martes, 25 de enero de 2011

Falleció quien fuera un actor clave en las negociaciones entre los zapatistas y el gobierno de México

Samuel Ruiz, el obispo de los pobres

Como obispo de la diócesis de Chiapas saltó a la fama mundial en 1991 tras el levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Su intervención impidió una masacre que habría lindado el genocidio.

Por Gerardo Albarrán de Alba
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Página/12 En México Desde México, D.F.
  “Yo vine para evangelizar a los indios, pero terminé evangelizado por ellos”, contó alguna vez Samuel Ruiz García, a quienes las comunidades lo llamaban “el obispo de los pobres y de los pueblos originarios”. Ayer murió y muchos lloran la ausencia de quien daba voz a los sin voz.
Tatik Samuel –como lo llamaban en las comunidades indígenas– habría sido objeto hoy de una celebración preparada desde hace meses en San Cristóbal de las Casas, al cumplirse 51 años de haber tomado posesión como obispo de la diócesis de Chiapas, de la que se retiró en noviembre de 1999, cuando cumplió 75 años. En lugar de ello, sus restos son velados desde anoche en la catedral de San Cristóbal, donde será sepultado mañana.
Inmerso en los debates teológicos y canónicos del Concilio Vaticano II y los subsecuentes concilios de Medellín, Puebla y Santo Domingo, Samuel Ruiz fue partícipe y promotor de la Teología de la Liberación y de la opción preferencial junto a los pobres que impuso en su diócesis desde 1975, en una época en la que primaban los golpes de Estado y las dictaduras militares en Latinoamérica. Pero fue a partir de su adhesión a la corriente de la antropología cultural que llegó al que sería el axioma de su pastoral: “la dualidad opresión-libertad y la propuesta de un propio ser cultural, culminando con la iglesia autóctona” que provocaba reacciones encontradas dentro y fuera de la Iglesia Católica, según el historiador mexicano Jean Meyer, quien alguna vez lo comparó con los obispos Helder Camara, de Brasil, y Arnulfo Romero, de El Salvador, “arraigados en la tradición y flexibles en la acción”, que reaccionaron “de manera complicada a situaciones complicadas”.
Pero no era marxista, como le achacaban sus detractores, ni de lejos. Católico tradicional y ortodoxo, Samuel Ruiz llegó a Chiapas en 1959 como obispo de la diócesis de San Cristóbal, apenas 12 años después de haber sido ordenado sacerdote al término de sus estudios de teología en la Universidad Gregoriana de Roma. La realidad lo abofeteó: algunas regiones de Chiapas vivían con estructuras sociales tan atrasadas que semejaban al Medioevo, y su alma quedó atribulada por el trato de los indios esclavos que se compraban y vendían como hatos de ovejas. Samuel Ruiz sustituyó a un Estado ausente y se convirtió en defensor de los pobres y procurador de los indios, promovió el respeto a la mujer y al niño, la toma de conciencia de los actores sociales y la “revolución de las expectativas crecientes”. En 1988 fundó el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas, uno de los más importantes y reconocidos en el país hasta la fecha.
Figura central en la Conferencia Episcopal Latinoamericana y en Roma, saltó a la fama mundial en 1991 tras el alzamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). Su intervención impidió una masacre que habría lindado el genocidio, y se convirtió en un actor fundamental en las negociaciones de paz entre el EZLN y el gobierno mexicano al que le había declarado la guerra, aunque el propio Jean Meyer documentó la condena del Tatik Samuel a la lucha armada y su distanciamiento del mítico Subcomandante Marcos, que nunca hizo públicas. Pese a ello, en mayo de 1998, el entonces presidente Ernesto Zedillo acusó al obispo de encabezar la “pastoral de la división” y la “teología de la violencia”, debido a que el Tatik dedicó su vida a formar comunidades eclesiásticas de base en cada una de las poblaciones indígenas de Chiapas.
El papel conciliador de Samuel Ruiz propició que desde hace un par de años formara parte de una comisión de mediación entre otra guerrilla mexicana, el Ejército Popular Revolucionario (EPR), y el gobierno federal. En esta misma comisión participaba también el escritor Carlos Montemayor, fallecido el año pasado.
Samuel Ruiz vivía desde hace varios años en Querétaro, 200 kilómetros al norte de la capital del país, aunque realizaba visitas esporádicas a la diócesis de la que fue nombrado obispo emérito. La distancia que mantuvo obedecía a su intención de no obstruir la labor de su sucesor, pero sus 40 años de labor en ese estado del sureste mexicano dejó una impronta que el nuevo obispo Felipe Arizmendi no pudo alterar, particularmente lo que el propio Tatik llamaba “la autonomía participativa” de clero y laicos, a riesgo de provocar “una verdadera sangría”, como advirtió en su momento el historiador Jean Meyer.
Como obispo de la diócesis de Chiapas, Samuel Ruiz desarrolló una intensa acción a través del Comité de Solidaridad con los pueblos de América latina, iniciando viajes a diversos países, con grupos, y movimientos sociales cristianos y no cristianos. Una de sus intervenciones más conocidas fue en favor de los miles de guatemaltecos que huyeron hacia México a fines de los ’90 y principios de los ’80 para evitar ser masacrados por el ejército de aquel país y sus escuadrones de la muerte, conocidos como kaibiles.
Su activismo venía de antiguo. En agosto de 1976, apenas unos días después del asesinato del obispo de la Rioja, monseñor Enrique Angelelli, por la dictadura militar argentina, participa en el Encuentro de Obispos Latinoamericanos celebrado en Riobamba, Ecuador, y es detenido por la dictadura militar de ese país junto con otros 20 obispos, sacerdotes, teólogos y asesores, entre quienes se encontraba Adolfo Pérez Esquivel. Veinticinco años después de ese episodio, el hoy Nobel de la Paz argentino presentó la candidatura del obispo mexicano al mismo premio.
El 16 de septiembre de 2001, en coincidencia con un aniversario de la independencia de México, Pérez Esquivel ofreció un discurso laudatorio sobre Samuel Ruiz en el Centro de Derechos Humanos de Nuremberg, que le otorgó ese año su Premio Internacional de Derechos Humanos, uno de los tantos que recibió el obispo emérito de Chiapas.
Pérez Esquivel dijo entonces que Samuel Ruiz era una de las “voces proféticas que anuncian y denuncian la situación de violencia e injusticias que vive la mayoría de los pueblos latinoamericanos. Son las voces de los desposeídos, los sin voz que van recuperando su protagonismo histórico, el sentido de vida, de dignidad y esperanza en que es posible construir un mundo más justo y humano para todos”.

