sábado, 13 de agosto de 2011

MANIFESTACIONES SOCIALES

Sociales

Por Sandra Russo
 
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Las manifestaciones sociales en Londres y Santiago, Chile, esta semana, corrieron un velo. Las dos, tan diferentes, expresiones de idiosincrasias y de historias tan distantes, mostraron algo descompuesto. Es lo mismo que en Estados Unidos provocó un tembladeral al que Obama quiso emparchar con la reafirmación del liderazgo mundial, diciendo que su país fue y será siempre triple A. El presidente norteamericano le dejó a la retórica lo que no puede lograr con sus políticas.
Lo que dejaron al desnudo las dramáticas manifestaciones sociales en un punto y en otro del planeta es precisamente la impotencia, la ineficacia, la capitulación de la política frente esa absurda naturaleza de las cosas a la que sigue aferrado el centro del mundo. La naturaleza neoliberal de las cosas indica que lo social no existe. Indica que las decisiones se toman pensando en otra cosa. No en la gente. En otra cosa. En números, en papeles, en pantallas, en porcentajes.
El presidente chileno lo puso en palabras: “Nada es gratis en la vida”, dijo, con la brutalidad del inconsciente. ¿De dónde ha sacado eso Piñera? ¿Quién que no esté hechizado, obnubilado por su propia manera –neoliberal– de ver las cosas puede sostener esa oración corta, tremenda y categórica, esa frase acuñada al calor de la falacia neoliberal por excelencia y que indica que el esfuerzo personal tiene su premio? En los países neoliberales el esfuerzo personal no sirve para nada.
Para el pensamiento dominante en el mundo, lo social, y esto es, la sociedad, los seres humanos que la integran, las personas con nombre y apellido, son apenas algo para recortar. Recortaron siempre ahí. Ajustaron siempre en los cuerpos, nunca en las abstracciones numéricas de las finanzas. La lógica que los mueve es tan ilógica, tan dramáticamente disparatada, que ahora lo social les estalla en la mano, como un petardo mal encendido.
Este sistema llegó hace décadas para dejar caer su cuchillo sobre lo social. La salud, la educación, los derechos laborales, las jubilaciones, todo lo que esos gobiernos privatizaron tenía por destino lo social, el desarrollo social, el ascenso social, la movilidad social. Privatizar es des-socializar.
Lo que hubo fueron manifestaciones sociales en el más técnico de los sentidos. Fue lo social que habló. Las dos protestas fueron protagonizadas por la misma generación. Más del 60 por ciento de los detenidos en Londres tenía entre 15 y 25 años. Son o deberían ser esos chicos británicos estudiantes secundarios o universitarios. Pero no incendiaron varias ciudades de Gran Bretaña pidiendo por su derecho a tener un proyecto de vida. Eso lo hicieron los jóvenes chilenos. Otra prueba fehaciente, una más y van muchas, del cambio de paradigma. Los jóvenes chilenos están mejor parados. Tienen más conciencia de sí. Más camino hecho. Tienen más ideas, tienen delegados, tienen historia y símbolos. Los jóvenes británicos por ahora sólo comparten la rabia.
Los chicos británicos emiten sus ladridos desde el lugar de los excluidos de la sociedad de mercado. Son europeos y aspiran a plasmas, no a latas de tomates y paquetes de yerba, como los que envolvían con sus brazos los saqueadores argentinos de los finales de los mandatos de Alfonsín y De la Rúa. Aquí sabemos de saqueos fogoneados, de saqueos como el golpe de gracia de gobiernos que a los poderes fácticos les convenía arrasar. No por casualidad esos dos gobiernos democráticos cayeron en el medio del humo de neumáticos. Pero qué curioso. Londres ardiendo y nadie preguntándose por la gobernabilidad de Cameron. Esa parte del mundo no ha pasado todavía a la fase de la ingobernabilidad, pero al ritmo en que van las cosas, ya llegará. Por ahora, lo que se ha visto es que los jóvenes británicos son profundamente infelices, que no tienen fe, que no aspiran a conseguir un buen trabajo porque no consiguen ninguno, y encima tampoco pueden comprarse las zapatillas nuevas que valen doscientos euros y sin las que sus identidades se diluyen. Si no tienen esas zapatillas no saben quiénes son. Han sido reducidos a consumidores impotentes.
Los chicos británicos ladran porque no tienen futuro, como los punks de los ’90. El de Margaret Thatcher fue el primer gobierno democrático que aplicó de lleno un programa neoliberal. El de Augusto Pinochet fue, en Chile, el primer globo de ensayo en dictadura. Le siguió la Argentina.
Los ’90 fueron hechizantes. Tal fue la conmoción mundial por la caída del Muro de Berlín y por un solo pensamiento triunfal flameando en Occidente, que no hubo resistencia posible. Fueron los años en los que se puso en marcha lo que algunos llamaron “la nueva Edad Media”. Torretas y bárbaros. Countries y villas. Nobles y descastados.
Lo que iba a morir en media parte del mundo en esa década era la aspiración al progreso. Los sectores populares dejaron de soñar con llegar a vivir como los sectores medios. Los sectores medios, políticamente seducidos para identificarse con los sectores altos, fueron disciplinados culturalmente para mantener a raya a los sectores populares. Los piqueteros, los trapitos, los cartoneros definen un universo que mucha clase media, alentada por los medios masivos de derecha, identifican con el peligro, la amenaza, el delito, la falta de valores morales. Pero mientras unos dejaban de tener derecho a soñar con vivir mejor, los que los despreciaban vivían cada vez peor.
El politólogo español Juan Carlos Monedero escribió esta semana en relación con la situación británica que “el reclamo de la época es la igualdad, aunque, como siempre, el verdadero fin es la libertad (la que busca ese ser consciente que lo único que sabe con certeza es que se va a morir)”. La frase interpela el falso eje sobre el que se han hecho girar nuestras ideas sobre la igualdad y la libertad, toda vez que quienes vienen serruchando lo social desde hace décadas lo hacen en nombre de la libertad. Pero nunca hablaron de la libertad de las personas reales, las que penan, aman y no duermen por el hambre o las preocupaciones.
“El auge del mercado, los cientos de canales de televisión, Internet, los teléfonos móviles, el desarrollo en transportes y comunicaciones –escribió Monedero–, poder elegir entre Coca-Cola y Pepsi Cola, viajar, el alargamiento de la adolescencia, el sensacionalismo de una información supuestamente infinita servida en tiempo real, la soberanía de los consumidores son todos elementos que hacen pensar que nunca tanta gente fue tan libre en la historia de la humanidad. Pero esa libertad se ve coartada por la falta de acceso real a esa promesa de vivir como monarca absoluto. Se les había olvidado que sin súbditos no hay reyes. Es entonces cuando surge el enojo: ser feliz es tener acceso a todo lo que me da felicidad, pero no llego. Y no voy a llegar mañana tampoco. Así que lo quiero todo y ahora. Como sea.”
En todo el mundo hay una generación que pregunta a los gritos qué le han hecho a su futuro, cómo es posible que se pretenda de ellos que renuncien a sus ilusiones personales, que sean extras en una larga y terrible película protagonizada por las pantallas de la Bolsa.

