sábado, 10 de agosto de 2013
miércoles, 7 de agosto de 2013
LOS "MARTIN FIERRO" fueron el cierre de campaña de la "corpo", lean este artículo J.L.
Los hilos que mueven al Fierro
Por Emanuel Respighi
Aun en su reiteración, las preguntas no pierden la necesidad de expresarse ante cada nueva edición de los Martín Fierro: ¿tiene la industria televisiva y radiofónica argentina el premio que se merece? ¿O, acaso, dado el desarrollo que la pantalla chica supo lograr en los últimos años, sus profesionales no deberían aspirar a un galardón que –con la polémica lógica de la subjetividad– escape a las suspicacias históricas que encierra al premio más cuestionado del país? ¿Está bien que la calidad televisiva y radiofónica sea juzgada por la Asociación de Periodistas de la Televisión y la Radiofonía Argentina (Aptra), donde más de la mitad de sus 99 miembros –mirándolo con bondad– no ejerce el periodismo? Interrogantes que buena parte de la industria debería al menos plantearse, si lo que se quiere es dejar atrás la hipocresía de una premiación que pocos respetan y, a esta altura, mucho menos prestigia.
La 43ª entrega de los premios Martín Fierro fue, tal vez, la ceremonia en la que los hilos que se camuflan detrás del supuesto reconocimiento se notaron con mayor visibilidad. El desdoblamiento de la ceremonia, con una irrespetuosa y fría entrega vespertina para “rubros menores”, fue la primera muestra de que Aptra no tiene inconvenientes en ceder mansamente la premiación a las decisiones del canal emisor, al fin y al cabo financista de la velada y de la asociación. La discriminación a los trece ganadores de la ceremonia grabada por la tarde se hizo evidente con las burdas ediciones de las que fueron objeto sus discursos, emitidos por la noche en la pantalla grande del Teatro Colón. No sólo ninguno de los invitados VIP les prestó alguna atención. Algunos, como el caso de Reynaldo Sietecase (ganador como columnista en TV), comprobaron que sus palabras se editaron de tal forma que la comprensión de su discurso se hizo dificultosa. Hubo un caso aun más grosero: Florencia Ibáñez, ganadora de la estatuilla a locutora de radio, vio cómo su apoyo a Víctor Hugo Morales fue directamente cercenado. Nadie, salvo los damnificados, se quejó. Es de suponer que Aptra, entonces, avala que haya premiados de primera y de segunda.Si durante muchos años los Martín Fierro representaron la máxima expresión de la frivolidad de la sociedad argentina, en la noche del lunes la entrega se erigió además como un espacio político. “Me acuerdo de las épocas en que las ternas a labor periodística eran las más aburridas...”, señaló Juan José Campanella al momento de agradecer la estatuilla. Su comentario fue el diagnóstico de una noche en la que Jorge Lanata marcó el pulso, con un discurso político de sesgo opositor que se repitió en las tres veces que subió al escenario. No le faltaron ayudantes: Magdalena Ruiz Guiñazú y el staff completo de Telenoche acompañaron esa posición, que recibió más aplausos que abucheos en la platea. Ese discurso se instaló durante toda la noche, sin que hubiera matices ni contrastes. Causalidad o casualidad, la premiación estuvo planificada de tal manera que aquellos que podían expresar alguna otra posición lo hicieran en la ceremonia “de segunda” o, directamente, no fueran favorecidos por el voto de Aptra. No hay que pensar mal a cinco días de las PASO y del inminente fallo de la Corte Suprema sobre los artículos aún en suspenso de la ley de medios. Simplemente, mala suerte con 31 puntos de rating.
El secreto a voces que rodea a los Martín Fierro señala que es un premio “permeable” a presiones e intereses. Se podría agregar que también a las incongruencias. Su fama no es nueva: todos la conocen, pero pocos (casi nadie) lo dicen públicamente. La comunidad televisiva se contenta con mirar para otro lado, jugar a la distraída: en un medio tan volátil, los profesionales no saben dónde pueden estar mañana. Una de las máximas –tácitas– es que el canal emisor se queda con el Martín Fierro a mejor noticiero. Basta revisar los archivos para comprobarlo. Apenas dos veces en los últimos años eso no ocurrió: en 2010 y –casualidad– en 2013. Tal vez por eso se vio desconcertado al equipo de Telefe noticias, donde Cristina Pérez y el noticiero se quedaron sin nada. La suerte de la votación hizo que Aptra premiara a los periodísticos de El Trece (cuatro estatuillas) en la ceremonia transmitida por Telefe. No sólo eso: el pulso de la ceremonia lo marcó El Trece. Mala suerte, de nuevo.
Ninguna premiación deja contentos a todos. Todo premio es, en esencia, un reconocimiento subjetivo. No se trata de eso. El problema es que la repetición de los absurdos y de los extraños manejos de Aptra atentan contra la misma industria que avala el Martín Fierro, participando acríticamente de esa puesta en escena: programas y profesionales que han hecho amplios merecimientos para ser reconocidos, terminan siendo utilizados para otros fines. “Siento que quedamos como rehenes de una operación, escuchando algo que no apoyamos y sin poder responder”, se defendió Paola Barrientos, en una de las pocas voces que se escucharon ayer. Si hasta Mirtha Legrand, mimada hasta el hartazgo por Aptra, mostró su malestar al decir que la entrega se había transformado “en un acto político”. El concepto bien puede aplicarse a algo que va más allá de las solemnes bravatas del equipo de El Trece a la hora de recoger el premio: en el marco de fuertes cuestionamientos en el mundillo periodístico a un modus operandi reñido con las reglas éticas de la profesión, más cerca de la operación interesada y la lucha contra el gobierno nacional que de la información objetiva, la decisión de Aptra de premiar esos espacios es todo un gesto político.