Página12.

domingo, 23 de enero de 2011

Violar la fe


Por Eduardo de la Serna *




Tuve ocasión en Internet de ver el momento en que el “padre Pato”, criollo en su vestimenta, poncho al hombro, interrumpe al Coral Lutheriense, y tuve ocasión de escuchar y leer sus posteriores declaraciones.
Es verdad que todo esto “no afecta la vida de los pobres”, como dijo algún cura amigo, pero no podemos ignorar que el tema esconde aristas muy sensibles y graves.
Dejo de lado la trascendencia del tema en diferentes medios y el ocultamiento en otros, más propios de algún oligopolio mediático, y sus circunstanciales aliados políticos, provinciales y nacionales de lo que se han ocupado correctamente sectores de derechos humanos de San Rafael.
Dejo de lado también la pena que me da la falta de sentido del humor del personaje en cuestión. He escuchado decenas de chistes sobre judíos contados por amigos judíos y no podría recordar la cantidad de chistes de curas que se cuentan en ambientes clericales.
Me quisiera detener en dos aspectos que fueron juntos en la perversa afirmación “violar la fe es diez mil veces peor que violar a una hija”.
En momentos en que el mundo está conmovido por los escandalosos casos de pederastia en el clero –cosa no siempre acompañada en nuestro país donde “el gran pederasta” sigue suelto– resulta una bofetada arrojada al aire y al público. Podría haber dicho “peor que violar las leyes”, o hasta “peor que violar la Constitución”, ¡pero no!: dijo “diez mil veces peor que ¡violar a una hija!”.
Es sabido que la enorme mayoría de los casos de violencia familiar contra mujeres y niños/as ocurren en el seno de la familia, pero eso no exime al clero. El padre Pato parece haberse burlado, o –peor aún– menospreciado a las víctimas de abusos por parte del clero. Y eso es escándalo y es violencia.
Pero, por otro lado, el sketch en cuestión se reía del celibato, no de la fe. El celibato no es cuestión de fe, es una disciplina eclesiástica que bien podría anularse (¡y sería bueno que el tema pudiera debatirse en el seno de la Iglesia!) y, si se anulara, la fe no se vería afectada en lo más mínimo.
Es posible que el cura en cuestión sea un perfecto ignorante, y la lectura no figure entre sus hábitos, pero lo que sí parece figurar entre sus pasiones es el autoritarismo: autoritarismo que se cree con derecho de interrumpir un espectáculo público, autoritarismo que se cree con derecho de burlarse de las víctimas de la pederastia, y autoritarismo que cree que la Iglesia debe decir a la sociedad qué debe ver, escuchar, pensar y hasta sentir. Y eso sí es cuestión de fe. Y en eso, el padre Pato ha sabido violar la fe. Porque un tal Jesús de Nazareth, que sabía de estas cosas, dejó bastante claro cómo entendió la autoridad, donde ni siquiera Dios se impone. Claro que para saber esto, el padre Pato debería haber leído el Evangelio.

* Coordinador del movimiento de sacerdotes en opción por los pobres Carlos Mugica.