Página12

lunes, 8 de agosto de 2011

Cómo es la relación de Bergoglio con la ONG que denunció a Zaffaroni

Con la bendición del arzobispo

El respaldo del cardenal a La Alameda se remonta al año 2008. Desde entonces, todas sus actividades cuentan con el beneplácito del jefe de la Iglesia Católica argentina. Cómo se gestó el vínculo. El papel del MTE. La búsqueda de Bergoglio de patas territoriales.

Por Andrés Osojnik
 
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Bergoglio se acercó a la ONG de la mano de Grabois, dirigente del Movimiento de Trabajadores Excluidos.
La visita con frecuencia, participa de sus actos, le reza al menos una misa por año y bautiza a los chicos que nacen allí. Jorge Bergoglio, el arzobispo de Buenos Aires, es el hombre que respalda a La Alameda, la organización que motorizó las denuncias contra Eugenio Raúl Zaffaroni porque departamentos suyos terminaron alquilados a mujeres que ejercían la prostitución. El cardenal primado de la Argentina le dio la bendición a la entidad en 2008, el año del conflicto sojero. No fue casual: el jefe máximo de la Iglesia argentina buscaba sumar patas territoriales a la construcción de su poder político.
La primera misa que ofreció Bergoglio organizada por La Alameda fue el 1º de julio de ese año. Fue en una iglesia de La Boca comandada por curas villeros y el público fueron cartoneros, mujeres en estado de prostitución, trabajadores víctimas del trabajo esclavo. El arzobispo explotó en la homilía el discurso de la crítica por la situación social. Ese mismo día, Bergoglio tuvo otra actividad: se reunió con Julio Cobos en su despacho en el Senado. El vicepresidente se venía desmarcando del Gobierno, la crisis con las patronales del campo ardía y faltaban 17 días para el voto no positivo.
La incorporación del cardenal a la agenda de La Alameda había llegado de la mano de Juan Grabois, un dirigente del Movimiento de Trabajadores Excluidos, que reúne principalmente a cartoneros. Con trabajo social en varias villas, el MTE ya había sellado el año anterior una alianza con La Alameda, que dirige Gustavo Vera, para llevar adelante denuncias sobre situaciones de explotación laboral y trabajo esclavo en talleres clandestinos. Juan –hijo de Roberto Grabois, dirigente en los sesenta y setenta de Guardia de Hierro, la derecha fascistoide del peronismo de aquella época– es también militante católico y protegido de Bergoglio.
La Alameda se había iniciado en los días de la crisis de 2001. Se conformó como la asamblea popular “20 de diciembre”, en Parque Avellaneda, y ocupó el bar de Directorio y Lacarra (La Alameda), que estaba cerrado y en proceso de quiebra. El espacio fue abierto para convertirse en un comedor popular al que llegaban principalmente inmigrantes bolivianos que trabajaban en la zona. Su situación de víctimas del trabajo esclavo llevó a Gustavo Vera y sus compañeros a empezar las denuncias sobre los talleres textiles clandestinos y la trata de personas para explotación laboral. La Alameda se conformó como una cooperativa de trabajo en la que se ocupan costureros y costureras, la mayoría de nacionalidad boliviana. Años después, sumaron la denuncia sobre trata para explotación sexual.
A partir de aquella misa de 2008, Bergoglio repitió el oficio cada año, siempre organizado por La Alameda y el MTE. Vera llegó a comparar al arzobispo con Carlos Mugica y los sacerdotes palotinos asesinados durante la dictadura militar: “La Iglesia, en sus últimas homilías, está reencontrándose con lo mejor de su tradición, como Mugica o los palotinos que lucharon por la dignidad de las personas”, dijo el dirigente de La Alameda al analizar la actuación de Bergoglio en aquel momento.
En septiembre del año pasado, el cardenal visitó de nuevo la sede de la organización para bautizar a las hijas de una costurera. “Hoy vine a respaldar a Gustavo y las personas que lo acompañan. Necesitaba expresarles toda mi solidaridad por la notable labor que realizan”, devolvió gentilezas el arzobispo.
También en 2010, La Alameda patrocinó la denuncia de una policía que acusó a sus superiores de regentear una red de prostíbulos. Bergoglio recibió a la mujer mientras era custodiada por la Gendarmería Nacional. Ese mismo año, La Alameda creó una marca de indumentaria “libre de trabajo esclavo”. A su presentación, en junio del año pasado, asistió otra vez el cardenal, que se sumó a un público que incluyó a varias Madres de Plaza de Mayo.
La Alameda creó lazos también con un grupo de vecinos de Liniers, con quienes elaboró un mapa del delito de la zona en el que se identifican prostíbulos, talleres clandestinos, puntos de venta de droga y mercadería robada y lugares “liberados por la policía”. Para brindar un nuevo respaldo, Bergoglio les ofició una misa, esta vez en la iglesia de San Cayetano, el domingo 5 de junio pasado.
Otro apoyo político que recibieron Vera y Grabois fue el de la diputada Fernanda Gil Lozano, que en los últimos tiempos estuvo acompañando a la organización. En ese marco aparecieron las denuncias contra el juez de la Corte Suprema. Vera y Grabois fueron a la Justicia. Gil Lozano, a la Cámara de Diputados: allí pidió que se cite a Zaffaroni para que dé explicaciones. Luego, Elisa Carrió hasta habló del juicio político.
Después de dos semanas en los que un sector de la prensa y la oposición se montaron en la campaña contra el magistrado, ahora La Alameda se llamó a silencio: dijo que ninguno de sus dirigentes hablaría más del tema “hasta después de las elecciones” del domingo próximo.