La pregunta es si el show debe continuar o si llegó el momento de terminar con la farsa de un premio que parece venderse al mejor postor. Para terminar de una vez por todas con tanta ficción.
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domingo, 4 de agosto de 2013
Por Edgardo Mocca
El proyecto que no se dice
El déficit de discusión política de alcance estratégico es un dato relevante de la campaña electoral que estamos viviendo. No se sabe cuál es el proyecto de país que alientan las variadas oposiciones que compiten en el grado de radicalidad con la que combaten al Gobierno y en la exaltación de las trayectorias individuales de sus principales dirigentes. El discurso político del Gobierno, sistemáticamente simbolizado en acciones prácticas de política pública, se ubica sin dificultades en el centro de la escena.
¿No hay otra imagen de una Argentina posible en el futuro? La hay. No es en la campaña electoral formal donde se la encuentra, sino en los pronunciamientos corporativos de los grupos económicos poderosos. El mensaje del presidente de la Sociedad Rural fue, en este sentido, la pieza más valiosa en los últimos días. Etchevehere recayó, claro está, en todos los lugares comunes de la descalificación plenaria de las líneas de acción del Gobierno. Su eje fue la denuncia de la mentira, el balance del fracaso absoluto, la condena del autoritarismo y el invariable tópico de la corrupción. Así fue siempre la mirada de la Sociedad Rural, cada vez que sintió que desde el Estado no se defendían de modo disciplinado y riguroso sus propios intereses clasistas. Fue así desde 1930, cuando conspiraron contra Yrigoyen, en 1955 a la hora de provocar el derrocamiento de Perón. Así también fue en 1975, cuando desde la “Apegé” (Asamblea Permanente de Entidades Gremiales Empresarias), coalición de los grandes poderes empresarios rurales e industriales –y con la colaboración incondicional de la cúpula eclesiástica– trabajaron para debilitar y vaciar desde adentro al gobierno democrático de entonces. Así fue como terminaron abriendo paso a la noche del terrorismo de Estado, del cual no fueron observadores pasivos ni meros colaboradores, sino centro de dirección estratégica. En febrero de 1976, la Apegé dio la señal definitiva del alzamiento golpista con un paro empresarial que sostenía un programa económico alternativo –parecido al que se enunció desde la tribuna rural– que resultó ser el que unos días después pondría en marcha la dictadura, con el “productor rural” Martínez de Hoz como ministro de Economía.También en 1976, el centro de la retórica pública de la derecha golpista era la corrupción estatal y el desgobierno. También el populismo y la “politiquería” eran los blancos del ataque de los “productores del campo”. En aquel entonces, igual que ahora, había una discusión histórico-política subyacente que no aparecía en el debate político formalizado pero estaba en el núcleo ideológico de la contienda. Etchevehere, fiel a la historia político-institucional de la Sociedad Rural, lo explicitó en su reciente discurso: su sueño –el del poder agrario-financiero concentrado– es una Argentina sin retenciones, sin intervención estatal, llevada por la naturaleza generosa de la Pampa Húmeda a un destino de grandeza y opulencia. Es la visión del país que merodeó los ya célebres debates alrededor de las retenciones móviles en el invierno de 2008. En aquella ocasión, fue el senador cordobés Urquía, elegido curiosamente en las listas del oficialismo, quien fundamentó la necesidad de hacer crecer la torta antes de repartirla; un gran país productor agrario podría asegurar el futuro argentino. La actual demanda de “dejar en libertad a los productores” representa una elegante forma de abogar por un país sin otro desarrollo industrial que el que gire alrededor de la producción de alimentos; un país que inevitablemente agudizaría sus desigualdades sociales, cuya atención quedaría librada a las políticas sociales focalizadas, que en sobrias dosis aseguraría la concentración de riquezas en el polo sojero-financiero.
Desde la crisis de 1930 hasta hoy, y particularmente desde la emergencia del primer peronismo en 1945, ese ha sido el conflicto central en la sociedad y en la política argentina. Un conflicto cuyos términos concretos variaron dramáticamente con la etapa abierta en el mundo capitalista con la crisis económica de la década del setenta del siglo pasado. Desde entonces, el proceso mundial de concentración de las riquezas y el lugar central en la economía capitalista adquirido por los grupos financieros más poderosos, ha provocado un salto gigantesco en la interconexión de la economía, tanto como de la vida social y cultural del planeta. Nuestro país vivió entre 1989 y 2001 la etapa de la plena adaptación de su vida económica a ese nuevo paradigma capitalista mundial. El final de la experiencia tuvo inéditos ribetes trágicos y generó condiciones de transformación que los liderazgos emergidos a partir de 2003 pusieron en acto. La renta extraordinaria producida por el complejo sojero, estimulada por la demanda china y favorecida por nuevos recursos tecnológicos, ha fortalecido económica y políticamente no sólo a los grandes propietarios de tierra –que siguen siendo, a pesar de todos los cambios, un actor agrario principal– sino a un complejo económico que entrelaza a la oligarquía clásica con los nuevos poderes locales desarrollados alrededor de la especulación financiera en amplia escala. Desde la mencionada crisis de 2008, este sector pugna por la construcción de una fuerza política propia; un viejo anhelo, hay que decirlo, de las viejas oligarquías que nunca, desde el ocaso del conservadurismo después de su derrota frente al radicalismo yrigoyenista, pudieron disponer de un partido democráticamente competitivo. Son muchos los que consideran esa vacancia representativa, el factor clave de la sistemática intervención militar en la política argentina entre 1930 y 1983.
