jueves, 1 de septiembre de 2016

CAE DILMA


¡Canallas! ¡Canallas! ¡Canallas!

Por Eric Nepomuceno

El jueves dos de abril de 1964 otro golpe de Estado, un golpe cívico-militar, se consumaba, liquidando un gobierno elegido por el voto popular y soberano. En aquella ocasión, las mismas fuerzas que ayer triunfaron recorrieron a los cuarteles. Ahora, las tropas son dispensables. Hace 52 años, presidiendo una sesión extraordinaria del Congreso que reunía a diputados y senadores, el conspirador derechista Auro de Moura Andrade decretó vacante la presidencia, afirmando que el presidente constitucional, João Goulart, había abandonado el país.
Era mentira. Goulart estaba en Porto Alegre, capital de Rio Grande do Sul, intentando reunir fuerzas suficientes para resistir al golpe. Moura Andrade lo sabía. Todos sabían. El entonces diputado Tancredo Neves, conocido por sus maneras suaves y cordiales, apuntó el dedo al rostro de Moura Andrade y disparó, con insospechada voz de trueno: “¡Canalla! ¡Canalla! ¡Canalla!”.
Pasados los años, hace dos días le tocó al nieto de Tancredo, el senador Aécio Neves, uno de los artífices del golpe contra Dilma Rousseff, ver cómo su colega Roberto Requião, del mismo PMDB de Michel Temer, lo miraba en los ojos y disparaba, a él y a su pupilo Antonio Anastasía, las mismas palabras: “¡Canallas! ¡Canallas! ¡Canallas!”.
Ayer, la palabra quedó estampada, de una vez y para siempre, en la frente de Aécio, Anastasía y otros 59 senadores. Siete más de lo que sería necesario para fulminar un mandato popular. Algunos de los 61 votos que destituyeron a la presidenta fueron emitidos por senadores que hasta hace pocos meses eran ministros del gobierno ahora liquidado. En los largos e intensos debates de los últimos días se ha visto de todo: cinismo, farsa, hipocresía, cobardía, traición.
Canalladas.
No hubo una sola prueba concreta que justificase pasar por arribe los 54 millones de votos soberanos logrados por Dilma Rousseff en octubre de 2014. Bajo el manto de las formalidades, se consumó la indignidad.
Lejos del pleno del Senado, lo que se ha visto fue la reiteración de los viejos hábitos de la más baja política brasileña: Michel Temer y sus cómplices ofreciendo el oro y el moro para asegurar votos suficientes para legitimarlo legalmente en el puesto que usurpó a base de traición. Legalmente: moralmente, imposible.
Sobran ejemplos de ese comercio de intereses. Menciono dos.
A las tres de la mañana de ayer, frente a un pleno casi vacío y a una audiencia ínfima, uno de los que se declararon “indecisos”, el ex jugador Romario, leyó, con evidente dificultad, el texto escrito por algún asesor justificando su voto favorable a la destitución de Dilma Rousseff.
Dijo que se convenció gracias a las razones expuestas por los acusadores de la mandataria.
Mentira: se convenció al lograr el nombramiento de algunos de sus apaniguados en el gobierno de Temer.
Idéntica suerte tuvo el también “indeciso” senador Cristovam Buarque, ex ministro de Educación del primero mandato de Lula da Silva: a cambio de su voto, se le prometió el luminoso puesto de embajador brasileño en la Unesco. Cambió una biografía por París.
Ese ha sido el precio de su dignidad, suponiendo que Temer cumpla lo pactado. Y suponiendo que esa dignidad alguna vez existió.
¡Canallas! ¡Canallas infames! ¡Un aquelarre de 61 canallas!
¿Por qué? Por haber asumido una farsa. Por imponer a los brasileños un programa político y económico que fue rechazado con vehemencia por las urnas electorales en las cuatro últimas elecciones. Por entregar el país a una pandilla. Por vilipendiar la historia. Por entreguistas. Por condenar el futuro. Por haber permitido que una mujer honesta sea sustituida por un bando de corruptos.
Por defender la traición.
La historia sabrá juzgarlos. Lo que cometieron ayer, sin embargo, es irreversible. El precio será pago por los humildes, como siempre. Empieza ahora un tiempo de incertidumbre. De expoliación de derechos alcanzados en los últimos trece años.
Tiempo de brumas. Tiempo de infamias. Tiempo de vergüenza.
Tiempo de canallas.
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sábado, 27 de agosto de 2016

UN ALERTA DE LOS CURAS EN LA OPCION POR LOS POBRES POR LA SITUACION SOCIAL

“Este modelo no cierra sin represión”

En su nueva carta, los sacerdotes católicos vuelven a reclamar la libertad de Milagro Sala, denuncian las políticas “regresivas y amenazantes” del gobierno de Macri y advierten sobre el silencio de los grandes medios sobre las revelaciones de los Panama Papers.