Página12

sábado, 6 de agosto de 2011

Llegar a ser humanos

Por Osvaldo Bayer
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Desde Bonn, Alemania

Agosto, verano. Bien temprano. La naturaleza sonríe. Nos invita a un romanticismo goethiano y a la paz eterna de Kant. Recojo el diario. Título: “La miseria de los niños”. “En Somalia mueren trece niños de hambre por día, por cada diez mil habitantes. Doce millones de africanos no tienen qué comer”. Siguen otros títulos: “En Siria otros cien muertos en la represión”. “Japón: Fukushima, cada vez más peligro nuclear.” “Hambre en Estados Unidos.” “Italia y España ante más desocupación”. “Bestial represión contra los estudiantes en Chile.” “En la Argentina continúa la represión contra pueblos originarios, el caso Ledesma.”
Cierro el diario. No me decido si quiero leer una poesía de Goethe o abro un libro de Kant. No. Me meto en el mundo. Leo a Marcia Pally, la docente en ciencias culturales de la Universidad de Nueva York. Describe, en un escrito titulado “Hurto famélico en Manhattan”, cómo la gente sin trabajo, en Estados Unidos, va a los parques estatales a buscar alimentos. Escribe: “No son gente sin techo. No, son de clase media: Y no revuelven la basura, sino que se llevan hojas, plantas y frutas de los árboles de los parques para la cena. Gente vecina al Parque Kissena, de Queens, informó que ha desaparecido un árbol entero de cerezas y se llevaron los peces y las tortugas de las fuentes. La búsqueda de alimentos ha alcanzado mientras tanto niveles increíbles. El gobierno podría acabar con los sueldos extra que se paga a la policía y repartir ese dinero entre la gente. Mejor se los mete presos y por lo menos comen la comida de la prisión”. Ironías plenas de rabia en el país que tiene tropas en todo el mundo y que es el máximo exportador de armas, el 34,6 por ciento de todas esas exportaciones provienen de Estados Unidos, cuyas empresas ganan miles de millones de dólares en un país que ahora se descubre que no puede ni alimentar a todos sus habitantes. No, ni siquiera en una novela podría ser creíble esto. Pero es la realidad. Claro, los economistas del sistema le quitan importancia señalando con voz grave: “No, se trata sólo de una crisis”. Y la pregunta es: ¿Cómo no es posible prevenir las crisis en el país más rico del mundo? No, la verdadera respuesta es: se trata de la irracionalidad del sistema.
Lo vemos en la Italia de Berlusconi. Este político, que ante la oposición dijo: “¿Crisis? No, ¿de qué crisis me hablan?”. La misma derecha italiana, su aliada, acaba de sentenciar a Berlusconi diciendo que “él mismo provocó su suicidio político”. Berlusconi, aquel de que “el capitalismo lo soluciona todo por sí mismo”. Los diarios del sistema lo califican hoy de “desconcertado en la crisis”. Un lunfardiano argentino lo hubiera bautizado tal vez mejor: “Chanta ante la realidad”.
Sí, porque la realidad está dada en el consumo irracional y en la explotación de las fuerzas del trabajo. Harald Welzer, director del Center for Interdisciplinary Memory Research en Essen, ha escrito un texto sabio sobre derechos humanos.
Comienza con una cita. La declaración general sobre Derechos Humanos de las Naciones Unidas de 1948. Repetimos, 1948. Recorrámosla una vez más en toda su sabiduría: “Cada uno de los seres humanos tiene derecho a un nivel de vida que le asegure a él y su familia salud y bie-nestar, inclusive alimentos, vestuario, vivienda, atención médica y servicios sociales, así como el derecho a seguridad en el caso de falta de trabajo, enfermedad, invalidez o viudez”. En contraposición a eso, Welzer muestra la realidad: “Una séptima parte de la humanidad está desnutrida, dos mil millones de personas no tienen atención médica alguna, mil millones no tienen acceso a agua limpia, 200 millones de niños son soldados, o están prostituidos, o son trabajadores nómadas o trabajan 18 horas por día tejiendo alfombras. Enfrente, las estadísticas dicen que 1200 personas poseen más del 3 por ciento de la fortuna privada mundial, mientras que la mitad de la humanidad apenas cuenta con el dos por ciento de esos bie-nes”. Todo esto en un mundo sin soluciones: con poblaciones hambrientas, niños que mueren por falta de comida, un planeta infectado por el mal uso de las materias de la naturaleza, con cada vez más autos de lujo y menos trabajo. La cantidad de ropa nueva comprada en el mundo occidental se ha duplicado en la última década, para no hablar de los aparatos técnicos de consumo, y en Europa y en Estados Unidos el 40 por ciento de la comida sobrante es tirada a la basura. Además, el armamentismo crece. Basta un ejemplo: en los Emiratos Arabes Unidos se está formando un ejército mercenario que está costando 500 millones de dólares. Lo organiza una empresa norteamericana. Los soldados contratados provienen en su mayoría de Alemania y Colombia, con muy buenos sueldos. Los oficiales provienen de Estados Unidos, Francia, Sudáfrica y Alemania. Para los Emiratos el principal enemigo es Irán. Todo esto a pocos kilómetros de Somalia, donde mueren niños de hambre.
Planeta Tierra, año 2011. Hay algo muy urgente que solucionar ya mismo. Los niños que mueren de hambre en Africa. Hay que hacer un llamado a la moralidad universal. Los países que explotaron como esclavos durante siglos al pueblo africano deben sentirse hoy con el deber de terminar con el hambre allí. Las iglesias cristianas todas, que callaron cuando se realizó el tráfico de esclavos, deben poner toda su organización en llevar alimentos a esos pueblos. Ni hablar de todos los países que tuvieron a la esclavitud durante siglos como algo normal. No repitamos lo que ahora aparece en televisión cuando llega a Somalia un avión con alimentos para tres mil personas como algo digno de hacer conocer. No, debe ser una cadena aérea que asegure la alimentación básica y con expertos que promuevan proyectos de producción de alimentos para el futuro.
¿Y cómo solucionar la crisis mundial? Seamos un poco utopistas. La crisis es demasiado grande, la injusticia reina desde hace siglos. El sistema vota a Berlusconi y a Macri. Pero ganemos distancia y veamos el futuro con fantasía, esa fantasía que nos muestra a todos los seres humanos que es posible un mundo sin hambre, sin guerras, sin fronteras, un mundo que quiere saber por fin lo fundamental: de dónde venimos, qué somos, qué es todo esto, la vida, la naturaleza, los pensamientos, el nacer y el morir. Para llegar a la utopía de la gran solución llamar a congresos mundiales. Como base, Naciones Unidas. Un congreso de filósofos, sociólogos y politólogos que busquen la forma de unir a todos los pueblos en un mundo sin fronteras, sin ejércitos, donde se respeten todos esos derechos proclamados por Naciones Unidas. Una sociedad mundial. Al mismo tiempo, un congreso de todas las religiones junto a científicos representantes de los adelantos de las ciencias, para que lleguen a un acuerdo a fin de seguir adelante y explicar esa duda universal sin contestación alguna: de dónde venimos, qué somos, qué es el universo, y a responsabilizarse de no llevar adelante ninguna agresión religiosa más y terminar leyendas de culto que han agraviado la paz entre los hombres. Encuentros donde tengan valor las palabras amplitud, generosidad, comprensión, grandeza.
Llegar a ser humanos.

Página12

viernes, 5 de agosto de 2011

Rafecas calificó de “verosímil” la prueba contra Magnetto y Mitre

RAFECAS opinó que el caso papel prensa debe tramitarse como delito de lesa humanidad, dentro del “circuito camps”