Con el triunfo contra la Resolución 125 del Gobierno, cundió el entusiasmo en este sector. Desde allí –materialmente desde el predio que Menem le facilitara irregularmente a la Sociedad Rural– se formuló una y otra vez el proyecto de una oposición unida alrededor de las consignas de aquel épico combate contra la política de redistribución de la renta impulsada por el Gobierno. Y no se trata de que no haya vasos comunicantes entre la cúpula corporativa y los partidos de oposición: la foto de Macri, De Narváez, De la Sota, Venegas, entre otros, en la celebración del discurso programático del presidente de la Sociedad Rural parece ser más que un gesto protocolar. Hubo quienes no salieron en esa foto pero expresaron su solidaridad con los planteos ruralistas; fue el caso de Gil Lavedra y es permanentemente el caso de Carrió, quien desde aquel 2008 profesa un amor incondicional por “el campo” que es el eufemismo con el que se da a conocer el programa neoconservador de las clases dominantes. ¿Por qué, entonces, no aparece el liderazgo y la estructura que asuma ese programa, lo defienda electoralmente de manera expresa y lo convierta en la hoja de ruta de un futuro gobierno?
A pesar de los cultores de la antipolítica, la disolución de las identidades políticas de la Argentina y los que creen en el reino incompartido de la política personalizada y masmediatizada, hay un peso de la memoria histórica entre nosotros. ¿Cómo explicar si no el celo con que distintos referentes políticos y sindicales, muchos de ellos amables contertulios de la Sociedad Rural, acuden a la herencia simbólica del peronismo? ¿Cómo entender de otra manera la disputa un poco bizarra que se da por la pertenencia o no a la “izquierda” o la “centroizquierda” entre políticos que enfáticamente renuncian a cualquier cuestionamiento a los sectores socialmente privilegiados? Esta campaña electoral puso en acto, aunque sea parcialmente, el hecho de que un discurso político cerradamente opuesto a la intervención del Estado, a las políticas salariales y de reparación social y a la inserción regional del país no tiene condiciones para el triunfo electoral. Así se comprobó de modo contundente en 2011 y así lo insinúa la performance que las encuestas pronostican para el mensaje del hartazgo elitista que pronuncia De Narváez. Eso explica el intento de Massa por caminar en el estrecho y acaso intransitable desfiladero entre el kirchnerismo y su oposición frontal; un intento que no ha desaparecido totalmente pero se ha opacado desde el momento en que los encuestadores lo alertaron del peligro de fuga de votos opositores combinado con el crecimiento del conocimiento público de Insaurralde.
No es ajeno a este límite estructural para el discurso neoconservador el hecho de la casi absoluta concentración de los candidatos de la oposición en cuestiones de orden moral y en apelaciones tecnocráticas a la “eficacia” en el gobierno y la también casi absoluta falta de referencias al proyecto de país que se defiende. Es más fácil dejarse fotografiar en el predio rural que publicitar el objetivo de un país gobernado por las leyes de mercado, en el que, por definición, no hay espacio para la soberanía nacional ni para políticas reindustrializadoras ni para la acción estatal contra lo que sería inevitablemente una agudización de la desigualdad social.
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sábado, 3 de agosto de 2013
UN DIPUTADO RADICAL HIZO PAGAR A LA CAMARA BAJA EL VIAJE DE LA TESTIGO FALSA DEL CASO ANGELES
Pasaje oficial para declarar mentiras
El diputado radical de Santa Cruz Eduardo Costa gestionó una orden para que Beatriz Fuentes viajara desde Comodoro Rivadavia a testimoniar ante el juez, cuando ya se sabía que los dichos de la mujer eran mentira. Esa versión buscaba comprometer al gobierno nacional.
Por Raúl Kollmann
El dato de que Fuentes viajó a Buenos Aires con el pasaje pagado a instancias de Costa no hace sino acrecentar las sospechas sobre el papel del legislador. La mujer vino a declarar ante el juez Javier Ríos el 5 de julio, o sea diez días después de la noche del 26 de junio en que el magistrado ordenó llevar a su juzgado a todos los habitantes del edificio de Ravignani. Aquella noche quedó al descubierto una enorme farsa y se hizo público que el operativo se realizó por un testimonio plagado de falsedades de Fuentes. No obstante, igual Costa le dio el pasaje. El diputado retiró todas las órdenes de emisión de pasajes de los números 193.761 a 103.780 y utilizó el 103778 para el viaje de Fuentes. Así, en la Orden Oficial de pasaje librada a favor de Beatriz Fuentes, figura el número de documento de la mujer, el lugar de origen, Comodoro Rivadavia, y el destino, Retiro. Se trata de documentación oficial de la Cámara de Diputados de la Nación.
Aunque resultaría poco creíble, el legislador podría argumentar que inocentemente su secretaria le dio a Fuentes el teléfono de TN y Canaletti, simplemente porque la mujer llamó a su despacho y dijo que tenía información sobre el caso Angeles. La versión es extraña: se trata de un caso de mucha repercusión y parece poco probable que una secretaria le haya ofrecido ese camino a Fuentes sin consultar con su jefe, el diputado Costa. Pero todo aquello ocurrió antes de que la mujer intentara introducir su versión falsa en el expediente. Lo que resulta más que llamativo es que Costa le haya dado el pasaje gratuito a Fuentes cuando ya era conocido que la mujer había mentido descaradamente, lo que produjo un verdadero escándalo que obligó al juez a convocar a todos los habitantes del edificio.
Toda la maniobra es investigada ahora por el juez Jorge De Santo y el fiscal Andrés Madrea, quien pidió los cruces telefónicos entre la testigo falsa, el periodista de TN y el diputado radical. El juez ya libró la orden a las empresas de celulares y teléfonos. El fiscal también pidió que declare Canaletti.
Fuentes no sólo mintió sino que intentó una jugarreta política con su versión.
- En la llamada original, luego grabada por Canaletti, dijo que vivía en el segundo piso, departamento A, del edificio de Ravignani. Y que junto con una hermana, el lunes 10 de junio, escucharon una tremenda discusión en el pasillo. La disputa, según la versión de la mujer, fue entre Angeles y su mamá: la adolescente decía que su padrastro la abusaba.
