ellos me transmitieron que saben.
–¿Vos sabías que habías sido prematuro?
–Yo sabía que había nacido con bajo peso. Esa es la información que tenía. Mi papá me lleva al departamento donde vivían y me engordaron a lo loco, me hicieron una incubadora artesanal y salí adelante.
–¿Te enojaste con ellos porque te mintieron?
–Sí. Me enojé desde el lugar de que una persona de 37 años no puede vivir sin saber cuáles son sus orígenes. Además de todas las repercusiones que puede tener, por ejemplo cuando vas al médico y te dicen si tenés herencia de tal o cual cuestión, decís que no la tenés, pero la respuesta en realidad es que no sabés. Sí, me enojé. Me parece que el silencio de ellos tiene que ver con un prejuicio muy dominante en otra época, de “pobrecito, no le digamos a este chico que es adoptado”, que por suerte hoy en día ya no existe y se estimula que desde chicos sepan la verdad. Sabiendo que no era hijo biológico de ellos, lo que hice fue pensarlo... un poquito; pero yo tenía la convicción de que me tenía que hacer los análisis con el Banco Nacional de Datos Genéticos. En un primer momento lo que me moviliza es pensar: “Si hay una familia que me está buscando, yo no puedo ser egoísta y hacerme el tonto, por ahí hay familia, amigos de quienes me gestaron que están hace una vida buscándome”. Yo sentí en primer lugar una responsabilidad con ellos. Pero después, en terapia, fui entendiendo que también era por mí, que era muy importante conocer mis orígenes. Junté coraje y seguí el camino establecido por Abuelas y Conadi.
–¿Sabías lo que tenías que hacer o te pusiste a averiguar?
–Sabía cuál era el trabajo de Abuelas. Me crié en una familia en la que las Madres y las Abuelas eran bien vistas. El diario en la casa siempre fue Página/12. Me metí en la página de Abuelas, llamé, me bajaron un poco el copete. Me dijeron que después de Guido estaba todo desmadrado. Después me derivaron a la Conadi. El 11 de noviembre me fui a analizar. Ahí empezó la ansiedad en serio. Los resultados me los dieron el 4 de diciembre. Confirmar o descartar: cualquier respuesta iba a ser impactante para mí. Pero la respuesta positiva fue la mejor. Además es sentir que uno de algún modo lleva una felicidad enorme a un montón de gente, y todo lo que significa el proyecto de Abuelas y de restitución de las historias.
–También te encontrás con que tus padres están desaparecidos, que fueron asesinados.
–Sí, es muy difícil. De a poco los estoy conociendo por relatos. Estoy en la vorágine.
–¿Cómo te informaron los resultados?
–Me llamó Claudia Carlotto (la titular de la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad, Conadi) y me citó. Le dije que si no me decía, no iba a llegar vivo y que si me estaba llamando ella era porque había dado positivo. Me dijo que vaya en ese momento y le pregunté en qué grupo familiar había dado, e inmediatamente fui a la compu y vi quiénes habían sido mis viejos. En todo este proceso yo miraba mucho la página de Abuelas, buscaba los parecidos, me había detenido en ellos, pero no eran por quienes daba más fichas. Claudia me contó quiénes eras mis viejos y nos fuimos para el centro con mi mujer. Le dije que manejara ella porque íbamos a tener un accidente. En la Conadi me recibieron muy bien. La verdad es que en todo el proceso encontré calidez, contención y respeto. El mensaje para los que tienen miedo es que no lo tengan. Claudia me mostró las fotos de mis padres.
–¿Ahí conociste a Alicia Milia, la sobreviviente que presenció tu parto?
–Primero me preguntaron si quería conocer a mi familia biológica. Yo dije: “Totalmente”. Después me dijeron si quería conocer a Alicia. Ella me vio y se emocionó mucho. Buscaba obsesivamente mi lunar porque se acordaba mucho de eso.
–Algunos nietos empiezan a resignificar algunas cosas luego de recuperar su identidad, encontrar coincidencias o diferencias con sus padres. ¿Te pasó algo así?
–No creo mucho en la cosa mística. La entiendo y la respeto, mi familia está un poco en eso, en fijarse si compartimos rasgos de personalidad. Pero sí están los parecidos físicos. Obviamente, mi familia Castro me encuentra totalmente parecido a mi papá y mi familia Rubel me encuentra parecido a mi mamá. Yo creo que soy una mezcla de los dos. Vamos a decretar un empate. En cuanto a la personalidad, voy conociendo de a poquito. Pero mi identidad se fue construyendo en 37 años. Esto me viene a enriquecer la vida. Me parece una información esencial conocer mi origen. Pero esto no desplaza mi historia, no empiezo de nuevo, esto me enriquece. Y reformulo muchas cosas.