En un dictamen de 66 páginas, el juez declaró nuevamente “inescindible” el despojo a los Graiver en beneficio de Clarín y La Nación de las violaciones a los Derechos Humanos. Otra vez, cedió la competencia a la Justicia Federal de la Plata.
  En una resolución de 66 páginas, el juez federal Daniel Rafecas calificó de “importante” y “verosímil” la prueba reunida contra los accionistas de Clarín y La Nación, en el marco de la causa que investiga los delitos de lesa humanidad cometidos en el despojo accionario de Papel Prensa, en sociedad con Videla y Martínez de Hoz. Al mismo tiempo, volvió a declarar “inescindible” la operatoria empresaria con aval de la dictadura de las violaciones a los Derechos Humanos que se investigan en el juzgado federal platense de Arnaldo Corazza, en el expediente conocido como “Circuito Camps”, a quien nuevamente le cedió la competencia.
Héctor Magnetto y Bartolomé Mitre fueron imputados por la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación por los delitos de lesa humanidad cometidos contra los integrantes de la familia Graiver, quienes bajo presión y torturas fueron despojados de las acciones de Papel Prensa en beneficio de los diarios Clarín, La Nación y La Prensa, por orden de Videla y Martínez de Hoz.
Tal como publicó Tiempo Argentino hace un año, en la página 38 de su dictamen el juez recordó que el interrogador de los Graiver designado por la dictadura, Oscar Bartolomé Gallino, se reunió con Mitre, Patricio Peralta Ramos y Magnetto. Escribió Rafecas: “Llamativamente Gallino habría recibido ‘a los directores y asesores letrados de los diarios La Nación, La Razón y Clarín, quienes concurren con motivo de la adquisición del paquete accionario del Grupo Fundador de Papel Prensa  S.A.”
Gallino era un subordinado del comandante del 1º Cuerpo de Ejército, Carlos Guillermo Suárez Mason. El objetivo: los bienes de los Graiver y su relación con los fondos de la guerrilla de extracción peronista Montoneros.
En este sentido, a Rafecas le llamó la atención que pese a ese objetivo, “la única reunión que habría mantenido Gallino con personas que no fueran funcionarios del Estado –nótese que todos ellos eran de la provincia de Buenos Aires– fue con los integrantes de los adquirentes de las acciones clase A de Papel Prensa SA, a través de Fapel SA, y con el motivo explícito de la adquisición de tales acciones”.   
Y no sólo eso. Existe prueba documental publicada por este diario en septiembre de 2010, en la que Gallino dejó constancia de la primera reunión –el 7 de abril de 1977– con los directivos de los tres diarios, donde se prepararon los interrogatorios del 11 de abril, y precisamente ese mismo día se presentó ante Lidia Papaleo en el campo de tortura para preguntarle sobre Papel Prensa y el resto de las empresas de Graiver.
Gallino había sido preciso: “A las 8:40 concurren a producir sendos informes el señor secretario de Industria, doctor (Raymundo) Podestá, los presidentes de los directorios de los diarios La Nación, Clarín y La Razón (…) En la misma fecha, a las 20 horas se preparan los interrogatorios a tomar el 11 de abril.” La duda sobre quiénes eran los representantes de los diarios quedó despejada por una consulta al Boletín Oficial. Héctor Magnetto, Bartolomé Mitre y Patricio Peralta Ramos tenían ese cargo. Los documentos secretos que Tiempo reveló después de décadas de ocultamiento lo aclaran: el represor quería interrogar a Lidia sobre los bienes que se habían declarado en la sucesión por la muerte de su marido, estaba obsesionado con el emporio económico Graiver, los encuentros que había mantenido la mujer desde su llegada a la Argentina, y a nombre de quiénes estaban las acciones de Papel Prensa.
Gallino era impiadoso. Interrogó a Lidia por dos días. La viuda de David había sido brutalmente torturada con picana eléctrica. Entre los diplomas del general de brigada se destacaban la cacería de militantes del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), que habían intentado copar el cuartel de arsenales Domingo Viejobueno, en Monte Chingolo; y su cargo de subdirector del centro clandestino de detención El Tolueno, en la fábrica militar de Campo de Mayo.