- Fuentes contó también que esa discusión fue escuchada por el encargado, Jorge Mangeri, y por otros vecinos.
- Que esa misma tarde, o sea cuando ni siquiera se sabía que Angeles había sido asesinada, apareció en el edificio el secretario de Seguridad, Sergio Berni, y les ofreció a ella y a su hermana 25.000 pesos para que no contaran lo que escucharon. Esa misma oferta –dijo Fuentes– se la hizo Berni a otros vecinos.
Canaletti le entregó la grabación a Pablo Lanusse, abogado del padre de Angeles, y éste la presentó, con reparos, ante el juez Ríos. El magistrado se alarmó con la versión y ordenó llevar a su juzgado a todos los habitantes del edificio de Ravignani. Se utilizó a la Policía Metropolitana y no a la Federal justamente porque la versión de Beatriz apuntaba contra Berni, responsable de la Federal. El objetivo claro era involucrar al gobierno nacional en un supuesto encubrimiento del caso.
- Los vecinos dijeron que no conocían a ninguna Beatriz ni a su supuesta hermana Andrea y que el departamento del segundo A estaba vacío desde hacía cinco años.
- Ninguno escuchó ninguna discusión en la familia de Angeles. Ni aquel día ni antes.
- Ninguno vio a Berni en el edificio el 10 de junio y menos todavía que les hayan ofrecido dinero para callar algo inexistente.
Ríos y la fiscal Asaro consideraron toda la maniobra como gravísima y el magistrado ordenó la inmediata comparecencia de Fuentes. En ese momento –cuando estaba claro que era una testigo mentirosa–, Costa le dio el pasaje gratuito pagado por la Cámara de Diputados.
Ante el juez, Costa admitió que no vivía en Ravignani y que nunca estuvo en el edificio. Dio una versión insólita: que le escuchó la historia a una persona de edad en la Terminal de Comodoro Rivadavia y que, por supuesto, no sabía cómo dar con esa persona de edad. Admitió allí que habló con el despacho del diputado Costa. Al finalizar la declaración, el juez Ríos la imputó por falso testimonio, lo que dio inicio a la causa que ahora investigan De Santo y el fiscal Madrea.
Costa es el principal referente de la oposición santacruceña. Fue candidato a gobernador y proviene de una familia de enorme poder económico en Santa Cruz. Fue la persona que más terrenos compró a 7,50 pesos en Calafate, 29.900 metros cuadrados, algo que no era ilegal, pero que curiosamente ha trascendido poco en los medios. Su esposa, la referente del ARI, Mariana Zuvic, aparece a la cabeza de la mayoría de las denuncias contra el oficialismo en Santa Cruz. Recientemente, Costa adquirió otro importante terreno en Caleta Olivia, pero la adjudicación es tan controvertida que el radicalismo le está pidiendo que devuelva el terreno como gesto ético.
raulkollmann@hotmail.com
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Por Osvaldo Bayer
La placita de mi barrio
Mi familia llegó a la Capital en el año 1934, cuando yo tenía siete años. Fuimos a vivir al barrio de Belgrano. Allí, a una cuadra de nuestra casa, estaba la placita que hoy se llama Alberti, en la calle Arcos y Roosevelt (calle que antes tenía el bello nombre de Guanacache). Esa placita –de una manzana– era nuestro lugar de juegos. Era muy bella, con un césped bien verde y muchos árboles y flores. Había rosas, margaritas, jazmines y cien flores más. Parecían cuadros pintados. Sí, había un llamado placero que cuidaba que no pisáramos ni el césped ni las flores, ni que tampoco arrancáramos esos bellos productos de la primavera y el verano. Nosotros jugábamos en los caminos a la mancha, a la cupa, corríamos carreras, a la bolita, a llevarnos a cocochito y a otros cien juegos más de aquella época, con los cuales no pisábamos el césped ni los jardines. El placero nos sonreía pero nos retaba si alguno no cumplía con la orden no escrita de no pisar los canteros.
Hoy, la enorme tristeza. Para los niños y para los adultos que alguna vez fueron niños y recuerdan aquel colorido paisaje de nuestra plaza. La querida placita de mi barrio es nada más que un baldío sin flores ni césped. Es pura tierra hecha polvo. Ya no existe la profesión de placero.Y aquí viene la pregunta: ¿por qué el señor Macri, supremo hacedor de esta capital cada vez más triste y sucia, amontonada y ruidosa, con cada vez menos niños y cada vez más ruidos, no hace cuidar para nada nuestras plazas pero sí les pone rejas?
He vivido en muchas ciudades del mundo y jamás he visto algo así. ¿Es un producto de la irracionalidad o de la deshonestidad? No cabe otra disyuntiva. ¿Por qué, por ejemplo, no hay más placeros en nuestras plazas? Aquellos hombres pacientes que recorrían los espacios verdes para cuidar que nadie le hiciera daño. Por razones económicas, me responden. ¿Por qué se ponen rejas a los paseos públicos? Para que de noche no vengan los vagos y malentretenidos a dormir en sus bancos, me responden. Una respuesta más irracional que la otra, más mezquina que la otra, más inhumana que la otra.