Por Washington Uranga


Los curas consideran que las supuestas amenazas a funcionarios parecen excusas para forzar la represión.
Continuando con la tarea de emitir cartas quincenales dirigidas a sus comunidades y a la sociedad en general, el Grupo de Curas en la Opción por los Pobres (COPP) dio a conocer un nuevo documento en el reiteran su demanda de libertad para la dirigente social jujeña Milagro Sala “y de todos los presos políticos”, denuncian las “políticas de derechos humanos regresivas y amenazantes” puestas en práctica por el gobierno de la Alianza Cambiemos y advierten sobre la represión de la protesta social y el “silencio” de los medios de comunicación acerca de los llamados “papeles de Panamá” que involucran al presidente Mauricio Macri y a funcionarios de su gobierno. Tras manifestar su preocupación por el “agravamiento progresivo y preocupante de la situación social y económica” los Curas sostienen que “son llamativas las supuestas amenazas recibidas por funcionarios, lo cual parece excusa para reforzar la represión”. Los sacerdotes expresan, una vez más, su convicción de que “este modelo no cierra sin represión”.
“Que el Presidente afirme que Hebe (de Bonafini) es ‘una desquiciada’ (un agravio de quien se arroga contradictoriamente la misión de unir el país) luego de manifestarse desinteresado en el número de desaparecidos y de hablar de ‘guerra sucia’ no hace sino sumar un nuevo repudio a los ya demasiados que nos vemos en la obligación de proclamar”, dicen los Curas en otro parte de su documento.
Sostienen que la diferencia entre el anterior gobierno y el actual “en un tema tan sensible, su colaboración activa en la justicia o su desinteresarse de ella nos parece demasiado grave, aunque el actual Presidente afirme que no quiere ‘tener injerencia en el poder judicial como lo hizo el gobierno anterior’”. Y subrayan los sacerdotes católicos que “lamentamos que se intente conceder prisión domiciliaria a genocidas condenados por crímenes de lesa humanidad, como el caso emblemático de Etchecolatz” expresando al mismo tiempo “nuestro más firme repudio uniéndonos al reclamo que sobre el tema han formulado organismos de derechos humanos”.
Tras denunciar que en el caso de los “papeles de Panamá” existe un “silencio cómplice” de los medios nos preguntamos, dicen los Curas, “cuánto más debe esperar el Poder Legislativo para interpelar a todos los implicados en ‘la ruta de la corrupción M’”. Y señalan que “lo que revela el material presentado son pistas de posibles maniobras de lavado de dinero, el delito que figura en la carátula de la causa”. Expresan, no obstante, que “la investigación afortunadamente avanza y compromete cada vez más al presidente Macri, lo cual constituye una situación de considerable gravedad institucional que la población debe conocer”.
Otro de los capítulos del texto difundido por los Curas está dedicado a denunciar hechos de represión. Señalan que “Jorge Peña, de Renatea Jujuy fue interceptado en su automóvil en el que viajaba con sus tres hijas”; recuerdan la “grave represión en el Puente Pueyrredón con camiones hidrantes y policía a jubilados y otros manifestantes”; la “represión a quinteros en el Parque Pereyra Iraola (Buenos Aires) con 48 detenidos (7 menores) uno de los cuales, Lautaro Leverato, recibió 13 balazos de goma”; que en Ramos Mejía “balearon el frente de la unidad básica “Los Mismos de Siempre” ubicada en la intersección de las calles Colón y Bulnes en la localidad de Ramos Mejía” y que la Gendarmería y Policía bonaerense reprimieron con balas de goma en la Autopista Buenos Aires-La Plata “a compañeros de la Coordinadora de Trabajadores Desocupados (CTD) Anibal Verón y otras organizaciones sociales aplicando el infame protocolo elaborado y defendido por la ministra Patricia Bullrich”. A ello se suma a la “represión a azucareros que desde hace 56 días están defendiendo los empleos ya que enfrentan el lock out de la empresa Seabord Corporation a la que pertenece Tabacal Agroindustria que tiene paralizada la planta en El Tabacal, Salta incluyendo balas de plomo a los gases lacrimógenos”.
Los sacerdotes católicos que trabajan en medios pobres adhieren también a las denuncias del Mocase (Movimiento Campesino de Santiago del Estero) respecto de amenazas a dirigentes campesinos y el ataque de “sicarios” del “agro-narco empresario Orlando Canido” contra familias de la comunidad Iaku Cachi.
En el mismo texto se denuncia “una brutal transferencia de ingresos con una inversión de la ecuación distributiva de la renta nacional” y “un modelo económico que concentra la riqueza en pocos actores y generaliza el desempleo con salarios a la baja”, “un endeudamiento externo usurario y descontrolado”, “un quiebre violento de la protesta y la organización social de base como lo muestra el experimento jujeño” y “una destrucción del aparato productivo, la industria nacional y las economías regionales”. Por todo ello manifiestan su adhesión a la “marcha federal, el 31 de agosto y 1 y 2 de septiembre contra el ajuste, los tarifazos, los despidos y exigiendo la liberación de los presos políticos”.
En el plano teórico el documento de los Curas en la Opción por los Pobres critican “una democracia de baja intensidad” que contradice los intereses de los trabajadores y los sectores populares.
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viernes, 26 de agosto de 2016