Para colmo, los diarios Clarín, La Nación y La Razón reconocieron en una editorial que toda la operatoria se hizo por medio de la gestión de la Junta y que fue el propio Gallino el que señaló la forma de pago. Los abogados dirían “a confesión de parte relevo de prueba”.
El poder de facto logró cometer semejante barbarie con el argumento de que la empresa era estratégica para el Jorge Rafael Videla y José Alfredo Martínez de Hoz. Por eso debía quedar, según las palabras de los represores, en manos de empresarios “argentinos, no judíos”.
Para quebrar a los Graiver decidieron demoler el poder económico del grupo acosándolo con notas negativas publicadas en la tapa de los diarios Clarín, La Nación y La Razón, antes de lograr el traspaso de acciones con un primer pago irrisorio de 7200 dólares en efectivo.
En la página 35 de su dictamen, Rafecas completa lo que podría entenderse como una traducción judicial de lo publicado por este diario desde junio de 2010. “La detención de Lidia Papaleo con posterioridad a la suscripción de los convenios de transmisión del paquete accionario de Papel Prensa SA en poder del Grupo Graiver, adquiere significados concordantes con la plataforma acusatoria si se advierte que la nombrada –afirma Rafecas– no sólo fue una de las firmantes de aquellos contratos, sino que también era la administradora judicial de la sucesión de David Graiver (…). Recordemos que a su vez, Lidia Papaleo había iniciado el proceso sucesorio con el patrocinio letrado del Jorge Rubinstein que, como vimos, habría sido la mano derecha de Graiver, y luego también fue secuestrado y habría fallecido durante su cautiverio a causa de las torturas que le fueron infringidas.”
En los fundamentos, Rafecas insistió con que la causa debe seguir  tramitándose en el Fuero Federal de La Plata, ya que allí operaba el represor Camps bajo las órdenes de Suárez Mason. Para el magistrado hubo “aspectos de simultaneidad y estrecha vinculación entre los acontecimientos, que han sido, como se vio, invocados por los acusadores y no han sido desvirtuados, hasta el momento, a lo largo de la instrucción”.
“Nótese que en fecha 9 de marzo de 1977, Lidia Papaleo de Graiver, solicitó al juez de la sucesión de David Graiver autorización de las ventas de acciones clase ‘C’ y ‘E’ efectuada el 2 de noviembre de 1976 ad referéndum de la aprobación judicial”, afirmó Rafecas y advirtió que “en esa ocasión,  la operación pudo realizarse porque el paquete de las acciones se vendió simultáneamente con un importante paquete de acciones Clase A (cinco votos) que hicieron los mismos compradores al señor Rafael Ianover y Galería Da Vinci SA. Esta venta total representaba para los compradores (Clarín, La Nación y La Razón) prácticamente el control de la Sociedad.”
“Apenas cinco días después, Lidia Papaleo fue detenida –remarcó  Rafecas– y trasladada a Puesto Vasco, sitio en el que recordemos fue interrogada sobre la operatoria del Grupo Graiver.”
Diez días después de su detención a manos de la patota de Miguel Etchecolatz, el 24 de marzo de 1977, el asesor de menores César Hernán Cozzi Gainza pidió “recabar mayores elementos de juicio que permitan apreciar la equidad de dicha operación”. El punto es que la hija de Lidia y Graiver, María Sol, era una beba de dos meses y la viuda estaba a cargo del trámite sucesorio y los bienes de su marido muerto misteriosamente en un accidente en México.
La dictadura y sus socios civiles no pararon de acosar a sus víctimas. Había mucho dinero y poder mediático en juego. “Mientras tanto –señaló Rafecas en la página 37– conforme surge de su declaración en fecha 3 de julio de 1986 ante la Cámara de Apelaciones en lo Criminal y Correccional Federal, en fecha 4 de abril de 1977, Lidia Papaleo fue trasladada desde Puesto Vasco al Pozo de Banfield donde fue interrogada por el general Gallino”.
Gallino fue el nexo uniformado de Magnetto y Mitre en el caso Papel Prensa.
El Ceo de Clarín ya no lo puede negar. No lo dicen los periodistas. Lo dice la justicia que investiga un delito cuya pena es la cárcel.