–¿A quiénes conociste de tu familia?
–Avancé mucho. Me encontré con mi tío Ruben y su esposa, mi tía Mari. Estuve con mi prima Andrea, del lado Castro, y pegamos una onda bárbara. Y me había encontrado con mi tía Perla Rubel, su marido Samuel y mi prima Mariana. En el juzgado, en un contexto un poco adverso, conocí a la prima de mi mamá Susana, que fue la última persona que la vio viva y a quien le contó que estaba embarazada. Todo es muy emocionante.
–¿Te acordás de cuando supiste que había habido desaparecidos? ¿Eras de ir a marchas?
–A marchas del 24 de marzo fui a muchísimas. Estuve el 24 de marzo de 2004, cuando Néstor Kirchner hizo el acto. Estaba detrás del corralito sacando fotos y escuchaba a Juan Cabandié contando su historia. La verdad es que me emocionaba mucho, me parecía increíble lo que había pasado en la ESMA y me parecía muy fuerte la materialización de ver a un chico, ya en ese momento un pibe de 25 años, que habló con esa fortaleza y contando esa historia tan cruda.
–Y vos habías nacido ahí también. ¿Volviste?
–No volví. Quiero volver más tranquilo. Seguramente va a ser la parte más dura, espero estar fortalecido para hacerlo.
–Decías que lo que pasó en los ’70 no te es ajeno, pero, ¿cómo te llevás con el tema de la militancia? ¿Cuál es tu lectura? ¿La cambiaste ahora?
–No, la lectura no la cambié. Siempre respeté y reivindiqué los procesos de transformación social, y en ese sentido siempre me sentí cercano a ese proceso de lucha.
–¿Seguiste las noticias sobre el encuentro de Ignacio Guido Montoya Carlotto?
–Sí. Miraba la conferencia de prensa y se me caían las lágrimas.
–Pero no dudabas.
–No. Incluso a mi compañera le decía: “Si yo no tuviera certeza de que soy hijo biológico de mis padres, me haría el análisis”.
–Entonces había algo.
–Se me pasó ese pensamiento, pero lo dije como una hipótesis: “Si yo no tuviera la certeza de ser hijo biológico de quien soy, me haría los análisis”. Porque soy del ’77. Cuando fue el caso Noble Herrera, yo entendía las repercusiones que había alrededor, pero me preguntaba cómo podía ser que habiendo tantas personas buscándote tantos años no tengas el compromiso de ir a hacerte el ADN para reparar tanta tragedia. Entendía las contradicciones que podían tener, pero me parecía que tenían una obligación de aportar lo suyo.
–Cuando viste a Ignacio, te conmoviste, pero no tuviste dudas. ¿Creés que tu tía, que te contó que eras “adoptado”, pudo haber influido ese caso?
–Puede ser. El día que se confirmó la historia de Guido, ella me mandó un mensaje que decía: “La puta madre, apareció el nieto de Estela”. Puede ser que haya incidido. Pero creo que nadie de mi familia de crianza sabía que yo podía se hijo de desaparecidos.
–¿No se lo imaginaban por la época?
–Son gente informada. Pero somos 400 que nacimos en esas condiciones sobre 40 millones, las probabilidades son pocas.
–¿Y cómo tomaron tus “padres de crianza” el hecho de que sos hijo de desaparecidos?
–Se están acomodando a la idea. Mi mamá de crianza inmediatamente se puso contenta porque había encontrado mis orígenes. Y seguimos en un contacto cotidiano, porque no me voy a desvincular de ellos.
–Y tenés tu propia familia, mujer, dos hijos. ¿Cómo fue el proceso para ellos?
–Ellos absorben toda la vorágine que estoy viviendo. Vamos a buscar asistencia para introducir a los chicos en la historia. Para la más chiquita es más fácil, tiene un año y siete meses, pero el que tiene cuatro ya entiende mucho de lo que pasa. Ve mis cambios, por momentos estoy feliz y por momentos me bajoneo, pienso en las condiciones en las que nací y cómo sobreviví, y eso me pone muy mal.
–Estela Carlotto dijo que había sido un milagro.
–Sí. Había en mi mamá una gran voluntad de que yo naciera y se ve que en mí, una gran voluntad de vivir.