Página12

miércoles, 19 de enero de 2011

Gualeguaychú               comunicado de la


Asamblea Ciudadana Ambiental Gualeguaychú

Ante la firma por parte del gobierno uruguayo y la Sociedad “Montes del Plata” de la autorización de inicio de la construcción de un nuevo emprendimiento celulósico por parte de las empresas sueco-finlandesa Stora-Enso y la chilena Arauco, la Asamblea Ciudadana Ambiental de Gualeguaychú manifiesta su total repudio por este nuevo agravio a la naturaleza, y se solidariza con las poblaciones que van a ser indefectiblemente afectadas.
Sorprende ingratamente la poca capacidad de imaginación del gobierno uruguayo, que no ha aprendido la lección, y después de 20 años, solo entiende como desarrollo este tipo de emprendimientos, que ya no quedan dudas, dañan de manera irreparable zonas productivas de alto rendimiento, donde la biodiversidad es una de las características principales.
Este acuerdo carece de todos los mecanismos de consulta, salvo las fantochadas de las audiencias públicas, donde las empresas despliegan su escaparate, haciendo oídos sordos a la falta de aceptación y la preocupación de los vecinos, que ven justamente peligrar sus actividades productivas, su modo de vida y su salud.
Toda esta puesta en escena, esta vez, cuenta con el aval y la complicidad del gobierno argentino, que escudándose en un tratado deficiente, no defiende como es su obligación, a sus ciudadanos que sufrirán los azotes de esta pastera. El Delta Argentino, Tigre, buena parte del Gran Buenos Aires, y más aún, teniendo en cuenta que el obelisco de Buenos Aires se encuentra a 50 Km . lineales,  serán afectados por las emisiones  gaseosas que serán 30% mayores que las de Botnia-UPM.
El Río de la Plata no tolera más afectación. A la carga aportada por los ríos Paraná y Uruguay, se debe agregar lo que vuelca la Cuenca Riachuelo-Matanza - Reconquista, la próxima remoción de fondos del lecho del Puerto de Montevideo para ampliar muelles, los deshechos de las ciudades costeras, etc.
El gobierno del presidente Mujica no puede controlar nada. Su DINAMA está desmantelada. Como prueba de lo que acontece tenemos a Botnia-UPM y Alur, la empresa mixta de Bella Unión, que daña constantemente a vecinos de tres países con sus volcados y olores.
Por estas razones y más, es que reiteramos nuestra solidaridad con las futuras víctimas ambientales de Montes del Plata, y nos vemos en la obligación de recordarles a nuestros gobernantes, uruguayos y argentinos, que hay otro desarrollo, que no pasa necesariamente por la explotación agresiva de la naturaleza. Que no todo debe pasar por los monocultivos, las megapasteras, las minas a cielo abierto. Y que inexorablemente hay que recorrer los caminos del buen vivir con el planeta.
San José de Gualeguaychú, enero 18 de 2011.-
NO A LAS PAPELERAS – SÍ A LA VIDA

 
En la fiesta nacional del chivo de malargüe, mendoza

Un cura censuró un número de Les Luthiers y lo consideró anticatólico

Publicado el 17 de Enero de 2011
 
 
Es un acto que satiriza a la religión y lo interpretaba el grupo Coral Lutherieces, que rinde tributo a los renombrados músicos. El párroco Jorge Gómez subió al escenario y forzó la interrupción: “No voy a permitir que ensucien mi castidad”.
 
En una clara demostración de que la línea eclesial dura de Malargüe continúa intacta, el cura párroco de esa ciudad mendocina protagonizó un acto de censura pública en plena XXV Fiesta Nacional del Chivo, cuando subió al escenario donde un grupo interpretaba números de Les Luthiers, y directamente los obligó a interrumpir la actuación, con el fundamento de que dañaba la moral del pueblo, “que es católico”.
La noche del viernes pasado, Coral Lutherieces presentaba, ante unas 8500 personas, el segundo número de su acto, “Educación sexual moderna”, que satiriza la religión y los hábitos. Entonces, el cura Jorge Gómez, conocido como el “Padre Pato”, le arrebató el micrófono a uno de los artistas y dijo: “No voy a permitir que ensucien mi castidad. Les voy a pedir a los muchachos que canten otra canción.” El líder del grupo, Marcelo Hernández, recordó: “Entonces, muy sorprendido aún, miré a todos mis compañeros y les dije que hiciéramos una cuequita.” Luego de eso, se retiraron. Días después, el sitio informativo Mendoza On line reprodujo el comentario de Carlos Núñez Cortez, de Les Luthiers, quien confesó que 40 años atrás sufrieron el mismo tipo de censura.
Gómez es el párroco de la iglesia Nuestra Señora del Rosario, que pertenece a la diócesis de San Rafael, y continúa la línea de su antecesor en el cargo, el cura Ramiro Sáenz, conocido por su postura de negación de los crímenes de la dictadura, su rigidez en contra de temas como el uso del preservativo y, sobre todo, su censura a las más variadas expresiones artísticas. Entre sus actos más notorios, atacó al músico Víctor Heredia, quien había sido invitado a la Feria del Libro local en 2004 para hablar sobre su obra Taky Ongoy. En una carta al intendente, justificó que: “Heredia adhiere a una postura ideológica de izquierda (o marxista o como se la quiera llamar), lo cual implica no sólo el ateísmo militante sino toda una visión de la religión, la historia, la patria, el hombre, el orden moral, etcétera. El conflictivo texto de Taky Ongoy es una falsificación histórica inspirada por esa ideología que tiene su infaltable cuota de anticristianismo.” Por razones similares, sugería no invitar a músicos como “León Gieco, Charly García y otros por el estilo”. Unos años después, estudiantes del Colegio San José, bajo su dirección, increparon a Estela de Carlotto, en la misma feria. Y mientras hacía gala de su aversión a Dan Brown, autor El Código Da Vinci, el cine de Malargüe se inundó misteriosamente, impidiendo la proyección de Ángeles y Demonios, basada en un libro de ese escritor.