Porque las plazas son los lugares a los cuales hay que cuidar más para tener un lugar libre de motores y gases (por lo menos, allí están los árboles y el verde, que no los producen). Y en cuanto a las rejas, se nota que hay un egoísmo limpio de todo rasgo de generosidad humana. Cuando voy a Berlín, por ejemplo, veo todas las plazas muy cuidadas y plenas de verde y colores. Y están sin rejas. Es porque se usa un método más humano. A aquel vago, linyera o mujer con hijos sin entradas, que van a dormir a las plazas, se los despierta y se los lleva a los hogares de los sin techo para que pasen allí la noche. Hay varios por ciudad en Europa. Es para proteger la vida en las épocas de crueles inviernos y para cuidar la higiene de los parques en los meses de primavera y verano. Y, por sobre todo, es una impronta de la caridad ante aquellos desolados de la sociedad. No, aquí Macri ordenó poner rejas para que los sin hogar no tengan ni siquiera un banco de plaza como único refugio. En vez de rejas, señor gobernador de la sociedad, habilite casas para que esos queridos linyeras tengan por lo menos un techo de noche y un desayuno al amanecer. Me gusta conversar con ellos. Algunos me relatan su vida; otros callan y me miran con la tristeza de sus ojos. Como si me dijeran: “No tengo nada que contar, todo para mí es tristeza”.
Mi padre nos enseñó a no despreciar a esa gente ni a humillarlos. Hay que ayudarlos, nos decía, son muy buena gente que no sabe enfrenta la vida.
Nuestras plazas, sin verdes ni flores, con rejas. Buenos Aires, el “progreso del egoísmo”. Un Buenos Aires cada vez más egoísta. Progresamos. Con sus inmensas villas miseria. Con sus miles de niños que nos miran con sus ojos bien abiertos y sorprendidos ante ese Buenos Aires pleno de autos, apuros y plazas con rejas. De mi Buenos Aires querido de los años treinta a este Buenos Aires encerrado en automóviles, humo y plazas con rejas.
He vuelto esta mañana a mi placita de la niñez: las cuatro esquinas plenas de bolsas de basura, adolescentes que juegan con toda violencia al fútbol en los antiguos céspedes, gente de bien que pasea a sus perros que vienen a dejar sus frutos estomacales en las sendas. Veo un cartel todo desgajado por el tiempo y que apenas se puede leer: “Cuidá tu plaza: prohibido ingresar animales, prohibido jugar a la pelota, prohibido transitar por el césped, prohibido tirar residuos”. Pienso: lo invitaría al señor Macri a visitar plazas y parques. Y ver, por ejemplo, los troncos de los árboles viejos pintados con inscripciones de invitaciones amorosas, puteadas, saludos y esos dichos que se escuchan por televisión. También para caminar por los caminos ahora embaldosados, parece mentira en una plaza, pero todos con pozos y puntas de baldosas rotas que sobresalen peligrosamente para la gente vieja. Un ejemplo del “cuidado” de nuestras plazas. Pero, con rejas.
Y en esto de la represión, hay algo que ya, en nuestra ciudad, se puede calificar como la innecesaria crueldad. Un sistema que sólo se escucha en los países con dictaduras o con tradiciones religiosas severísimas. Acaba de confirmarse la investigación sobre el sistema de represión de la policía de Macri, llamada la UCEP (Unidad de Control del Espacio Público), que ha sido acusado ante la Justicia de la Ciudad de casos de violencia inusitada. En ese proceso, ese cuerpo llamado popularmente “la patota de Macri”, está denunciado por haber actuado con suma violencia contra indigentes y gente sin domicilio fijo. En el expediente se detallan 17 casos de extrema violencia, también se detallan las circunstancias en que mujeres indigentes fueron salvajemente golpeadas. Entre esos casos se encuentran los desalojos violentísimos de Parque Lezama, en Paseo Colón 1500; de la huerta comunitaria de Caballito en el 2009; de los puestos ambulantes de Costanera Sur; de los indigentes de San Cristóbal, en Pasco al 2500, a la madrugada. En algunos de estos casos se trataba de familias con hijos que tuvieron que sufrir una represión inusitada.
Son todos casos muy tristes. No se trata aquí de gente rica o de buen pasar, sino de personas de extrema pobreza. No se gana nada con maltratarlos y desalojarlos con extrema violencia, porque eso tarde o temprano traerá violencia en la ciudad. El mal comienza porque es la sociedad la culpable de no ofrecer trabajo o casa por lo menos a padres de niños, pero también a todos los demás ciudadanos de esta sociedad. En vez de desalojar a palo limpio y patadas a los caídos que se refugian en el suelo para resistir, las autoridades elegidas por el pueblo deberían procurar refugios decentes a esas personas y procurarles un trabajo por lo menos a los padres o las madres de familia y un sustento para los niños mientras sus padres no tengan trabajo. Una sociedad debe servir para eso, no para la filosofía del garrote ni la patada en el trasero. El Gobierno de la Ciudad debe estar para que la paz reine en la urbe y se dé a la gente la esperanza y la fe en la democracia y no la absurda garroteada. Se ve que el señor Macri y sus adeptos no han vivido nunca de cerca los males del mundo representados por la miseria, la falta de alimentación de niño y un techo para refugiarse del frío y de las lluvias en una ciudad inhóspita.
Ante el garrote cobarde del poder, una sociedad de la bondad y la mano abierta con los que sufren. Es el mejor y único remedio.
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martes, 30 de julio de 2013
FRANCISCO EN BRASIL
Entrevista con el filósofo y teólogo Rubén Dri. “Los enemigos contra los que sale “la Iglesia a la calle” son los gobiernos que define como neopopulistas y las Iglesias Pentecostales”.

Por Juan Ciucci
APU: ¿Qué análisis hace sobre la visita del Papa a Brasil?
Rubén Dri: Creo que para el Papa esta visita a Brasil fue un éxito, logró lo que estaba buscando, reposicionarse como el líder carismático de la iglesia. Un verdadero conductor como él lo expresa diciendo “el Obispo debe conducir”. Y como es el Obispo de Roma es el que debe conducir a la iglesia. En este sentido, necesita una legitimación popular y creo que eso lo ha logrado.
Él llamó a los católicos a hacer lío, es decir, a ganar la calle. Cuando él hace este llamado ¿qué es lo que tiene en mente? ¿Por qué la Iglesia tiene que ganar la calle? ¿Contra quiénes tiene que ganar la calle?