–¿Por qué es importante para vos saber la verdad?
–Porque creo que no se puede vivir sin conocer la historia y los orígenes de uno. Uno tiene la obligación y la necesidad vital de saber cuáles son sus orígenes. Y las familias deben saber si el chico que están buscando está, y si está bien. Luego, las historias de cada uno son particulares y cada uno las procesa a su modo. Cada uno hace lo que puede y quiere con eso. Yo elijo profundizar en el conocimiento de mis viejos, de su historia y conocer a mi familia. Es importante que la gente que tiene información o dudas sobre los orígenes de un familiar se las transmita ya directamente a ellos, porque somos gente que estamos cerca de los cuarenta. Es una bomba, una conmoción que te digan que la historia que conocés está incompleta o está equivocada, pero te lo tienen que decir.
–¿Te molestó no haberlo sabido antes?
–Cuanto más rápido se sabe, es mejor. También me encuentra con una fortaleza que me permite atravesar situaciones difíciles, aunque se me han desacomodado los muebles. Pero sí, uno siente que perdió tiempo y eso no se puede recuperar.
–El secretario de Derechos Humanos, Martín Fresneda, dijo que la Presidenta te quería conocer. ¿Vos tenés ganas?
–Sí. Claro que sí. El gobierno desde Néstor Kirchner ha aportado mucho en distintos sentidos, entre ellos cambiar un clima cultural. Lo que se ha hecho desde el gobierno es una pata importante para que se hayan profundizado estos procesos de búsqueda y reivindicación.
–Sos mayor de lo que eran tus padres cuando murieron. ¿Te da impresión?
–Ellos eran unos chicos con relación a lo que soy hoy yo. Choca mucho. Si bien los veintipico de antes no son los veintipico de ahora, hubo una generación muy joven que perdió trágicamente la vida cuando la tenía por delante. Ver esa juventud es muy difícil.
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martes, 9 de diciembre de 2014

Documento de los Curas en Opción por los Pobres sobre la Iglesia y la dictadura


“Aún hay cuentas pendientes”


Por Washington Uranga


En un extenso y categórico documento a propósito de la Navidad que se acerca el grupo de Curas en la opción por los pobres reconoció los pasos dados por el Episcopado católico en relación con los temas de derechos humanos, pero subrayó que “todavía hay muchas cuentas pendientes” y exige de los obispos gestos y manifestaciones concretas que apunten, por una parte, a asumir institucionalmente la responsabilidad que le cupo a la Iglesia en las violaciones a los derechos humanos durante la dictadura y, por otra, a reparar de manera efectiva los daños causados. En el texto se reclama la apertura de todos los archivos de la Iglesia vinculados con presuntas violaciones a los derechos humanos, que se exija a capellanes castrenses el aporte de información y se sancione eclesiásticamente a miembros de la Iglesia a quienes se considere responsables de delitos contra los derechos humanos.
Los sacerdotes piden que definitivamente el Episcopado se aparte de la llamada “teoría de los dos demonios”, y si bien señalan que hablar de “dos Iglesias” es “falso y superficial”, sostienen que existen “dos modelos de Iglesia”, recordando que así como hubo complicidades con las atrocidades de la dictadura, también hubo cristianos, incluso miembros de la jerarquía, que lucharon contra la dictadura y cayeron como víctimas de violaciones a los derechos humanos.
“La Iglesia no fue un actor más en este oscuro período de nuestra historia (la dictadura), sino ciertamente un protagonista central. Su participación fue compleja y la ubicación de sus miembros, diversa. El apoyo político de la mayoría del Episcopado a los que deben sumarse nuncios y capellanes militares fue fundamental para la ejecución del plan represivo de la dictadura, que actuó en nombre de los valores del Occidente cristiano”, dicen los curas en el texto titulado “Las responsabilidades de la Iglesia en el proceso de memoria, verdad y justicia”.
Reconocen que “también una Iglesia víctima del terrorismo de Estado que padeció torturas, asesinatos, desapariciones”, y entre ellos hubo laicos, religiosos, curas y obispos cuyo “compromiso con el evangelio de la vida, la opción por los pobres y el acompañamiento a las luchas populares los convirtió en enemigos de los defensores de la nación católica y de la divinización del mercado”. Pero los firmantes del documento subrayan que pasados casi 40 años del martirio del obispo riojano Enrique Angelelli, “los obispos no emitieron palabra”, así como “llama la atención que la Iglesia jerárquica no se haya sentido perseguida en la dictadura, habida cuenta de que muchos de sus miembros fueron torturados, asesinados o desaparecidos”. Y manifiestan que “es más llamativo todavía que la misma Iglesia sí afirme sentirse perseguida en períodos democráticos”.