TIEMPO ARGENTINO

Es patético leer este relato. Pero también es representativo de una mentalidad corporativa de ciertos sectores  de la Iglesia y de grupos religiosos al tratar de imponer sus modos de pensar al conjunto de la sociedad. 
Como si no hubiera una forma democrática  de discutir las diferencias y de acordar las mejores formas de convivencia. 
¿Quién le da autoridad a este hombre para hacer lo que hizo?  Es bueno para reflexionar sobre otras actitudes parecidas que se dieron en ocasión del debate sobre el matrimonio igualitario.


martes, 18 de enero de 2011

EN 2011 SEGUIREMOS CONTRA UPM !

"EL PLANETA NO LO HEREDAMOS DE NUESTROS PADRES, LO TOMAMOS PRESTADO DE NUESTROS HIJOS"


planta_de_botniaEstán preocupados por las consecuencias que las mismas están produciendo en la salud de la población. Y vuelven a demostrar cómo desde el funcionamiento de la fábrica el río Uruguay creció en número de contaminantes.

Los abajo firmantes, profesionales de la salud de Gualeguaychú, nos dirigimos a las autoridades municipales, provinciales y nacionales, y a la comunidad en su conjunto, a fin de manifestarles nuestra preocupación por aspectos vinculados a la temática ambiental que están afectando la salud de nuestra población.
En primer lugar mencionaremos las emisiones atmosféricas de la empresa “Botnia–UPM”. Es por todos conocido y aceptado internacionalmente el nivel de afectación que poseen las industrias de pasta de celulosa, lo que es reconocido tanto por la “Organización Mundial de Salud” como por la “Organización Panamericana de Salud”, organismos que las ubican entre las tres más contaminantes de todas las industrias actuales.
Ya se han producido alteraciones físicas, químicas y biológicas en el río Uruguay desde la puesta en funcionamiento de la planta y que fueron demostradas por los 80 científicos argentinos que trabajaron en la presentación de la demanda ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya. Nos referiremos a las emisiones atmosféricas, es decir las emanadas de las chimeneas de las plantas, ya que está científicamente comprobado que el mayor problema para la salud de las poblaciones aledañas a las mismas son los contaminantes presentes en esas emisiones.
De acuerdo a los informes presentados por la delegación argentina ante La Haya y a lo admitido por el Secretario de Medio Ambiente, Homero Bibiloni, en la conferencia dictada el 30-09-10 en la CARI (Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales), en referencia al estudio Atmosférico realizado por el equipo de profesionales de la Facultad de Ciencias Exactas–UBA y la CONEA, se detectó la presencia de ácido sulfhídrico en las costas argentinas de Ñandubaysal en 78 oportunidades durante un período de nueve meses de control y en varias ocasiones en la ciudad de Gualeguaychú. Esa sustancia es identificada por su olor característico a “huevo podrido”, que actúa como indicador de la contaminación. Se trata de un gas de elevada toxicidad que no debería estar presente en el aire en condiciones normales. Junto a este compuesto están presentes otros contaminantes atmosféricos tales como Óxidos de Nitrógeno, Óxidos del Azufre, Compuestos Reducidos del Azufre (TRS), Material Particulado, Monóxido y Dióxido de Carbono, Compuestos Orgánicos Volátiles (VOC), Compuestos Orgánicos Clorados (entre ellos Dioxinas y Furanos) con una pluma (sustancias contaminantes que salen de una chimenea) aerotransportada que ingresa  20 a 45 Km. dentro del territorio argentino.
El centro de la ciudad de Gualeguaychú se encuentra a unos 25 Km de la pastera. La contaminación atmosférica se ve agravada, ya que los vientos en un 72% por ciento de los días son predominantes desde el Uruguay a la Argentina, con una altura de capa de mezcla (altura del volumen de aire disponible para la dispersión de los contaminantes) muy baja, lo que impide una correcta dilución y dispersión de los contaminantes. Esto hace que permanentemente los habitantes de Gualeguaychú estemos respirando aire contaminado.
En lo referente a los contaminantes atmosféricos provenientes de la planta de “Botnia-UPM” y que afectaron al territorio argentino, la CIJ de La Haya se declaró incompetente con el argumento que su regulación no estaba contemplada dentro del Estatuto de 1975. Obviamente, eso no significa que no exista un deber genérico de no dañar, que debe ser respetado por la empresa que los emite como por las autoridades de contralor.
Estos compuestos de naturaleza tóxica no se encontraban presentes en los estudios basales previos a la puesta en funcionamiento de Botnia-UPM por lo que su presencia revela una estrecha, directa e inequívoca vinculación con la instalación de la planta. 
Nuestra preocupación se agrava al desconocerse si en la actualidad se continúa con el estudio del aire, tal cual ocurrió hasta antes del fallo de la CIJ., mientras se fundamentó el reclamo ante ese tribunal.
Si bien en numerosas ocasiones, a través de diversas intervenciones ante distintos organismos y funcionarios públicos se ha reclamado la continuación de estos controles y también se ha consultado qué instancias legales existen para iniciar el reclamo correspondiente. No obstante, hasta el momento no se ha recibido información ni respuesta oficial al respecto.
El aumento de la frecuencia e intensidad de patologías de vías aéreas superiores, irritación y afectación de membranas mucosas, ocular y bronquial y reacciones alérgicas, sumado al agravamiento de afecciones preexistentes en los últimos años -comprobados por la mayoría de los profesionales médicos de la ciudad-, tienen vinculación estrecha con la presencia de estos contaminantes en el aire que respiramos. Debemos advertir el efecto a largo plazo (crónico) de muchos de estos contaminantes presentes en la emisiones atmosféricas (Carcinogénesis, Malformaciones congénitas, Teratogénesis, alteraciones en la Reproducción, depresión del Sistema Inmunológico entre otras) patologías que lamentablemente se verán incrementadas a medida que transcurra el tiempo y la planta siga funcionando.
Además sentimos una enorme preocupación por la alta incidencia de enfermedades oncológicas que ubican a Gualeguaychú al frente de la frecuencia de dichas patologías dentro de la Provincia.
Su origen en gran medida está relacionada con la presencia de contaminantes en el medio ambiente, lo que nos hace tener en cuenta otros temas vinculados a su preservación, como son el uso intensivo e irracional de plaguicidas, el tratamiento de los efluentes industriales del Parque Industrial de Gualeguaychú y su drenaje aguas arriba de la toma de agua, el destino de los transformadores contaminados con bifenilos policlorados (PCB) y el tratamiento de los residuos patológicos.
Preocupados por el futuro, fundamentalmente el de las generaciones venideras, exhortamos a las autoridades y a la población a preocuparnos y ocuparnos de buscar entre todos, en la medida de sus responsabilidades, se arbitren medidas y acciones dirigidas a erradicar estos daños ambientales. Solo de esa forma se protegerá la salud de la población y se logrará una mejor calidad de vida.