JUICIO A DILMA

Brasil ya no será igual

Por Emir Sader

Cualquiera que sea el desenlace inmediato de la más profunda y prolongada crisis que el país ha vivido, Brasil no saldrá igual, nunca más será el mismo que fue. Será mejor o peor, pero nunca más el mismo. La crisis devastó la credibilidad de todo el sistema político, liquidó la legitimidad del Congreso, propagó la falta de confianza en el Poder Judicial e hizo que el pueblo aprendiera que no basta votar y ganar cuatro elecciones para que el mandato presidencial sea respetado. En resumen, lo que se creía que el país tenía de república, se terminó. Lo que se decía que era un sistema político democrático ya no sobrevivirá. O Brasil construye una democracia sólida –para lo cual el Congreso actual, este Poder Judicial, este monopolio de los medios de comunicación no podrán seguir existiendo como ahora– o el país deja realmente de vivir en democracia.
La derecha brasileña muestra su cara sin eufemismos. Al principio alegaba que se trataría de un proyecto para “reunificar el país”, supuestamente dividido por los gobiernos del PT. Se valían de la pérdida de popularidad del gobierno de Dilma, así como del Congreso más conservador y descalificado que el país jamás ha tenido, y también del rol escandaloso y ya sin ningún pudor de los viejos medios, para destruir la democracia política que hemos tenido y promover un gobierno antidemocrático, antipopular y antinacional.
Muy rápidamente fue posible constatar que se trata simplemente de lo que se denunciaba por toda la región: el proyecto de restauración del modelo fracasado en los años 90, con Fernando Collor de Mello y Fernando Henrique Cardoso, por un gobierno golpista y minoritario, contra el pueblo, contra la democracia y contra el país.
¿Cómo se va a pronunciar el Supremo Tribunal Federal sobre cualquier tema, si ha callado frente al golpe puesto en práctica bajo sus narices, encabezado en el Senado por su presidente, que apoya todas las brutales ilegalidades que se practican? ¿De qué sirve un Poder Judicial, un STF, si no es para impedir que un crimen en contra de la democracia sea perpetrado por el Congreso? Lo que hay es un silencio cómplice, mezclado con un vergonzoso aumento del 41 por ciento de sus salarios, concedido públicamente –con fotos en los periódicos– por Eduardo Cunha, el político más corrupto del país, cuya impunidad sólo existe por la complicidad de los que debieran condenarlo, así como a tantos otros miembros del gobierno, incluido el presidente interino. Ya no habrá democracia en Brasil sin un Poder Judicial elegido y controlado por la ciudadanía, con mandatos limitados y poderes circunscriptos.
No habrá democracia en Brasil sin un Congreso efectivamente elegido sin financiamiento privado, sin que represente a los lobbies dirigidos por el poder del dinero. Un Congreso democrático tiene que estar fundado en el voto condicionado, por el cual los electores controlen a aquellos a quienes han votado y que se comprometen con un programa y con un partido determinado.
En una democracia todos tienen el derecho a la voz, por eso la opinión pública no puede ser fabricada por algunas familias, que imponen su punto de vista al país como si pudieran hablar en nombre de todos, aun cuando han perdido cuatro elecciones presidenciales consecutivas. Nadie debe perder el derecho a hablar, pero todos deben tener el derecho a expresarse, si no no se trata de una democracia sino de la dictadura de una minoría oligárquica.
En una democracia, un impostor no podría haber asumido la presidencia, aunque interina, por un golpe e imponer el programa económico derrotado cuatro veces sucesivamente (dos veces ese golpista estuvo en la lista vencedora, con un programa radicalmente opuesto al que ahora lleva adelante). Si ello ocurre, es porque la democracia fue herida de muerte, la voluntad de la mayoría fue desconocida.
Si el golpismo triunfa en el Senado brasileño, será necesario hacer que pague duramente el precio del atentado que está perpetrando. Que sus proyectos fracasen, que la vida de sus componentes se vuelva insoportable, que su banda de ladrones sea víctima de la ingobernabilidad. Que se ocupen y se resista en todos los espacios del gobierno ilegítimo, antidemocrático, antipopular y antinacional.
Es parte indisoluble de la resistencia democrática impedir cualquier acción en contra de Lula, que representa los anhelos mayoritarios del pueblo brasileño, conforme apuntan las mismas encuestas que los golpistas han utilizado para buscar legitimidad popular. Esta será la señal de si sobreviven espacios democráticos o no. Si lograran blindar de tal forma su gobierno y lograran hacer constitucional el gobierno del neoliberalismo, habrán soterrado definitivamente cualquier señal de democracia en Brasil. En ese caso ellos tendrán el mismo destino de sus antecesores: serán derribados, derrotados, execrados y un nuevo tribunal de la verdad los juzgará y los condenará por crímenes contra la democracia. Serán derrotados por el pueblo, por la democracia, por el país, por los que construirán una democracia de verdad en Brasil.
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jueves, 25 de agosto de 2016