TIEMPO ARGENTINO

EL ANALISIS DE LAS ELECCIONES PORTEÑAS


La política debilitada

Los datos recopilados por el Cedop de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA el último domingo permiten profundizar sobre la valorización que los electores tienen de los políticos y también la importancia que le asignan al voto.

Por Marcelo Urresti *

En ocasión de las últimas elecciones, el Cedop de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, dirigido por Carlos F. De Angelis, ha aprovechado la situación para producir una serie de datos de gran interés para analizar la conformación de la cultura política de la Ciudad de Buenos Aires. Algunos de esos datos han sido comentados por Washington Uranga y Sergio Caletti en entregas previas de este diario. En esta oportunidad, se presentan nuevos cruces de variables que permiten afinar la percepción sobre las representaciones de los porteños y postular a partir de ello algunas hipótesis para comprender sus recientes comportamientos electorales.
La política en su configuración actual está atravesada por al menos dos líneas de tensión que hacen complejo su panorama y opacan las posibilidades de su compresión: por un lado, la paradójica importancia que cobran las elecciones y, por el otro, la ambigua valoración que reciben tanto la práctica política como los actores que la protagonizan o aspiran a ingresar en su juego.
Uno de los rasgos centrales de la competencia política actual es la creciente importancia que reciben las campañas preelectorales. Esas campañas acaparan la atención de los espacios de comunicación y debate, encienden la atención del periodismo y, por el tiempo que duran, ocupan casi exclusivamente la agenda informativa. Las candidaturas y sus equipos se traban en verdaderas contiendas comunicativas en las que despliegan estrategias similares a las de los productos o las marcas en el mercado: en virtud de ellas, tratan de posicionarse y diferenciarse respecto de los otros, tratan de magnificar sus virtudes y minimizar sus defectos o debilidades, apuntan a descubrir el lado flaco de sus oponentes.
A pesar de ello, las campañas son momentos fundacionales de la política, en la medida en que reviven el interés relativamente dormido de la ciudadanía en períodos de administración. Sin embargo, el problema de las campañas es que mientras mayor es su importancia estratégica, mayor es también la indiferencia que generan en la población por la repetición y automatización que producen. Si bien es cierto que se trata del mecanismo más aceptado para que los dirigentes accedan a las instituciones rectoras de la sociedad, también lo es que a medida que la población acepta rutinariamente las reglas que la rigen, lo cual puede ser visto como un exitoso proceso de legitimación, el carisma y la mística se van perdiendo. Como suele decirse para otros ámbitos de la vida, el acostumbramiento genera la indiferencia y, en este sentido, no es casual que se multiplique la sensación de que se trata de una forma vacía, que tiene poca incidencia en los posteriores procesos de toma de decisiones a los que hará lugar, una vez que las autoridades estén consagradas.
Por otro lado, está la valorización que reciben los políticos y sus prácticas. Este constituye uno de los problemas más graves de legitimación del sistema. La política y los políticos son vistos con desconfianza por una población que toma distancia de ellos y los coloca en lugares muy negativos. Casi todos los sondeos de valoración de profesiones arrojan a políticos y sindicalistas a los grados más bajos de la escala. De igual manera, cuando se evalúa a instituciones, el Parlamento, los partidos políticos, el gobierno, despiertan niveles de confianza muy bajos.
¿Qué supone todo esto? Que las opciones “no políticas” por la política se vuelven electoralmente seductoras. Lo mismo sucede con los políticos que se presentan como parte de la “nueva política”, una fórmula mucho más retórica que real, que procura obtener los beneficios de la actividad evitando sus perjuicios. En suma, una estrategia de acumulación política que apunta a construir poder a partir de la distancia frente a la política.
Por estas dos razones es que los ciudadanos de Buenos Aires han votado mayoritariamente siguiendo a un candidato “no político” o que se presenta como miembro de la “nueva política”, aunque tenga un tiempo importante desarrollando su actividad en este ámbito. Cabe señalar que entre los votantes de Macri hay una apertura mayor a que la política reciba candidaturas de cualquiera que se quiera presentar. Es por esta misma razón que la opción política fuerte, la que fue elegida por Filmus, haya tenido que remar una situación adversa en principio, y haya obtenido su apoyo entre los sectores de jóvenes, de ciudadanos que consideran a la política algo serio y que exigen preparación de sus representantes y un alejamiento de la misma respecto del espectáculo.