PUBLICADO COMO SOLICITADA  EN LOS DIARIOS DE LA CIUDAD DE GUALEGUAYCHU.
 Siguen las firmas de numerosos profesionales de la ciudad. Publicado con fecha 27 de diciembre de 2010

lunes, 17 de enero de 2011

“Hoy los golpes los dan las fuerzas de seguridad, no los ejércitos”

Publicado el 17 de Enero de 2011
Entrevista a Eugenio Zaffaroni
El juez advierte que un sector de policías disconformes, sumado a una coalición de medios masivos y algún segmento político interesado, tienen capacidad de desestabilizar. También sostuvo que el discurso de Macri puede causar muertos.
  La placa de cerámica esmaltada, que se repite en todas las calles de Buenos Aires, marca el número 932. Del otro lado de una reja alta y elegante, una casa que es más bien un palacete de estilo italiano esconde incontables detalles de buen gusto. La casona está separada en dos edificaciones. Adelante está la vivienda; atrás, cruzando un patio arbolado que ofrece sombra en medio de una tarde de calor que bate records, aguardan el estudio y la biblioteca. Para ingresar a la biblioteca hay que atravesar una puerta. Marco de madera, ornamentos de aire hispánico y colonial, la puerta tiene un letrero que busca causar un efecto intimidante: “Quien osare robar un libro de esta biblioteca será excomulgado”, advierte el edicto de la Universidad de Salamanca, un recuerdo que el dueño de casa se trajo de uno de sus viajes anuales a Europa.
Eugenio Raúl Zaffaroni aparece por el costado de la casa; lo acompaña uno de sus perros, Otello. En camisa veraniega de manga corta (seguramente una guayabera de algodón y lino), el juez de la Corte Suprema saluda con sencillez y propone pasar a la biblioteca para realizar la entrevista. En su escritorio lo espera una notebook con un procesador de textos abierto y algunas palabras tipeadas, un gorro deportivo con los colores de la Sudáfrica post-apartheid, una imagen de la Virgen de Guadalupe –patrona de la Revolución Mexicana y de toda América Latina– y un atado de cigarrillos finos marca Vogue blue. A su alrededor abundan adornos mexicanos, imágenes profanas de figuras sobrenaturales e íconos religiosos del catolicismo español.
“El decreto que me nombraba en la Corte tiene el mismo número que esta casa: 932”, dice Zaffaroni, y festeja la casualidad con una sonrisa. El juez y prestigioso docente de Derecho Penal se acomoda, estira sus piernas, se dispone a conversar por un largo rato. No elude ningún tema, a excepción de dos preguntas sobre asuntos que, según él, podrían terminar en el máximo tribunal en un plazo bien breve: uno de ellos es el juicio de filiación en el caso de Marcela y Felipe Noble Herrera. El otro, el “plazo razonable” que la Corte le impuso al juez en lo Civil y Comercial Edmundo Carbone para resolver la medida cautelar que suspendió la aplicación del artículo 161, el plazo de desinversión de un año previsto por la Ley de Medios para las empresas del Grupo Clarín. A fines de noviembre, Carbone se negó a fijar un límite a la duración de la cautelar favorable al multimedio.
“No puedo abrir juicio sobre eso porque lo tendremos que definir nuevamente… Calculo que nos va a llegar de nuevo. Habrá que resolverlo. Lo que la Corte le dijo al juez fue que fije un plazo razonable”, desliza.
Cuando se le pregunta por la creación del Ministerio de Seguridad, Zaffaroni hace gala de su experiencia como estudioso de la criminalística: manifiesta estar completamente de acuerdo con la medida y luego se explaya en una larga argumentación sobre la puja entre los modelos del Estado Gendarme y del Estado Social de Derechos. “No hay elección en el mundo en que no se juegue este tema. Es una cuestión política central”, señala. Zaffaroni advierte sobre el riesgo de que se imponga el Estado Gendarme, que busca generalizar la noción de “ciudadano-víctima”, aprovechándose de una “criminología mediática” que se basa en los prejuicios y el pensamiento mágico. Zaffaroni también advierte sobre otro de los riesgos que implica el Estado Gendarme: el discurso xenófobo, que lleva en sí mismo “el huevo de la serpiente”. “El grave riesgo del Estado Gendarme es que se trata de un Estado que crea enemigos. Y al crear enemigos, pone semillas de lo que puede llegar a ser un genocidio”, subraya.