GENOCIDIO CULTURAL

Genocidio cultural. A propósito de
la editorial de La Nación titulada
“La utilización populista de los
pueblos originarios”
Quien controla el pasado controla el futuro…”
George Orwell, 1984.
Frente a la editorial publicada por el diario La Nación el 21 de agosto pasado
(ver http://www.lanacion.com.ar/1930090-la-utilizacion-populista-de-los-
pueblos-originarios) uno puede preguntarse, en primer lugar, si vale la pena
analizar un tipo de discurso colmado de resentimiento y desprecio, de
prejuicios e incitación al odio. O bien si, por el contrario, quizás resulte
preferible no atender a esta clase de expresiones, para evitar conferirles
alguna (no deseada) suerte de legitimidad.
En este dilema nos encontramos. Por ello, lo que aquí propongo no es
discutir los argumentos (falaces) desarrollados allí, sino complejizar,
problematizar estas expresiones con el auxilio de la academia
internacional especializada en Estudios de Genocidio, dando cuenta
de su gravedad en el contexto de la sociedad de la información en la
que vivimos, donde las palabras tienen un peso que no debe ser
minimizado.
Discursos como el de la editorial de La Nación renuevan las
humillaciones sufridas por los miembros de las comunidades
originarias aniquiladas, a la vez que pretenden dar una solidez
narrativa a estos pactos sociales negacionistas en tanto
representación simbólica de lo ocurrido.
Como se verá, estas expresiones no son novedosas ni originales,
pero no por ello dejan de ser graves.Del cúmulo de epítetos y
adjetivaciones injuriantes del texto, simplemente voy a referirme
a dos cuestiones centrales en la conformación de un discurso
proclive a la perpetración de genocidios, que por sí solas podrían
tratarse de conductas incursas en la Ley antidiscriminación:
1) La referencia a la inexistencia del “valor de la dignidad humana”
en la América de las comunidades originarias;
2) la referencia a la “animalización”, como método comparativo
entre la invocada presunta escasez de pueblos indígenas y de
animales en la región (“…tampoco había vacunos, ni cerdos,
ni perros, ni aves de corral”). Comparación prototípica de las
diversas experiencias históricas genocidas: el nazismo al calificar
la otredad de los judíos y las restantes minorías durante la
Segunda Guerra Mundial como “insectos”, como así también
la de los armenios por el imperio otomano, a los tutsis en Ruanda,
maya-achí en Guatemala, etc.
Pero no sólo ello.
Los expertos en Estudios de Genocidio nos enseñan que en los
procesos de negación de las diversas experiencias históricas
genocidas, pueden observarse similitudes en sus metodologías,
objetivos, estrategias cognitivas y “patrones de negación” que
se repiten y cuyo análisis comparado se presenta como una
herramienta útil para la prevención de genocidios.
La academia especializada (entre otros, Adam Jones, Andrew
Woolford -actual presidente del IAGS- International Association
of Genocide Scholars-) ha estudiado los argumentos (y lugares
comunes) de quienes pretenden negar los genocidios de los pueblos
indígenas a nivel global. De ellos, los más importantes son:
1) Justificación legal utilitarista: se sostiene que las comunidades
originarias no tienen derecho al territorio que habitan por tratarse