Respecto de recientes gestos de los obispos, los curas dicen que “parecería haber una conciencia repentina del Episcopado, manifestada por algunos de sus miembros, de la urgencia de prestar colaboración con el esclarecimiento de los crímenes de la dictadura y el paradero de los desaparecidos y niños apropiados”, si bien advierten que quizás este cambio de actitudes esté “motorizada por las inquietudes del papa Francisco”.
Reconociendo la importancia de tales gestos los curas señalan, no obstante, que “suena muy contradictorio que los que llevan décadas ignorando a los organismos de derechos humanos y resistiéndose a reconocer una complicidad manifiesta con los crímenes de la dictadura sean ahora los que pidan colaboración”. Y se preguntan los curas si “¿no tendría que haber un reconocimiento explícito de no colaboración con el esclarecimiento de los crímenes de la dictadura hasta el pasado reciente? ¿No tendría que haber explicaciones acerca de por qué la Iglesia no ha participado nunca oficialmente de los actos conmemorativos del 24 de marzo?”. Y en otro párrafo, después de señalar la responsabilidad de los capellanes militares y de fuerzas de seguridad, agregan que “seguramente el Episcopado argentino puede mucho más que ‘exhortar’ a que se sientan ‘moralmente obligados’ a brindar información y manifestarse responsables de sus delitos”.
Hay también una mirada sobre las complicidades de la institución eclesiástica católica con el modelo económico impuesto por la dictadura. Y recuerdan en este caso que “la negativa sistemática del Episcopado argentino a manifestarse críticamente ante la extorsión de la Deuda Externa, la sintonía con la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa y alguno de sus miembros relevantes, como José Alfredo Martínez de Hoz, la presencia permanente de empresarios del mundo cerealerosojerorural en organismos laicos del Episcopado, como la Comisión Episcopal de Pastoral Social, son síntomas preocupantes de esta cercanía” de los obispos con el poder económico.
En las conclusiones del documento los curas vuelven a valorar los gestos recientes del Episcopado, pero insisten en que “un sincero pedido de perdón debe ir acompañado no solamente de reparación sino de gestos y actitudes concretas que manifiesten visiblemente el cambio de actitud”. Porque “pedir perdón por ‘si hubiéramos hecho’ algo, y seguir eligiendo modelos económicos coherentes con el genocidio por ser genocida también el modelo, es algo incoherente con el perdón requerido”.
Los Curas en la Opción por los Pobres sostiene que “la exhortación a colaborar con información a quienes la tuvieran debería ir acompañada de un transparente gesto de apertura de archivos, exigencia a los capellanes militares, policiales y otros que tuvieran información a que la brinden sin ninguna reticencia, e incluso ‘exhortarlos’ a que se entreguen a la Justicia si hubieran delinquido”. Se reclama “aplicar hacia ellos sanciones canónicas correspondientes” dado que, por ejemplo, Christian von Wernich “no haya sido expulsado del estado clerical y siga celebrando la eucaristía” resulta “un escándalo que clama al cielo”. Los Curas cierran su mensaje navideño reiterando que “queremos ser una Iglesia pobre y de los pobres”, capaz de construir “otro mundo” donde “la vieja pregunta de nuestros hermanos mayores, los Curas del Tercer Mundo, ‘Feliz Navidad ¿para quién?’, la podamos responder mirando cara a cara a los pobres, a los despreciados, a las víctimas para brindar con ellos por un mañana mejor. Y caminar juntos”.
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jueves, 6 de noviembre de 2014

En la presentación pública, Mauricio Macri, en tren de campaña presidencial, ofreció algunas definiciones acerca de temas económicos

Otra vez la misma receta

Por Alberto Müller *
En una reciente presentación pública, Mauricio Macri, en tren de campaña presidencial, ofreció algunas definiciones acerca de temas económicos. Vale la pena retomarlas, habida cuenta de la pobreza de ideas que impera en los debates actuales. Citamos textualmente:
1. “Nosotros llegaremos a un dígito de inflación en menos de un año, con la cantidad de dólares que anda dando vueltas en América latina.”
2. “Perú colocó deuda al 6 por ciento a 40 años. Esa es la Argentina que yo sueño, la que vamos a construir juntos.”
3. “(Debemos) revitalizar el Mercosur e integrarlo a la Alianza del Pacífico, que ha funcionado muy bien.”