Hay dos enemigos fundamentales, uno ya está en el Documento de Aparecida (ver documento) que él siempre recomienda y que le ha obsequiado a los líderes políticos y a los obispos, está claro cuál es el enemigo fundamental.
El enemigo fundamental ahí se los denomina “los neopopulismos”, que en Latinoamérica generan a su vez poderes autoritarios. Naturalmente se refiere al chavismo, se refiere al socialismo comunitario de Evo Morales, se refiere a la revolución ciudadana de Rafael Correa en Ecuador, al kirchnerismo aquí en Argentina. Que tienen una política popular que realmente está dirigida precisamente para solucionar el problema central que siempre invoca Bergoglio y que es el problema de los pobres.
Ahí, Bergoglio ataca a estos neopopulismos con una política, la Doctrina Social de la Iglesia que es la que va a solucionar el problema de la pobreza. El problema de la pobreza se ha de solucionar sin cambiar el sistema capitalista pero con una doctrina de la que se encarga la Iglesia. Los gobiernos tienen que estar con esa política, que es la de la asistencia. Esta es la política de la iglesia para solucionar el tema de la pobreza.
Hay otro enemigo, que son las Iglesias Pentecostales que le han venido robando los fieles a la Iglesia Católica. Y el Papa a este enemigo lo pelea en el mismo terreno en el que se posiciona éste y que es la calle y los grandes show mediáticos. Ahí se ha posicionado Bergoglio como Francisco con un gran show peleándole a estas iglesias pentecostales. Creo que toda esta movida que ha hecho Francisco tiene a estos dos enemigos fundamentales enfrente.
APU: En ese marco, todo este fin de semana se habló de un Papa tribunero, todo el tiempo apelando a eso, a incentivar la participación y a generar gestos para la tribuna.
RD: Exactamente y lo que quiere aquí es una movilización católica muy fuerte que pelee el espacio político, negando que hace política. Pero que pelee el espacio político a los movimientos populares y por otra parte a las iglesias pentecostales.
APU: ¿Cómo analiza la relación con la Presidenta de la Nación? Que en algún momento pareció que iba a ser más tensa y sin embargo el gesto del Papa es de recibirla muy bien.
RD: Hay dos grandes políticos, por una parte Cristina y por otra parte Bergoglio. Son políticos y realmente todos los encuentros que han tenido, son encuentros que hay que leerlos en clave política; es decir, los dos tienen claro que no deben ir al enfrentamiento. En este sentido, no tenemos que equivocarnos, cuando me piden un análisis, yo no soy un actor político que simplemente estoy viendo cuál debe ser la movida de uno frente al otro. Pero ellos sí tienen que moverse políticamente para decir qué es lo que más le conviene, y evidentemente el enfrentamiento en este momento no les conviene a ninguno de los dos.
APU: Algo que me llamó la atención fue cierto espíritu que invadió este encuentro, que tienen que ver con la idiosincrasia de Brasil, una iglesia un poco más cercana a lo que uno tiene aquí por la imagen de los evangelistas, más abierta, con música, más participativa.
RD: Sí, en ese sentido, Bergoglio se adaptó completamente a eso. Hay ciertos gestos, ciertos símbolos que uno los tiene que tomar con un poco de humor pero que uno ve lo ridículo que es. Un obispo con todas sus vestimentas haciendo movimientos de músicas modernas o electrónicas. De cualquier manera, es desacartonar completamente a la Iglesia.
APU: Eso también pareciera ser una de las posibilidades de esta iglesia de recuperar y enfrentar esto que antes comentaba de los pentecostales.
RD: Claro, por eso ahí la pelea transcurre en el mismo terreno. De fondo no hay nada, me refiero a que es la misma iglesia de Juan Pablo II, es la misma iglesia de Benedicto XVI, sólo que tiene otro ropaje, tal vez con algunos avances pero es esa misma iglesia. No hablemos del pretendido sacerdocio de las mujeres, descartado completamente porque no entra en ese proyecto de Iglesia. Ese proyecto de iglesia no ha cambiado y ese me parece el gran límite que tiene toda esta movida.
APU: En ese marco, no sé si pudo leer una carta que se anunció este fin de semana, del Vaticano a Cecilia Pando.
RD: Sí, la he leído.
APU: ¿Cómo analiza este hecho que no está firmada por Francisco sino que viene del Vaticano?
RD: Eso me permite hablar de otra cosa, Bergoglio todavía “no se ha dado cuenta” que aquí hubo 30 mil desaparecidos, que aquí hay una lucha por los derechos humanos, no se ha dado cuenta que se está haciendo el juicio a los genocidas. No se ha dado cuenta que los presos políticos de que habla en la carta, son genocidas. Pasa por sobre esta realidad traumática de nuestra historia y quiere construir ese mundo nuevo dejando que toda esta podredumbre que está debajo, a eso no se le ponga remedio. Me parece grave esa carta.
APU: Esta participación popular, esta voluntad de ser un conductor en la Iglesia pareciera que le va a dar más peso político a la Iglesia en nuestro país ¿Cómo analiza este presente y futuro que se viene con una Iglesia en la calle?
RD: Por suerte nosotros hemos avanzado en la ampliación de derechos, por ejemplo, en el matrimonio igualitario y la fertilización asistida. Todas estas ampliaciones de derecho van a costar muchísimo más ahora porque naturalmente la Iglesia va a tener mucha más presencia y más peso, esto es evidente. Ese avance hacia un Estado Laico, un Estado para todos, naturalmente la lucha va a ser ahora mucho más dura.
APU: Dentro de lo que es el gobierno, de lo que es el movimiento peronista, hay una mirada positiva hacia Bergoglio, una especie de esperanza en este mensaje evangelizador. Hay una gran parte del Pueblo argentino que está esperanza en lo que es este mensaje de este Papa. ¿Cómo ve esto?