en verdad de territorio inhóspito o la remisión al concepto del
“vacuum domicilium”;
2) el argumento de superioridad moral que implica la necesidad
de exterminio o de asimilación cultural;
3) genocidio entendido como producto inevitable del progreso.
Como vemos, la editorial de La Nación no escapa a ninguno de
los criterios señalados, lo que podría resultar curioso si no fuera
trágico y vergonzoso para un país que quiere respetar los estándares
mínimos en materia de Derechos Humanos. En efecto, el texto
hace referencia al “desplazamiento de pobladores que no se
encontraban desde siempre”, se sostiene la existencia de un “avance
ético” por parte de quienes “expandieron la cultura occidental” y se
rescata el “legado de la modernidad y el progreso” como justificación
de las políticas genocidas sobre los pueblos indígenas.
Finalmente, señalar que lo que la Editorial define como un “conflicto
de culturas” no hace más que reforzar la idea de genocidio cultural,
sobre el que Raphael Lemkin se inspiró para acuñar el término
genocidio en la Convención para la Prevención y la Sanción del
Delito de Genocidio de 1948 (más allá de la redacción legal final
adoptada en torno a los grupos protegidos). Y que recientemente
ha sido expresamente reconocido por Canadá, a través del informe
final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (TRC), de junio
de 2015, con posterior ratificación judicial, al sostener el genocidio
cultural sobre las comunidades originarias implementado en Canadá
durante el siglo XIX y XX por el sistema IRS (Indian Residential
Schools).
Mientras países que seguramente podrían ser calificados de
“civilizados”, aún en la propia perspectiva de La Nación, avanzan
en el reconocimiento de las responsabilidades por los crímenes
perpetrados contra los pueblos indígenas, calificándolos de
“genocidio cultural”, aquí asistimos a un retroceso cultural
inadmisible en un estado de derecho respetuoso de los derechos
humanos fundamentales.Retroceso que puede ser analizado en el
contexto de otras editoriales del mismo diario, con idéntico sesgo
(entre otras “No más venganza” del 23/11/2015 que generó el repudio
generalizado de los propios trabajadores de La Nación) y respecto de
los cuales debemos permanecer alertas.
Porque como bien sabemos, en lenguaje se perfila el mundo que
deseamos habitar. Las palabras pueden incidir en la moral, en las
costumbres y sobre todo en el sustrato prejuicioso del que emanan
las violencias. En la posibilidad de incidencia en este último nivel
radica su fundamental importancia.
*Abogada, Magister en Derecho Internacional de los Derechos
Humanos- UBA. Vicepresidenta del Movimiento de Profesionales
para los Pueblos (MPP)
Referencias bibliográficas:
JONES, Adam, “Genocides of Indigenous Peoples”, Genocide:
A comprehensive Introduction, Routlegde, New York, 2010,
pp- 105-148.
WOOLFORD, Andrew, “Introduction” y “Settler colonial
Genocide in North America”, This Benevolent experiment:
Indigenous Boarding Schools, Genocide and Redress in
Canada and the United States, (University of Manitoba, 2015).
WOOLFORD, Andrew y BENVENUTO Jeff, “Canada and Colonial
Genocide”, Journal of Genocide Research, 17, 4 (2015).
Foto: argentina.indymedia.org