Otra cuestión que está fuertemente relacionada con ésta es la que vincula el voto con la hipotética posibilidad de cambiar algo. El segundo gráfico, el de las tortas, muestra claramente cómo la visión política fuerte, la que corresponde a los votantes de Filmus, es más escéptica que la de los votantes de Macri, más ilusionados con las posibilidades de sus representantes. Esto se debe en parte a que aquellos que se ven ganadores tienden a esperar efectivamente que su voto cumpla con una acción de transformación. Esto puede postularse en sentido inverso para la opción contraria: tiende a ser más pesimista el que pierde. Pero de todas maneras, es interesante el ejercicio general de apuesta por la política: cuando las expectativas son muy altas, las posibilidades de satisfacción son más improbables y éste es otro rasgo de la política de nuestros días. El momento fundacional de la política suele identificarse con el clima de triunfalismo que despiertan las elecciones, momento de fervor que luego se mitiga con el paso lento de la gris administración, una situación que es más extendida que las elecciones y que siempre carga sobre el debe de la valoración de la política y los políticos una sombra de negatividad que deslegitima al conjunto.
Ambas cuestiones se han expresado el último domingo, en tiempos en que las apuestas políticas fuertes se enfrentan con sus propias condiciones de reproducción, donde el aura de la transformación de la realidad social se debilita y las figuras que optan por el juego no político de la política se fortalecen. El conjunto adquiere una opacidad que se vuelve más densa y que exige en toda la ciudadanía, la que hace de representante y la que hace de representada, el debate necesario para que más allá de la discusión de los gestos o las posturas, se vuelva a plantear el tipo de sociedad que se quiere construir.

* Sociólogo, investigador del Instituto Germani de la UBA.

Las expectativas sobre el voto

Los candidatos “no políticos”


Página12.

jueves, 4 de agosto de 2011

La fiesta de todos

Por Fernando D´addario

No se sabe qué habrá sentido Fito Páez cuando los altoparlantes del bunker macrista escupieron, en medio de los festejos por el triunfo PRO, los acordes de “Dale alegría a mi corazón”. Es probable que le haya causado más gracia que asco (el que escribe estas líneas se aventura a proyectar en el vapuleado rosarino sus propios sentimientos al respecto), en una suerte de hidalgo reconocimiento a la ironía del ganador. Macri y los suyos no suelen incurrir en gestos irónicos: sus reacciones, aunque estudiadas, apuntan a lo lineal, a las emociones básicas y elementales. Un lapsus de ligera sutileza –aunque materializado en forma de gastada–siempre es bienvenido.
Gilda, en cambio, no puede opinar sobre la utilización de “No me arrepiento de este amor” porque está muerta. Es posible conjeturar, sin embargo, que no le hubiera desagradado escuchar uno de sus hits en boca de Macri. Su música, al menos, no es hostil al espíritu PRO. “No me arrepiento de este amor” es el prototipo de la cumbia “blanca”, simpática, pum para arriba, ajena a cualquier especulación conflictiva. Una cumbia, digamos, “no crispada”. Le permite a Macri, además, fingir (tras un esfuerzo encomiable) que lo popular no le da tanto asquito.
Pero a Manuel Quieto, líder de La Mancha de Rolando, no le gustó nada prender el televisor y escuchar en cadena nacional su canción “Arde la ciudad”. Un poco porque no se sentía “bienvenido” al jolgorio. Pero fundamentalmente, uno intuye, su irritación fue producto de una evaluación un poco más profunda: el espíritu del tema en cuestión está en los antípodas del clima festilindo post-menemista que Durán Barba eligió para las celebraciones macristas. Aunque las letras no se explican, ésta en particular alude a aquella “fiesta de todos” que la dictadura impuso durante el Mundial ’78 para tapar sus secuestros, sus desapariciones y sus torturas. Cuando Manu Quieto canta “la gente festeja y vuelve a reír, / pero este carnaval, que hoy no te deja dormir, / mires donde mires ella está ahí”, se está refiriendo a la estupidez colectiva que contagió a buena parte de la sociedad argentina hace más de treinta años. Esa clase de alegría boba que se parece al adormecimiento. Manu sabe de lo que habla porque es sobrino de Roberto Quieto, líder montonero secuestrado por la Triple A en 1975. Cuando un comando se lo llevó, Manuel, que tenía un año, estaba en sus brazos.
Sin caer en reduccionismos injustos –no es lo mismo, claro, la dictadura que el conservadurismo neoliberal de Macri–, “Arde la ciudad” podría servir para burlarse amargamente, también hoy, de ese cotillón de globos amarillos y papel picado que el actual oficialismo porteño despliega para instaurar una nueva y artificial “fiesta de todos”. Quieto se quejó apelando al capital simbólico que encierra su canción. La contestación del PRO fue inherente a su lógica: el tema se puede usar porque se le pagó a Sadaic.
Resulta hasta osado pedirle a Macri una lectura comprensiva de los textos que utiliza para arengar a sus adeptos. Durán Barba lo sabe bien y explota esa aparente limitación de su cliente hasta convertirla en una expresión de espontaneidad (¿o impunidad?) positiva. Macri no leyó la letra de “Arde la ciudad” porque su límite es muy preciso: sólo llega hasta el envoltorio de las cosas; su curiosidad musical no trasciende la frontera de un estribillo pegadizo.
Ya que de marketing se trata, podría haber celebrado con la gran marca cultural/turística de la ciudad, bailándose un tangazo de Pugliese con María Eugenia Vidal. ¿O no dijo alguna vez que el tango es “la soja de la ciudad”? Pero tanto artificio se le hubiese vuelto en contra: la presunta idiosincrasia tanguera de los porteños, cargada de nostalgia y cuestionamientos metafísicos, está a años luz de la tilinguería PRO que se pretende inocular en los –bastante permeables, debe reconocerse– vecinos de esta hermosa ciudad.