RD: Una gran parte del Pueblo está muy contento, no hay que enojarse por eso. Acá hay dos proyectos políticos reales, hay un proyecto político real que es el que expresa el kirchnerismo peronista liderado por Cristina; y otro proyecto que es el de Bergoglio, que es el proyecto de la Iglesia. Estos dos proyectos no confrontan directamente, sino que lo hacen políticamente. O sea, aquí se trata de ver cómo se soluciona el problema de la desigualdad social, cómo se soluciona el llamado “problema de la pobreza” cuando en realidad es el problema de los empobrecidos del sistema.
Si es con un proyecto transformador que debe encarnarlo el movimiento popular, el proyecto político; o si se hace a través del proyecto de la Iglesia. Esos dos proyectos tienen grandes espacios de confluencia. ¿Qué es lo que hay que hacer para apalear las necesidades urgentes que hay? Ahí no se puede esperar a la creación de poder popular como debe ser un movimiento popular, sino que hay que ir directamente a la asistencia; y ahí van a confluir los dos proyectos. Entonces hay grandes espacios de confluencia.
Ahora bien, se trata de que en esta lucha política, la lucha siga siendo política y por lo tanto que el proyecto popular sin ir a la confrontación. Vaya profundizando las medidas de manera que el Pueblo, o sea lo popular, vaya teniendo cada vez más poder que es la única manera de solucionar verdaderamente estos problemas.
Rubén Dri: Creo que para el Papa esta visita a Brasil fue un éxito, logró lo que estaba buscando, reposicionarse como el líder carismático de la iglesia. Un verdadero conductor como él lo expresa diciendo “el Obispo debe conducir”. Y como es el Obispo de Roma es el que debe conducir a la iglesia. En este sentido, necesita una legitimación popular y creo que eso lo ha logrado.
Él llamó a los católicos a hacer lío, es decir, a ganar la calle. Cuando él hace este llamado ¿qué es lo que tiene en mente? ¿Por qué la Iglesia tiene que ganar la calle? ¿Contra quiénes tiene que ganar la calle?
Hay dos enemigos fundamentales, uno ya está en el Documento de Aparecida (ver documento) que él siempre recomienda y que le ha obsequiado a los líderes políticos y a los obispos, está claro cuál es el enemigo fundamental.
El enemigo fundamental ahí se los denomina “los neopopulismos”, que en Latinoamérica generan a su vez poderes autoritarios. Naturalmente se refiere al chavismo, se refiere al socialismo comunitario de Evo Morales, se refiere a la revolución ciudadana de Rafael Correa en Ecuador, al kirchnerismo aquí en Argentina. Que tienen una política popular que realmente está dirigida precisamente para solucionar el problema central que siempre invoca Bergoglio y que es el problema de los pobres.
Ahí, Bergoglio ataca a estos neopopulismos con una política, la Doctrina Social de la Iglesia que es la que va a solucionar el problema de la pobreza. El problema de la pobreza se ha de solucionar sin cambiar el sistema capitalista pero con una doctrina de la que se encarga la Iglesia. Los gobiernos tienen que estar con esa política, que es la de la asistencia. Esta es la política de la iglesia para solucionar el tema de la pobreza.
Hay otro enemigo, que son las Iglesias Pentecostales que le han venido robando los fieles a la Iglesia Católica. Y el Papa a este enemigo lo pelea en el mismo terreno en el que se posiciona éste y que es la calle y los grandes show mediáticos. Ahí se ha posicionado Bergoglio como Francisco con un gran show peleándole a estas iglesias pentecostales. Creo que toda esta movida que ha hecho Francisco tiene a estos dos enemigos fundamentales enfrente.
APU: En ese marco, todo este fin de semana se habló de un Papa tribunero, todo el tiempo apelando a eso, a incentivar la participación y a generar gestos para la tribuna.
RD: Exactamente y lo que quiere aquí es una movilización católica muy fuerte que pelee el espacio político, negando que hace política. Pero que pelee el espacio político a los movimientos populares y por otra parte a las iglesias pentecostales.
APU: ¿Cómo analiza la relación con la Presidenta de la Nación? Que en algún momento pareció que iba a ser más tensa y sin embargo el gesto del Papa es de recibirla muy bien.
RD: Hay dos grandes políticos, por una parte Cristina y por otra parte Bergoglio. Son políticos y realmente todos los encuentros que han tenido, son encuentros que hay que leerlos en clave política; es decir, los dos tienen claro que no deben ir al enfrentamiento. En este sentido, no tenemos que equivocarnos, cuando me piden un análisis, yo no soy un actor político que simplemente estoy viendo cuál debe ser la movida de uno frente al otro. Pero ellos sí tienen que moverse políticamente para decir qué es lo que más le conviene, y evidentemente el enfrentamiento en este momento no les conviene a ninguno de los dos.
APU: Algo que me llamó la atención fue cierto espíritu que invadió este encuentro, que tienen que ver con la idiosincrasia de Brasil, una iglesia un poco más cercana a lo que uno tiene aquí por la imagen de los evangelistas, más abierta, con música, más participativa.
RD: Sí, en ese sentido, Bergoglio se adaptó completamente a eso. Hay ciertos gestos, ciertos símbolos que uno los tiene que tomar con un poco de humor pero que uno ve lo ridículo que es. Un obispo con todas sus vestimentas haciendo movimientos de músicas modernas o electrónicas. De cualquier manera, es desacartonar completamente a la Iglesia.
APU: Eso también pareciera ser una de las posibilidades de esta iglesia de recuperar y enfrentar esto que antes comentaba de los pentecostales.