lunes, 22 de agosto de 2016

MEMPO Y SU REFLEXION SOBRE EL FORO LITERARIO EN CHACO


El Foro en el Chaco y una breve reflexión sobre el odio

Por Mempo Giardinelli

El viernes terminó, en Resistencia, el 21º Foro Internacional por el Fomento del Libro y la Lectura. Un encuentro ya clásico al que asisten escritores y poetas, educadores, promotores, especialistas en mediación lectora y pedagogos de todo el mundo. Este año de una docena de países y de todas las provincias argentinas.
Es sencillo encontrar información y comentarios en las redes sociales y en el Facebook de nuestra Fundación, organizadora de este acontecimiento cultural y educativo del que este año participaron más de 2500 personas durante los debates, y algunos miles más entre abuelas cuentacuentos de varias provincias, alrededor de 40 diálogos de autores en escuelas, y tertulias literarias multitudinarias. Todo eso constituyó, como cada año, a esta ciudad en Capital Nacional de la Lectura.
La conferencia inaugural estuvo a cargo de Tununa Mercado y la de clausura la dictó Tito Cossa. Los debates, extensos, riquísimos y apasionantes, estuvieron a cargo de las narradoras Daniela Palumbo (Italia) y Ye Duoduo (China), el portugués Afonso Cruz, el colombiano Jairo Buitrago y el novelista chino Cun Wenxue, junto con ponentes argentinos como Luisa Valenzuela, Horacio González e Inés Garland, y destacados educadores como Eliseo Valle Aparicio (España), Laura Guerrero Guadarrama (México), María Elvira Charría (Colombia), Miguel Valladares-Llata (director de la biblioteca jeffersoniana de la Universidad de Virginia, Estados Unidos), el ex ministro Daniel Filmus y los rectores Delfina Veiravé (Universidad del Nordeste) y Nicolás Trotta (UMET).
Todo terminó, festivamente, el sábado al mediodía con una mesa de periodistas (Miguel Russo, Carlos Bosch, Natalia Páez y Carlos Aletto) en un contexto entusiasmante y de gran nivel intelectual, que, sin embargo, estuvo a un tris de ensombrecerse cuando algunos pocos asistentes cuestionaron que este congreso, ya entrado en su tercera década, ahora les parecía “un Foro K” por, entre otras cosas, la sobreabundancia de referencias a “todos y todas”.
La sorpresa no fue demasiado grande, y el incidente se superó en un par de minutos con una intervención serena y el aplauso cerrado del auditorio repleto. No obstante lo cual esta columna entiende que quizás el lema de este año (“La lectura como práctica social en emergencia”), más la generalizada referencia al mismo por parte de los ponentes, acaso pudo ser factor de disgusto para esos concurrentes, a los que se respondió con absoluto respeto.
Como sea, ese episodio, observado con posterioridad, permite reflexionar sobre sentimientos que se han instalado en nuestra sociedad y que parecen llevar a una parte de la ciudadanía a cuestionar ideas, interpretaciones y posturas con inusitada dureza. De hecho esta columna suele ser cuestionada, en forma anónima y casi siempre soez, por la supuesta dureza con que trata o se refiere al presidente Macri. Lo que hace pertinente esta reflexión puesto que si bien este columnista no tiene Twitter, sí está al tanto de acusaciones acerca de supuestos odios que impregnarían lo que aquí se escribe.
Es oportuno declarar entonces que si bien es muy grande el desagrado frente a las políticas antinacionales y antipopulares del macrismo -que son casi todas-, no hay en estas columnas una sola idea, consideración o palabra gobernada por sentimientos personales.
El odio, como ya se ha expresado aquí, es un sentimiento menor, innoble y propio de personas mediocres e impotentes. Odiar, por eso mismo, en realidad degrada al que odia, no al odiado. A éste sin dudas lo puede incomodar, e incluso atemorizar, pero es el odiador el que está enfermo, por lo menos de resentimiento.
En estas columnas -y está claro que en el espíritu mismo de este diario- no interesa en lo más mínimo odiar a nadie. El odio no tiene función periodística.
De donde la obsesión esmerilante de los grandes grupos multimediáticos y de algunos colegas que inculcan desde hace años sentimientos mediocres con el puro objeto de manipular a la sociedad -objetivo que, hay que reconocerlo, desdichadamente vienen consiguiendo- sí evidencia cargas larvadas de odio.
La verdad es que la persona del Presidente no tiene la menor importancia y sería inferiorizante odiar a su persona o su investidura. Pero sí corresponde la lectura e interpretación de lo que hace o puede mandar a hacer una persona insensible que es cabeza de una ideología profundamente contraria a los intereses nacionales y populares. Lo ha expresado mejor una distinguida académica universitaria platense en un mail personal: “Los pueblos son los que votan, sí, pero entonces la pregunta que me hago es por qué la señora que limpia en mi casa y ahora tiene una moto, su marido que trabaja en astilleros y le iba mucho mejor de acuerdo a lo que ella contó al volver de sus vacaciones el año pasado, y su suegra que obtuvo la jubilación que ni soñaba tener, votaron a Macri. ¿Qué imaginaron que iba a cambiar cuando un publicista les dijo ‘cambiemos’? ¿Por qué creyeron y algunos todavía siguen creyendo en periodistas que les mienten descaradamente por televisión? ¿Qué es lo que ven, y sobre todo lo que no ven en Mauricio Macri?”
No hay odio, ni debe haberlo, en lo que podría llamarse “nuestro lado”. Eso permite, además, entender y sosegar las expresiones inflamadas e insultos seriales vacíos de ideas y sobrados de resentimiento. Que devienen de las creencias chiquititas que propagandiza la tele y que infortunadamente siguen muchos y muchas personas de buena fe. Ésa es la pobre inocencia de la gente de la que abusan, miserablemente, figuras icónicas de la telebasura argentina. Los Legrand, Tinelli, Giménez y ex periodistas al servicio del odio. Que ellos sí odian. Militantemente, lo sepan o no.
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lunes, 15 de agosto de 2016

"guerra sucia"