–Hay dos modelos de seguridad que los medios están empezando a elogiar, con la intención de que sean tomados como un ejemplo a imitar en la Argentina. Uno de ellos es Río de Janeiro, con la militarización de las favelas. ¿Qué opina?
–Algunas favelas directamente estaban fuera de todo control policial, urbano y político. Hasta ahora se trata de una medida un poco experimental. Es puntualmente ocupar una favela, instalarle la institucionalidad política; es decir, sacar a los jefes narco. Colocar la autoridad política, puestos sanitarios, la escuela. Nosotros no tenemos zonas fuera de todo control, por lo que no se necesita hacer una ocupación de ese tipo.
–¿Pero el envío de la Gendarmería al Conurbano no es una ocupación?
–El envío de la Gendarmería al Conurbano es puntual. No es que remplaza ni saca a la policía del Conurbano. En algunos momentos sí hay que tomar algunas medidas cautelares para evitar que los conflictos lleguen a mayores. Y esas medidas no se pueden dejar en manos de fuerzas que están sospechadas.
–¿Qué lecciones tiene que sacar el poder político de lo que pasó en el Parque Indoamericano, donde hubo tres muertos?
–La primera lección que tiene que sacar es mejorar todo su sistema de información. Todo lo que pasó no se generó en un día. Movilizar esa cantidad de gente requirió tiempo, requirió que hubiera muchas personas informadas de que eso estaba ocurriendo. No hubo ninguna medida que lo previniese, porque faltó información preventiva. En segundo término, la enseñanza que se tiene que sacar es que tenemos que tomarnos en serio la reestructuración de las fuerzas de seguridad. En la Argentina tenemos estructuras policiales que provienen del siglo XIX.
–¿Por qué?
–Porque tenemos una policía de ocupación territorial. Tenemos el modelo policial borbónico. No tenemos policía comunitaria.
–¿En qué consiste la policía comunitaria?
–En una policía que primero no esté centralizada. Y ojo con este tema porque hay una política que se baja desde los Estados Unidos que nos dice: “tengan policías centralizadas”. Esa política se corresponde con la idea que tienen algunos think tanks, que en la década de 1990 instalaron un equivalente de la Escuela de las Américas para policías en Santiago de Chile (NdR: se refiere al Centro Interamericano de Políticas Públicas del Manhattan Institute, impulsado por el creador de la “tolerancia cero”, William Bratton, e instalado en Santiago de Chile). El objetivo de esa política que baja de los Estados Unidos es tener policías verticalizadas, si es posible tener algo equivalente a la Escuela de las Américas para, de esa forma, poder instruir a las cúpulas policiales de América Latina. Y eso es lo peor que podemos hacer. Por el contrario, lo que mejor podemos hacer es imitar a los Estados Unidos, porque allí tienen 2000 fuerzas policiales distintas. En los Estados Unidos tienen policías de condado, policías provinciales, policías federales. La policía comunitaria es un perfeccionamiento de lo que son las policías municipales de los Estados Unidos, donde la policía depende de la autoridad local. En nuestra realidad, el jefe de la policía sería el intendente.
–A partir del Parque Indoamericano hubo una reacción de la política que, para explicar el conflicto, puso el acento en la inmigración. ¿Qué opina?
–El discurso de Macri, concretamente, para darle un nombre y apellido, me parece un discurso detestable. Sinceramente. Hay límites éticos en política que no se deben romper. Uno puede ser de izquierda, de derecha, de centro, de arriba, de abajo, pero hay un límite ético. Y el límite ético es que no se pueden decir palabras que puedan causar muertos.
–¿Macri dijo palabras que pueden causar muertos?
–Sin duda. No me cabe la menor duda. Eso es lo que me lleva a decir que realmente es un discurso penoso. Lo bueno es que ese discurso no fue seguido por toda la oposición. Eso es muy importante. Significa que estamos aprendiendo que hay algunos límites. Pero, naturalmente, se trata de un discurso que sí puede llevar a ganar votos. Hitler ganó muchos votos. Qué duda cabe. Muchos genocidas ganaron votos. Yo no digo que él llegue a ser un genocida, pero esto es el huevo de la serpiente, con argumentos que son absolutamente falsos, y cualquiera que disponga de números lo sabe.
–¿Por ejemplo qué números?
–No estamos teniendo olas de inmigrantes. Desde la crisis de 2001, prácticamente la inmigración de países vecinos ha bajado al mínimo. Las olas de inmigrantes las hemos tenido en la década de 1990. No es cierto que haya sobrerrepresentación de extranjeros en nuestras cárceles. No es cierto que haya sobrerrepresentación de extranjeros en nuestras sentencias condenatorias. Los chorros, los asesinos y los delincuentes son nuestros. Seamos bien nacionalistas en eso. De modo que lo que el señor Macri está diciendo es falso. Es falso y es muy grave. Incentivar la xenofobia en este momento y contra grupos indefensos, y fundamentalmente contra grupos de bolivianos, es algo que me conmueve.
–Las fuerzas de seguridad tienen una historia muy oscura: venimos de 2001 con ocho muertos en la Plaza de Mayo, 20 en todo el país, Kosteki y Santillán. Pero por otra parte empieza a desarrollarse algo así como una técnica de la acción que genera conmoción y que es amplificada por los medios: como el corte del tren Roca un día antes de Navidad. ¿El discurso progresista de no criminalizar la protesta social necesita una actualización?
–El discurso de no criminalizar la protesta social no es un discurso progresista. Es un discurso de legítima defensa de todo Estado y de todo gobierno más o menos progresista.
–¿Por qué legítima defensa?
–Porque criminalizar la protesta social o, mejor dicho, reprimir la protesta social es directamente una trampa. Se lo hace para que en la represión haya unos cuántos muertos. Y que eso provoque Kosteki y Santillán, y que con eso se tenga que ir Duhalde, que eso provoque los muertos de la Plaza de Mayo, y que con eso se termine de voltear a De la Rúa… Hoy los golpes de Estado los dan las fuerzas de seguridad, no los dan los ejércitos. No son golpes de Estado tradicionales, son golpes de Estado desestabilizadores. Con los ejemplos que damos, no creo que tengamos que ir a pensar en Ecuador... Entre una coalición de medios masivos de gran difusión, un sector policial disconforme (porque no necesita ser toda una fuerza), generalmente por razones no muy confesables, y algún segmento político interesado en desestabilizar, sí pueden dar un golpe de Estado. Tranquilamente. Pero esto que digo no es ninguna novedad. En América Latina hace ya quince años que lo voltearon a Nilo Batista en Río de Janeiro: lo volteó una organización de esta naturaleza, con combinación de la Red Globo. ¿Por qué? Porque no había querido eximir a la Red Globo de algunos impuestos estatales (NdR: Nilo Batista fue gobernador del estado de Río de Janeiro entre abril de 1994 y enero de 1995). 