4. “Uruguay desarrolló la industria celulósica y ya participa en la formación mundial de ese precio. Nuestra Mesopotamia tiene cuatro veces más recursos forestales. Si apostamos a la industria forestal, podemos exportar más rollos de madera que trigo y maíz juntos.”
5. “La mayoría no quiere planes, sino que le den una oportunidad. Vamos a capacitarlos.”
Estas propuestas pueden traducirse en los términos siguientes:
a) Combatir la inflación mediante un ancla cambiaria, incentivando la entrada de capitales especulativos.
b) Tomar deuda.
c) Converger con países que tienen Tratados de Libre Comercio.
d) Capitalizar ventajas comparativas sin profundización industrial, a través de enclaves cuasi extraterritoriales, como son hoy día las pasteras uruguayas.
e) Capacitar para enfrentar los problemas del empleo, porque éstos se originan en la escasa formación de las personas, no en la capacidad de absorción por parte de la economía.
Ya conocemos este programa. Es el que imperó durante la convertibilidad. Conlleva sobrevaluación cambiaria, reprimarización y sobre todo el gran sueño de una parte de la dirigencia argentina: el dichoso endeudamiento. Para exponentes de este pensamiento, la Argentina necesita imperiosamente capitales externos, porque es un país sin capacidad de ahorro suficiente. La política económica consiste entonces en asegurar la entrada de capitales, bajo cualquier forma o ropaje; si éstos entran, y llevan a la sobrevaluación cambiaria, no es problema, porque así nos integramos al mundo. Y si hay desempleo, esto es porque hay personas de baja productividad debido a su insuficiente capacitación.
Algo de esto es lo que ha ocurrido con el mentado Uruguay, aunque por ahora sin efectos sobre el empleo. Este país acaba de graduarse como país “desarrollado”, al lograr en 2013 un PBI per cápita superior al de Chile: 16.400 dólares, según el Banco Mundial (la Argentina, de acuerdo con la misma fuente, no pasaba ese año de los 14.800 dólares). Desde 2005 hasta 2013, el PBI de Uruguay ha crecido 53 por ciento en moneda constante (5,5 por ciento anual), lo que no es poco. Los sectores que han acaparado este crecimiento son la agricultura, la industria de la madera, el comercio, las comunicaciones y, faltaba más, la intermediación financiera. Pero fuera de las pasteras, la participación del sector industrial cayó de 15 a 11 por ciento.
Esto es lo que llamamos crecimiento con reprimarización.
Pero además, el PBI en dólares ha crecido un fenomenal 221 por ciento, evidencia de una fortísima sobrevaluación cambiaria; podemos cifrar la caída del tipo de cambio real en cerca de 50 por ciento. Demás está decir que Uruguay tiene déficit en su cuenta de mercancías, pese a una mejoría de 15 por ciento en sus términos de intercambio (y ni qué hablar de su cuenta corriente). Uruguay acumula así pasivos externos, para financiar su cuenta deficitaria de mercancías. Esto es vivir con lo que uno no tiene.
Todo esto en un país paria como la Argentina es una tragedia, pero en Uruguay no es visto así. ¿Por qué? Porque están entrando capitales.
Sabemos de este programa, y hemos visto a qué nos ha llevado. A la corta o a la larga, vendrá la hora del ajuste; y entonces los mismos voceros nos hablarán con tono admonitorio de lo poco sostenible que es acumular pasivos sin generar recursos para su cancelación, y el Estado, de alguna forma, será el culpable de todo.
¿Tropezar dos veces con la misma piedra? Si no aprendemos de la historia, estamos expuestos a repetirla. Y lo cierto es que los defensores de estos modelos todavía nos deben una explicación acerca de cómo nos fue con la convertibilidad. No sólo de cómo terminó, sino de cómo se desempeñó cuando se la consideró exitosa: una tasa de desempleo de dos dígitos durante una década, la destrucción de parte importante del tejido industrial (si se salvaron la industria automotriz y la siderurgia, fue por tener regímenes ad hoc) y el desentendimiento del Estado. En esa época, se consideraba que el desempleo se combatía con educación, porque eran los menos educados los que eran primero desplazados del mercado de trabajo (sin que entendamos por qué en los ’80 conseguían trabajo). Pero, además, la convertibilidad terminó no por acción política, sino simplemente porque fue insostenible.
¿Qué opinarán entonces Macri y los demás candidatos acerca de la experiencia de la convertibilidad?
* Cespa-FCE-UBA.
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