Cuando el Señor Presidente se va de boca

Por Mempo Giardinelli

Cierto que surgió a la política como presidente del Club Atlético Boca Jrs. Y que desde el fútbol se proyectó cuando casi nadie apostaba por él. Aquel tonto menosprecio del gobierno kirchnerista, según sostuvo siempre esta columna, lo estamos pagando ahora por sus acciones como jefe del Ejecutivo, y también por sus palabras.
Como todo escritor/ora sabe, y seguramente también el psicoanalista del Sr. Macri, las palabras tienen un inmenso valor. No sólo por su uso con propiedad, corrección y precisión, sino y sobre todo porque lo que se pronuncia es la expresión verdadera del pensamiento o las creencias de una persona. Y en el caso de este hombre, por más publicistas, asesores y hasta militantes inteligentes que lo acompañan, es por su boca (y no su afición deportiva) que se define políticamente como lo que es: un hombre poco inteligente, flaco de ideas, repetidor de lugares comunes, ultraconservador y naturalmente manipulable.
“No sé si fueron 30 mil o 9 mil, es una discusión en la que no voy a entrar”, fue su perla de la semana que pasó, frase completada con: “Yo hace rato que no le contesto a Hebe de Bonafini porque para mí está desquiciada”. O sea “loca”, y de Plaza de Mayo, como definieron Videla y Massera.
En su mejor esfuerzo inconsciente por mantener la grieta que inventaron sus patrones periodísticos, la boca presidencial también calificó de “guerra sucia” a la represión ilegal y confesó que “no impulsa los juicios” de lesa humanidad para “no interferir”.
Pero ésa es la misma boca que en los últimos años sentenció, definió y mintió a mansalva. He aquí un sintético recuento de lo que es capaz el presidente que medio país quiso que esté donde está, cuando abre la boca:
- “El mejor intendente que tuvo la ciudad fue Cacciatore”.
- “La detención de Pinochet es un disparate, es alterar el orden internacional”.
- “Es una enfermedad, no es una persona ciento por ciento sana. Mi opinión es que es una desviación no deseada... ¿Qué voy a pensar?, ¿que lo que hacen está bárbaro? ¿Usted festejaría que su hijo fuera homosexual? Por favor. El mundo nos ha hecho para que nos juntemos con una mujer. ¿Por qué nos vamos a juntar con un hombre? Está bien que es más cómodo. Se puede ir a jugar al tenis y después se puede ir a… Todo con el mismo tipo. ¡Por favor!”.
- “Yo siempre voté a la UCeDé, pero ahora votaría por Menem”.
- “Si no te aburre una sesión en el Congreso, sos un anormal”.
- “Tenemos al policía más condecorado de los últimos años. El Fino es un excelente policía”.
- “En el fondo, a todas las mujeres les gustan los piropos. No hay nada más lindo que te digan qué lindos ojos, aunque esté acompañado de una grosería. Que les digan qué lindo culo tenés, está todo bien”.
- “Soy conservador y pragmático, me ubico ideológicamente en la centroderecha”.
- “Vamos a construir 40 kilómetros de subte”.
- “Yo no voy a hacer publicidad oficial”.
- “Vengo de una familia machista. En una familia machista, una mujer no tiene otro destino que el de estar educando a sus hijos”.
- “Las Malvinas serían un déficit adicional para el país”.
- “No vine a la política a hacerme rico ni famoso”.
- “Queremos que los argentinos se levanten cada día con la alegría de saber que tienen un gran futuro por delante”.
- “Carlos Menem fue un reconstructor del país”.
- “El caso Patti es un disparate. Nosotros tenemos claramente una posición: Patti tiene que asumir.”
- “Los cartoneros les roban el trabajo a los recolectores de basura. Están haciendo hechos delictivos”.
- “Querido Rey (...) Los ciudadanos de 1816 seguro tuvieron miedo y angustia”.
- “A nuestros trabajadores les digo que tenemos que alejarnos del ausentismo, la licencia y las jornadas reducidas”.
- “Me parece que no me consta hasta ahora que el gobierno de Peña Nieto no haya defendido como corresponde los derechos humanos”.
- “Estamos bajando la inflación que es este cáncer que tantas veces nos golpeó en esta historia. Y estamos trabajando para tener el gas y la energía suficiente”.
- “En estos siete meses hemos aprendido a escucharnos y dialogar más. Falta mucho, pero lo importante es que cada día estemos un poco mejor”.
- “Si están en sus casas en remera y patas, están consumiendo energía de más”.
- “Nicolás Caputo no licitó una sola obra en mi gestión de la Ciudad”.
- “¿Por qué siempre ponemos el eje en los militares? Acá hubo dos lados. El terrorismo y el terrorismo de Estado”.
- “Vamos por el camino correcto. Vamos rumbo a un increíble futuro”.
Cuando el Sr. Presidente se va de boca, la verdad es que da vergüenza. No ajena, sino propia. Su pensamiento es típico de “señoras gordas”, como las bautizó Landrú en la inolvidable revista Tía Vicenta. Y de señores gordos también, muchos de ellos buena gente, sin dudas, pero la mayoría indisimuladamente racistas y discriminatorios.
Se dice en la así llamada Justicia, por mandato de viejos códigos, que “a confesión de parte, relevo de prueba”.
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lunes, 1 de agosto de 2016