TIEMPO ARGENTINO

domingo, 16 de enero de 2011

Matar al líder

Por Santiago O’Donnell
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El atentado contra la congresista Gabrielle Giffords (foto) en Arizona pegó fuerte en Estados Unidos. No tanto porque murieron seis personas. Eso ya no sorprende en el país norteamericano, como tampoco sorprenden las guerras interminables, los asesinos seriales, los sobres bomba o los ex empleados de oficinas federales que abren fuego a mansalva en edificios públicos. Todas esas formas de violencia ocurren cada tanto en Estados Unidos, mucho más que en cualquier otro país del mundo. Parece mucho, pero ya están acostumbrados.
En cambio el magnicidio es otra cosa. O en este caso, el magnicidio fallido que dejó malherida a la diputada Giffords. Si se me permite, como para que se entienda: para la sensibilidad de los estadounidenses el magnicidio es comparable con lo que sentimos los argentinos ante la de- saparición de una persona. Porque ya lo vivimos, ya lo consentimos como sociedad hasta que un día hicimos una especie de nunca más. Pero el fantasma sigue rondando, porque el proceso de extirpar la raíz del mal y curar la heridas es lento y no termina. Hasta que un día el monstruo reaparece. Entonces el cuerpo social reacciona con rituales cargados de emoción, proclama que los tiempos han cambiado y que no habrá vuelta atrás, pero no puede exorcizar la sensación de que esos tiempos no han cambiado lo suficiente.
Todo eso pasó el martes en el homenaje a Giffords y las víctimas de atentado que encabezó Obama en Tucson. La gente lloraba y aplaudía de pie en vivo por casi todos los canales de televisión. Todos eran Giffords. El país no vivía un momento así desde que Bush juró venganza parado sobre los escombros de las Torres Gemelas, con un bombero como único escolta, aquel trágico 11-S del 2001.
La tradición magnicida en Estados Unidos se remonta a los tiempos de Abraham Lincoln e incluye a cinco presidentes. En los sesenta y setenta el asesinato de líderes políticos y sociales se había convertido en moneda corriente. JFK, Robert Kennedy, Martin Luther King, John Lennon, George Wallace (zafó de morir, quedó paralítico), Harvey Milk, Malcolm X, seguramente algunos más que escapan a la memoria. Los nombres se suceden hasta llegar al intento de asesinato de Ronald Reagan en 1981, que el entonces presidente sobrevive con la gracia del actor de Hollywood que llevaba adentro. Después, nada.
Pasaron casi 30 años sin magnicidios. Hasta la semana pasada, cuando casi matan a Giffords, una congresista de Arizona relativamente desconocida fuera de su estado. Baleada en la cabeza a quemarropa por un loquito que se había enojado porque semanas atrás ella se había negado a contestarle una pregunta incoherente durante un acto de campaña.
En el atentado contra Reagan había muerto su secretario de prensa Jim Brady. Al poco tiempo la esposa de Brady, Sarah, se convirtió en la principal portavoz y lobbista en favor de controlar el derecho a portar armas. Los republicanos siempre habían sido renuentes a limitar su uso, derecho que garantiza la famosa segunda enmienda de la Constitución de Estados Unidos. Pero el paciente trabajo de la viuda de uno de los suyos pudo más y once años más tarde, durante la presidencia de Clinton, el Congreso sancionó la llamada ley Brady con apoyo bipartidista.
La ley Brady imponía por primera vez controles a nivel nacional para la compra de armas automáticas. Más importante, visibilizó la cara, la historia y el discurso de Sarah Brady y los contrapuso al héroe épico que representaba el actor Charlton Heston, por entonces presidente y portavoz de la poderosa Asociación Nacional del Rifle.
En las elecciones de noviembre los candidatos de la línea Tea Party hicieron campaña en contra de la ley Brady, algo que no había ocurrido nunca desde su aprobación. Les salió muy bien. En las primarias el movimiento libertario ultraderechista tomó por asalto al Partido Republicano. En las legislativas puso dos pies en el Congreso. El rival que Giffords había derrotado en las legislativas hizo campaña mostrándose con un rifle de asalto M16.