Página 12

Comentario editorial:

La analogía entre la música de Manu Quieto recordando la fiesta del mundial 78 y el uso de la misma en el festejo electoral de Macri en la Ciudad de Buenos Aires tiene tiene un enorme significado.
La idea del adormecimiento popular, "la fiesta de todos", la música pegadiza, en lugar de la profunda letra con que el autor nos recrea el  drama que vivió nuestro país nos  da pie para pensar en ésta comparación de épocas y políticas.
En cada nación hay momentos históricos que dejan una marca ( señalan un rumbo o indican el camino a evitar).
La dictadura civico-militar del 76 quiso imponer un proyecto de país y aún hoy con distintos disfraces muchos intentan sostenerlo.
Desenmascararlos, hacerle ver a la ciudadanía qué ideas, qué proyecto de país defienden éstos ciudadanos y las ventajas de la vida en democracia, es tarea de todos.
Saber limar diferencias parciales entre los que defendemos la voluntad popular, seguir recontruyendo nuestro país , su cultura, su economía,  su autoestima es el desafio que tenemos por delante.
Este aporte de Fernando  D´addario me parece valioso.



Lo que Macri me dejó


Por María Pia Lando
03.08.2011
El triunfo del Macrismo en las elecciones del domingo pasado me deja un sabor amargo.  No puedo dejar de pensar por què logra convencer no solo  a quienes adhieren claramente a los intereses que representa  sino también a sectores antagónicos.

Me parece  interesante  analizar  lo que considero  la victoria del discurso hegemónico. Un discurso que se construye tomando conceptos universales, vaciándolos de contenido y reduciéndolos  a una simple expresión desde el sentido común.  Este mecanismo le resulta útil en dos sentidos: oculta sus verdaderas intenciones ideológicas, al mismo tiempo que consigue la legitimación de gran parte del colectivo porteño superando la heterogeneidad de los grupos que lo conforman.

“No se como agradecer tanta confianza, vamos a trabajar  estos cuatro años con los que nos votaron y con los que no….” Fueron las primeras frases de su discurso.  Me preguntaba si es posible   ser un dirigente  político y  trabajar solo con quienes le adjudicaron el triunfo….   por  inclusión  o exclusión  siempre  se trabaja  con todos.

A lo largo de toda su campaña  los valores discursivos con los que cautivó el  voto del electorado porteño fueron “libertad de expresión”, “tolerancia”,  “respeto  por el pensamiento diferente”, “pacifismo”, “humildad”. Estoy casi convencida que muchos de los porteños que  votaron  al Pro, lo hicieron desde el sentido común y desde allí cómo no entender  el triunfo, quien podría no adherir a semejantes postulados. El identificarse en estas expresiones es bienintencionado, el problema radica en la intención maquiavélica que  subyace detrás de ellas.

Mauricio Macri señalaba también "Esta es la victoria de una forma de hacer política, estos votos son de las personas que quieren una política de servicio". Si se quiere el guiño mas  claro y transparente de todo su discurso para con sus aliados del poder. La política entendida como “política de servicio” solo puede concebirse desde una lógica neoliberal, nadie que no se precie de tal puede  hablar en esos términos.

La educación pública, la libertad, la diversidad  y  la pobreza son valores universales construidos históricamente, que le otorgan sentido a la lucha  por un mundo más equitativo,  justo y solidario. En el discurso macrista, en el contexto de sus cuatro años de gestión y  “política de servicio “, estos valores   no pueden ser más que condenados a una mera enunciación discursiva  carente de todo contenido social.

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