EL MANIFIESTO ARGENTINO

Opinión

El retorno de El Manifiesto Argentino ante el peligro amarillo

Por Mempo Giardinelli

Acaso premonitoriamente, en el prefacio del libro publicado en agosto de 2015, este columnista recordó que cuando en 2003 se dio por terminada la misión de aquel colectivo, se dijo: “El mejor servicio que El Manifiesto Argentino puede seguir brindándole a la Nación es permanecer alertas y dispuestos a un retorno cuando sea necesario, porque es nuestra obligación como ciudadanos independientes, como trabajadores intelectuales y como gente honrada que somos”.
A 15 años de aquella proclama, y a sólo ocho meses del retroceso fenomenal que viene produciendo la desdichada decisión de la sociedad argentina de colocar al Sr. Mauricio Macri en la Presidencia de la Nación, todo indica que aquel prometido retorno es necesario y es urgente.
Dicho sea lo anterior entendiendo, claro está, que tal retroceso debe atribuirse fundamentalmente al engaño fenomenal de que fue víctima el pueblo argentino, fraude moral y periodístico que esta vez llevó a votar a las grandes mayorías en contra de sus propios intereses.
El nuevo Manifiesto Argentino (https://www.facebook.com/Manifiesto-por-la- Constitución-y-la-Paz-1411608759139307/info/?tab=page_info&edited =official_page) empezará a circular esta semana. Y como la primera vez, se trata de una declaración seguida de propuestas. Las que serán simplemente apropiadas a voluntad por aquellos compatriotas que compartan el ideario y quieran practicar la transparente militancia de la decencia, la verdad y los principios democráticos que define la Constitución Nacional. Porque la democracia, la igualdad y la libertad son valores y objetivos hoy en riesgo dado el salvaje autoritarismo neoliberal.
Y es que ya es hora, y es imperioso, de convocar a la ciudadanía a ponerse de pie política, cultural y socialmente. Es posible hacerlo y muchísimos ya lo están haciendo, más allá de vinculaciones, o no, con el kirchnerismo. Y más allá, también, de la responsabilidad por los errores cometidos desde el campo popular y progresista que esta convocatoria no dejará de marcar.
Lo que es evidente, y auspicioso, es que a menos de un año de las últimas elecciones millares de compatriotas ya se dan cuenta del fraude que les hicieron. La estafa tiene patas cortas, sobre todo cuando los contentos de esta república son los de siempre: los dueños de la tierra, prebendarios, vagos y depredadores; los corruptos evasores de impuestos que frecuentan las cuevas financieras del mundo en la que todos los cálculos coinciden en que se han llevado más de 300 mil millones de dólares; los avaros banqueros foráneos y su gerentería local; los empresarios ciegos, los políticos todo servicio, y por supuesto la indefendible y mafiosa “familia judicial”.
Y por encima de todos ellos, el nuevo dios contemporáneo: el sistema-régimen comunicacional extremadamente concentrado que envenena día a día, hora a hora y noche a noche al pueblo argentino, al que quieren manso y estúpido, consumista y bobo.
Ese sistema es el que manda; no el Sr.Macri, que sólo vendría a ser testaferro, beneficiario y figurón. Lo que manda hoy en esta república es lo que bien puede llamarse ya la Antinación, encarnada por la entente macrista-radical que en 2016 repite los pasos del roquismo de 1880 y 1930, del gorilismo patológico de los años 50 y de las dictaduras feroces de 1966-73 y de 1976-83. La Antinación hace hoy lo que hicieron siempre, pero ahora con saña especial porque ellos sí aprendieron la lección de la Historia y ahora son más astutos, más preparados, más ambiciosos, más soberbios y más sofisticadamente violentos. Por eso entregan, además, la soberanía, con el actual alineamiento neocolonial y la clausura del ideal latinoamericanista.
Por todo ello es absolutamente no recomendable reproche alguno a la pobre inocencia de la gente, más allá de que somos también una sociedad que es parte del problema. Pero el ojo avizor debe seguir enfocado en los bandidos de traje y corbata, a los que la sociedad argentina identifica con impecable facilidad. Son obvios, los contentos. Y aunque durísimos de vencer, no son infalibles.
Es ya innumerable el daño que han provocado en sólo ocho meses. Y van por más y cuanto necesiten lo harán por decreto, al estilo dictatorial de sus mayores, desdeñando la Constitución, el Congreso, las Leyes y la Paz Social. Y para colmo con el necio consenso de diputados, senadores y dirigentes sindicales y políticos cuyos nombres y apellidos el pueblo argentino sabrá recordar para que el juicio de la Historia los condene, inexorablemente, por traición a la Patria.
En todo el territorio nacional, que algunos recorremos y conocemos muy bien, son muchos los compatriotas que piensan y reclaman, otra vez, que “hay que hacer algo”. Y tienen razón, además de sed de justicia social y ansias de participación ciudadana. Hay que librar esta batalla política. Y hacerlo desde la moral y los principios éticos, principalmente, terreno en el que la ciudadanía honesta es imbatible y en la que los chorros, de todos los gobiernos pero ahora de éste en particular, sólo saben escudarse detrás de mentiras mediáticas y de una justicia cómplice y servicial.
El Manifiesto Argentino comenzará a hacerse público esta semana.
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