En los años sesenta muchos estadounidenses exhibían sus fierros sin ningún pudor, hasta que la práctica fue ilegalizada. Las míticas Panteras Negras protestaban sentados en las escaleras de los edificios municipales con pistolas en sus cinturas y escopetas en sus regazos. Las pickups de los cowboys siempre tenían un rifle colgado en la cabina. Hasta los hippies de Grateful Dead se fotografiaron con sus fierros en la emblemática esquina de Height and Ashbury, San Francisco, durante el Verano del Amor.
Ahora, recién ahora, los estadounidenses sienten que fueron demasiado lejos. Demasiado miedo al terrorismo, odio a los inmigrantes, inseguridad económica, racismo anti-Obama, fudamentalismo cristiano, guerra en Asia y en el Golfo. Too much. Un clima de violencia que los llevó a romper el último tabú, el último dique que los hacía sentirse parte de una sociedad civilizada.
Hizo falta que un loquito baleara a una diputada. Matar al líder, de eso se trata. Desnudar su fragilidad para poner en juicio lo que representa. Romper con el mito hollywoodense de que el poder premia a los héroes y mata a los débiles. Bajar al protagonista en la mitad de la película.
Es lo que hizo Jared Lee Laughner, el joven de 22 años que atentó contra Giffords. Laughner estaba convencido de que el gobierno intentaba controlar a la población a través de la gramática, como en el 1984 de Orwell, uno de sus libros preferidos. Tenía todos los síntomas de un esquizofrénico paranoide. Pero había algo más. Muchísimas personas que padecen enfermedades mentales no hacen lo que hizo él, y cosas como las que hizo él casi siempre pasan en Estados Unidos y no en otro país. Laughner, amén de sus particularidades, se formó en un tiempo y un lugar.
Como escribió George Packer en el New Yorker, no es que los Tea Party ordenaran el asesinato de Giffords. Más bien crearon un clima de crispación y violencia que puede ser interpretado por algunos loquitos como una luz verde, como una señal para matar a quienes los Tea Party marcan como enemigos.
Los magnicidios en Estados Unidos no son crímenes estrictamente políticos. Los asesinos no son militantes, no están encuadrados ni responden a estructuras orgánicas con proyectos de toma de poder. Giffords no era ni por asomo la principal enemiga de los Tea Party, pero Giffords había sido señalada con nombre y apellido como una de las candidatas a derrotar, cueste lo que cueste. Marcada por boca de la líder del movimiento, la cazadora antisemita Sarah Palin.
Las palabras no matan, dicen los republicanos. Un loquito hizo lo que hizo y ahora los demócratas buscan sacarle rédito político porque les tocó en suerte haber recibido el ataque.
Pero las palabras dañan y pueden matar. En uno de los fallos más citados de la jurisprudencia estadounidense, Schenk vs. United States (1919), la Corte Suprema limitó la libertad de expresión con el argumento de que si alguien grita ¡fuego! ¡fuego! en un teatro lleno se produciría una estampida y alguien se podría lastimar. Con ese argumento se han escrito leyes castigando el lenguaje racista después del Holocausto.
El atentado contra Giffords había pegado fuerte y hacía falta un exorcismo. Un cambio, algo que los hiciera sentir que la masacre no había sido en vano. Hacía falta un héroe y apareció Daniel Hernández, el secretario de Giffords. Candidato ideal, latino y abiertamente gay, para que les duela más a los Tea Party.
Hernández sostuvo a Giffords en sus brazos y tapó el agujero de la bala con una mano para evitar que la diputada se desangrara, mientras con su otra mano apretaba fuerte la de Giffords. El miércoles todo el país se emocionó con él, con su discurso al borde de la falsa modestia.
Hacía falta un héroe pero también una causa. Los medios se ocuparon de eso. Llenaron miles de páginas y pantallas con el debate sobre el lenguaje violento de los Tea Party. Y otras miles con el debate sobre la vigencia del derecho a portar armas. Y se habló de las víctimas fatales, del juez, de la niñita de nueve años que se había interesado en política y quería conocer a su congresista, del abuelo de 75 que escudó con su cuerpo al amor de su adolescencia, con quien se había reencontrado recientemente después de medio siglo de vidas separadas. Y el Capitolio se llenó de proyectos para mejorar la seguridad de los congresistas.
Y habló Obama, y habló la gobernadora de Arizona, y volvió a hablar el héroe latino y gay. Y todos aplaudieron emocionados y se juramentaron que nunca más. Como si fuera posible ahuyentar la espiral de violencia descontrolada que sacude a Estados Unidos, envolviendo palabras, gestos y acciones en un mismo huracán.
Página12