RD: Claro, por eso ahí la pelea transcurre en el mismo terreno. De fondo no hay nada, me refiero a que es la misma iglesia de Juan Pablo II, es la misma iglesia de Benedicto XVI, sólo que tiene otro ropaje, tal vez con algunos avances pero es esa misma iglesia. No hablemos del pretendido sacerdocio de las mujeres, descartado completamente porque no entra en ese proyecto de Iglesia. Ese proyecto de iglesia no ha cambiado y ese me parece el gran límite que tiene toda esta movida.
APU: En ese marco, no sé si pudo leer una carta que se anunció este fin de semana, del Vaticano a Cecilia Pando.
RD: Sí, la he leído.
APU: ¿Cómo analiza este hecho que no está firmada por Francisco sino que viene del Vaticano?
RD: Eso me permite hablar de otra cosa, Bergoglio todavía “no se ha dado cuenta” que aquí hubo 30 mil desaparecidos, que aquí hay una lucha por los derechos humanos, no se ha dado cuenta que se está haciendo el juicio a los genocidas. No se ha dado cuenta que los presos políticos de que habla en la carta, son genocidas. Pasa por sobre esta realidad traumática de nuestra historia y quiere construir ese mundo nuevo dejando que toda esta podredumbre que está debajo, a eso no se le ponga remedio. Me parece grave esa carta.
APU: Esta participación popular, esta voluntad de ser un conductor en la Iglesia pareciera que le va a dar más peso político a la Iglesia en nuestro país ¿Cómo analiza este presente y futuro que se viene con una Iglesia en la calle?
RD: Por suerte nosotros hemos avanzado en la ampliación de derechos, por ejemplo, en el matrimonio igualitario y la fertilización asistida. Todas estas ampliaciones de derecho van a costar muchísimo más ahora porque naturalmente la Iglesia va a tener mucha más presencia y más peso, esto es evidente. Ese avance hacia un Estado Laico, un Estado para todos, naturalmente la lucha va a ser ahora mucho más dura.
APU: Dentro de lo que es el gobierno, de lo que es el movimiento peronista, hay una mirada positiva hacia Bergoglio, una especie de esperanza en este mensaje evangelizador. Hay una gran parte del Pueblo argentino que está esperanza en lo que es este mensaje de este Papa. ¿Cómo ve esto?
RD: Una gran parte del Pueblo está muy contento, no hay que enojarse por eso. Acá hay dos proyectos políticos reales, hay un proyecto político real que es el que expresa el kirchnerismo peronista liderado por Cristina; y otro proyecto que es el de Bergoglio, que es el proyecto de la Iglesia. Estos dos proyectos no confrontan directamente, sino que lo hacen políticamente. O sea, aquí se trata de ver cómo se soluciona el problema de la desigualdad social, cómo se soluciona el llamado “problema de la pobreza” cuando en realidad es el problema de los empobrecidos del sistema.
Si es con un proyecto transformador que debe encarnarlo el movimiento popular, el proyecto político; o si se hace a través del proyecto de la Iglesia. Esos dos proyectos tienen grandes espacios de confluencia. ¿Qué es lo que hay que hacer para apalear las necesidades urgentes que hay? Ahí no se puede esperar a la creación de poder popular como debe ser un movimiento popular, sino que hay que ir directamente a la asistencia; y ahí van a confluir los dos proyectos. Entonces hay grandes espacios de confluencia.
Ahora bien, se trata de que en esta lucha política, la lucha siga siendo política y por lo tanto que el proyecto popular sin ir a la confrontación. Vaya profundizando las medidas de manera que el Pueblo, o sea lo popular, vaya teniendo cada vez más poder que es la única manera de solucionar verdaderamente estos problemas.
MIRADAS AL SUR
lunes, 29 de julio de 2013
Monseñor Arancedo dijo que colaborará en la búsqueda de nietos apropiados
Un compromiso de parte de monseñor Arancedo
Las Abuelas de Plaza de Mayo Estela de Carlotto, Rosa Roisinblit y Buscarita Roa fueron recibidas por el arzobispo de Santa Fe y titular de la Conferencia Episcopal Argentina, con quien avanzaron en relación a acciones para ayudar a la búsqueda de los nietos apropiados durante la dictadura. "Aseguró que la Iglesia ya está trabajando en el tema", informaron desde el organismo de derechos humanos.
Según informaron las Abuelas, se conversó sobre un plan de seguimiento a los pedidos realizados por la institución en la audiencia con el Papa Francisco, el 24 de abril en la plaza San Pedro, en la que la máxima autoridad de la iglesia católica profesó: "Cuenten conmigo".
"Como ya lo habían hecho con su Santidad, las Abuelas entregaron a Monseñor Arancedo un listado de posibles acciones para que la promesa 'se convierta en acción'", dijeron en un comunicado. En este sentido se solicitó que faciliten copias de los libros donde obran las fe de bautismo de los niños bautizados entre los años 1976 y 1983 en las capillas de la zona de San Miguel y Bella Vista, donde se presume podrían haber sido entregados algunos de los nietos buscados.También se sugirió que Arancedo solicite al Movimiento Familiar Cristiano toda la información que obre en su poder sobre los niños entregados en adopción durante la última dictadura, teniendo en cuenta que dos nietas restituidas fueron entregadas a través de esta institución de laicos, con estrecha vinculación a la Iglesia. "Arancedo se mostró permeable y dispuesto a colaborar con los pedidos de las Abuelas y aseguró que la Iglesia ya está trabajando en el tema", destacaron.
El Arzobispo entregó a las tres integrantes de la institución una copia del documento de la 104° Asamblea Plenaria de los Obispos de la República Argentina, en la que los Prelados de Argentina unidos promueven "un estudio más completo de esos acontecimientos, en fin de buscar verdad". En este sentido, el documento hace un pedido explícito a sus parroquianos: "Exhortamos a quienes tengan datos sobre el paradero de niños robados, o conozcan lugares de sepultura clandestina, que se reconozcan moralmente obligados a acudir a las autoridades pertinentes".
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